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El Viaje de Aguas de Amaniel - Síntesis histórica

17 de junio de 2013

Cronología básica del Viaje de Aguas de Amaniel, con motivo de la presentación de una nueva publicación de la Asociación sobre esta infraestructura histórica de la Dehesa de la Villa.

La Asociación de Amigos de la Dehesa de la Villa se complace en presentar una nueva publicación con la que contribuir a divulgar una página más de la historia de la Dehesa y, de paso, rellenar un hueco en la bibliografía sobre Madrid y sus viajes de agua. La publicación se presentará el próximo viernes 21 de junio, con motivo de las Fiestas de la Dehesa de la Villa 2013. El autor es Pedro Martínez Santos, de quien ya hemos publicado aquí un primer artículo sobre El Viaje de Aguas de Amaniel y de quien nos sentimos orgullosos de contar con su colaboración.

Portada de la publicación El Viaje de Aguas de Amaniel
(Diseño del autor: Pedro Martínez Santos)

Aprovechamos para recordar a nuestros lectores que las publicaciones de los Amigos de la Dehesa carecen por completo de ánimo de lucro. Su precio es un donativo para cubrir el coste de edición así como del resto de actividades gratuitas que organizamos.

Y, para festejar la nueva publicación, nada más oportuno que una breve cronología sobre el Viaje que esperamos poder ir completando próximamente con artículos monográficos.

1603. El Secretario de la Junta de Obras y Bosques, Tomás de Angulo, afora y nivela los manantiales en las tierras de Amaniel (hoy Dehesa de la Villa). A los pocos meses es autorizado por el Duque de Lerma a comprarlas por cuenta de la Real Hacienda.


Extracto del vídeo explicativo que se exhibe en el Museo de los Caños del Peral donde se resume la historia del acueducto y del viaje de aguas de Amaniel y su relación con la Dehesa de la Villa. El vídeo nos fue cedido por Metro de Madrid para el artículo que publicamos en octubre 2011

1611. Primeras obras documentadas del viaje.

1613. El viaje ya está en servicio, aunque continúan las obras. El caudal asciende a ocho reales fontaneros en verano de ese año.

1614. Fecha de finalización de las obras originales.

1617. Fecha de finalización de las primeras ampliaciones.

1620. La Real Hacienda otorga carta de pago por las tierras de Amaniel. Los terrenos pasan a ser propiedad de la Corona.

1631. Las mercedes de agua otorgadas por el rey exceden el caudal del viaje.

1639. La fuente del Cura, en la calle de San Bernardo, comienza a recibir caudales de Amaniel. Su dotación se deriva de una permuta realizada por el Conde de Salazar a cambio de aguas del viaje de aguas municipal de la Castellana.

1640. Primera noticia del método de aforo de caudales. Consiste en un dibujo a escala real de un orificio de cuatro dedos de diámetro. Durante los veinte años posteriores abundan los expedientes de obras de reparación.

1656. En el plano de Madrid de Pedro de Teixeira aparece representada una de las arcas de agua del viaje de Amaniel: la que se situaba cerca de la Puerta de Fuencarral.

(Plano: P. Texeira, 1656; Biblioteca Digital CM)
 
1683. Problemas de suministro en Palacio debido a “la gran seca del tiempo”. Se realizan reformas menores en el viaje.

1694. Reconocimiento de la traza del maestro Juan de Pineda. Por desgracia, su descripción detallada –si es que alguna vez quedó reflejada en papel– no ha llegado hasta nuestros días.

1725. Primera representación gráfica del viaje de aguas de Amaniel, contenida en el plano de los viajes de agua de Madrid de Pedro de Ribera. La traza aparece apenas visible. Sólo abarca el tramo de aproximación al Real Alcázar.

1727. Publicadas las anotaciones de Juan Claudio Aznar de Polanco sobre la calidad de las aguas de diversos viajes de agua de Madrid, entre ellos el de Amaniel.

1734. Incendio en el Real Alcázar. La reconstrucción del mismo lleva consigo importantes reformas en el viaje de aguas de Amaniel, que se realizan en el curso de las décadas posteriores.

1746. Descripción de la traza realizada por Saqueti en conjunción con Domingo García, Juan Ruiz de Medrano y Benito Pardo. El estado del viaje en la práctica totalidad de su zona de cabecera era lamentable.

1750. Juan Bautista Saqueti lleva a cabo importantes modificaciones en los tramos de cabecera y aproximación a la Villa, estableciendo un trazado más rectilíneo que el original. Este itinerario es el representado en la práctica totalidad de los mapas del Archivo General de Palacio. Descripción de la traza Domingo García.

1752. Relación de las mercedes de agua elaborada por la Secretaria de la Junta de Obras y Bosques para los años 1749, 1750, 1751, 1752. Sólo menciona dos fuentes públicas: la del Cura y la de Matalobos.

1769. El plano de Madrid de Espinosa de los Monteros refleja la localización de las citadas fuentes.

(Plano: A. Espinosa de los Monteros, 1769; Biblioteca Virtual del
Patrimonio Bibliográfico)
 
1780. Relación de las obras a realizar en el viaje y descripción de la traza firmada por Francisco de Sabatini.

1793. Fuerte sequía. Por orden de Sabatini se realiza un inventario de mercedes y caudales a cargo de Severo Andrés García.

1795. Reformas a cargo de Francisco de Sabatini.

1816. Nueva relación de mercedes y caudales a cargo de Severo Andrés García.

1821. El cirujano Manuel Hurtado de Mendoza publica su metodología para el análisis de aguas, ilustrándola con los resultados obtenidos a partir de las aguas de la fuente de Matalobos, del viaje de Amaniel.

1825. Fecha aproximada de comienzo de la construcción del segundo ramal de cabecera, destinado a captar las aguas del entorno del Cerro de los Pinos.

1827. Nueva relación de mercedes y caudales a cargo de Ysidro Velázquez.

1828. Fuerte sequía. Por motivos relacionados con una presunta sisa de aguas por parte del personal de cocinas de Palacio, se encarga al arquitecto Tiburcio Pérez un nuevo reconocimiento del estado del viaje.

1839. Obras de reforma en el ramal del Cerro de los Pinos.

1843. Obras del nuevo ramal de Cantarranas, en la Ciudad Universitaria.

1847. Según el diccionario de Pascual Madoz (1847), el viaje de Amaniel consta de tres fuentes públicas: fuente de Matalobos, fuente del Cura y fuente de la Plazuela de la Armería. Este autor dice además que la fuente del Cura fue sustituida por el caño de vecindad de la Cruz Verde y la fuente de aguadores de Mostenses (presumiblemente, este hecho guardaba relación con los frecuentes incidentes entre vecinos y aguadores, de los que hay noticias en el Archivo General de Palacio desde
1797). Existe aparente contradicción con un documento palaciego firmado por Juan de Villaronte dos años después, en el que indica que dicha fuente mantenía entonces una asignación de cuatro reales fontaneros.

1848. Narciso Pascual y Colomer, arquitecto de Palacio, unifica el método de aforo de caudales para las distintas arcas del viaje, definiendo la carga, diámetro y caudal correspondiente a cada orificio de los marcos de medida. Indica además que es muy conveniente que se realicen medidas periódicas.

1850. Alrededor de esta fecha se elabora el primer y único plano completo de la traza del viaje que se conserva en el Archivo de Palacio. Se trata de un boceto cuya superposición al viario actual parece contener algunos ligeros problemas de orientación en la representación de los ramales de cabecera. Por lo demás, es de factura bastante exacta y se corresponde con los vestigios materiales del viaje.

1858. Llegada a Madrid de los caudales del río Lozoya a través del Canal de Isabel II: principio del fin de los viajes de agua.

Aunque esta imagen del Acueducto de Amaniel seguramente es conocida por casi todos, quizá algunos no habrán reparado en el objeto que indica la flecha (añadido nuestro).
(Foto: C. Clifford, 1856; Biblioteca Digital Hispánica)

Ampliación del objeto indicado por la flecha en la fotografía anterior. Muy cerca del camino, lo que sería hoy en día la C/ Dr. Federico Rubio, podemos divisar uno de los capirotes del viaje de agua de Amaniel.
En la fotografía de Clifford, se juntan pues dos de los elementos más emblemáticos del abastecimiento de agua en Madrid: un capirote de los viajes de agua y uno de los acueductos de la primera traída de aguas del Canal de Isabel II. Por fortuna, aún podemos seguir viéndolos en la Dehesa y sus inmediaciones.
 
1867. Informe de Félix María Gómez sobre la calidad de las aguas de diversos viajes de agua de Madrid, entre ellos el de Amaniel. La calidad de las aguas se expresa en términos de su dureza y de su graduación hidrotimétrica. Los datos son publicados en la revista Ciudad Lineal en 1911.

1869. Tras la revolución de 1868, la Corona pierde parte de su patrimonio. Se le reconoce el derecho a conservar sus viajes de agua, incluido el de Amaniel.

1880. La expansión de Madrid por el norte ha llegado a las tierras de Chamartín y Fuencarral. Durante los siguientes cuarenta años se registrarán numerosas peticiones de particulares para la apertura de pozos de aguas claras (agua potable) en las inmediaciones del viaje. Abundan los expedientes de retirada o rebajamiento de capirotes, puesto que estos estorban el paso de personas y carruajes en las nuevas calles de la zona. También existen algunos expedientes de este tipo en el distrito de Chamberí.

1885. El Ayuntamiento solicita a Palacio que aumente en un caño la dotación del Caño de Vecindad de la Cruz Verde, debido a la enorme afluencia de vecinos. La petición es denegada por el escaso caudal que en ese momento lleva el viaje. Se sugiere al Ayuntamiento que trate de obtener en su lugar caudales del acueducto del Lozoya.

1902. El plano de Enrique Repullés, representa los tramos del viaje que aún están en funcionamiento. El autor trabaja sobre una copia del plano de mediados del siglo XIX.

1903. Documento firmado por el intendente José Güemes en el que sólo cita el Caño de la Cruz Verde como fuente pública asociada al viaje. Las del Cura, Matalobos y la Armería, por tanto, debieron desaparecer en la segunda mitad del siglo XIX.

1905. Primeras menciones a la fuente del Caño Gordo de Moncloa. De acuerdo con los legajos, estaba situada en un parque de la calle Joaquín María López y ocasionalmente recibía caudales sobrantes del viaje.

(Foto: Hauser y Menet, 1930; Memoria de Madrid)
 
1906. Demolición de tres capirotes por la construcción del Asilo de la Paloma, en las inmediaciones de la Dehesa de la Villa.

La construcción del Asilo de La Paloma no acabó con todos los capirotes que había en el solar. Como podemos apreciar en esta imagen, unos niños juegan en el patio justo delante de uno de ellos. Son los hijos del Capitán Sánchez, famoso por un triste crimen, que fueron recogidos en el Asilo; pero esa será otra historia.
(Foto: Vilaseca; Mundo Gráfico, 1913; Hemeroteca BNE)

1910. Profundas reformas de la traza a cargo del ingeniero Andrés Ripollés, abarcando todo el tramo del viaje que va desde Palacio hasta la fuente del Caño Gordo de la Dehesa de la Villa. Durante las mismas se eliminaron múltiples focos de contaminación.

1911. El plano de Andrés Ripollés, calco del de Repullés, muestra los tramos del viaje que aún están en funcionamiento.

1923. Croquis del arca de Amaniel de Juan de Moya. Aparentemente, su elaboración está relacionada con la contaminación de las aguas de la misma.

1929. Una de las dos fuentes del viaje que responden a la denominación de Caño Gordo –la de la calle Joaquín María López– da lugar a fiebres tifoideas. Aparentemente, estas guardan relación con filtraciones de edificios adyacentes y no con la calidad de las aguas que lleva la galería principal.

1935. Últimas referencias manuscritas indicando que el viaje permanecía activo. Hacen referencia a la construcción de la actual Gran Vía, para la que se solicitó derruir parte del viaje de Amaniel. La petición fue denegada en base a la necesidad de preservar el viaje para el suministro de agua a Palacio.

1954. Se termina el plano de José Bernardo Granda, última representación original del itinerario del viaje. Forma parte de los trabajos relacionados con la cesión de sus galerías a la red municipal.

1992. Comienzan las campañas arqueológicas en la Plaza de Oriente, encontrándose durante las mismas algunos restos relacionados con el viaje de Amaniel.

2005. Se encuentran vestigios del arca de Amaniel durante las excavaciones de la calle Juan XXIII. Estos quedan integrados en un pequeño parque urbano.

Imagen de una de las galerías del Arca de Amaniel en el mismo momento de quedar al descubierto por una de las máquinas que trabajaban en el Paseo de Juan XXIII. Afortunadamente, se consiguió detener la excavación y evitar su destrozo.
(Foto: A. Ferrero, 2005)

2011. Inaugurado el Museo de los Caños del Peral, donde se exhibe un sector de acueducto que pudo pertenecer al viaje de aguas de Amaniel.

2013. Se publica el primer estudio monográfico de la historia sobre el viaje de aguas de Amaniel.

El viaje de agua de Amaniel

8 de abril de 2012

"Seguro que alguna vez, paseando por la Dehesa de la Villa, nos habremos preguntado por el significado de sus capirotes de granito. Quizá no sepamos que son parte integrante del antiguo viaje de aguas de Amaniel, también conocido como viaje de aguas de Palacio. Comenzamos hoy con una serie de entradas del blog en las que iremos dando a conocer algunos de los aspectos más relevantes de esta joya de la ingeniería hidráulica."

Es para nosotros motivo especial de satisfacción poder contar con la colaboración de expertos que nos ayuden en nuestra labor de divulgar los valores históricos y ecológicos de la Dehesa de la Villa. Tal es el caso del artículo que traemos a continuación sobre el viaje de agua de Amaniel, para el que hemos contado con la inestimable colaboración de Pedro Martínez Santos, socio de los Amigos de la Dehesa de la Villa.

Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid, Pedro Martínez Santos es experto en Hidrogeología, tema sobre el que ha desarrollado numerosos estudios y sobre el que tiene editadas gran número de publicaciones. Agradecemos sinceramente a Pedro Martínez Santos esta primera colaboración que deseamos tenga continuidad.

El viaje de aguas de Amaniel: seña de identidad de la Dehesa de la Villa

© del texto, Pedro Martínez Santos, reproducido con permiso del autor. Cualquier uso posterior de este material por terceros deberá ser aprobado expresamente por el autor.

Para entender el viaje de aguas de Amaniel en su contexto, es importante saber primero qué eran los antiguos viajes de agua de Madrid y cómo funcionaban. Los viajes eran túneles subterráneos destinados a la captación y conducción de agua freática: no en vano, el nombre de viaje es una contracción madrileña del latín via aquae (“camino del agua”). Podían llegar a medir varios kilómetros de longitud y tenían una profundidad máxima de cuarenta o cincuenta metros. Esta profundidad era suficiente para alcanzar el nivel del agua en el subsuelo, lo que hacía que esta se infiltrase directamente desde el terreno a las galerías.


Galería de conducción del viaje de agua a su llegada al arca de Amaniel.
(Foto: A. Ferrero, 2005)

Los viajes habitualmente nacían en el extrarradio, en zonas con suficiente desnivel topográfico con respecto a la ciudad como para que el agua captada pudiera circular hasta ella por gravedad. Solían tener su origen en zonas de pequeños manantiales, puesto que estos constituían una garantía inequívoca de la presencia de agua en el subsuelo.

Para construir un viaje se excavaban primero una serie de pozos verticales, que se prolongaban hasta alcanzar el nivel freático. Estos se iban uniendo después por la base mediante un túnel lo suficientemente grande como para permitir el paso de una persona. Mediante un ingenioso sistema de nivelación del terreno, las galerías de unión se construían para que el extremo más cercano a Madrid quedase siempre más bajo que el resto. Se conseguía con ello que el agua fluyese siempre en dirección a la ciudad. Así, las galerías actuaban como canales subterráneos de captación y conducción.


Los viajes consistían en galerías subterráneas ideadas para recoger agua freática por infiltración. Eran construidas con la suficiente profundidad, inclinación y desnivel topográfico como para conducir el agua por gravedad desde las afueras hasta Madrid. Por “afueras” debemos entender lo que hoy son distritos de la ciudad como Chamartín o Fuencarral, ya que el crecimiento de Madrid por el norte estuvo limitado por la cerca de Felipe IV –calles de Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta y Génova– hasta finales del siglo XIX.

Concluida la construcción del viaje, los pozos verticales servían como puntos de acceso para tareas de mantenimiento y limpieza. Su entrada se tapaba para reducir el riesgo de contaminación y evitar la caída de personas o animales. En muchas ocasiones, la cubierta tomaba forma de “capirote”: una losa piramidal de granito de aproximadamente un metro de alto por un metro de ancho. Aunque la mayoría de estos capirotes han desaparecido, todavía encontramos algunos ejemplares integrados en el paisaje urbano de Madrid. Por su número son destacables el conjunto de la Dehesa de la Villa, perteneciente al viaje de aguas de Amaniel, y el del Parque de la Ventilla, posiblemente asociado al antiguo viaje de la Alcubilla.

Los capirotes de la Dehesa de la Villa, pertenecen al antiguo viaje de aguas de Amaniel. Los capirotes eran losas de granito de forma piramidal que servían para cubrir las chimeneas verticales de acceso.
(Foto: Pedro Martínez Santos)

Con el tiempo, el paso del agua dañaba los laterales y las esquinas de las conducciones, favoreciendo los derrumbamientos. Además, por la propia naturaleza del método de captación, era inevitable que el agua procedente del terreno llegase a la galería con cierta carga de sólidos en suspensión. Para contrarrestar ambos problemas era habitual construir depósitos en los codos. Estos depósitos –comúnmente conocidos como “arcas” o “cambijas”, según estuvieran bajo el suelo o en superficie– rompían la fuerza de la corriente y facilitaban la decantación de finos. También se usaban para distribuir el agua directamente a la población, principalmente a través de las muchas fuentes repartidas estratégicamente por la ciudad. Algunas de las fuentes más conocidas fueron la Fuente del Berro –a la que se atribuían propiedades medicinales–, la de los Caños del Peral, o la de la Salud.

Los viajes de agua suministraron agua potable a la capital durante casi un milenio: desde los tiempos de la dominación musulmana hasta entrado el siglo XX. Su abandono y destrucción tiene su origen en la puesta en operación del imponente acueducto del Canal de Isabel II, que consiguió traer las aguas del Lozoya por primera vez a la capital en la segunda mitad del siglo XIX.

El viaje de aguas de Amaniel es una auténtica joya de la ingeniería hidráulica cuyos vestigios podemos visitar en el entorno de la Dehesa de la Villa. Fue construido en torno a 1613 para proporcionar agua al Alcázar de Madrid –hoy Palacio Real– y se mantuvo operativo hasta mediados del siglo XX.

Aunque el viaje de Amaniel fue propiedad exclusiva de la Corona, la negligente generosidad de los reyes hizo que terminase por surtir a algunos conventos, cuarteles y fuentes públicas, hasta el punto de ocasionar frecuentes problemas de suministro en las dependencias palaciegas. Los legajos del Archivo General de Palacio ponen de manifiesto que este fue origen de no pocos quebraderos de cabeza para los arquitectos y fontaneros del rey a través de los tiempos.

El origen del viaje bien pudo estar relacionado con el retorno de la capital a Madrid en 1606. Se han escrito ríos de tinta sobre las razones que motivaron este traslado –y el previo a Valladolid– sin que hasta la fecha haya consenso al respecto. Muchos han atribuido ambos movimientos a los intereses personales del Duque de Lerma, valido de Felipe III. Sin embargo, un grupo de estudiosos ha querido ver en el agua otra razón de peso. Es bien conocido que Felipe II, padre del citado soberano, fracasó repetidas veces en su intento de garantizar un suministro de agua corriente al Alcázar (hoy Palacio Real), como también lo es que la red de abastecimiento de Madrid atravesaba dificultades a finales del siglo XVI, lo que comprometía la expansión de la urbe. El traslado a Valladolid –“ciudad de ríos útiles y ricos manantiales” – bien pudo guardar relación con el acuciante problema del agua. Hay que tener en cuenta que la construcción de los principales viajes de los que hoy tenemos noticia tuvo lugar en las primeras décadas del siglo XVII, lo que demuestra que la ciudad destinó una enorme suma de dinero a la mejora de sus infraestructuras hidráulicas justo después del retorno de la Corte. Por ello, se ha llegado a sugerir que las reformas en la red de agua potable formaron parte de los compromisos adquiridos por la Villa para recobrar su condición de capital del Reino.

A modo orientativo, puede decirse que el viaje de Amaniel tenía dos ramales de cabecera, uno partía de la Dehesa de la Villa y el otro del Cerro de los Pinos (hoy Parque de la Ventilla). Ambos confluían a la altura del parque de Ofelia Nieto, y dirigían su caudal conjunto hasta el arca principal de Amaniel (cuyos restos se conservan en un pequeño parque de la calle Juan XXIII). Desde ahí, la galería principal tomaba camino de la calle Guzmán el Bueno, que seguía aproximadamente hasta la altura de Fernando el Católico. Se desviaba entonces en dirección a la Glorieta de San Bernardo, donde tomaba la calle del mismo nombre hasta llegar a la Plaza de Santo Domingo, la Costanilla de los Ángeles y el Palacio Real. Hay que enfatizar, sin embargo, el carácter “orientativo” de esta descripción, ya que la cartografía de los siglos XIX y XX demuestra que la traza mudó varias veces en el interior del casco antiguo. Gracias a los manuscritos consignados en el Archivo General de Palacio, sabemos también que el tramo de cabecera de la Dehesa de la Villa y el de aproximación de la calle Guzmán el Bueno no forman parte del viaje original: se corresponden más bien con las reformas realizadas por Saqueti a mediados del siglo XVIII, que dejaron inoperativas las primitivas galerías.

Del viaje de agua de Amaniel conservamos algunos restos en la Ciudad Universitaria y su entorno inmediato. Por fortuna, todos son visitables. Destaca el conjunto de ocho capirotes de la Dehesa de la Villa y la confluencia de galerías del arca de Amaniel, situada a la altura del número 46 del Paseo de Juan XXIII. Estas últimas incluyen también un pozo vertical de acceso y un pequeño capirote.


Los restos del arca de Amaniel que encontramos en la calle Juan XXIII fueron hallados durante unas excavaciones.
(Foto: A. Ferrero, 2005)

En sucesivas entradas del blog iremos revelando nuevas informaciones sobre el viaje de Amaniel. Aunque haremos frecuentes referencias a textos modernos, para ello nos basaremos fundamentalmente en las fuentes originales, es decir, en los documentos y mapas del Archivo General de Palacio.

Bibliografía y lecturas recomendadas:

- ARCHIVO GENERAL DE PALACIO. Fondo Administración General. Legajos 8-1, 14-1 y 2, 18-1.
- GUERRA CHAVARINO, Emilio. 2011. “Los viajes de agua y las fuentes de Madrid. Los viages-qanat”. Ediciones La Librería. Madrid. 442 págs.
- LÓPEZ LINAGE, Javier. 2001. “Organización y finanzas de las obras fontaneras de Madrid (1561-1868)”. Estudio inédito. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 273 págs.
- MARTÍNEZ ALFARO, Pedro Emilio. 1977. “Historia del abastecimiento de aguas a Madrid. El papel de las aguas subterráneas”. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 14:29-51.
- MARTÍNEZ SANTOS, Pedro. “Anotaciones sobre el trazado del viaje de aguas de Amaniel o de Palacio”. Revista de Obras Públicas. En revisión para publicación.
- TROL, Carl; BRAUN, Cornel. 1974. “El abastecimiento de agua de la ciudad por medio de qanates a lo largo de la historia”; Geographica 1974:235-313.

La Dehesa de la Villa en el Museo de los Caños del Peral: el acueducto de Amaniel

9 de octubre de 2011

Sobre la referencia a la Dehesa de la Villa que aparece en el Museo de los Caños del Peral con respecto al acueducto de Amaniel.

A estas alturas, la mayoría de nuestros lectores estarán ya enterados de la apertura al público en la estación de Metro de Ópera del Museo de los Caños del Peral, donde se exponen parte de la fuente de los Caños del Peral, del acueducto de Amaniel y de la alcantarilla del Arenal.

La noticia del hallazgo con motivo de las obras de ampliación del vestíbulo de la estación del Metro durante el verano de 2008 fue ampliamente cubierta tanto por los medios de comunicación como por foros y blogs relacionados con Madrid. Igualmente, la apertura del Museo el pasado mes de marzo fue extensamente difundida, incluida la polémica suscitada por el modo en que se había realizado la "musealización" de la fuente, el acueducto y la alcantarilla. No abundaremos más ello, quien lo desee sólo tiene que hacer una búsqueda por Internet y podrá hallar infinidad de información, leer multitud de opiniones al respecto y encontrar foros abiertos al debate.

Nuestro único propósito es aportar un granito de arena sobre el tema, habida cuenta de la relación que la Dehesa de la Villa tiene con uno de los elementos expuestos en el Museo: el acueducto de Amaniel. Formaba parte este acueducto del viaje de agua de este mismo nombre que llevaba el agua al Palacio Real desde los manaderos en la Dehesa de la Villa, donde todavía se conservan algunos de los capirotes que tapaban el acceso a los pozos. Recordemos que la actual Dehesa de la Villa fue antiguamente la Dehesa de Amaniel, de donde tomaba el nombre el viaje de agua y, por ende, el acueducto. Así se cuenta en el Museo de los Caños del Peral.

Pues bien, nuestra aportación al tema consiste en traer para nuestros lectores un extracto del vídeo explicativo que se exhibe en el Museo de los Caños del Peral y que nos ha sido cedido por Metro de Madrid. Debido a su duración, hemos seleccionado únicamente la parte donde se habla del acueducto, del viaje de Amaniel y su relación con la Dehesa de la Villa. Además de por la mención a la Dehesa, el vídeo es interesante porque da una visión general sobre los viajes de agua y muchos detalles sobre el acueducto.

Para completarlo, traemos también otro vídeo con el reportaje que se emitió en su día por televisión con la noticia del hallazgo. Nuestros lectores podrán ver así, de primera mano, los restos arqueológicos tal y como se encontraron, antes de la polémica "musealización".

Noticia del hallazgo del Acueducto de Amaniel.

El acueducto, el viaje de Amaniel y la Dehesa de la Villa.