Nueva entrega de la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos habla de los álamos y demás parientes.
"Pioveras, alamedas, temblares, paulares, choperas y negrales.
Del povo (Populus alba) deriva el término piovera, bosquete de povos. De temblón (P. tremula) deriva temblar, rodal o bosquete de temblones. De chopo (P. nigra) sale chopera. De populus sale popelar o Paular. Y de álamo alameda. Alameda es lugar poblado de álamos. Negral es rodal o masa de negrales o negrillos (Ulmus minor).
Ahora toca desenredar la madeja, que está muy liada. En Madrid siempre, ancestralmente, el término negrillo y derivados se usaba para denominar a los álamos negros u olmos.
En Recoletos había una antigua población denominada Valnegral asociada a un bosquete de olmos que crecían en el siglo XI junto al arroyo del mismo nombre.
Para hablar de bosquete de álamo blanco se decía piovera o povera, por alusión al povo. De ahí deriva el topónimo Soto Pavera, no por pavo sino por povo, árbol que en las riberas de Madrid formaba densos sotos.
El temblón es un tipo de álamo propio de las zonas frías de la montaña o valles altos. Conocido es el Cancho de los alamillos, cerca de Navacerrada y formado por esta especie. Temblar es un término infrecuente y muy raro o nulo en la toponimia de Madrid.
Chopera es término relativamente nuevo, de pocos siglos. Muy asociado a chopos plantados. En masa o alineaciones. Conocido es el paseo de La Chopera, del cual solo queda el nombre.
Y llegamos a alameda. El término es confuso pues en la Edad Media se hablaba indistintamente de álamo para referirse al álamo blanco o al negrillo. Parece que es término de origen mozárabe pero con muchas interferencias posteriores, como todos los vocablos de la rica jerga peninsular. Corominas atribuye el término al mozárabe por un documento en esta lengua del año 1218. Los árabes originan el término álamo al nombrar el romance olmo por la inexistencia de la “o” en su vocabulario. La zona cristiana usaba el término arcaico povo ya mencionado. En Pozuelo de Alarcón tenemos el arroyo Bularas flanqueado por olmos negrillos a los que en la zona los nativos de Pozuelo, que alguno queda, denominan álamos. Por referencias diversas sabemos que en Valdezarza había alamedas que se vendían o heredaban dejando constancia en la prensa escrita para regocijo de los que buceamos entre papeles viejos (Diario de Madrid, 26 de marzo de 1803).
La pregunta final es, ¿hubo en la Dehesa de Amaniel álamos blancos o negrillos, o ambos?
El negrillo ha sido tradicionalmente un árbol con un aprovechamiento total por parte de los agricultores, ganaderos y carpìnteros. Es un árbol que se plantaba y cuidaba como un preciado bien. Su madera de alta calidad y difícil de abrir se empleaba para soportes bajo el agua pues no se pudre en estas circunstancias. Se usaba para formar el tajo de los carniceros y leñadores. Por su resistencia al desgaste formaba partes esenciales en carros y ruedas. Su uso era ilimitado.
El álamo blanco se usaba principalmente como árbol de sombra en descansaderos de ganado, junto a cañadas y arroyos. Su madera de mala calidad apenas tenía uso.
¿Pudo la Dehesa antropizada albergar álamos de ambas especies? Sin duda hubo negrillos. Hasta el desarrollo agresivo de la grafiosis eran muy comunes, grandes y conocidos. Parece que la duda aparece en torno al álamo blanco, muy común en el Jarama, Manzanares o Guadarrama. ¿Lo pudo haber en las laderas y vallejos de la Dehesa de Amaniel? Hay que remontarse en el tiempo e imaginar una Dehesa mucho más húmeda, llena de manantiales que fluían hacia el Manzanares. Alguna noticia habla de lagunas en la Dehesa, pero son errores de ubicación. Son más bien charcas que se formaban en zonas de poca pendiente por debajo de lo que es hoy el CIEMAT. El álamo blanco precisa agua muy próxima para desarrollarse, casi se mete en el agua, se le adelantan los sauces y alisos. El olmo se aleja más del agua. Como el fresno la quiere cerca, pero a nivel freático, no superficial. En la dehesa tuvimos agua presente en todas las circunstancias. No podemos hablar de cursos de agua grandes y permanentes porque sería falso. Sí podemos en cambio hablar de agua constante. No faltaba. De ahí las captaciones para abastecer la capital. Sin duda la Dehesa contempló riberas de álamo blanco, como también había fresnedas y densas olmedas. Hoy es todo testimonial pues el hombre la ha alterado definitivamente.
Hoy podemos contemplar Ulmus minor, U. pumila y U. laevis, Populus alba, P. canescens, P. nigra, P.x canadensis y otros híbridos similares. Hay unos ejemplares magníficos de P. alba entre las calles San Gerardo y Federico Carlos Sainz de Robles, pero deben ser plantados o nacidos de manera espontánea tras urbanizarse Saconia. Recientemente el ayuntamiento ha plantado nuevos álamos blancos, un esfuerzo loable dirigido a recuperar la presencia de esta especie bella y poco conocida, arrinconada por los chopos papeleros cuyos clones han ocupado los viejos sotos “paveros”.
Como último una nota aclaratoria. Cuando en primavera los árboles hembra de chopos y álamos nos inundan el aire con sus “pelusas” lo que estamos viendo volar no es polen. Son sus semillas dotadas de pelos algodonosos que las ayudan a dispersarse y colonizar nuevas tierras. Son semillas frágiles, de escasa viabilidad, que mueren si no caen en zona húmeda. Por supuesto no causan alergia, pues como digo, no es polen.
Hasta la próxima cita
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
De la Dehesa de Amaniel a la Dehesa de la Villa: actualidad, historia,
curiosidades y anécdotas de la Dehesa y barrios de alrededor.
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Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (XIII)
26 de agosto de 2013
Nueva entrega de la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos explica el problema que aqueja a los pinos en las praderas de la Dehesa de la Villa.
"Pinos caídos en la Dehesa de la Villa: un problema creciente.
Periódicamente presenciamos la caída de un majestuoso pino en las praderas que se mantienen artificialmente en nuestra Dehesa de Amaniel: uno enorme cayó entre los merenderos de Francos Rodríguez, otro de 150 años nos mostraba en su interior restos de metralla. Uno enorme y bastante inclinado ha caído recientemente en la mediana de Antonio Machado. Días después el viento dañaba las ramas de los que este primero protegía. En esta semana otro más junto a la fuente de la prolongación de la avenida de Trajano. Uno viejo y alto cerca del pino real.
Son demasiados en poco tiempo y atestiguan un problema latente en el subsuelo: las raíces de los pinos piñoneros no se desarrollan bien en praderas regadas artificialmente. No es solo un problema derivado de la presencia de hongos xilófagos que las pueden destruir. Es también un problema de mal desarrollo radicular. La presencia continuada de agua en superficie, la que se dedica al riego de la propia pradera, provoca el crecimiento de raíces cortas y superficiales. Incapaces por si mismas de sostener al árbol.
Las raíces de los pinos se desarrollan continuamente. No pensemos que esa raíz que vemos en superficie en las zonas erosionadas se formó cuando brotaba el piñón. El movimiento de la savia construye paredes nuevas en el tronco del árbol y sus ramas todos los años. Estos mismos vasos forman raíces nuevas todos los años. Muchas mueren de forma natural. Otras engrosan y fortalecen llegando a ser dominantes. En la base de los pinos debilitados no se aprecian raíces nuevas. A veces se puede ver incluso como el cuello del árbol, la zona que separa tronco y raíz, está angostada. Presenta menos calibre que el propio tronco.
La caída de estos árboles es un problema de seguridad sin duda para los usuarios de la Dehesa. Es también una pérdida de masa forestal y de vida asociada a los árboles viejos. Sin duda muchos de ellos pertenecen a los plantados en las repoblaciones de Isabel II y patrocinados por la prensa de la época. Son pues una pérdida cultural también.
Sería fantástico identificar todos los árboles con problemas mecánicos de sostén y empezar a tratarlos con técnicas de arboricultura para evitar su pérdida. Estimularles para formar nuevas raíces y evitar los ataques de hongos. Se puede empezar eliminando poco a poco el riego de las praderas donde viven para que se vayan adaptando a la nueva situación hídrica. Hacerlo de golpe puede provocar su muerte por sequía.
También se puede dejar en su sitio alguno de los pinos caídos y dar la oportunidad a cientos de especies que viven de la madera muerta para desarrollarse. Pienso en hongos, insectos, aves insectívoros, etc. Muchos de los insectos que aparecen en inventarios de la Dehesa o que han sido recopilados allí ya no se han vuelto a encontrar. La presencia de madera muerta sin duda les puede ayudar a reconquistar nuestro bosque urbano.
Hasta la próxima cita.
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
"Pinos caídos en la Dehesa de la Villa: un problema creciente.
Periódicamente presenciamos la caída de un majestuoso pino en las praderas que se mantienen artificialmente en nuestra Dehesa de Amaniel: uno enorme cayó entre los merenderos de Francos Rodríguez, otro de 150 años nos mostraba en su interior restos de metralla. Uno enorme y bastante inclinado ha caído recientemente en la mediana de Antonio Machado. Días después el viento dañaba las ramas de los que este primero protegía. En esta semana otro más junto a la fuente de la prolongación de la avenida de Trajano. Uno viejo y alto cerca del pino real.
Imagen de los bomberos retirando el pino caído en la mediana de Antonio Machado.
(Foto: A. Revilla; 2013)
Son demasiados en poco tiempo y atestiguan un problema latente en el subsuelo: las raíces de los pinos piñoneros no se desarrollan bien en praderas regadas artificialmente. No es solo un problema derivado de la presencia de hongos xilófagos que las pueden destruir. Es también un problema de mal desarrollo radicular. La presencia continuada de agua en superficie, la que se dedica al riego de la propia pradera, provoca el crecimiento de raíces cortas y superficiales. Incapaces por si mismas de sostener al árbol.
Las raíces de los pinos se desarrollan continuamente. No pensemos que esa raíz que vemos en superficie en las zonas erosionadas se formó cuando brotaba el piñón. El movimiento de la savia construye paredes nuevas en el tronco del árbol y sus ramas todos los años. Estos mismos vasos forman raíces nuevas todos los años. Muchas mueren de forma natural. Otras engrosan y fortalecen llegando a ser dominantes. En la base de los pinos debilitados no se aprecian raíces nuevas. A veces se puede ver incluso como el cuello del árbol, la zona que separa tronco y raíz, está angostada. Presenta menos calibre que el propio tronco.
La caída de estos árboles es un problema de seguridad sin duda para los usuarios de la Dehesa. Es también una pérdida de masa forestal y de vida asociada a los árboles viejos. Sin duda muchos de ellos pertenecen a los plantados en las repoblaciones de Isabel II y patrocinados por la prensa de la época. Son pues una pérdida cultural también.
Sería fantástico identificar todos los árboles con problemas mecánicos de sostén y empezar a tratarlos con técnicas de arboricultura para evitar su pérdida. Estimularles para formar nuevas raíces y evitar los ataques de hongos. Se puede empezar eliminando poco a poco el riego de las praderas donde viven para que se vayan adaptando a la nueva situación hídrica. Hacerlo de golpe puede provocar su muerte por sequía.
También se puede dejar en su sitio alguno de los pinos caídos y dar la oportunidad a cientos de especies que viven de la madera muerta para desarrollarse. Pienso en hongos, insectos, aves insectívoros, etc. Muchos de los insectos que aparecen en inventarios de la Dehesa o que han sido recopilados allí ya no se han vuelto a encontrar. La presencia de madera muerta sin duda les puede ayudar a reconquistar nuestro bosque urbano.
Hasta la próxima cita.
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (XII)
16 de enero de 2013
Nueva entrega de la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos ilustra sobre las acacias.
"Las acacias.
Cuando hablamos de acacias en Madrid tenemos tres referentes en lo que a conocimiento popular se refiere: Gleditsia triacanthos, Sophora japonica y Robinia pseudoacacia. Todas ellas tan distintas de las auténticas acacias que es curioso que se las conozca con este nombre.
G. triacanthos es la llamada acacia tres espinas, por alusión a la forma de sus magníficas defensas antihervíboros. Sus legumbres son grandes, planas y curvadas como una falcata ibérica, recuerdan a las algarrobas. S. japonica presenta legumbres cilíndricas y estranguladas en lomentos, no tiene espinas. R. pseudoacacia tiene frutos planos y muy pequeños. Sus espinas se distribuyen por la corteza joven y su flor es conocida popularmente como “pan y quesillo”.
En las plantaciones de la Dehesa del siglo XIX se utilizaron Gleditsia de una variedad denominada inermis por la ausencia de espinas. Aún pueden verse ejemplares de la época en la zona que queda por debajo del CIEMAT. La variedad espinosa se había utilizado como planta de setos, pues cuanto más se la poda más púas produce. Hay restos de estos setos en la zona que rodea el vivero de la UCM y muchos otros sitios. Junto a la Sophora se plantó para sombrear la Senda Real que salía del Buen Retiro y que cruzando por el límite de la Dehesa se dirigía hacia El Pardo, hoy calle de Francos Rodríguez, donde aún quedan ejemplares de aquellos. Es nativa de Norteamérica.
Sophora japonica, ahora llamada Styphnolobium japonicum, es nativa de China y Japón. La variedad más cultivada es la pendula. Forma bellos árboles de copas globosas. Sus frutos pegajosos se dispersan fragmentándose de manera natural.
Robinia pseudoacacia es natural de los Apalaches. Su fuerte madera se utiliza para hacer toneles y baldes de madera. Es muy común en paseos. Es buena fijadora de nitrógeno en el suelo, por lo que enriquece los suelos donde crece. Hay una bonita cultivariedad de flor rosa poco utilizada en Madrid, la “casque rouge”.
Otras acacias menos comunes son las llamadas mimosas, Acacia dealbata. Estas sí son auténticas acacias. Su floración amarilla es muy temprana y perjudicial para los alérgicos. Prolifera en los parques nuevos aunque su adaptación a Madrid no es buena debido al frío invierno. En grandes áreas del norte y noroeste peninsular se ha convertido en planta invasora con desastrosos resultados para la vegetación y fauna autóctonas. Son nativas del sureste australiano. Su madera es muy dura y suelen crecer retorciéndose sobre si mismas, lo que genera tensiones en la madera que terminan produciendo rotura de ramas. A diferencia de las grandes acacias del paisaje de sabana africano, como la karoo o acacia camello, estas no tienen espinas.
Todas ellas pertenecen a la compleja familia de las leguminosas o familias próximas como las mimosáceas (Mimosa púdica) y cesalpináceas (acacia de Constantinopla).
Hasta la próxima cita".
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
"Las acacias.
Cuando hablamos de acacias en Madrid tenemos tres referentes en lo que a conocimiento popular se refiere: Gleditsia triacanthos, Sophora japonica y Robinia pseudoacacia. Todas ellas tan distintas de las auténticas acacias que es curioso que se las conozca con este nombre.
G. triacanthos es la llamada acacia tres espinas, por alusión a la forma de sus magníficas defensas antihervíboros. Sus legumbres son grandes, planas y curvadas como una falcata ibérica, recuerdan a las algarrobas. S. japonica presenta legumbres cilíndricas y estranguladas en lomentos, no tiene espinas. R. pseudoacacia tiene frutos planos y muy pequeños. Sus espinas se distribuyen por la corteza joven y su flor es conocida popularmente como “pan y quesillo”.
Fruto de Gleditsia en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Espinas de Gleditsia en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
En las plantaciones de la Dehesa del siglo XIX se utilizaron Gleditsia de una variedad denominada inermis por la ausencia de espinas. Aún pueden verse ejemplares de la época en la zona que queda por debajo del CIEMAT. La variedad espinosa se había utilizado como planta de setos, pues cuanto más se la poda más púas produce. Hay restos de estos setos en la zona que rodea el vivero de la UCM y muchos otros sitios. Junto a la Sophora se plantó para sombrear la Senda Real que salía del Buen Retiro y que cruzando por el límite de la Dehesa se dirigía hacia El Pardo, hoy calle de Francos Rodríguez, donde aún quedan ejemplares de aquellos. Es nativa de Norteamérica.
Arriba, una ardilla comiendo Gleditsia en la Dehesa de la Villa. Debajo, los frutos roídos.
(Fotos: A. Revilla, 2012)
Sophora japonica, ahora llamada Styphnolobium japonicum, es nativa de China y Japón. La variedad más cultivada es la pendula. Forma bellos árboles de copas globosas. Sus frutos pegajosos se dispersan fragmentándose de manera natural.
Sophora japonica en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Fruto de Sophora japonica en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Robinia pseudoacacia es natural de los Apalaches. Su fuerte madera se utiliza para hacer toneles y baldes de madera. Es muy común en paseos. Es buena fijadora de nitrógeno en el suelo, por lo que enriquece los suelos donde crece. Hay una bonita cultivariedad de flor rosa poco utilizada en Madrid, la “casque rouge”.
Frutos de Robinia en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Espinas de Robinia en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Otras acacias menos comunes son las llamadas mimosas, Acacia dealbata. Estas sí son auténticas acacias. Su floración amarilla es muy temprana y perjudicial para los alérgicos. Prolifera en los parques nuevos aunque su adaptación a Madrid no es buena debido al frío invierno. En grandes áreas del norte y noroeste peninsular se ha convertido en planta invasora con desastrosos resultados para la vegetación y fauna autóctonas. Son nativas del sureste australiano. Su madera es muy dura y suelen crecer retorciéndose sobre si mismas, lo que genera tensiones en la madera que terminan produciendo rotura de ramas. A diferencia de las grandes acacias del paisaje de sabana africano, como la karoo o acacia camello, estas no tienen espinas.
Fruto de acacia karoo o camello en Namibia.
(Foto: A. Revilla, 2006)
Todas ellas pertenecen a la compleja familia de las leguminosas o familias próximas como las mimosáceas (Mimosa púdica) y cesalpináceas (acacia de Constantinopla).
Fruto de Cesalpinea en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Hasta la próxima cita".
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (XI)
20 de mayo de 2012
Continuamos la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos muestra, de forma amena y pedagógica, la vegetación de la Dehesa de la Villa. En esta ocasión, la retama y su posible relación con el topónimo Cerro de las Balas.
"Las retamas.
Sabemos porque lo hemos leído en más de una ocasión que el científico Zulueta trabajaba con unos escarabajos del género Phytodecta variabilis (=Gonioctena variabilis) que recogía y observaba en las retamas de la Dehesa de la Villa. Esas retamas o escobas eran y son muy comunes en Madrid. Es una planta arbustiva de vistosas flores amarillo limón que lucen en mayo con profusión. Fue cultivada en los terrenos arenosos por los panaderos de la Villa pues con su leña se cocía el pan de todo Madrid.
Hay muy buenos retamares entre Alcorcón y Madrid. Pueblan amplias zonas de la Casa de Campo y las veremos siempre asociadas a las encinas. Desde siempre han sido cuidados los retamares tanto por los mencionados panaderos como por los sabios ganaderos. No en vano dice el refrán que una retama cría un cordero, aludiendo al pasto tan bueno que se forma en su entorno. Esta leguminosa, como casi todas las demás, fija nitrógeno atmosférico y enriquece el suelo donde vive propiciando el crecimiento de pastos de calidad. Va desapareciendo según nos acercamos al nivel del mar. Allí nuestra brava retama amarilla es sustituida por otra muy similar, la retama blanca.
Retama sphaerocarpa, la retama de Madrid, la de flores amarillas, da unos racimos de frutos pequeños en cuyo interior las semillas, en número de 1 ó 2, se agitan libres al mover la rama y parecen sonajeros. Retama monosperma, la de flor blanca, presenta el mismo aspecto, pero sus semillas se mantienen unidas a la legumbre de tal forma que no suenan al agitarlas. Las legumbres de ambas son semiesféricas, de piel dura y no se abren sino cuando caen al suelo y se erosionan. Pueden mantenerse vivas en el suelo durante decenas de años esperando el momento preciso para germinar y crecer con vigor.
Podemos encontrar retama de bolas por toda la Dehesa, pero retama blanca solo aparece en el Cerro de las Balas, donde ha sido plantada recientemente dado su éxito como arbusto autóctono de fácil cultivo y rápido crecimiento. Muchas veces se confunde con la amarilla y se está introduciendo lejos de su zona natural.
El término retama deriva del nombre árabe andalusí Ratama, derivado del culto Ratam, nombre de las plantas tipo escoba en esta cultura. Si tenían espinas se las llamaba aulagas. Ambos términos han llegado hasta nuestros días (Etimología de retama).
No debemos confundirlas con la muy extendida gayomba, Spartium junceum, una genistea propia del mediterráneo oriental, con alguna población natural en el este ibérico y presente en todas las cunetas de carretera desde hace 15 años hasta el presente. En la Dehesa también aparece. Tiene los tallos cilíndricos y terminados en agudas puntas. Es también muy aromática. Sus flores gualdas son mucho más grandes que las de las retamas y casi siempre aparecen llenas de pulgones. Sus legumbres son planas y se abren solas liberando semillas negras muy duras.
En Madrid florece primero la retama blanca, finales de abril a principios de mayo, luego la gayomba, a mediados de mayo y por fin la retama de bolas, a finales de mayo.
Posible relación del término balas y retamas.
Hablábamos anteriormente de la presencia de retamas en el denominado Cerro de las Balas de la Dehesa de la Villa. Este cerro es actualmente más conocido por el nombre de Cerro de los Locos, pero de las Balas fue su nombre original y es su nombre oficial. Para algunos el término procede de la abundancia de proyectiles que se encontraban en la zona después de la Guerra Civil, pues allí se ubicaron baterías que tiraban hacia el puente de los franceses. Sabemos que el origen es otro, pues en mapas anteriores a 1900 aparece ya como Cerro de las Balas. ¿Entonces, qué son las balas?
En Canarias hay un fitotopónimo muy común que hace referencia a una retama local denominada balo, la Plocama pendula. El balo es una retama de flor amarilla y a ojos de un profano es muy similar a la retama de bolas, Retama sphaerocarpa. Si buscamos relaciones entre balo-bala-retama, pronto nos sale el término bálagu, que para Corominas significa escoba o retama con la que se hacen las escobas. Escoba es uno de los nombres vulgares de la retama.
Tenemos además el vernáculo retama de bolas. No es raro encontrar en nombres vernáculos la reiteración del nombre en dos lenguas diferentes. Es un caso común en toponimia olvidar el significado del nombre original y repetirlo con el nombre nuevo. Peñalara es un pico muy conocido que presenta un nombre escondido, pues penna es denominación antigua de cabeza y lara de llanura, por lo que tenemos la Cabeza Llana, hermana perdida de Cabeza de Hierro. Ocurre lo mismo con el conocido valle de Arán siendo arán la denominación de valle en lenguas prerromanas. Río Vernesga, río Ruesga, repiten la denominación pues –esga significa río en lenguas astures. Hay mil ejemplos similares. No sería raro pues que nuestra retama de bolas pudiera ser originalmente retama de balas, escobas.
Merece la pena seguir indagando pues tal vez estemos en la Dehesa de la Villa ante el término encriptado del cerro de las retamas, lo que daría pie a buscar la antigüedad del término y la posible población humana que lo designó así.
Hasta la próxima cita".
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
"Las retamas.
Sabemos porque lo hemos leído en más de una ocasión que el científico Zulueta trabajaba con unos escarabajos del género Phytodecta variabilis (=Gonioctena variabilis) que recogía y observaba en las retamas de la Dehesa de la Villa. Esas retamas o escobas eran y son muy comunes en Madrid. Es una planta arbustiva de vistosas flores amarillo limón que lucen en mayo con profusión. Fue cultivada en los terrenos arenosos por los panaderos de la Villa pues con su leña se cocía el pan de todo Madrid.
Cópula de Gonioctena (nuevo nombre de la Phytodecta); fotografiado el 20 de mayo en unas retamas de Valdemoro.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Hay muy buenos retamares entre Alcorcón y Madrid. Pueblan amplias zonas de la Casa de Campo y las veremos siempre asociadas a las encinas. Desde siempre han sido cuidados los retamares tanto por los mencionados panaderos como por los sabios ganaderos. No en vano dice el refrán que una retama cría un cordero, aludiendo al pasto tan bueno que se forma en su entorno. Esta leguminosa, como casi todas las demás, fija nitrógeno atmosférico y enriquece el suelo donde vive propiciando el crecimiento de pastos de calidad. Va desapareciendo según nos acercamos al nivel del mar. Allí nuestra brava retama amarilla es sustituida por otra muy similar, la retama blanca.
Retama sphaerocarpa, la retama de Madrid, la de flores amarillas, da unos racimos de frutos pequeños en cuyo interior las semillas, en número de 1 ó 2, se agitan libres al mover la rama y parecen sonajeros. Retama monosperma, la de flor blanca, presenta el mismo aspecto, pero sus semillas se mantienen unidas a la legumbre de tal forma que no suenan al agitarlas. Las legumbres de ambas son semiesféricas, de piel dura y no se abren sino cuando caen al suelo y se erosionan. Pueden mantenerse vivas en el suelo durante decenas de años esperando el momento preciso para germinar y crecer con vigor.
Retama sphaerocarpa en la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
Podemos encontrar retama de bolas por toda la Dehesa, pero retama blanca solo aparece en el Cerro de las Balas, donde ha sido plantada recientemente dado su éxito como arbusto autóctono de fácil cultivo y rápido crecimiento. Muchas veces se confunde con la amarilla y se está introduciendo lejos de su zona natural.
Retama monosperma en el Cerro de las Balas de la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2012)
El término retama deriva del nombre árabe andalusí Ratama, derivado del culto Ratam, nombre de las plantas tipo escoba en esta cultura. Si tenían espinas se las llamaba aulagas. Ambos términos han llegado hasta nuestros días (Etimología de retama).
No debemos confundirlas con la muy extendida gayomba, Spartium junceum, una genistea propia del mediterráneo oriental, con alguna población natural en el este ibérico y presente en todas las cunetas de carretera desde hace 15 años hasta el presente. En la Dehesa también aparece. Tiene los tallos cilíndricos y terminados en agudas puntas. Es también muy aromática. Sus flores gualdas son mucho más grandes que las de las retamas y casi siempre aparecen llenas de pulgones. Sus legumbres son planas y se abren solas liberando semillas negras muy duras.
Gayomba, Spartium junceum.
(Foto: A. Revilla, 2012)
En Madrid florece primero la retama blanca, finales de abril a principios de mayo, luego la gayomba, a mediados de mayo y por fin la retama de bolas, a finales de mayo.
Posible relación del término balas y retamas.
Hablábamos anteriormente de la presencia de retamas en el denominado Cerro de las Balas de la Dehesa de la Villa. Este cerro es actualmente más conocido por el nombre de Cerro de los Locos, pero de las Balas fue su nombre original y es su nombre oficial. Para algunos el término procede de la abundancia de proyectiles que se encontraban en la zona después de la Guerra Civil, pues allí se ubicaron baterías que tiraban hacia el puente de los franceses. Sabemos que el origen es otro, pues en mapas anteriores a 1900 aparece ya como Cerro de las Balas. ¿Entonces, qué son las balas?
En Canarias hay un fitotopónimo muy común que hace referencia a una retama local denominada balo, la Plocama pendula. El balo es una retama de flor amarilla y a ojos de un profano es muy similar a la retama de bolas, Retama sphaerocarpa. Si buscamos relaciones entre balo-bala-retama, pronto nos sale el término bálagu, que para Corominas significa escoba o retama con la que se hacen las escobas. Escoba es uno de los nombres vulgares de la retama.
Tenemos además el vernáculo retama de bolas. No es raro encontrar en nombres vernáculos la reiteración del nombre en dos lenguas diferentes. Es un caso común en toponimia olvidar el significado del nombre original y repetirlo con el nombre nuevo. Peñalara es un pico muy conocido que presenta un nombre escondido, pues penna es denominación antigua de cabeza y lara de llanura, por lo que tenemos la Cabeza Llana, hermana perdida de Cabeza de Hierro. Ocurre lo mismo con el conocido valle de Arán siendo arán la denominación de valle en lenguas prerromanas. Río Vernesga, río Ruesga, repiten la denominación pues –esga significa río en lenguas astures. Hay mil ejemplos similares. No sería raro pues que nuestra retama de bolas pudiera ser originalmente retama de balas, escobas.
Merece la pena seguir indagando pues tal vez estemos en la Dehesa de la Villa ante el término encriptado del cerro de las retamas, lo que daría pie a buscar la antigüedad del término y la posible población humana que lo designó así.
Hasta la próxima cita".
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (X)
16 de abril de 2012
Nueva entrega de la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos habla de los madroños.
"El Madroño, Arbutus unedo.
Tal vez uno de los arbolillos más ibéricos, el madroño es un amante de las brisas húmedas y los ambientes templados, de los veranos frescos y los inviernos suaves. Indiferente al tipo de suelo el madroño trepa riscos o medra en valles profundos. Para colonizar las rocas le ayuda su fruto, devorado por los animales, deliciosamente embriagador y de cuyas propiedades luego hablaremos.
Siempre verde y siempre adornado, su fruta le acompaña durante todo el año, pues lo emplea entero para madurar de un invierno a otro, época en la que echa las flores.
Su aspecto lauroide delata su carácter subtropical y su origen en el Terciario, cuando Arbutus preunedo vivía en bosques de laurisilva tal como lo hace hoy Arbutus canariensis en la espesura de las selvas canarias.
Pertenece a la amplia familia de los arándanos, brezos, gayubas y brecinas, las ericáceas, siendo su representante europeo de más porte. Allí donde le dejan adquiere una copa compacta y un tronco vigoroso, conociéndose algunos ejemplares de hasta catorce metros de altura.
Puede legar a ser dominante y formar bosques espesos y uniformes, impenetrables y compactos, con un dosel de diez metros o más y un suelo siempre lleno de hojarasca y rica fauna siempre a la busca de su abrigo y humedad. Buenos ejemplos de madroñal los encontramos en Salamanca (El Madroñal, con 80 ha), Montes de Toledo y Cabañeros y el noroeste de Badajoz.
Empleo medicinal.
Ya hemos comentado que el fruto es embriagador. En realidad no lo es, aunque los síntomas de su excesiva ingesta sean similares. La arbutina es un complejo que afecta al cerebelo y provoca náuseas, desequilibrio, mareos y dolor de cabeza. A nivel intestinal su efecto diurético es algo más débil que el de la gayuba, con la que comparte la subfamilia Arbutoidea. En ambos el arbutósido se desdobla al contacto con las bacterias intestinales y libera hidroquinona. Esta actúa como antiséptico de las vías urinarias. Es además un buen detoxicante para la sangre. Su ingesta, sea en decocción de corteza u hojas o como fruta debe ser siempre moderada. El nombre latino de Arbutus unedo significa literalmente “arbolillo come uno” (unum edo), aludiendo a no comer en exceso para no “embriagarse”.
Usos más desconocidos.
Aunque afamado, el licor de madroño no es tradicional. No pasa de 30 años su fabricación en Madrid, donde en el barrio de Lavapiés empezó a comercializarse esta bebida en un pequeño local donde además hacían pastelería con su fruto. No es un licor al estilo del pacharán obtenido por maceración. El licor de madroño se obtiene destilando la fruta rica en azúcares.
Mal combustible en fresco, el carbón de madroño, conocido como breña, es de una calidad excelente y causa directa de la poca presencia del arbolillo. Al igual que su pariente el brezo blanco, el madroño debía dominar grandes extensiones en un pasado del que ya quedan pocos ejemplos. El nombre vasco gurrbiz significa “leño vivo”, en clara alusión a la energética manera de arder. En Castellón se ha recogido un refrán relacionado con su combustión que dice así: “Si quieres mal a tu mujer, llévale leña de madroño”, aludiendo a lo mal que arde en fresco. Este pirófito mediterráneo es capaz de rebrotar de raíz y cubrir rápidamente una zona abrasada con miles de chirpiales, siendo un eficaz autorrestaurador de su hábitat.
El uso más elaborado que conocemos es el documentado en 1811 en Orense sobre la extracción de azúcar de sus frutos hasta el punto de conocerlo como “árbol del azúcar”.
Su corteza se ha usado como curtiente de pieles. Su raíz tiñe de amarillo y su corteza de gris.
Usos jardineros y reproducción.
Si lo que queremos es llenar el monte de arbolillos debemos recoger frutos maduros y limpiar la pulpa con agua y una batidora. Las semillas obtenidas se extenderán en un semillero de unos 8-10 cm de profundidad y se cubrirán ligeramente. Con humedad continua el madroño germina en primavera. No debemos tocar las plántulas hasta que tengan al menos un año y su tallo se encuentre lignificado. Si las tocamos en estado herbáceo las jóvenes plantas morirán sin remedio. Su rápido crecimiento nos regala arbolillos de tres años con medio metro de altura, aptos para llevar al monte y verlos crecer.
Se puede encontrar en viveros especializados una bonita variedad de madroño conocida como “rubra” cuyas flores son de color rosado y otra denominada “minima” de porte enano. Además es posible encontrar especies foráneas como Arbutus canariensis y sobretodo A. x andrachnoides, de corteza rojiza y muy lisa, con un bello ejemplar en el Real Jardín Botánico de Madrid. Menos común es A. menziesii y A. hybrida. Aprovecharemos a decir que el género lo componen 24 especies distribuidas en el hemisferio norte: A. unedo en Europa occidental, A. canariensis solo en Canarias, tres especies más en Eurasia y el resto en Norte y Centroamérica.
En la Dehesa ha sido plantado en diferentes localizaciones, encontrándose los mejores ejemplares cerca de los cedros y alcornoques que hemos mencionado en otros capítulos de la serie.
Siempre que se escribe sobre el madroño hay que hablar de Madrid, por lo del escudo. Es sabido que en Madrid provincia el madroño escasea mucho. En un pasado debió abundar más. Como testigo queda el topónimo Madroñal, aplicado a un monte de 844 m situado junto al río Aulencia en Villanueva del Pardillo y con una buena representación de la especie, aunque la finca es privada y no se puede visitar. Merece la pena acercarse a ver el ejemplar de la plaza de la Lealtad.
Nombres vulgares.
No le faltan a nuestro arbolillo nombres propios. Su extremada variedad refleja la heterogeneidad de nuestra cultura y el enorme saber popular de la gente de campo.
Castellano (que no sólo en Castilla): Madroñero-a, madroña, madrollo, merodo, albocera, alborocera, aborío, borto, albornos.
Portugués y gallego: Medronheiro, ervedo, ervedeiro, herbedo, érbedo, erbedro, erbedeiro-a, bedreiro, bedeiro, morongueiro, moroteiro, morodeiro, amorote, morote, morodo, ambrolo. Meisueiro en El Caurel.
Asturias: Calbedro, arbedeiro, borrachinal, caxigo, muérdano, yérbode.
Catalán: Arboc, arbocer, arbocera, arboçó, alborcó, alborcer, calboix, albrocer, alberconer, ambrocer, llipotet, llipoter, llicutet, cirerer de arboc, cirerer de llop, cirerer de pastor.
Eusquera: Gurrbiz, gurrbits, gurrbis, gurrbiski, gurrguski, kurrpits, kurrpiti, kurrpitz, kurrkuts, kulubiz, burrbutx, burrbuz, burbuza, burbiz, burguiz, burgux, kaudan, kaudana, ania-mania, animania, gurbistondo.
León: Madroño, madroñera, madroñal, madroñero, albornio, arbedeiro, hérbedo, alolico, alborto, muerganal, abortal, aborio. Merodo es propio de Villafranca de El Bierzo.
Asturias-León: Borrachinal, borrachineiro, marojo.
Andalucía: Arbusto.
Badajoz: Beduño
Mallorca: Arbossera
Menorca: Arbosser.
Navarra: Modrollos, berrubiete.
Aragón: Modrollera. Alborcel en Huesca.
Valencia: Alborsera.
La fruta: madroño, muérgano, borrachicos, borrachines, aloboniu, muédranos. Ameixos en El Caurel.
La flor: Flor de borrachin (Cabo de Peñas).
El bosque: albortal, albornial, alborocera, madroñal.
Los nombres madroño, morote y similares, provienen del prerromano “morotonu” y su variante “morotoneu”. Tal vez este nombre se relaciona con el bereber “árbol del morabito”, madroños retorcidos sobre os que cuelgan ofrendas los desafortunados con deformaciones corporales.
En eusquera borobil significa esférico y en castellano una borla es un adorno textil esférico denominado también madroña, muy popular en los trajes goyescos madrileños. Tenemos pues una posible relación entre borla-borto-albornio-abortal.
En bable se denomina marojo también al muérdago, cerrando así otro círculo de relaciones entre marojo y muérdago con marojo-muérgano y madroño.
Hasta la próxima cita."
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
"El Madroño, Arbutus unedo.
Tal vez uno de los arbolillos más ibéricos, el madroño es un amante de las brisas húmedas y los ambientes templados, de los veranos frescos y los inviernos suaves. Indiferente al tipo de suelo el madroño trepa riscos o medra en valles profundos. Para colonizar las rocas le ayuda su fruto, devorado por los animales, deliciosamente embriagador y de cuyas propiedades luego hablaremos.
Siempre verde y siempre adornado, su fruta le acompaña durante todo el año, pues lo emplea entero para madurar de un invierno a otro, época en la que echa las flores.
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| (Foto: A. Revilla, 2002) |
Su aspecto lauroide delata su carácter subtropical y su origen en el Terciario, cuando Arbutus preunedo vivía en bosques de laurisilva tal como lo hace hoy Arbutus canariensis en la espesura de las selvas canarias.
Pertenece a la amplia familia de los arándanos, brezos, gayubas y brecinas, las ericáceas, siendo su representante europeo de más porte. Allí donde le dejan adquiere una copa compacta y un tronco vigoroso, conociéndose algunos ejemplares de hasta catorce metros de altura.
Puede legar a ser dominante y formar bosques espesos y uniformes, impenetrables y compactos, con un dosel de diez metros o más y un suelo siempre lleno de hojarasca y rica fauna siempre a la busca de su abrigo y humedad. Buenos ejemplos de madroñal los encontramos en Salamanca (El Madroñal, con 80 ha), Montes de Toledo y Cabañeros y el noroeste de Badajoz.
Empleo medicinal.
Ya hemos comentado que el fruto es embriagador. En realidad no lo es, aunque los síntomas de su excesiva ingesta sean similares. La arbutina es un complejo que afecta al cerebelo y provoca náuseas, desequilibrio, mareos y dolor de cabeza. A nivel intestinal su efecto diurético es algo más débil que el de la gayuba, con la que comparte la subfamilia Arbutoidea. En ambos el arbutósido se desdobla al contacto con las bacterias intestinales y libera hidroquinona. Esta actúa como antiséptico de las vías urinarias. Es además un buen detoxicante para la sangre. Su ingesta, sea en decocción de corteza u hojas o como fruta debe ser siempre moderada. El nombre latino de Arbutus unedo significa literalmente “arbolillo come uno” (unum edo), aludiendo a no comer en exceso para no “embriagarse”.
Usos más desconocidos.
Aunque afamado, el licor de madroño no es tradicional. No pasa de 30 años su fabricación en Madrid, donde en el barrio de Lavapiés empezó a comercializarse esta bebida en un pequeño local donde además hacían pastelería con su fruto. No es un licor al estilo del pacharán obtenido por maceración. El licor de madroño se obtiene destilando la fruta rica en azúcares.
Mal combustible en fresco, el carbón de madroño, conocido como breña, es de una calidad excelente y causa directa de la poca presencia del arbolillo. Al igual que su pariente el brezo blanco, el madroño debía dominar grandes extensiones en un pasado del que ya quedan pocos ejemplos. El nombre vasco gurrbiz significa “leño vivo”, en clara alusión a la energética manera de arder. En Castellón se ha recogido un refrán relacionado con su combustión que dice así: “Si quieres mal a tu mujer, llévale leña de madroño”, aludiendo a lo mal que arde en fresco. Este pirófito mediterráneo es capaz de rebrotar de raíz y cubrir rápidamente una zona abrasada con miles de chirpiales, siendo un eficaz autorrestaurador de su hábitat.
El uso más elaborado que conocemos es el documentado en 1811 en Orense sobre la extracción de azúcar de sus frutos hasta el punto de conocerlo como “árbol del azúcar”.
Su corteza se ha usado como curtiente de pieles. Su raíz tiñe de amarillo y su corteza de gris.
Usos jardineros y reproducción.
Si lo que queremos es llenar el monte de arbolillos debemos recoger frutos maduros y limpiar la pulpa con agua y una batidora. Las semillas obtenidas se extenderán en un semillero de unos 8-10 cm de profundidad y se cubrirán ligeramente. Con humedad continua el madroño germina en primavera. No debemos tocar las plántulas hasta que tengan al menos un año y su tallo se encuentre lignificado. Si las tocamos en estado herbáceo las jóvenes plantas morirán sin remedio. Su rápido crecimiento nos regala arbolillos de tres años con medio metro de altura, aptos para llevar al monte y verlos crecer.
Se puede encontrar en viveros especializados una bonita variedad de madroño conocida como “rubra” cuyas flores son de color rosado y otra denominada “minima” de porte enano. Además es posible encontrar especies foráneas como Arbutus canariensis y sobretodo A. x andrachnoides, de corteza rojiza y muy lisa, con un bello ejemplar en el Real Jardín Botánico de Madrid. Menos común es A. menziesii y A. hybrida. Aprovecharemos a decir que el género lo componen 24 especies distribuidas en el hemisferio norte: A. unedo en Europa occidental, A. canariensis solo en Canarias, tres especies más en Eurasia y el resto en Norte y Centroamérica.
En la Dehesa ha sido plantado en diferentes localizaciones, encontrándose los mejores ejemplares cerca de los cedros y alcornoques que hemos mencionado en otros capítulos de la serie.
Siempre que se escribe sobre el madroño hay que hablar de Madrid, por lo del escudo. Es sabido que en Madrid provincia el madroño escasea mucho. En un pasado debió abundar más. Como testigo queda el topónimo Madroñal, aplicado a un monte de 844 m situado junto al río Aulencia en Villanueva del Pardillo y con una buena representación de la especie, aunque la finca es privada y no se puede visitar. Merece la pena acercarse a ver el ejemplar de la plaza de la Lealtad.
Nombres vulgares.
No le faltan a nuestro arbolillo nombres propios. Su extremada variedad refleja la heterogeneidad de nuestra cultura y el enorme saber popular de la gente de campo.
Castellano (que no sólo en Castilla): Madroñero-a, madroña, madrollo, merodo, albocera, alborocera, aborío, borto, albornos.
Portugués y gallego: Medronheiro, ervedo, ervedeiro, herbedo, érbedo, erbedro, erbedeiro-a, bedreiro, bedeiro, morongueiro, moroteiro, morodeiro, amorote, morote, morodo, ambrolo. Meisueiro en El Caurel.
Asturias: Calbedro, arbedeiro, borrachinal, caxigo, muérdano, yérbode.
Catalán: Arboc, arbocer, arbocera, arboçó, alborcó, alborcer, calboix, albrocer, alberconer, ambrocer, llipotet, llipoter, llicutet, cirerer de arboc, cirerer de llop, cirerer de pastor.
Eusquera: Gurrbiz, gurrbits, gurrbis, gurrbiski, gurrguski, kurrpits, kurrpiti, kurrpitz, kurrkuts, kulubiz, burrbutx, burrbuz, burbuza, burbiz, burguiz, burgux, kaudan, kaudana, ania-mania, animania, gurbistondo.
León: Madroño, madroñera, madroñal, madroñero, albornio, arbedeiro, hérbedo, alolico, alborto, muerganal, abortal, aborio. Merodo es propio de Villafranca de El Bierzo.
Asturias-León: Borrachinal, borrachineiro, marojo.
Andalucía: Arbusto.
Badajoz: Beduño
Mallorca: Arbossera
Menorca: Arbosser.
Navarra: Modrollos, berrubiete.
Aragón: Modrollera. Alborcel en Huesca.
Valencia: Alborsera.
La fruta: madroño, muérgano, borrachicos, borrachines, aloboniu, muédranos. Ameixos en El Caurel.
La flor: Flor de borrachin (Cabo de Peñas).
El bosque: albortal, albornial, alborocera, madroñal.
Los nombres madroño, morote y similares, provienen del prerromano “morotonu” y su variante “morotoneu”. Tal vez este nombre se relaciona con el bereber “árbol del morabito”, madroños retorcidos sobre os que cuelgan ofrendas los desafortunados con deformaciones corporales.
En eusquera borobil significa esférico y en castellano una borla es un adorno textil esférico denominado también madroña, muy popular en los trajes goyescos madrileños. Tenemos pues una posible relación entre borla-borto-albornio-abortal.
En bable se denomina marojo también al muérdago, cerrando así otro círculo de relaciones entre marojo y muérdago con marojo-muérgano y madroño.
Hasta la próxima cita."
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (IX)
22 de febrero de 2012
Retomamos la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos habla de la vegetación de la Dehesa, en esta ocasión las encinas.
"Las encinas.
Aunque la Dehesa de la Villa fue en tiempos un encinar incluido en la gran mancha de los encinares carpetanos que cubrían todo el valle del Manzanares, la encina como tal había llegado a ser muy escasa. En los últimos años, y gracias a la presión de grupos conservacionistas que han revalorizado a la encina como árbol autóctono de gran importancia, se han plantado numerosas encinas de vivero cultivadas desde la bellota. En la antigua carretera de la Dehesa se han plantado encinas de la subespecie Quercus ilex ballota. En muchas publicaciones aún aparece como subespecie rotundifolia. Esta es la encina común en toda la península Ibérica, la que forma el monte de El Pardo. Es la encina propiamente dicha.
"Las encinas.
Aunque la Dehesa de la Villa fue en tiempos un encinar incluido en la gran mancha de los encinares carpetanos que cubrían todo el valle del Manzanares, la encina como tal había llegado a ser muy escasa. En los últimos años, y gracias a la presión de grupos conservacionistas que han revalorizado a la encina como árbol autóctono de gran importancia, se han plantado numerosas encinas de vivero cultivadas desde la bellota. En la antigua carretera de la Dehesa se han plantado encinas de la subespecie Quercus ilex ballota. En muchas publicaciones aún aparece como subespecie rotundifolia. Esta es la encina común en toda la península Ibérica, la que forma el monte de El Pardo. Es la encina propiamente dicha.
Encina ballota en los alrededores de la antigua carretera de la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Morato, 2012)
En la prolongación de la avenida de Trajano, entrando en la Dehesa, tenemos unos pocos ejemplares de la otra subespecie, la Quercus ilex ilex, la propia del litoral catalán, sur de Francia y gran parte de Italia. Es una suerte poder observar y comparar a las dos.
Grupo de encinas ilex en la entrada a la Dehesa desde la Avenida de Trajano.
(Foto: A. Morato, 2012)
La pujanza del viverismo italiano ha puesto millones de encinas de la subespecie ilex en el mercado y han llegado a muchos jardines, pero poco a poco la subespecie ballota ha ido ganando terreno y se planta con profusión en las últimas décadas.
La ballota da bellotas dulces que han sido seleccionadas desde siempre por los ganaderos resalvando los pies con esta característica. Da bellotas generalmente globosas, aunque pueden presentar cualquier forma. Las hojas son duras, coriáceas y con bastantes pinchos, aunque si no es ramoneada o son hojas que crecen a mucha altura, se hacen más suaves y menos pinchudas. La ilex da siempre bellotas amargas, tiene las hojas alargadas, suaves y con pocos pinchos.
Imagen comparativa con hojas de encinas ballota (izquierda) e ilex (derecha) de la Dehesa de la Villa.
(Fotos: A. Morato, 2012)
Las encinas son árboles con flores masculinas y femeninas separadas. A la flor masculina se la llama moco. Son amentos colgantes de color amarillo y pardos al secarse. Cuando tiene mucha flor masculina dice el refrán “la encina de mucho moco en la montanera poco”, dará pocas bellotas. La bellota como tal se forma en la flor femenina, mucho menos aparente y más pequeña. La caperuza que cubre a la bellota se denomina en la zona centro cascabillo, pero recibe infinidad de nombres en otros lugares. El cascabillo se corresponde botánicamente con el erizo de las castañas o con la casca de los hayucos. Los tres árboles son de la familia de las fagáceas.
Arriba, amento masculino (moco) de encina ilex.
Debajo, bellotas de encina ballota.
(Fotos: A. Revilla, 2012 y 2008)
En la Dehesa podemos ver además otra quercinea, el alcornoque, Quercus suber. Hay un ejemplar joven en las inmediaciones de la salida del túnel de Sinesio Delgado. Las hojas de alcornoque son lustrosas por ambas caras pues no tienen pelos en el envés. En Madrid es un árbol escaso, destacando la mancha de Torrelaguna y algunos ejemplares notables en el monte de El Pardo o uno ubicado en la calle Fuentelareina.
Castigados por el carboneo y la leña, las encinas han perdido territorio en cualquier provincia, siendo Madrid una privilegiada al contar todavía con grandes extensiones. Aún así se han perdido para siempre la dehesa de Arganzuela o la dehesa de San Sebastián de los Reyes. Otras están urbanizadas como la del Real Sitio de La Moraleja, antiguo cazadero Real vendido en el siglo XIX para aliviar las cuentas de la Corona.
Detalle del plano de las cercanías de Madrid a mediados del S. XIX donde todavía puede apreciarse el Real Bosque de la Moraleja.
(Plano: Pedro Martín de López, 1846; BNE)
Hasta la próxima cita."
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
La primitiva Dehesa de Amaniel y la encina de la antigua Universidad Central
17 de octubre de 2011
Sobre una encina centenaria, ejemplo de la vegetación de la primitiva Dehesa de Amaniel, que aún pervive en el patio de la antigua Universidad Central en Noviciado.
Hace ya algunos meses, en nuestro artículo sobre la historia de la Dehesa de la Villa esbozábamos sus orígenes como Dehesa de Amaniel. Nos ocupamos hoy de un árbol centenario que pervive en los jardines de la antigua Universidad Central (calles de San Bernardo y del Noviciado), vivo ejemplo de lo que pudo ser la vegetación de la Dehesa primitiva. Nos servimos para ello de los artículos de Andrés Revilla y Conchy Navarrete, a los que agradecemos sinceramente su colaboración. Andrés es colaborador habitual de nuestro blog: su serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa nos acerca periódicamente de forma amena y sencilla curiosidades sobre la vegetación de la Dehesa. Por su parte, Conchy es una estudiosa y una entusiasta de Madrid y ha publicado varios artículos sobre diversos temas históricos; además, nunca olvidaremos que fue con ella con quien organizamos, para su Asociación Amigos del Foro Cultural de Madrid, la primera visita guiada que hicimos como Asociación de Amigos de la Dehesa hace ya algunos años.
Persistencia de un arbol en un espacio verde del S. XVIII: la encina de Amaniel
Quercus ilex subsp. ballota.
Andrés Revilla, reproducido con permiso del autor.
La Dehesa de Amaniel o de la Villa toma su nombre del ballestero de Enrique II Lope de Amaniel, guarda mayor de los terrenos, por aquel entonces de caza y poblados de bosque, donde posteriormente se localizarían el monte y Dehesa de Amaniel. La Dehesa era parte de las tierras donadas en 1152 por el monarca Alfonso VII a la Villa de Madrid, según privilegio otorgado por este en Toledo el 1 de mayo. La primera referencia al lugar aparece en una sentencia de 1434, en la que se hace mención a una serie de apropiaciones habidas en los montes de Amaniel y Cantarranas.
De esta antigua dehesa no queda hoy sino su sombra, conocida como Dehesa de la Villa, en el noroeste de la ciudad. La dehesa de Amaniel ocupaba en tiempos una amplia zona uniforme de encinar carpetano y hacía de nexo entre los encinares de la actual Casa de Campo y los de El Pardo, Club de campo, Soto de Viñuelas y Cuenca Alta del Manzanares.
Fiel vestigio de aquellos encinares nos ha quedado esta maravillosa encina de 18 metros de altura y exquisita formación. Su edad puede rondar los 350-300 años. Se ubica en lo que fueron las huertas del antiguo Noviciado de padres jesuitas de San Bernardo, sobre cuyo solar se levantó posteriormente la Universidad Central.
Como resto de aquellas huertas han quedado también un hermoso, aunque dañado moral (Morus nigra) y un olivo (Olea europaea) de variedad indeterminada.
Aparece en el catálogo de árboles singulares de la Comunidad de Madrid como encina de la antigua Universidad Central de San Bernardo.
La encina del Noviciado.
Conchy Navarrete, publicado en Amigos del Foro Cultural de Madrid, Num. 4 - Primavera 2007. Reproducido con permiso de la autora.
Esta zona de Amaniel de grandes y frondosos bosques que existió en tiempos de Felipe II, fue la cuna de esta Encina centenaria testigo durante casi 400 años de romances, duelos y dramas de enamorados.
Sus antepasadas en épocas primigenias abarcaban una extensión que ocupaba más de las tres cuartas partes de la superficie madrileña. Este lugar se extendía desde la Moncloa hasta el Arroyo del Valnegral o Abroñigal donde hoy contemplamos joven y grandiosa La Castellana. La cercana Alcantarilla de Leganitos que pasaba al final de la calle de los Reyes aplacaba su sed en los calurosos veranos madrileños, y se bañaba con el agua de las torrenteras que bajaban por la calle de Amaniel, calle que dio nombre a todo un barrio cuyo origen se debe a Don Lope de Amaniel, ballestero de Enrique II de Castilla. Posteriormente dio paso a grandes fincas o pueblas entre las que comenzó a destacar la Dehesa de Amaniel.
Hasta el río Manzanares llegaban las huertas de El Noviciado. En el siglo XVI esta zona se consideraba fuera de los límites de la ciudad. Un siglo más tarde, iniciando Felipe III su reinado, comienza un profundo cambio ocupando sus tierras conventos e instituciones religiosas. Así nacieron nuevas calles con evocadores nombres, Aunque os pese, Enhoramala vayas o Sal si puedes, calles llenas de misterio y romanticismo con pasado de duelos, espadas y pleitos.
Nuestra encina es testigo de construcciones y derribos de casas, palacios, iglesias y conventos. [...]. Ella es madrileña castiza nacida en las huertas del antiguo Noviciado y criada en pleno barrio de Amaniel. Ha estado siempre mimada y acompañada por tres edificios de lujo que la protegen del frío aire de nuestra sierra, la antigua Universidad Central, el Instituto Cardenal Cisneros y el Conservatorio de Música.
Las raíces de esta encina, Quercus ilex, que es su verdadero nombre de pila, proviene de la familia Fagaceae. Tiene una altura de 18 metros, el diámetro de su copa es de 19,5 y la de la base 2,80, siendo la circunferencia normal de 2,40. Posee un porte bien repartido y forma su cruz a los seis metros del suelo. Las ramas son ligeramente péndulas. Por fortuna, a lo largo de su existencia ha padecido muy contadas podas. Aunque posee un estado de conservación muy bueno, dada su avanzada edad acusa las deficiencias físicas de un árbol longevo. Una herida en la base del tronco amenazó su existencia, pero afortunadamente cicatrizó rápidamente. A principio de los años noventa, y ante el riesgo que suponía la presencia del tráfico rodado en sus inmediaciones, se propuso acotar la proyección de su copa. Esta medida fue rápida y felizmente ejecutada, salvándola de un deterioro paulatino y de una muerte segura.
Esta encina es el único vestigio de un enorme y frondoso bosque que se extendía desde la Moncloa hasta el arroyo Valnegral (actual Plaza de Castilla), como queda dicho. Este bosque, que era lugar habitual para reyes y cortesanos, fue paulatinamente adehesado, momento en el que nace nuestra protagonista. Se desarrolló junto a eras de cultivo formando la famosa Dehesa que constituyó el pintoresco paisaje de la época, y que formaba un continuo con la Casa de Campo. Otras compañeras que fueron plantadas en la misma época no sobrevivieron.
En la actualidad la encina se venera como árbol ilustre y protector. Los escritores antiguos nos hablan de ciertos bosques sagrados, algunos de los cuales se conservan hoy. En muchos de los pueblos de España, en localidades castellanas (en Soria y Burgos) ciertas encinas de gran tamaño eran el punto de reunión de las mujeres de un valle o concejo que discutían sobre sus problemas, sin que los hombres pudieran estar presentes, se llamaban a estos árboles “encinas de la mujer”...
Cuentan los vigilantes del parking que esta magnífica encina da una cosecha de enormes bellotas que harían la delicia de más de un cerdo ibérico.
Durante más de 400 años se suceden los romances, los duelos, Felipe II, Madrid de villa a capital, bosques, arroyos, dehesas, palacios, un Noviciado, la Desamortización, Fernando VII, la Universidad Central, su vida... El cielo sobre Ella, la tierra bajo sus pies...
No siempre es necesario talar un árbol para escribir la historia. Dejemos que entre sus ramas el viento suene a Madrid.
Bibliografía:
- "Árboles de Madrid". Consejería de Agricultura y Ganadería. 1984.
- Pedro de Répide "Las calles de Madrid".
- "Madrid fascículos". Espasa Calpe. 1978.
- Miguel Molina Campuzano. "Planos de Madrid siglo XVII y XVIII".
Hace ya algunos meses, en nuestro artículo sobre la historia de la Dehesa de la Villa esbozábamos sus orígenes como Dehesa de Amaniel. Nos ocupamos hoy de un árbol centenario que pervive en los jardines de la antigua Universidad Central (calles de San Bernardo y del Noviciado), vivo ejemplo de lo que pudo ser la vegetación de la Dehesa primitiva. Nos servimos para ello de los artículos de Andrés Revilla y Conchy Navarrete, a los que agradecemos sinceramente su colaboración. Andrés es colaborador habitual de nuestro blog: su serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa nos acerca periódicamente de forma amena y sencilla curiosidades sobre la vegetación de la Dehesa. Por su parte, Conchy es una estudiosa y una entusiasta de Madrid y ha publicado varios artículos sobre diversos temas históricos; además, nunca olvidaremos que fue con ella con quien organizamos, para su Asociación Amigos del Foro Cultural de Madrid, la primera visita guiada que hicimos como Asociación de Amigos de la Dehesa hace ya algunos años.
Persistencia de un arbol en un espacio verde del S. XVIII: la encina de Amaniel
Quercus ilex subsp. ballota.
Andrés Revilla, reproducido con permiso del autor.
La Dehesa de Amaniel o de la Villa toma su nombre del ballestero de Enrique II Lope de Amaniel, guarda mayor de los terrenos, por aquel entonces de caza y poblados de bosque, donde posteriormente se localizarían el monte y Dehesa de Amaniel. La Dehesa era parte de las tierras donadas en 1152 por el monarca Alfonso VII a la Villa de Madrid, según privilegio otorgado por este en Toledo el 1 de mayo. La primera referencia al lugar aparece en una sentencia de 1434, en la que se hace mención a una serie de apropiaciones habidas en los montes de Amaniel y Cantarranas. De esta antigua dehesa no queda hoy sino su sombra, conocida como Dehesa de la Villa, en el noroeste de la ciudad. La dehesa de Amaniel ocupaba en tiempos una amplia zona uniforme de encinar carpetano y hacía de nexo entre los encinares de la actual Casa de Campo y los de El Pardo, Club de campo, Soto de Viñuelas y Cuenca Alta del Manzanares.
Fiel vestigio de aquellos encinares nos ha quedado esta maravillosa encina de 18 metros de altura y exquisita formación. Su edad puede rondar los 350-300 años. Se ubica en lo que fueron las huertas del antiguo Noviciado de padres jesuitas de San Bernardo, sobre cuyo solar se levantó posteriormente la Universidad Central.
Como resto de aquellas huertas han quedado también un hermoso, aunque dañado moral (Morus nigra) y un olivo (Olea europaea) de variedad indeterminada.
Aparece en el catálogo de árboles singulares de la Comunidad de Madrid como encina de la antigua Universidad Central de San Bernardo.
La encina del Noviciado.
Conchy Navarrete, publicado en Amigos del Foro Cultural de Madrid, Num. 4 - Primavera 2007. Reproducido con permiso de la autora.
Esta zona de Amaniel de grandes y frondosos bosques que existió en tiempos de Felipe II, fue la cuna de esta Encina centenaria testigo durante casi 400 años de romances, duelos y dramas de enamorados.
Sus antepasadas en épocas primigenias abarcaban una extensión que ocupaba más de las tres cuartas partes de la superficie madrileña. Este lugar se extendía desde la Moncloa hasta el Arroyo del Valnegral o Abroñigal donde hoy contemplamos joven y grandiosa La Castellana. La cercana Alcantarilla de Leganitos que pasaba al final de la calle de los Reyes aplacaba su sed en los calurosos veranos madrileños, y se bañaba con el agua de las torrenteras que bajaban por la calle de Amaniel, calle que dio nombre a todo un barrio cuyo origen se debe a Don Lope de Amaniel, ballestero de Enrique II de Castilla. Posteriormente dio paso a grandes fincas o pueblas entre las que comenzó a destacar la Dehesa de Amaniel.
Hasta el río Manzanares llegaban las huertas de El Noviciado. En el siglo XVI esta zona se consideraba fuera de los límites de la ciudad. Un siglo más tarde, iniciando Felipe III su reinado, comienza un profundo cambio ocupando sus tierras conventos e instituciones religiosas. Así nacieron nuevas calles con evocadores nombres, Aunque os pese, Enhoramala vayas o Sal si puedes, calles llenas de misterio y romanticismo con pasado de duelos, espadas y pleitos.
Nuestra encina es testigo de construcciones y derribos de casas, palacios, iglesias y conventos. [...]. Ella es madrileña castiza nacida en las huertas del antiguo Noviciado y criada en pleno barrio de Amaniel. Ha estado siempre mimada y acompañada por tres edificios de lujo que la protegen del frío aire de nuestra sierra, la antigua Universidad Central, el Instituto Cardenal Cisneros y el Conservatorio de Música.
Las raíces de esta encina, Quercus ilex, que es su verdadero nombre de pila, proviene de la familia Fagaceae. Tiene una altura de 18 metros, el diámetro de su copa es de 19,5 y la de la base 2,80, siendo la circunferencia normal de 2,40. Posee un porte bien repartido y forma su cruz a los seis metros del suelo. Las ramas son ligeramente péndulas. Por fortuna, a lo largo de su existencia ha padecido muy contadas podas. Aunque posee un estado de conservación muy bueno, dada su avanzada edad acusa las deficiencias físicas de un árbol longevo. Una herida en la base del tronco amenazó su existencia, pero afortunadamente cicatrizó rápidamente. A principio de los años noventa, y ante el riesgo que suponía la presencia del tráfico rodado en sus inmediaciones, se propuso acotar la proyección de su copa. Esta medida fue rápida y felizmente ejecutada, salvándola de un deterioro paulatino y de una muerte segura.
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| (Foto: Amigos del Foro Cultural de Madrid, 2007) |
Esta encina es el único vestigio de un enorme y frondoso bosque que se extendía desde la Moncloa hasta el arroyo Valnegral (actual Plaza de Castilla), como queda dicho. Este bosque, que era lugar habitual para reyes y cortesanos, fue paulatinamente adehesado, momento en el que nace nuestra protagonista. Se desarrolló junto a eras de cultivo formando la famosa Dehesa que constituyó el pintoresco paisaje de la época, y que formaba un continuo con la Casa de Campo. Otras compañeras que fueron plantadas en la misma época no sobrevivieron.
En la actualidad la encina se venera como árbol ilustre y protector. Los escritores antiguos nos hablan de ciertos bosques sagrados, algunos de los cuales se conservan hoy. En muchos de los pueblos de España, en localidades castellanas (en Soria y Burgos) ciertas encinas de gran tamaño eran el punto de reunión de las mujeres de un valle o concejo que discutían sobre sus problemas, sin que los hombres pudieran estar presentes, se llamaban a estos árboles “encinas de la mujer”...
Cuentan los vigilantes del parking que esta magnífica encina da una cosecha de enormes bellotas que harían la delicia de más de un cerdo ibérico.
Durante más de 400 años se suceden los romances, los duelos, Felipe II, Madrid de villa a capital, bosques, arroyos, dehesas, palacios, un Noviciado, la Desamortización, Fernando VII, la Universidad Central, su vida... El cielo sobre Ella, la tierra bajo sus pies...
No siempre es necesario talar un árbol para escribir la historia. Dejemos que entre sus ramas el viento suene a Madrid.
Bibliografía:
- "Árboles de Madrid". Consejería de Agricultura y Ganadería. 1984.
- Pedro de Répide "Las calles de Madrid".
- "Madrid fascículos". Espasa Calpe. 1978.
- Miguel Molina Campuzano. "Planos de Madrid siglo XVII y XVIII".
Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (VIII)
25 de septiembre de 2011
Octava entrega de la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos habla de los cedros.
Tres eran tres los cedros del mundo.
El cedro, Cedrus sp, ocupa un lugar destacado en todos los jardines desde la antigüedad. En la romana Complutum se han descubierto vestigios de cedros plantados en las villas de la ciudad. Lo curioso es que no haya cedros naturales ni cedrales en la península Ibérica, ni siquiera en las montañas del sur, donde el pinsapo medra con pujanza.
Tres son los cedros aceptados universalmente. Realmente los tres son muy similares y se hibridan con gran facilidad. Su distancia evolutiva es corta y no hace tanto que los bosques de cedros debieron estar unidos desde Marruecos hasta el Himalaya.
Al del norte de África lo llamamos cedro del Atlas, Cedrus atlantica. Forma magníficos bosques poblados por macacos en Marruecos y Argelia. Un poco más al Este encontramos el cedro del Líbano, Cedrus libani, inmortalizado en la bandera de este país y devastado desde época egipcia. Sus bosques ocupaban casi todas las montañas de oriente próximo, todo el Sinaí, Irak y se aproximaban hacia oriente buscando al tercero, el cedro del Himalaya, Cedrus deodara, “dedicado a Dios”. Tal vez el más pequeño de los tres, pero el que vive a más altura. Hay un cuarto cedro natural de la isla de Chipre, Cedrus brevifolia, pero para muchos autores no es más que una variedad del de Líbano. Vive en las montañas Toodos. Cedrus patula es una denominación anticuada que engloba a atlantica y libani.
La alta calidad de su madera queda patente en los ataúdes egipcios y los grandes barcos que han llegado hasta nuestros días. Más modestamente se ha usado para construir armarios por su resistencia al apolillamiento. Muchas columnas, como las del palacio de la Ópera de Madrid, son de cedro macizo de una sola pieza. Sus bosques están amenazados a nivel mundial y los gobiernos que los gestionan hacen bien poco para protegerlos.
El atlántico tiene las ramas muy horizontales, hojas pequeñas y un solo tronco. El de Líbano posee varios troncos cuando madura, sus ramas caen ligeramente y sus hojas son de tamaño mediano. El de Himalaya posee ramas colgantes, hojas largas y el tronco raramente se divide. Todos tienen piñas erectas que no se caen sino que se descaman quedando sus raquis sobre las ramas. Se distinguen dos tipos de ramas, las de crecimiento en longitud y altura, que forman las ramas estructurales y el tronco, macroblastos, y las ramillas laterales, con aspecto de pequeñas palmeras denominadas braquiblastos y que son las que dan frondosidad al árbol.
El cedro del Atlas suele ser atacado por una cochinilla, Nuculaspis regnieri, que da a sus ramas un tono blanquecino, pero no hay que confundirlo con la variedad glauca propia de esta especie y que tiene tonos azulados.
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
El cedro, Cedrus sp, ocupa un lugar destacado en todos los jardines desde la antigüedad. En la romana Complutum se han descubierto vestigios de cedros plantados en las villas de la ciudad. Lo curioso es que no haya cedros naturales ni cedrales en la península Ibérica, ni siquiera en las montañas del sur, donde el pinsapo medra con pujanza.
Tres son los cedros aceptados universalmente. Realmente los tres son muy similares y se hibridan con gran facilidad. Su distancia evolutiva es corta y no hace tanto que los bosques de cedros debieron estar unidos desde Marruecos hasta el Himalaya.
Al del norte de África lo llamamos cedro del Atlas, Cedrus atlantica. Forma magníficos bosques poblados por macacos en Marruecos y Argelia. Un poco más al Este encontramos el cedro del Líbano, Cedrus libani, inmortalizado en la bandera de este país y devastado desde época egipcia. Sus bosques ocupaban casi todas las montañas de oriente próximo, todo el Sinaí, Irak y se aproximaban hacia oriente buscando al tercero, el cedro del Himalaya, Cedrus deodara, “dedicado a Dios”. Tal vez el más pequeño de los tres, pero el que vive a más altura. Hay un cuarto cedro natural de la isla de Chipre, Cedrus brevifolia, pero para muchos autores no es más que una variedad del de Líbano. Vive en las montañas Toodos. Cedrus patula es una denominación anticuada que engloba a atlantica y libani.
A la izquierda, cedro Gouraud de Azrou, en el Atlas, cerca de Fez, Marruecos.
A la derecha, ejemplar de cedro del Atlas plantado en 1880 en Bagnères-de-Luchon, Pirineo Francés.
(Fotos: A. Revilla, 2003 y 2005)
La alta calidad de su madera queda patente en los ataúdes egipcios y los grandes barcos que han llegado hasta nuestros días. Más modestamente se ha usado para construir armarios por su resistencia al apolillamiento. Muchas columnas, como las del palacio de la Ópera de Madrid, son de cedro macizo de una sola pieza. Sus bosques están amenazados a nivel mundial y los gobiernos que los gestionan hacen bien poco para protegerlos.
Imagen del tronco talado de un cedro del Atlas que ilustra lo que se está haciendo con los bosques de esta especie.
(Foto: Foro Andaluz de la Naturaleza, en 20minutos.es)
El atlántico tiene las ramas muy horizontales, hojas pequeñas y un solo tronco. El de Líbano posee varios troncos cuando madura, sus ramas caen ligeramente y sus hojas son de tamaño mediano. El de Himalaya posee ramas colgantes, hojas largas y el tronco raramente se divide. Todos tienen piñas erectas que no se caen sino que se descaman quedando sus raquis sobre las ramas. Se distinguen dos tipos de ramas, las de crecimiento en longitud y altura, que forman las ramas estructurales y el tronco, macroblastos, y las ramillas laterales, con aspecto de pequeñas palmeras denominadas braquiblastos y que son las que dan frondosidad al árbol.
Braquiblastos de uno de los cedros de la Dehesa de la Villa.
(Foto: A. Revilla, 2011)
En la Dehesa de la Villa hay una buena representación de lo que puede ser un cedral en el tramo final de la antigua carretera.
Es un conjunto dominado por cedro del Atlas digno de conocer y admirar. Si ya has estado antes en los cedrales de Marruecos este lugar te transporta hasta allí.
Los cedros de los jardines europeos son casi todos híbridos y es difícil certificar en ellos una asignación a una especie concreta.
En Marruecos venden cajas de madera de cedro muy aromáticas, pero no hay que confundir pues en este caso el cedro es una cupresácea, el Araar, Tetraclinis articulata, conocido en la ebanistería como raíz de cedro.
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Conos masculinos (arriba) y
femeninos (debajo) de los cedros de la Dehesa de la Villa.
(Fotos: A. Revilla, 2011)
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En Marruecos venden cajas de madera de cedro muy aromáticas, pero no hay que confundir pues en este caso el cedro es una cupresácea, el Araar, Tetraclinis articulata, conocido en la ebanistería como raíz de cedro.
Cedro es una palabra de origen griego extendida por todo el mundo y aplicada a muchas coníferas sudamericanas por la influencia española. En España se llama cedro español a la sabina, Juniperus turiphera. En canarias tenemos el cedro canario, Juniperus cedrus.
El cedro del Atlas suele ser atacado por una cochinilla, Nuculaspis regnieri, que da a sus ramas un tono blanquecino, pero no hay que confundirlo con la variedad glauca propia de esta especie y que tiene tonos azulados.
Hasta la próxima cita."
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (VII)
12 de junio de 2011
Séptimo capítulo de la serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa, en el que Andrés Revilla se ocupa de una planta vista hace más de 80 años en los alrededores de la Dehesa de la Villa.
Se busca planta desaparecida en 1929: Veronica chamaepithyoides.
La Dehesa sigue siendo una fuente de sorpresas. Hoy atacamos con una plantita de difícil observación de la cual en la actualidad sólo se conoce una población en Segovia formada por menos de veinte ejemplares y que raramente fructifican.
Nuestra planta enriquecía un día el complejo hábitat de la Dehesa . Hemos visto en otras ediciones cómo la Dehesa aportaba a la ciencia numerosas y valiosas especies. Esta verónica fue una de ellas.
Identificación:
Planta anual de 2-16 (24) cm, erecto, ramificado, con pelos cortos, cubierto casi por las hojas. Rabillo de la flor casi inexistente, flores azules muy pequeñas en racimo terminal.
Se diferencia del resto de verónicas por la forma de las hojas, con lóbulos muy profundos. Florece entre abril y mayo.
Distribución:
Nos encontramos ante un endemismo de la península Ibérica, es decir, solo se la conoce en nuestro territorio. En el real Jardín Botánico de Madrid hay un montón de pliegos de herbario (MA 112039) de muestras recogidas en la Dehesa de la Villa en 1929 junto al acueducto de Amaniel. Aquello eran entonces merenderos y huertas, lo que facilitó su herborización.
- Citada en Dehesa de la Villa en 1929 (MA 112039)
- Citada en Alcolea de las Peñas (Gu): Veronica chamaepithyoides Lam.
LLANSANA, 1984 (Alcolea de las Peñas, MACB 13882) Listado de Plantas vasculares de Guadalajara. M.A. Carrasco, M.J. .Maciá & M. Velayos.
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
Se busca planta desaparecida en 1929: Veronica chamaepithyoides.
(Foto: E. Rico, F. Amich; Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España, 2008)
La Dehesa sigue siendo una fuente de sorpresas. Hoy atacamos con una plantita de difícil observación de la cual en la actualidad sólo se conoce una población en Segovia formada por menos de veinte ejemplares y que raramente fructifican.
Nuestra planta enriquecía un día el complejo hábitat de la Dehesa . Hemos visto en otras ediciones cómo la Dehesa aportaba a la ciencia numerosas y valiosas especies. Esta verónica fue una de ellas.
Identificación:
Planta anual de 2-16 (24) cm, erecto, ramificado, con pelos cortos, cubierto casi por las hojas. Rabillo de la flor casi inexistente, flores azules muy pequeñas en racimo terminal.
Se diferencia del resto de verónicas por la forma de las hojas, con lóbulos muy profundos. Florece entre abril y mayo.
Distribución:
Nos encontramos ante un endemismo de la península Ibérica, es decir, solo se la conoce en nuestro territorio. En el real Jardín Botánico de Madrid hay un montón de pliegos de herbario (MA 112039) de muestras recogidas en la Dehesa de la Villa en 1929 junto al acueducto de Amaniel. Aquello eran entonces merenderos y huertas, lo que facilitó su herborización.
- Citada en Dehesa de la Villa en 1929 (MA 112039)
- Citada en Alcolea de las Peñas (Gu): Veronica chamaepithyoides Lam.
LLANSANA, 1984 (Alcolea de las Peñas, MACB 13882) Listado de Plantas vasculares de Guadalajara. M.A. Carrasco, M.J. .Maciá & M. Velayos.
Imagen aérea de los años 20 de la zona del antiguo estadio Metropolitano. Al fondo puede distinguirse el acueducto y la denominada Vega de Amaniel con sus huertas, donde fue encontrada la Veronica chamaepithyoides.
(Foto: autor desconocido, 1925; Urbanity)
Dos imágenes de los años 50-60 del acueducto de Amaniel en las que aún pueden observarse las huertas que lo rodeaban. Hoy en día es el trazado de la Avda. Pablo Iglesias.
(Foto izqda: J.L. Berzal; Foto dcha: Aurelio)
Hasta la próxima cita."
Actualización 12-diciembre-2011.
Recientemente, Julián García Muñoz, con el asesoramiento de Enrique Rico, recogió semillas en Guadalajara, donde queda la última población viva de la Veronica chamaepithyoides y ha logrado en el vivero/invernadero de la fundación APADRINA (en la Finca de Solanillos) reproducir la especie. Con esto han conseguido cientos de semillas y alguna reintroducción en las inmediaciones de esta última población. Esto ha supuesto la salvación de la muy segura extinción de una especie endémica de la flora ibérica. Incluimos a continuación imágenes de Veronica chamaepithyoides, algunas de las cuales han sido tomadas en el vivero de APADRINA. Más detalles en Arba bajo Jarama.
Actualización 12-diciembre-2011.
Recientemente, Julián García Muñoz, con el asesoramiento de Enrique Rico, recogió semillas en Guadalajara, donde queda la última población viva de la Veronica chamaepithyoides y ha logrado en el vivero/invernadero de la fundación APADRINA (en la Finca de Solanillos) reproducir la especie. Con esto han conseguido cientos de semillas y alguna reintroducción en las inmediaciones de esta última población. Esto ha supuesto la salvación de la muy segura extinción de una especie endémica de la flora ibérica. Incluimos a continuación imágenes de Veronica chamaepithyoides, algunas de las cuales han sido tomadas en el vivero de APADRINA. Más detalles en Arba bajo Jarama.
(Álbum de Unos y otros, Picasa Web)
Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos
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