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Recuerdos de La Ciudad de los Poetas (Saconia)

21 de octubre de 2012

Sobre el barrio Ciudad de los Poetas, también conocido como Saconia, visto por dos vecinas. Con fotografías antiguas de cuando no había más que huertas y campos de labor...

El barrio de La Ciudad de los Poetas es uno de los últimos grandes barrios que se construyeron en los alrededores de la Dehesa de la Villa allá por los años 60-80 del pasado siglo. Cierto es que ha habido actuaciones urbanísticas posteriores, pero la Ciudad de los Poetas – Saconia fue, probablemente, la última barriada completa trazada en las inmediaciones de la Dehesa de la Villa a finales del s. XX, tras la colonia de la Policía, San Nicolás, Barrio del Pilar, Valdezarza...

Con el tiempo, es nuestra intención dedicar al barrio un artículo monográfico de investigación sobre su historia, así como a la de los otros que circundan la Dehesa. Para “ir abriendo boca”, traemos hoy los recuerdos de dos personas del barrio. El primero de ellos es de Laly, vecina de las de toda la vida, y lo publicó en la desaparecida revista vecinal “Dehesa de la Villa”, allá por marzo de 1997. El segundo, más reciente, es un extracto del pregón que Mª Carmen Caballero Ledesma, ex-directora del colegio Lepanto, pronunció en la pasada edición de las fiestas de la Dehesa de la Villa 2012. Entre los dos, nos ofrecen un recorrido histórico-nostálgico del barrio y de uno de los centros donde se han educado varias generaciones de vecinos, el Colegio Lepanto. Las fotografías que los acompañan, excepto la de la familia de Laly, han sido recopiladas por la Asociación de Amigos de la Dehesa.

Agradecemos a Laly y Mary Carmen la autorización para publicar sus escritos y esperamos que cunda su ejemplo, de forma que otros vecinos se animen a contar sus vivencias, recuerdos y testimonios sobre lo que fueron estos barrios.

Historia del barrio.
Laly.
Publicado en  junio-1997 en Dehesa de la Villa, revista desaparecida. Reproducido con permiso de la autora.

La familia de Laly en la era, en 1962.
En aquella época, todavía se sembraba
trigo, alfalfa y cebada en los campos que
había en lo que hoy es la Ciudad de los
Poetas. Los por entonces chavales
todavía recuerdan que participaban en
la trilla en algunas de las eras que había
en la zona.
(Foto: cedida por Laly;
Revista Dehesa de la Villa)
Permítanme transmitir algunos recuerdos que me vienen a la cabeza evocando los tiempos de mi infancia, vividos en el entorno de nuestro barrio, Ciudad de los Poetas.

En esta zona, entonces declarada “zona verde” crecieron viviendas, algunas muy humildes, fruto de la gran ola migratoria de los años 50. Se conformaron entonces barrios como Peña Chica, Peña Grande, Belmonte... Las casas eran levantadas y techadas en una sola noche de manera furtiva e ilegal; no era posible de otra manera, aunque sus terrenos eran comprados a un precio muy considerable, existía una gran especulación con el suelo que había que aceptar por necesidad. Al día siguiente de la construcción tenía lugar el “chantaje institucional”, el desalojo de la vivienda para luego proceder a su derribo o a la detención del responsable y la imposición de la multa reglamentaria, éste era su precio. A partir de ese momento, las viviendas se iban mejorando poco a poco con muchísimo sacrificio.

Afortunadamente sí había trabajo entonces; la ciudad vivía un gran momento de desarrollo, con la ampliación de las vías de comunicación, pavimentación de calles, adoquinado... Obras y nuevas construcciones que reclamaban mano de obra inmediata.

Precisamente en aquellos años –nací en 1956- se estaban ampliando varias líneas de tranvías y mi padre empezó trabajando, gracias a la recomendación de un paisano, en la implantación de raíles para tranvías. Enseguida promocionó y se convirtió en tranviario, conductor de tranvía, que entonces era un medio de transporte importantísimo para comunicar Madrid con sus barrios y arrabales. Los coches eran tan escasos que no recuerdo que ninguno de nuestros vecinos lo tuviera. Mi padre conducía el tranvía de la línea 3, Cuatro Caminos – Peña Grande.

(Foto: autor desconocido, hacia 1952; A. Rojo Gutiérrez, archivo fotográfico CM)

Venía por donde ahora lo hace el autobús 127, sólo que el final de la línea lo tenía en Ricote, glorieta que recibía su nombre de un bar; además había otros, pero lo que más recuerdo de esa glorieta es el quiosco de la señora María, que nos despachaba en cucuruchos de papel de estraza unas gallinejas y chicharrones buenísimos, imprimiendo un olor muy característico a toda la glorieta. Había otros quioscos de golosinas en el barrio, como el del señor Pablo, junto al arroyo, y el de la señora Inés, cerca del colegio de la Fuente, según íbamos al ambulatorio... Con la “perra gorda” aún podíamos entonces comprar algo; con dos reales hasta un bollito de hojaldre; y con una peseta ya podíamos incluso elegir entre varias especialidades.

Teníamos pocas tiendas en el barrio. Mi madre solía ir a comprar al mercado de Maravillas, todo un escaparate de mercancías que tenía entonces, como hoy, una intensa actividad. A la puerta del mercado, una graciosa mona vestida con todo lujo de detalles hacía las delicias de los transeúntes solucionando así, a buen seguro, el sustento de la familia que orgullosamente la exhibía.

El “Canalillo”.
En nuestra casa no teníamos agua corriente; y nuestros vecinos, tampoco. La palangana y un gran barreño de zinc eran elementos de higiene. Mis hermanos, mayores que yo, eran los encargados de ir a buscar diariamente el agua a la fuente, la que estaba al lado del quiosco del señor Pablo, a una distancia considerable.

Mi madre hacía la colada en una pileta que había más abajo de la que hoy es la calle Artajona y, confluyendo aproximadamente con la actual salida del túnel de Sinesio Delgado, pasaba por allí el “Canalillo”, una gran tubería de cemento al exterior que atravesaba la Dehesa de la Villa y discurría exactamente por el paseo que hoy nos lleva hasta el circuito y sobre donde circulábamos cómodamente.

Dos vistas del Canalillo en los años 70 detrás del CHF, antes de adentrarse en la Dehesa de la Villa. A la derecha, completamente cubierto, con forma de tubería; a la izquierda, con parte del cauce al descubierto.
(Fotos: cedidas por Pablo Escobar; Archivo Amigos de la Dehesa)

La pileta era de granito y sobre ella vertía un gran chorro de agua. Recuerdo muy entrañablemente este lugar porque gracias al “Canalillo” todo nuestro barrio –el que hoy conocemos como Ciudad de los Poetas- era un vergel de huertas muy fértiles con higueras, tomates, lechugas... de una magnífica calidad –hay que tener en cuenta que las aguas que lo regaban procedían del río Lozoya-. Pues bien, ese lugar que señalo lo aprovechaban las mujeres para lavar la ropa, que luego tendían al sol sujetando unas cuerdas a las higueras. Al lado había un pilón, propiedad de los huertanos, que siempre estaba lleno. Los chicos, burlando cualquier derecho de propiedad, lo utilizaban -cuando el tiempo y la vigilancia lo permitían- como un lugar donde refrescarse dándose un chapuzón.

Recuerdo acompañar a mi madre cuando iba a lavar al “Canalillo”. Era como un día de excursión: a media mañana me daba un trozo de pan con longaniza casera enviada por mis abuelos de su matanza y que ella conservaba metida en aceite, y que, acompañada por el sonido del chorro sobre la pila de granito y el aroma de las higueras, me sabía a gloria, si es que tan etérea sensación pudiera ponerle algún sabor. A veces me abría un tomate cogido allí mismo de la mata y que el amable huertano nos ofrecía a cambio de conversación.

Había muy pocas casas en esta zona de huertas, en las que vivían los que cuidaban de ellas y que no siempre eran sus dueños.

Huertas y campos de labor en los terrenos que luego serían la Ciudad de los Poetas
(Foto: autor desconocido, entre 1960 – 1970; Revista Código 35)

El cuartelillo y el tranvía.
Cerca también del “Canalillo” estaba el “cuartelillo” de la Guardia Civil. Allí paraba el tranvía y estaba situado aproximadamente en el espacio que hoy ocupa el Polideportivo “Ciudad de los Poetas”, si bien estaba orientado al sur. Tenía un patio en el que jugaban los hijos de los guardias, por lo cual no solían frecuentar la compañía de los demás chicos del barrio; tampoco recuerdo ir al colegio con ninguno de ellos.

Entrañable imagen de las casas que había enfrente del cuartelillo de la Guardia Civil en lo que hoy es la calle Antonio Machado.
(Foto: años 50 - 60, cedida por Rosa María Moreno; Archivo Amigos de la Dehesa)

Desde el “cuartelillo” y una vez enfilada la cuesta que hoy es la calle de Antonio Machado, el tranvía se embalaba hacia la siguiente parada, la de la Maternidad –hoy instituto “Isaac Newton”- que era la nuestra.

Había allí una casa, “la casa del lorito” que nos ofrecía un recibimiento muy especial, con un simpático y parlanchín loro que nos saludaba al apearnos. Claro que, a veces, la curva anterior suponía el final del trayecto, pues al conductor no le daba tiempo a frenar y se producía un descarrilamiento, todo un suceso para los chiquillos del barrio. Mi madre nos mandaba ir corriendo por si había sido mi padre o si hubiese algún accidentado. No solía dar lugar a que se produjesen heridos de consideración, pero el solo hecho de la evacuación de los viajeros y el posterior encarrilamiento del tranvía constituía todo un entretenimiento.

Aquellos tranvías eran preciosos, con los asientos de madera, al igual que los suelos. Su conductor llevaba gorra de plato, con una insignia grande en el frente que componía el número del empleado. Mi padre era el 4224, capicúa. A él le gustaba mucho tal número, porque decía que le daba suerte...

Ocurrían otros accidentes, a veces muy peligrosos. Los chicos, a modo de travesura, solían colgarse en el trole del tranvía y pocos de ellos se libraban de importantes caídas, algunas de las cuales les han dejado secuelas.

Dos vistas del tranvía en los años 60 a su paso por lo que hoy es Antonio Machado.
(Fotos: autor desconocido, entre 1960 – 1970; Juanjo, Urbanity)

La Maternidad.
Mi casa estaba muy próxima a la Maternidad. La conformaban unos edificios soberbios si los comparábamos con los del entorno. Sus jardines estaban muy bien cuidados y el interior tenía unos pasillos muy grandes y adornados, también con bonitas plantas. Yo entré en algunas ocasiones porque mi vecina Mari se había metido a monja y estaba allí. Y a veces, cuando su madre iba a verla, yo la acompañaba. Mi hermano fue monaguillo y ayudaba en la celebración de la misa de los domingos.

En primavera solíamos hacer alguna excursión a la Dehesa de la Villa. Íbamos andando, atravesando las huertas, llevando nuestro bocadillo y unas botellas pequeñas de gaseosa que para ese día excepcionalmente nos compraban. La Dehesa de la Villa es lo que menos ha cambiado de nuestro entorno. Entonces no necesitaba unos cuidados especiales, era más natural porque no sufría deterioros tan importantes como los actuales. A mí me parecía un bosque de pinos enorme. Desde luego era más extensa de lo que es ahora ya que desde entonces ha sufrido varias mermas y sus amenazas siguen siendo constantes.

Un día oí a alguien comentar: “¡Ya ha vendido la huerta la Carola. Creo que la van a dar seis millones de pesetas!”. Aquella era una cantidad desorbitante para entonces, los años 60. En la huerta de la señora se edificaron más tarde buen número de nuestros bloques, los situados entre las calles de Valderrodrigo y Juán Andrés, la primera fase de la Ciudad de los Poetas. Antes ya había comenzado la construcción de otros nuevos barrios: El Pilar, Valdezarza... y desde nuestras casas, donde antes sólo veíamos huertas y campos sembrados de trigo y alfalfa cerca del arroyo por donde pasaba el tranvía, el horizonte comenzó a llenarse de amenazantes grúas.

Los vecinos empezamos a disgregarnos, pero muchos seguimos viviendo en la zona y cuando paseamos por sus calles, aún nos vienen a la memoria todos estos recuerdos.

Terrenos de huertas y campos de labor sobre los que posteriormente se levantaría la Ciudad de los Poetas – Saconia.
(Fotos: autor desconocido, entre 1960 – 1970; Juanjo, Urbanity)

La Ciudad de los Poetas y el Colegio Lepanto.
Mª Carmen Caballero Ledesma.
Extracto del pregón pronunciado en las fiestas de la Dehesa de la Villa, junio-2012. Reproducido con permiso de la autora.

La Dehesa de la Villa es mucho más que un espacio natural, es un espacio para la convivencia. Un lugar de encuentro de vecinos, paseantes y amantes de la naturaleza que saben valorar lo que este rincón tan especial de Madrid, ofrece. Su situación elevada, expuesta al oeste, su luz, sus vistas y sus atardeceres, hacen de éste un paraje único. Y, aunque hoy la Dehesa ha quedado reducida a 70 has. de las 900 que ocupaba, y ha sido engullida por la ciudad, sigue manteniendo pinceladas de campo en plena urbe que le dan un toque de originalidad y excepcionalidad entre los demás espacios verdes de la capital.

Como muchos de vosotros llegué a este barrio de Valdezarza, concretamente al conocido como de Saconia, a mitad de los años 70. En realidad, su verdadero nombre es: “Conjunto Residencial Ciudad de los Poetas” cuyos trabajos de planificación y proyecto habían comenzado ya a finales de los años 60 y, según indica Norberto Spagnuolo en un estudio realizado sobre el citado barrio, sus promotores pretendían un lugar que potenciara las virtudes de la convivencia y el quehacer cotidiano y en común de sus futuros habitantes. Esas ideas urbanísticas y su plasmación arquitectónica merecieron entonces el elogio generalizado de la crítica especializada tanto nacional como internacional y fue presentado en el Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos de Buenos Aires en 1970 como una de las mejores soluciones integrales de vivienda social.

Por aquel entonces, el barrio se beneficiaba de una demanda continua y recibía nuevos y jóvenes habitantes cargados de los emergentes valores cívicos y sociales. Era un barrio extraordinariamente dinámico, donde continuamente se celebraban asambleas, debates, exposiciones, mesas redondas y todo tipo de actos culturales a los que tan aficionados eran los jóvenes universitarios de la época, población mayoritaria en un enclave que llegaron a apodar como Rojonia. Muchos de nuestros vecinos han ocupado y ocupan altísimos cargos en el gobierno de la Nación y de Europa. Y, aunque en estos momentos los políticos no son un valor en alza, no tenemos que olvidar que la Política en sí, con mayúsculas, es la vida misma con todas sus cuitas y sus anhelos. También paseó por nuestras calles el poeta Blas de Otero autor de “Basta” o “Hija de Yago”.

En ese contexto llegó, en septiembre del 83, mi nombramiento como profesora del Colegio Lepanto, sito en el corazón del barrio, y dos años después asumí la dirección del Centro. Desde entonces, y a lo largo de este dilatadísimo espacio de tiempo, cientos de familias han optado por poner en nuestras manos para su cuidado y formación sus más preciados tesoros: sus hijos.

Mª Carmen Caballero con algunos de los alumnos que ganaron el primer premio del concurso de dibujos de Navidad.
(Foto: A. Ferrero, 1996)

Fiestas de Carnaval en el patio de deportes. Detrás, las gradas que se construyeron en los años 80; antes, había una pendiente de arena: más de uno recordará haber roto los pantalones deslizándose por ella.
(Foto: A. Ferrero, 1992)

Y nosotros, muy conscientes del valor que representaba esa opción y la responsabilidad que entrañaba nuestra labor, nos pusimos, desde el primer momento, a la tarea de no defraudar, de dar lo mejor de nosotros mismos para que esos niños, hoy hombre y mujeres, muchos de ellos, se desarrollasen en un entorno favorable de trabajo, respeto y amor. Y, cuando digo “nosotros” no estoy utilizando el plural mayestático sino que me estoy refiriendo al equipo de personas que, a lo largo de los años me han ido acompañado y que han hecho que el Colegio Lepanto fuese un espacio de convivencia excepcional, donde el trabajo, el esfuerzo, el respeto y la transmisión de valores constituyesen unas señas de identidad que hicieron del centro un lugar de referencia y un sitio idóneo para el crecimiento personal de cuantos allí estudiaban o trabajábamos.

Uno de los patios de receo del Colegio Lepanto; todavía se conserva de arena.
A la derecha, en el soportal, debajo de las aulas, pueden verse las típicas vigas del colegio con huecos en forma de hexágono que sirvieron a más de una generación de alumnos como canastas improvisadas.
(Foto: página web del Colegio Lepanto en EducaMadrid.org)

Vista de otro de los patios de receo, uno de los que se hormigonaron en los años 80 para la práctica deportiva. Los soportales de la planta baja, anteriormente abiertos, aparecen ya cerrados y habilitados para actividades diversas.
(Foto: página web del Colegio Lepanto en EducaMadrid.org)

Y como la familia y el medio no son exógenos al sistema educativo sino que son agentes relevantes involucrados en el sistema y la cultura escolar, nos aproximamos a las familias y fomentamos los encuentros para que nos conociésemos y les conociésemos, para que confiasen y confiásemos. Y así, profesores y padres, consolidamos un conjunto de voluntades dispuestas a construir un entorno mejor y una relación más estrecha y próxima que nos enriqueciese a todos y que hiciese mucho más fructífera nuestra labor.

Y compartimos logros y frustraciones.

Y coincidimos en sueños y esperanzas.

Y renovamos utopías año tras año.

Y esa relación especial y entrañable permanecerá en el tiempo inalterable porque los lazos que nos unían, nos siguen uniendo y así será mientras permanezcan los recuerdos en nuestra memoria y los sentimientos en nuestro corazón.

Actualidad de la Dehesa: noviembre - diciembre 2011

18 de diciembre de 2011

El Grupo Escolar Francisco Giner (Centro UNED Andrés Manjón) recupera su nombre. Retirada de asentamientos ilegales en la zona del Canal. XXIX edición del cross de la Agrupación Deportiva Ciudad de los Poetas. Y una estampa curiosa.

El centro UNED Andrés Manjón vuelve a su nombre original: Francisco Giner de los Ríos.
Como ya informamos en nuestro artículo sobre El Grupo Escolar Francisco Giner, el Consejo de Gobierno de la UNED aprobó con fecha 13-abril-2011), que el Centro Asociado Andrés Manjón recuperase su nombre original de Francisco Giner de los Ríos. La iniciativa partía del CEME (Centro de Estudios de Migraciones y Exilios de la UNED), que pretendía así recuperar la historia del centro y recordar a quienes contribuyeron a su creación y funcionamiento durante los primeros años.

Finalmente, el acto de inauguración del Subcentro Francisco Giner de los Ríos se celebró el pasado día 12 de diciembre. Durante la semana anterior se había procedido a reemplazar el nombre de la fachada. Además del cambio de nombre del centro, en el interior del edificio se ha reservado el nombre de Andrés Manjón para la sala de reuniones y salón de actos, y el de María Sánchez Arbós (primera directora del Centro Escolar) para la biblioteca.

A la izquierda, trabajos de sustitución del nombre en la fachada.
(Foto: A. Ferrero, 2011)
A la derecha, entrada al salón de actos y reuniones Andrés Manjón.
(Foto: A. Morato, 2011)

El acto, presidido por el rector de la UNED, Juan A. Gimeno Ullastres, resultó de gran interés: a la intervención de destacadas personalidades de la UNED en una mesa redonda (Amparo Osca, directora del centro asociado; Alicia Alted, directora del CEME) y de destacados investigadores de la historia de la pedagogía, como Agustín Escolano y María del Mar del Pozo Andrés, hubo que sumar la emotividad de la participación de Elvira Hontañón, hija de María Sánchez Arbós, recordando lo mucho que significó para su madre el Grupo Escolar Francisco Giner de los Ríos y agradeciendo el reconocimiento que este acto significaba para su memoria.

A la izquierda, Elvira Hontañón, hija de la primera directora del Francisco Giner, María Sánchez Arbós.
(Foto: A. Morato, 2011)
A la derecha, la mesa de participantes durante la exposición de Mª del Mar del Pozo Andrés.
(Foto: A. Ferrero, 2011)

Es de destacar también la pequeña exposición "Historia del Centro a través de su archivo", en la que se exhiben algunos de los objetos que han sido encontrados en un desván del edificio y que están siendo inventariados y catalogados. Entre ellos, curiosidades como discos de pizarra, mapas, cuadernos, libros y otros instrumentos escolares, materiales usados por las Misiones Pedagógicas para la lucha contra el analfabetismo durante la II República, etc.

A la izquierda, una auténtica joya del pasado del Centro: uno de los flotadores de corcho que utilizaban los niños del Francisco Giner para bañarse en la piscina con la que antiguamente contaba el Grupo Escolar.
A la derecha, dos vitrinas de la Exposición exhiben parte de los objetos antiguos encontrados en el desván.
(Fotos: A. Morato, 2011)

Para terminar, incluimos un par de vídeos elaborados por la UNED. En el primero de ellos se explica el propósito del cambio de nombre y los archivos descubiertos en el desván. En el segundo, se recoge el acto de restitución del nombre original y una síntesis de la historia del Centro.


(Vídeo: CEMAV; Canal UNED, 2011)


(Vídeo: CEMAV; Canal UNED, 2012)


Asentamientos ilegales en la zona del Canal.
Hace un par de meses, la Asociación de Amigos de la Dehesa de la Villa procedió a denunciar ante el Canal de Isabel II y el Ayuntamiento de Madrid la existencia de unos asentamientos ilegales en la zona boscosa del Canal, cerca del paseo del Canalillo tras las antiguas casas de guardas, por el riesgo de incendio que representaba la acumulación de residuos de todo tipo junto a restos de leña y árboles secos.

(Fotos: A. Ferrero, 2011)

La denuncia surtió efecto y, aunque ha llevado su tiempo, por fin el día 15 de diciembre el asentamiento ha sido desmantelado por el Selur y Policia Municipal. También ha sido retirada la leña que sus moradores tenían acumulada para hacer fuego.

(Foto: Archivo Amigos de la Dehesa, 2011)

Tras la actuación del Selur, limpiando exclusivamente el asentamiento, la zona sigue en su estado de abandono, suciedad y acumulación de restos que suponen peligro potencial de incendios. Por todo ello seguimos reclamando una actuación integral de limpieza y mantenimiento, así como el acuerdo entre Administraciones para la cesión de estos terrenos y los colindantes de la Ciudad Universitaria al Ayuntamiento de Madrid para su incorporación a la Dehesa de la Villa, pudiendo destinar una parte de ellos a la creación de huertos urbanos. Recordamos que en ese lugar existieron hasta la mitad del siglo XX viveros de producción de plantas, los llamados del Populeto.

Cross de invierno Ciudad de los Poetas: un histórico del barrio.
Este domingo día 18 de diciembre se celebró la XXIX edición del cross organizado por la Agrupación Deportiva Ciudad de los Poetas. Con tal motivo, Antonio Ciruelos, de la AD Ciudad de los Poetas y al que agradecemos sinceramente su colaboración, nos ha remitido el siguiente texto y fotografías.

"La Agrupación Deportiva Ciudad de los Poetas, ha venido organizando el Cross de Invierno durante los últimos 28 años. Durante tan dilatada historia esta prueba atlética ha pasado por diferentes situaciones: inicialmente se llevaba a cabo por las calles del barrio, luego se trasladó a la Dehesa de la Villa donde ha conocido diferentes ubicaciones. Desde la edición XXIV se convirtió en Memorial Javier Martínez Morales, en recuerdo a una de las personas que desde sus comienzos, primero como atleta y luego como entrenador, más se ha hecho querer en esta Agrupación.

En el año 2007, coincidiendo con la edición XXV, el Centro de Información y Educación Ambiental Dehesa de la Villa comienza a colaborar en la realización de esta prueba. La posibilidad de utilizar sus instalaciones ha supuesto una gran mejora cualitativa en la organización de la misma. Tanto es así que a partir de dicha edición el nº de participantes promedio se ha incrementado en más de un 40% con respecto a los que se tenían con anterioridad.

La prueba suele celebrarse el domingo anterior a la Navidad y está abierta a los atletas de todas las edades y condiciones. Las distancias a recorrer van desde los 1.000 metros que realizan los niños de 8-9 años hasta los 6.000 que realizan los atletas senior y veteranos. Suelen participar unos 400 atletas, entre ellos alumnos de los colegios de la zona y atletas de los clubes más significativos de Madrid.

Fotos cedidas por A. Ciruelos
La inscripción es gratuita, hay trofeos para los primeros clasificados y regalos para todos los participantes.  A pesar de la dureza de la prueba, todos los años recibimos felicitaciones de muchos participantes por la belleza del recorrido, y la buena organización."


Y como despedida... una estampa curiosa.

Ardilla comiendo una cáscara de naranja.
(Foto: Archivo Amigos de la Dehesa, 2011)

El Grupo Escolar Francisco Giner: 2ª Parte – Desde el proyecto hasta nuestros días

30 de enero de 2011

Sobre la historia del Francisco Giner, hoy centro asociado UNED Andrés Manjón, inaugurado el 14 de abril de 1933 en la C/Francos Rodríguez, en plena Dehesa de la Villa.

Como vimos en el capítulo anterior sobre los antecedentes históricos, el Grupo Escolar Francisco Giner fue uno de los siete centros escolares del Plan de 1931 inaugurados en Madrid el 14 de abril de 1933 –nótese que la fecha de inauguración no fue casual; se hizo coincidir con el segundo aniversario de la proclamación de la II República, como veremos más adelante.

Imagen del grupo escolar Francisco Giner, tomada desde la calle Francos Rodríguez, pocos días después de su inauguración.
(Foto: Cortés y Videa; Crónica, 1933; Hemeroteca BNE)

Inicialmente el grupo iba a llevar el nombre de Giner de los Ríos, en memoria de los hermanos Francisco y Hermenegildo Giner de los Ríos, pero finalmente se decidió que llevara sólo el nombre del primero, Francisco Giner, fundador de la Institución Libre de Enseñanza que, como vimos en el capítulo anterior tuvo gran influencia en el programa educativo de la República. Los otros seis centros junto con los que fue inaugurado fueron los grupos Marcelo Usera, Claudio Moyano, Joaquín Sorolla, Amador de los Ríos, Tirso de Molina y Joaquín Dicenta. La elección de los nombres evidenciaba, según comentarios textuales del alcalde de Madrid, Pedro Rico, “la ausencia de sectarismo por parte de la República puesto que llevan por título el nombre de personas cuyo contraste en ideales es evidente para todos”.

Los centros escolares Amador de los Ríos (izquierda) y Claudio Moyano (derecha) pocos días después de su inauguración el mismo día que el Francisco Giner.
(Foto: Cortés y Videa; Crónica, 1933; Hemeroteca BNE)

El proyecto: 1931.
La normativa de la época establecía que, como paso previo a la salida a contratación de la obra, el proyecto debía ser aprobado individualmente mediante decreto publicado en la Gaceta de Madrid. El del Francisco Giner se publicó en el número 199, el 18 de julio de 1931; según consta allí, el proyecto contaba con un presupuesto de 1.019.556,43 Pts., sufragado al 50% por el Estado y el Ayuntamiento de Madrid, y contemplaba la construcción de seis secciones para niños y otras seis para niñas con capacidad para un total de 600 estudiantes, además de dos pabellones de servicios complementarios y el cerramiento de todo el recinto escolar.

Según la Gaceta, el proyecto había sido redactado por Antonio Flórez Urdapilleta y Bernardo Giner de los Ríos, arquitectos ligados a la Institución Libre de Enseñanza. No obstante, algunos autores lo atribuyen a Antonio Flórez en exclusiva, basándose en los comentarios del propio Bernardo Giner, quien en uno de sus libros atribuye la autoría del Francisco Giner a Antonio Flórez mientras que se atribuye a sí mismo la de otros grupos de la época (Blasco Ibáñez, Leopoldo Alas, Emilio Castelar, etc.).

En cualquier caso, lo que sí parece claro es que el proyecto para el Francisco Giner (fechado el 10 de junio de 1931) era una réplica del de Joaquín Muro para el grupo Manuel B. Cossío de Valladolid, redactado el 25 de febrero de 1931 y que, a su vez, tenía grandes influencias del Jaime Vera de Madrid. Prácticamente las únicas diferencias entre el Francisco Giner y el edificio de Joaquín Muro radicaban en que se sustituía el ladrillo visto del Cossío por enfoscado y se eliminaban algunos detalles ornamentales del original.

Tres imágenes desde diferentes puntos de vista del grupo escolar Manuel B. Cossío de Valladolid, hoy CEIP Ponce de León (izquierda, 1934; centro, 1964; derecha 2006). Puede observarse la similitud con el Francisco Giner, excepto en el ladrillo visto y la mayor abundancia de elementos ornamentales. Obsérvese también que en la de 1964, correspondiente a las obras de remodelación, se le añadió una tercera planta.
(Fotos: autores desconocidos; página Web del CEIP Ponce de León)

Arquitectónicamente hablando, el Francisco Giner ocupaba un solar de 5.452m2, de los cuales el patio de juegos ocupaba 4.108m2. El edificio se proyectó lineal y simétrico, en dos plantas y con las aulas orientadas al N, E y O; los niños ocuparían una mitad y las niñas otra, dejando un cuerpo central para las dependencias comunes, entre ellas, comedor con capacidad de 60 plazas por turno y una instalación completa para la inspección médico escolar. En los extremos, torres destinadas a clases de labores y trabajos manuales; adiconalmente, se incluía dentro del recinto una vivienda para el conserje. Por último, a diferencia del proyecto original del Manuel B. Cossío de Valladolid, incorporaba una piscina descubierta con un pabellón anexo de vestuario y duchas (17 individuales y una colectiva).

Dos vistas del Francisco Giner, tomadas un par de días antes de su inauguración.
Arriba, fachada principal desde la calle Francos Rodríguez y ala lateral. Puede observarse la similitud con el Manuel B. Cossío en la foto de 1934, incluso hasta en la valla exterior. Debajo, patio interior, piscina y pabellón anejo de vestuarios y duchas. En la actualidad la piscina no existe y el espacio, cubierto, lo ocupa la biblioteca.
(Foto: Díaz Casariego; El Socialista, 1933; Fundación Pablo Iglesias)

Comparativa actual de las fotos anteriores. Arriba, la fachada vista desde un ángulo similar: el tiempo parece haberse detenido. Debajo, los mismos arcos de acceso a la piscina. El lugar que ocupaba la piscina es hoy la biblioteca.
(Fotos: A. Morato, 2011)

El diseño del edificio responde al concepto de escuela de la Oficina Técnica para Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública, concepto que había sido heredado de la Institución Libre de Enseñanza: la escuela no debe ser sólo el sitio donde los niños reciben la enseñanza sino que también debe tener unos fines sociales. De ahí las “comodidades” del centro (inspección médica, cantina, piscina...). Pero, por otro lado, se huye del concepto monumental de la época, se prescinde de elementos decorativos de lujo y suntuosidad y se emplean materiales baratos propios de la localidad: ladrillo al descubierto o enfoscado; teja curva en cubiertas; madera en dinteles, aleros y huecos; y, como material “de lujo”, piedra berroqueña (granito) en zócalos y repisas de ventanas. El diseño seguía, igualmente, las normas técnico-higiénicas dictadas por la Oficina Técnica en cuanto a emplazamiento, orientación, dimensiones, características higiénicas, iluminación, patios de juego...

Las obras comenzaron a finales de septiembre de 1931 y debieron transcurrir con normalidad pues, a diferencia de lo que había ocurrido con otros centros, no hemos encontrado reseña alguna de retrasos o incidentes de ningún tipo. El coste total de la obra, según un periódico de la época, ascendió a 878.772,89 Pts.; menos de lo que se había presupuestado.

Imagen del Grupo Francisco Giner un mes antes de su inauguración, visto desde su fachada posterior (C/ María Auxiliadora). Como vemos, el centro da aspecto de estar ya prácticamente acabado.
(Foto: Pando; La Voz, 1933; Hemeroteca BNE)

Vista actual del pabellón auxiliar mostrado anteriormente.
(Foto: A. Morato, 2011)

La inauguración: 14 de abril de 1933.
Para hacernos una idea de la importancia que se le dio a la inauguración, baste comentar que, como avanzábamos al comienzo, se hizo coincidir con el segundo aniversario de la II República, formando parte de los actos conmemorativos, entre los que se encontraban la inauguración de la prolongación de la Castellana y de las obras de Nuevos Ministerios; conciertos en el Monumental Cinema de la Sinfónica de Madrid y en el teatro Español de la Orquesta Filarmónica; festival de aviación en Barajas; funciones gratuitas en teatros y cines por las tardes; revista y desfile militar en la Castellana; guiñol para niños en el Teatro María Guerrero….

Incluso llegó a establecerse el siguiente itinerario de inauguraciones, presididas, todas ellas, por el presidente de la República, Alcalá Zamora, y otras personalidades como Besteiro, Azaña, De los Ríos, Giral, LLopis, etc.: a las 10:00: Escuela Normal; 10:30: Amador de los Ríos; 10:45: Marcelo Usera; 11:00: Tirso de Molina; 11:15: Joaquín Dicenta; 11:45: Claudio Moyano; 12:00: Joaquín Sorolla y a las 12:30, el Francisco Giner.

Comitiva de la inauguración de centros escolares, entre los que podemos distinguir a las siguientes personalidades: 1) Alcalá Zamora; 2) Julián Besteiro, presidente de las Cortes; 3) Manuel Azaña, jefe del Gobierno; 4) Emilio Herrero, jefe del Gabinete de Prensa; y 5) Rafael Sánchez Guerra, Secretario general de Presidencia
(Foto: Cortés y Videa; Crónica, 1933; Hemeroteca BNE)

Figurar el último en la lista confirió a la inauguración del Francisco Giner un carácter más solemne que al resto y, de hecho, fue en el único donde se celebraron, reunidos los invitados y autoridades en el salón de actos, los típicos discursos inaugurales en los que, además de loores a la labor educativa de la República y el Ayuntamiento, se elogió la figura de Francisco Giner y se resaltó lo adecuado del emplazamiento de la escuela en la Dehesa de la Villa, alejado del bullicio. Un vecino de la zona, que en aquella época contaba con unos diez años de edad, nos comentó que recordaba haber asistido a la inauguración del centro y que hubo, incluso, hasta banda de música.

Merece la pena resaltar algunas de las palabras pronunciadas por Alcalá Zamora en su discurso de inauguración, pues resumen la política educativa de la II República y el simbolismo en la elección del nombre del Grupo Escolar Francisco Giner: “Terminó aquella primera inauguración [en referencia a la inauguración de centros del 11-febrero-1933, aniversario de la I República] en el grupo Pablo Iglesias y termina ésta en el grupo Giner de los Ríos [nótese la confusión en el nombre, confusión muy habitual cuyo origen hemos explicado anteriormente al hablar del nombre del centro], y los dos remates de las dos series quieren decir lo siguiente: que no merecería la República existir si no tuviera estos dos propósitos: significar que dentro de ella y sólo dentro de ella es posible la justicia social, y que la justicia social sólo es posible en el desenvolvimiento ordenado del pueblo. Hay que decir aquí que antes había una política fácil y menuda, cuyo signo estadístico era el censo electoral, y que hay otra política noble, cuyo símbolo estadístico es el censo escolar, la grandeza de las generaciones futuras. [...] Unas últimas palabras quisiera yo llevar a la mente de los niños, sin que sean inútiles al espíritu de los maestros. Me las sugiere el recuerdo del hombre a quien estamos conmemorando. Hay una figura elemental y esencial geométrica que se llama triángulo. Y yo quisiera en tres rasgos rememorar la figura de aquel maestro. La sonrisa, la inteligencia y el sentimiento luchando equilibrados a cuál era más fuerte. Gran vértice que define una personalidad. Que lo conservéis vosotros, niños, y Dios os depare siempre maestros que conserven esa inmensa lección: saber sonreír, saber pensar y saber amar”.

Primeros años de funcionamiento bajo la dirección de María Sánchez Arbós: 1933 – 1936.
Los primeros años del Francisco Giner estuvieron marcados por la personalidad y los principios pedagógicos de su primera directora, María Sánchez Arbós (Huesca, 31-10-1889; Madrid, 15-08-1976). Sánchez Arbós había conocido a Francisco Giner en La Granja en 1913 cuando, al ir a tomar posesión de la plaza que había obtenido en las oposiciones del año anterior, coincidió con él en una de las múltiples excursiones de Giner con los niños de la ILE. Posteriormente, y a través de una amiga, conoció en 1915 el Museo Pedagógico y congenió enseguida con las enseñanzas de Cossío (la enseñanza a través del juego, utilización de la realidad como material escolar, formación del profesorado…). Abandonó la escuela de La Granja al no poder materializar su proyecto educativo, se inscribió en la Escuela Superior de Magisterio en 1916 e ingresó en la Residencia de Señoritas. Consiguió una beca en prácticas en el Instituto Escuela, del que entró a formar parte en 1918 y colaboró asiduamente en publicaciones de la Institución Libre de Enseñanza. Tras unos años fuera de Madrid, regresa en 1928 y continúa su labor pedagógica y su relación con la ILE.

En 1933 ganó las oposiciones a la dirección de Grupos Escolares con el número 1, lo que le daba derecho a elegir centro… y fue precisamente a elegir el Francisco Giner. Si fue simplemente porque llevaba el nombre del que fue su maestro o no, es una incógnita; pero ya su discurso el día de la inauguración era toda una declaración de intenciones, pues ella misma se definía como “la última discípula de Francisco Giner” y mostraba su propósito de inculcar en los alumnos “aquellas enseñanzas de santidad social y ciudadana que se desprenden de las teorías y de la vida del que es titular de la escuela”.

La única fotografía que hemos conseguido de María Sánchez Arbós es ésta que aparece en la portada de su libro “Mi diario”, edición del Gobierno de Aragón (Departamento de Educación, Cultura y Deporte), 2006

María Sánchez Arbós trae al Francisco Giner su idea de organización de escuela y su metodología pedagógica, impregnadas del espíritu de la ILE: responsabilidad, respeto, cuidado por la naturaleza… La tarea no fue fácil, pues se encontró con una abultada matrícula (648 niños en el primer año de funcionamiento, más de la capacidad con la que había sido proyectado el centro), y con los problemas de asistencia y continuidad habituales de la época entre las clases humildes, que eran las que mayoritariamente asistían al centro. Para paliarlo, instauró un horario especial de forma que las chicas más mayores pudieran compaginar las obligaciones domésticas con la escuela y no abandonaran los estudios. Convencida de que, para poder cumplir su misión, la escuela debía desarrollarse hacia afuera y extender su radio de acción a las familias y de que la labor social de la escuela no podía desarrollarse sino con el concurso paterno, comienza organizando reuniones con los padres y, un par de años después, se creará una Asociación de Amigos de la Escuela, germen pionero de las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos modernas. Organiza la biblioteca, fomenta los trabajos manuales, el juego, la lectura, instaura talleres de artes gráficas y bordado. Suprimió los castigos corporales (en aquella época era muy habitual que se pegase a los niños en las escuelas), y estableció una disciplina basada en el respeto y la tolerancia, que no permisividad. Poco a poco, consiguió que la fama del colegio se extendiera por toda la zona, como un centro donde se aprendía mucho y no se pegaba…. Pero toda esta labor y el proyecto educativo se truncarán con la Guerra Civil, como veremos más adelante.

En otro orden de cosas, el Francisco Giner fue también muy nombrado en la época porque, como colegio electoral de zona, en él votaba Francisco Largo Caballero, miembro destacado y presidente del Partido Socialista, vicepresidente y secretario general de la UGT, ministro de Trabajo entre 1931 y 1933, presidente del Consejo de Ministros entre 1936 y 1937… Largo Caballero vivía en la calle Sort, muy cerca del colegio, y la prensa de la época recogió el momento en que Largo Caballero acudió a votar al Francisco Giner durante las elecciones de noviembre de 1933 y, posteriormente, en las de febrero de 1936; siempre, según la prensa, entre aplausos, aclamaciones y manifestaciones de entusiasmo de los presentes.

Izquierda: Largo Caballero vota el 19 de noviembre de 1933 en la mesa instalada en el grupo escolar Francisco Giner.
(Foto: Alfonso, 1933; S.B.H.A.C.)
Derecha: Elecciones 16 de Febrero: Largo Caballero sale del colegio donde votó
(Foto: Alfonso, 1936; Archivo Rojo)

Desde la Guerra Civil hasta nuestros días.
Al comienzo de la guerra, julio de 1936, se crearon guarderías infantiles para recoger a los hijos necesitados de las milicias combatientes de las barriadas aledañas a los centros. Una de ellas se situó en el Francisco Giner, como aparecía reflejado en la prensa de la época. Los niños recogidos pasaban allí todo el día y se solicitaban suscripciones populares y donativos en especie, sobre todo de juguetes “para que los niños de nuestras residencias no lleguen a conocer la gran tragedia en que vive su patria”.

Camilo José Cela, en su novela “San Camilo, 1936”, sitúa la muerte de uno de sus personajes el día 19 de julio en la tapia trasera del centro escolar “a don Felipe Espinosa lo sacan de su casa y aparece muerto en la Dehesa de la Villa detrás del grupo escolar Giner de los Ríos” (nótese nuevamente la confusión en el nombre).

En septiembre de 1936, a pesar de que la guerra había ya estallado, el Francisco Giner abre sus puertas a un nuevo curso escolar. “Cuando me encierro aquí, me parece que olvido hasta la cruel guerra que estamos sufriendo”, escribe Sánchez Arbós en su diario. Son tiempos difíciles para la pedagogía, algunos niños llevan gorros de milicianos, correajes e incluso pistolas de juguete. María Sánchez Arbós trató de mantenerlos al margen de la guerra y de la tensión política; como ejemplo, cabe citar que se negó a poner las fotos preceptivas de los presidentes de la República que se enviaban a los centros escolares (“La escuela debería recordar solamente a los hombres que han laborado por ella, cuyo recuerdo es imperecedero. Esta variabilidad de personajes, adorados o despreciados según el sentimentalismo de los tiempos, no debe estar en la escuela”, nos dice).

Pero todo ello fue en vano. El 8 de noviembre, una bomba cae en uno de los torreones, el colegio tiene que ser desalojado y María Sánchez Arbós continúa las clases en la sede de la ILE. Pocos días después la columna Durruti ocupa la escuela, estableciendo allí su cuartel; cuando regresa unas semanas más tarde para llevarse las pocas pertenencias que le quedaban en el centro, viendo el estado de su escuela, Sánchez Arbós escribe en su diario: “Yo me llevo ahora mi diario, el retrato de don Francisco, y las llaves de la escuela. ¡Triste recuerdo totalmente ilusorio porque las puertas han desaparecido! ¡Con qué desesperación abandono estas ruinas!".

La calle Francos Rodríguez y la tapia de la Paloma, justo enfrente del Grupo Escolar Francisco Giner, bombardeadas durante la Guerra Civil.
(Foto: autor y fecha desconocidos; 100 años de la Paloma)


¿Posibles restos de impactos de bala o metralla en la valla del centro?
(Fotos: A. Morato, 2011) 

Termina la guerra y, como suele ser habitual en todos los conflictos armados, el bando vencedor trata de eliminar todos los vestigios de los vencidos. Apenas unos días después del final de la guerra, el 22 de abril de 1939 se publica en el Boletín Oficial del Estado la Orden del 20 de abril por la que el Grupo Escolar Francisco Giner pasa a denominarse Andrés Manjón y a impartir las enseñanzas basadas en la metodología y el ideario católico de las escuelas del Ave María, de las que Manjón fue su fundador. La urgencia del cambio de nombre se justificaba por la necesidad de “hacer una revisión de los nombres de los Grupos Escolares con que la República laica designó a sus mejores instituciones docentes, siendo obligado que este Ministerio designe con el nombre de D. Andrés Manjón aquel Grupo Escolar, que por su significación, condiciones y metodología más ha influido en la descristianización de nuestra infancia madrileña”.

Y, también como suele ser habitual tras las guerras, se inician campañas de desprestigio de las obras de los vencidos. Además de lo ya mencionado en la Orden para el cambio de nombre del 20 de abril, pocos años después encontramos un artículo en el que se dice que el Francisco Giner nació fruto de las “disposiciones a voleo” con que “los gobiernos demagogos” daban al “populacho crédulo sensación de bien obrar” y que se levantó “sólo y exclusivamente con el único fin de tapar, de inutilizar, de confundir al que a sus espaldas aparece enclavado” (en referencia al antiguo centro de las Escuelas del Ave María; que por cierto, todo hay que decirlo, fue lamentablemente quemado y saqueado en mayo de 1936).

Cuatro imágenes del Francisco Giner, ya convertido en Andrés Manjón.
Arriba, a la izquierda, vista general desde la calle Francos Rodríguez; a la derecha, clase de dibujo y modelado
Debajo, a la izquierda, clase de corte y confección; a la derecha, comedor escolar al aire libre (si nos fijamos, son los mismos arcos que aparecen detrás de la piscina en la foto de 1933; si bien en el artículo no se menciona nada de ella la piscina continuaba existiendo).
(Fotos: autor desconocido, 1944; ABC)

A mediados de los años 40 el centro albergaba a 800 niños y tenían preferencia en la matrícula los huérfanos y los hijos de presidiarios. No nos extenderemos en los sistemas pedagógicos de la época; seguramente muchos de nuestros lectores lo habrán vivido en primera persona y, si no, los más jóvenes sólo tienen que preguntar a sus padres o abuelos. Simplemente, como boceto, resaltamos algunas de las palabras que aparecían en un artículo sobre el Andrés Manjón: esmero, limpieza, orden, disciplina, bandera, en correcta formación desfilan los pequeños acogidos, capilla, misa…y “en el centro del inmueble, en letra grande y en sitio preferente se lee España”. Pero, haciendo justicia, también hay que mencionar que el centro continuaba con la cantina, donde se daba de desayunar, comer y merendar a 200 niños y que incluso contaba con una banda de cornetas y tambores.

Mientras tanto, María Sánchez Arbós escribía en su diario en 1945 “Mi escuela ha sido deshecha, los niños disueltos... yo, encarcelada. ¿Razón? No he podido averiguarla todavía”.

Para terminar, diremos que en 1976 se aprobó una obra de ampliación, con presupuesto de 1.387.443 Pts., para la construcción de ocho nuevas unidades; la ampliación, a cargo del arquitecto Julio Vidaurre Jofre, fue bastante agresiva y poco respetuosa con el edificio original, construyéndose dos alas posteriores, en ladrillo visto, que ocupaban gran parte del patio de juegos.

Montaje de elaboración propia sobre fotografía aérea actual de Bing Maps tomada desde la calle Pirineos donde puede verse la fachada trasera del Centro UNED Andrés Manjón, con los añadidos de 1976 sombreados en amarillo. En primer término, las antiguas escuelas del Ave María, hoy colegio Santísimo Sacramento y CES Don Bosco. Al fondo, a la derecha, la Policía Nacional; a la izquierda, la entrada de La Paloma.

Detalle del pabellón auxiliar central mostrado anteriormente y, a su izquierda, una de las nuevas alas de la reforma de 1976.
(Foto: A. Morato, 2011)

Posteriormente, en 1985, hubo otra ampliación para comedor y cocina, a cargo de José Mª Guijarro Aurrecoechea. Por último, en 1998 el Ayuntamiento cedió el uso del inmueble a la UNED, pasando a formar parte de su red de Centros Asociados y continuando con su denominación de Andrés Manjón. En él, la UNED ofrece las diplomaturas de Empresariales y Turismo, las licenciaturas de Economía y Administración de Empresas y el Curso de Acceso para mayores de 25 años. Cuenta, además, con una Biblioteca abierta al barrio especializada en las disciplinas que se imparten en el centro.

A la izquierda, vista trasera actual del antiguo pabellón de vestuarios y duchas. Actualmente hay otro pabellón simétrico idéntico donde se encuentra la biblioteca.
(Foto: A. Morato, 2011)
Derecha: detalle de la maqueta del relieve de la Península Ibérica situada justamente detrás del antiguo pabellón de vestuarios.
(Foto: F. Lorca, 2010)

El edificio, aunque sin protección de ningún tipo, se encuentra catalogado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) dentro de su “Guía de Inmuebles Históricos, Arquitectura de Madrid”. Por sus características arquitectónicas, ha sido utilizado en varias localizaciones cinematográficas, entre ellas, para la película “Los amantes del círculo polar”, de Julio Medem (1998).

Diversos fotogramas de la película “Los amantes del círculo polar” (1998) con algunas de sus localizaciones en el Andrés Manjón (cornisa, tejados, entrada trasera y patio). En el último inferior, a la derecha, el pinar de la Dehesa de la Villa.

Actualizaciones.

17-05-2011: El centro volverá a denominarse Francisco Giner de los Ríos.
El 13 de abril de 2011, la Junta Rectora del Centro Asociado de la UNED aprobó, a propuesta del Centro de Estudios de Migraciones y Exilios (CEME), la restitución del nombre original "Francisco Giner de los Ríos", como forma de "reconocimiento a una pedagogía renovadora y pionera". La propuesta plantea, además, la celebración de un acto de homenaje a los maestros que ensayaron una pedagogía modelo para otros muchos centros educativos dentro y fuera de España y la creación de un museo permanente con objetos antiguos que fueron hallados en un desván del edificio (discos de pizarra, mapas, cuadernos, libros y otros instrumentos escolares, materiales usados por las Misiones Pedagógicas para la lucha contra el analfabetismo durante la II República, etc.).
La noticia completa, junto con una síntesis histórica del Centro, de la ILE y de la biografía de Francisco Giner de los Ríos puede verse en el portal de la UNED: El Centro de Zona "Andrés Manjón" recupera su nombre original "Francisco Giner de los Ríos". En el siguiente vídeo se recoge un resumen del del propósito del cambio de nombre y de la recuperación del archivo hallado en el desván.


(Vídeo: CEMAV; Canal UNED, 2011)

18-12-2011: Acto de inauguración del Subcentro Francisco Giner de los Ríos.
El día 12 de diciembre de 2011 tuvo lugar el acto de inauguración del Subcentro Francisco Giner de los Ríos. Además de devolver al Centro su nombre original, se ha reservado dentro del edificio el nombre de Andrés Manjón para el salón de actos y reuniones, y el de María Sánchez Arbós para la biblioteca. También se realizó la exposición "Historia del Centro a través de su archivo", en la que se exhiben algunos de los objetos antiguos que se encontraron en el desván. (Ver reportaje completo del acto de inauguración).

8-02-2012: La pasada semana (3-febrero-2012), la UNED ha editado un vídeo con el título Giner de los Ríos, de vuelta a las aulas, que recoge la historia del Centro y el acto de inauguración.


(Vídeo: CEMAV; Canal UNED, 2012)


22-03-2012: Adolfo Suárez también votaba en el entonces Colegio Andrés Manjón.
A través de la página Facebook del grupo de Ex-alumnos Colegio Nacional Andrés Manjón y gracias a un comentario de E. Cáceres nos hemos enterado de que, al igual que Largo Caballero durante la II República, otra personalidad ilustre también acudía a votar durante los años de la transición al entonces denominado Colegio Andrés Manjón. Adolfo Suárez, que vivía en la c/ San Martín de Porres, cerca del Hospital Puerta de Hierro, tenía el Manjón como colegio electoral y en él votó en varias ocasiones como atestiguan las siguientes fotografías.


A la izquierda, el entonces presidente del gobierno Adolfo Suárez votando en el Andres Manjon el 15 de junio de 1977.
(Foto: EFE, 1977)
A la derecha, Adolfo Suárez, presidente del Centro Democrático y Social,
vota en el Andrés Manjón durante el referéndum de entrada en la OTAN el 13 de marzo de 1986
(Foto: La Vanguardia, 1986)

Bibliografía:
- Alvarez de Miranda, P. (1976): La última enseñanza de María Sánchez Arbós
- Araque Hontagas, N. (2007): Pedagogía de una maestra adelantada a su tiempo
- Centro Asociado UNED Andrés Manjón: Tríptico Historia del Centro
- Juan Borroy, V. M. (1999): María Sánchez Arbós. Una maestra aragonesa en la edad de oro de la pedagogía
- Martínez de Pisón, I. (2005): Historia de dos maestras
- Rodríguez Méndez, F.J. (2004): Arquitectura escolar en España (1857 – 1936). Madrid como paradigma
- Sánchez Arbós, M. (1961): Mi diario

Grupos de antiguos alumnos del Andrés Manjón en Facebook:
- http://www.facebook.com/?ref=logo#!/group.php?gid=49929492530
- http://www.facebook.com/#!/group.php?gid=73102266360

El Grupo Escolar Francisco Giner: 1ª Parte – Antecedentes

5 de enero de 2011

Sobre los Centros Escolares en el Madrid de finales del S. XIX y principios del XX, la influencia de la Institución Libre de Enseñanza y el programa escolar de la II República.

El Grupo Escolar Francisco Giner, hoy Centro Asociado UNED Andrés Manjón, inaugurado en 1933 en plena Dehesa de la Villa, no puede entenderse sino en el contexto del programa educativo de la II República, diseñado en respuesta a la situación de la educación primaria que había heredado. Sería prolijo, no obstante, tratar de recopilar la evolución de la educación durante tan amplio periodo y excedería a nuestro propósito de centrarnos en los aspectos históricos de la Dehesa de la Villa y sus alrededores. Nos limitaremos, pues, a esbozar unas pinceladas que permitan al lector situarse en la época y en su problemática; aun así, dada la extensión que iba adquiriendo el artículo nos hemos visto obligados a abordarlo en dos partes. Dejaremos para una segunda entrega lo directamente relacionado con el Francisco Giner y nos centraremos en ésta en los antecedentes históricos; que, dicho sea de paso, nos servirán de referencia cuando en próximos artículos abordemos otras construcciones escolares en los alrededores de la Dehesa.

Situación de la enseñanza primaria pública a finales del S. XIX.
La educación era competencia de los ayuntamientos y, si bien el Estado se comprometía a consignar en el presupuesto general una subvención a las localidades que no pudieran sufragar los gastos de primera enseñanza, en la práctica dependía fundamentalmente de los medios locales, casi siempre escasos. Las escuelas se situaban en los lugares más inverosímiles (cuarteles, edificios desamortizados, cobertizos, locales alquilados, etc.), los sueldos de los maestros eran muy bajos (“pasar más hambre que un maestro escuela”) y el programa escolar no iba más allá de las reglas básicas.

Dadas estas condiciones, no es de extrañar que la situación de la enseñanza en España a finales del S. XIX no fuera muy boyante, si nos atenemos a las cifras de población escolarizada y analfabetismo.

Así, según un censo de 1860, el 75,5% de la población española era analfabeta total y un 5% sabía leer pero no escribir, con mayor incidencia entre las mujeres (91% de analfabetas) que en los hombres (69%). Un nuevo censo en 1900 arroja la cifra de un 57% de analfabetos (el 46% de los hombres y el 66% de las mujeres).

En cuanto a la población escolarizada, a principios del XIX, apenas llegaba al 25%, hacia 1879 la tasa de escolarización primaria no llegaba aún al 26% (36% de los niños y sólo del 11% de las niñas) y a principios del S. XX, el porcentaje seguía siendo muy bajo (38%). Entretanto, países europeos como Francia, Bélgica, Alemania… tenían porcentajes de escolarización entre el 60% y el 90% llegando a principios del S. XX casi a la escolarización universal.

Una población diseminada, predominantemente en ámbitos rurales bastante aislados e incomunicados, la falta de medios y una escasa sensibilidad hacia la educación se citan frecuentemente como los principales factores causantes del analfabetismo y la escasa escolarización.

Golfillos recogidos en el Campamento de Desinfección.
A la vista de las cifras de escolarización, no sorprenden imágenes como la de esta conocida foto que refleja el momento en que los golfillos son recogidos en el Campamento de Desinfección. Sobre todo a partir de fines del XIX abundaban los niños vagabundos, abandonados o delincuentes, que malvivían en las calles pidiendo limosna o cometiendo delitos menores y aparecen instituciones y normas que pretenden su inserción en la sociedad y su control, ofreciéndoles cuidados físicos y cierta formación.
(Foto: autor desconocido, entre 1901 y 1910; Memoria de Madrid)

En este contexto, la fundación de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) por Francisco Giner de los Ríos en 1876 junto con profesores apartados de la Universidad y la creación del Museo Pedagógico Nacional en 1882 bajo la dirección de Manuel Bartolomé Cossío vinieron a ser los grandes factores de cambio hacia la escuela moderna, tanto en cuanto a sus condiciones higiénicas como pedagógicas.

La escasez de centros escolares apropiados trató de paliarse durante las últimas décadas del XIX, sucediéndose regulaciones, disposiciones y convocatorias de subvenciones para la construcción de escuelas; pero muy pocos proyectos se llevan a la práctica, en parte debido a la escasez de fondos municipales, lo que llevó a que paulatinamente el Estado se fuera haciendo cargo de las competencias en educación.

De esta época de finales del S. XIX destacan en Madrid:
- Las Escuelas Aguirre (1886, calle Alcalá, esquina O’Donnell y Aguirre; hoy Casa Árabe de Madrid).

Clases de niños y niñas en las Escuelas Aguirre
Existen bastantes fotografías de las escuelas Aguirre, pero pocas hemos visto de sus interiores. En estas, podemos contemplar dos aulas, una de niñas y otra de niños.
(Fotos: J. Lacoste, 1900; Memoria de Madrid)

- La Escuela Modelo para párvulos (1875, construida sobre el antiguo convento de Maravillas en la plaza del Dos de Mayo; hoy, CEIP Pi i Margall).

Escuela Municipal de la Plaza del Dos de Mayo (Escuela Modelo)
(Foto: J. Lacoste, 1885; Memoria de Madrid)

La situación a principios del S. XX.
El proceso de intervención del Estado experimenta un fuerte empujón con la creación, en 1900, del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, con el objetivo prioritario de potenciar la construcción de escuelas. Un año después, los maestros pasan a ser funcionarios del Estado y se aumenta la escolarización de tres a seis años. En 1911 se crea la Dirección General de Enseñanza Primaria. Surge una gran preocupación por la carencia de edificios escolares y el estado de conservación de las existentes (se estima que más de 7.000 escuelas están en malas condiciones) y, en 1920, se promulga un Real Decreto por el que se crea la Oficina Técnica de Construcciones Escolares dentro del Ministerio de Instrucción, asumiendo el Estado la responsabilidad directa sobre la construcción y financiación de escuelas primarias.

Los resultados no se hacen esperar y de 216 centros construidos entre 1900 y 1921, se pasó a construir 1.040 secciones de escuelas graduadas y 713 escuelas unitarias entre 1922 y 1930.
Por su parte, el analfabetismo se fue reduciendo paulatinamente: en 1910 era del 51% (41% entre los hombres, y el 59% entre las mujeres); en 1920, del 43% (35% hombres y 51% mujeres) y para 1930 se había reducido al 32% (25% hombres y 36% mujeres).

Durante esta época, la ILE incrementó su influjo no sólo en la política educativa, a través de Salmerón y Ruiz Zorrilla (Partido Republicano) y de Besteiro y Fernando de los Ríos (PSOE), sino también desde abajo, formando a maestros en sus centros que luego obtenían mejores calificaciones en las oposiciones por su mejor preparación. De esta época son también la Junta de Ampliación de Estudios (1907) que becaba a maestros para formarse en el extranjero, la Residencia de Estudiantes (1910) y el Instituto Escuela (1918). Claros ejemplos de este influjo fueron el nombramiento de Rafael Altamira, afín a la ILE, como primer director de Enseñanza Primaria; el paso de las escuelas unitarias (una misma aula para alumnos de distintas edades) a las graduadas (separación de edades y niveles por aulas)…

En esta época, se construyeron en Madrid:
- Las denominadas escuelas Conmemorativas de Alfonso XIII: Alfonso XIII (1903, calle Fuenterrabía; hoy CEIP S. Isidoro); La Florida (1904, calle Florida; desaparecidas); Reina Victoria (1907, calle Príncipe de Vergara esquina Maldonado; posteriormente Colegio General Mola y desde el curso 2010-11 nuevamente CEIP Reina Victoria); Bailén (1907, calle Bailén; hoy CEIP Vázquez de Mella); y Vallehermoso (1907, hoy CEIP Fernando el Católico, en la calle del mismo nombre).

Interior de los grupos escolares Vallehermoso (izquierda) y Reina Victoria (derecha)
(Fotos: autores desconocidos, 1904 y 1905; Memoria de Madrid)

- Los grupos escolares del Patronato de la Reina Victoria: Príncipe de Asturias (1913, junto a los antiguos jardines de la facultad de veterinaria, calle Embajadores; hoy, sólo en pie alguno de sus pabellones junto al IES Cervantes); y Grupo Escolar Cervantes (1918, Santa Engracia esquina con Raimundo Fernández Villaverde; hoy CEIP Miguel de Cervantes).

- Los grupos escolares del Proyecto Dicenta, promovidos por el Ayuntamiento bajo la Junta Municipal de Primera Enseñanza de Madrid: Conde de Peñalver (1915, calle Tabernillas; hoy CEIP Ntra. Sra. de la Paloma); las Escuelas Bosque (1917, Dehesa de la Villa; hoy sólo en pie un pabellón que forma parte del Centro Cultural Juan Gris, junto al CEIP El Bosque; recordemos a los lectores que la Asociación tiene editada una publicación sobre la historia de las Escuelas Bosque).

Escuelas Bosque en la Dehesa de la Villa
(Foto: J. Lacoste, primer cuarto S. XX; Memoria de Madrid)

- Los grupos escolares del Plan de 1922, que fueron inaugurados entre 1928 y 1930: Pardo Bazán (1928, calle Ventorrillo; hoy CEIP Emilia Pardo Bazán); Menéndez Pelayo (1929, calle Méndez Álvaro; en la actualidad CEIP Menéndez Pelayo); Jaime Vera (1929, calle Bravo Murillo; hoy CEIP Jaime Vera); Concepción Arenal (1930, calle Antonio López; hoy CEIP Concepción Arenal); Pérez Galdós (1930, Plaza de la Moncloa; derruido durante la Guerra Civil); y Joaquín Costa (1930, Paseo de Pontones; hoy CEIP Joaquín Costa).

Grupo Escolar Pérez Galdós derruido durante la Guerra Civil
(Foto: Baldomero, fecha desconocida; Archivo Rojo)

- Y, por lo que a la Dehesa de la Villa concierne, no podemos dejar de mencionar, además, el Asilo de La Paloma (1910), al que dedicamos un artículo hace ya algunos meses.

La creación de centros escolares durante la II República.
Las líneas educativas de la II República emanaban de la Constitución de 1931, cuyo artículo 48, impregnado de la filosofía de la Institución Libre de Enseñanza, dictaminaba: “El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada:
- La escuela primaria será gratuita y obligatoria.
- Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada.
- La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que sólo condicionen la aptitud y la vocación.
- La enseñanza será laica y se inspirará en ideales de solidaridad humana.
- Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas de solidaridad en sus propios establecimientos.”
Establecía, igualmente, la coeducación (participación de los dos sexos en una misma aula).

Con esta filosofía, la II República se enfrentaba a una situación nada halagüeña: un alto porcentaje de la población escolar no estaba bien escolarizada, había escasez de maestros y de edificios escolares... como medida de urgencia hubo que improvisar edificios, material y personal docente y el Ministerio de Instrucción Pública se comprometió a edificar 27.000 nuevas escuelas en cinco años.

Existe gran disparidad de criterio entre los investigadores a la hora de cifrar la creación de escuelas bajo la República. Un Real Decreto del 22 de febrero de 1936 cifraba en 16.409 las escuelas creadas desde el inicio de la República, pero algunos historiadores aumentan la cifra hasta las 24.000, mientras que otros hablan de 14.000, otros de 7.000... Este esfuerzo de creación de plazas escolares se vio acompañado de la reforma y ampliación de otros muchos centros escolares, la creación de plazas de maestros (21.293, un 56% más de las existentes), así como de otras actuaciones encaminadas a mejorar la calidad de la educación y la lucha contra el analfabetismo (cantinas escolares, colonias, bibliotecas circulantes, Misiones Pedagógicas...). Es igualmente difícil precisar la reducción del analfabetismo debido a la escasez de estadísticas durante el periodo de la Guerra Civil, pero según el censo de 1940, el analfabetismo se había reducido al 23% (17% entre los hombres y 28% entre las mujeres).

Los principales nuevos centros inaugurados en Madrid en esta época fueron:
- Plan de 1931:
* 11 de febrero 1933: Blasco Ibáñez (calle José Cañizares, desaparecida con la Plaza de España; hoy desaparecido); Tomás Bretón (Paseo de Pontones; sustituido por uno nuevo en la calle Alejandro Dumas al ampliarse la fábrica de Mahou); Pablo Iglesias (calles Larra y Barceló; hoy CEIP Isabel la Católica); Lope de Rueda (calle Lope de Rueda; hoy CEIP Ntra. Sra. de la Almudena); Rosario de Acuña (calle María del Carmen, antigua España, hoy Centro Cultural S. José de Calasanz).

Grupo Escolar Pablo Iglesias
(Foto: Cortés y Videa, Crónica, 1934; Hemeroteca BNE)

* 14 de abril 1933: Marcelo Usera (calle Perales de Tajuña, antigua El Empecinado; hoy CEIP Marcelo Usera); Francisco Giner (calle Francos Rodríguez; hoy centro UNED Andrés Manjón); Claudio Moyano (calle Cea Bermúdez; hoy CEIP Claudio Moyano); Joaquín Sorolla (calle Abascal; hoy dividido entre Colegio Rufino Blanco y Escuela Universitaria de Biblioteconomía y Documentación); Amador de los Ríos (calle Marqués de Zafra; hoy CEIP con la misma denominación); Joaquín Dicenta (paseo de los Olivos; hoy CEIP Joaquín Dicenta); Tirso de Molina (paseo de la Ermita del Santo, antigua carrera de S. Isidro; hoy CEIP Ermita del Santo).
* 6 de noviembre 1933 (inicialmente previstos para 15 de septiembre): Alcalá Zamora, inaugurado como 14 de Abril (avenida Ciudad de Barcelona, antigua Pacífico; hoy CEIP José Calvo Sotelo); Miguel de Unamuno (calle Alicante; hoy CEIP Miguel de Unamuno); Leopoldo Alas (calle Pedrezuela, antigua Ctra. del Este; hoy CEIP Leopoldo Alas); Nicolás Salmerón (calle Pradillo; hoy CEIP y Centro Cultural Nicolás Salmerón); Emilio Castelar (calle Infanta Mercedes; hoy IES Jaime Vera); Alfredo Calderón (avenida Alfonso XIII, ciudad Jardín; hoy CEIP Padre Poveda).

- Plan de 1933: Ramón López Rumayor (paseo del Prado; hoy CEIP Palacio Valdés); Pedro Atienza (calle del Dante; desaparecido); Lope de Vega (Calle Inglaterra, Usera; hoy CEIP Lope de Vega); Fernández Moratín (avenida de Valladolid, antes Jardines de S. Antonio de La Florida; hoy CEIP Fernández Moratín).

Grupos escolares Fernández Moratín (izquierda) y López Rumayor (derecha) el día de su inauguración
(Foto: autor desconocido, El Sol, 1936; Hemeroteca BNE)

Y, hasta aquí, este recorrido histórico por la enseñanza primaria pública que no pretende ser exhaustivo. Hubo, de hecho, otros muchos centros escolares, tanto privados como públicos, que no hemos recogido y la evolución de la pedagogía daría para un libro entero. Emplazamos al lector a la segunda entrega donde daremos todos los detalles acerca del Grupo Escolar Francisco Giner, desde el proyecto hasta nuestros días.

Bibliografía:
- Ayuntamiento de Madrid, (1920): La Enseñanza Primaria en Madrid
- Ayuntamiento de Madrid: Informe sobre la Ciudad Año 1929: Instrucción Pública
- Ayuntamiento de Madrid, (1935): Relación de las Escuelas y Grupos Escolares clasificados por distritos
- Dicenta, J. (1910): Informe sobre reorganización de la Enseñanza Municipal de Madrid
- Laspalas Pérez, F.J. (1991): La escolarización elemental en España según el censo de Godoy (1797)
- Liébana Collado, A. (2008): Abril del 33: 75 aniversario de la inauguración de 20 nuevos centros escolares públicos en Madrid
- Liébana Collado, A. (2009): La educación en España en el primer tercio del siglo XX: la situación del analfabetismo y la escolarización
- Pastor Ugena, A. (1994): Situación de la escuela primaria en Madrid durante la Segunda República. La acción socialista en el Ayuntamiento (1931 – 1933)
- Pozo Andrés, M.M. (1997): «Etapa dorada» de la graduación escolar en Madrid: Conflictos políticos y realidades pedagógicas (1891-1922)
- Rodríguez Méndez, F.J. (2004): Arquitectura escolar en España (1857 – 1936). Madrid como paradigma