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Los Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa: proyectos no realizados, 1924

7 de marzo de 2012

Sobre un proyecto de 1924 para la instalación de un complejo de recreo en la Huerta del Concejal, en las proximidades de la Dehesa de la Villa.

Ocio y esparcimiento a finales del S. XIX y principios del XX: jardines de recreo y Campos Elíseos.
El concepto de ocio y tiempo libre nace con las sociedades urbanas a lo largo del S. XIX. Anteriormente, en las sociedades agrarias tradicionales el tiempo venía determinado por los ciclos agrícolas y el escaso tiempo no productivo estaba, en lo esencial, organizado por la Iglesia o los poderes públicos. Es con el florecimiento de las sociedades urbanas cuando el tiempo libre deja de ser exclusivo de la nobleza para empezar a formar parte de la vida burguesa, comenzando a perfilarse la idea de ocio como alternativa individual a la actividad profesional. Se requiere para ello la creación de nuevos espacios públicos para la sociabilidad, el esparcimiento y la diversión: se abren grandes avenidas con bulevares; los parques y jardines, hasta entonces adscritos a propiedades señoriales, comienzan a ser accesibles a los ciudadanos, que buscan en ellos espacios para el paseo y el recreo. Aparecen nuevas actividades y proliferan los locales de entretenimiento (teatros, casinos, cafés, cines, bailes, merenderos, etc.); y, por lo que a nuestro artículo de hoy concierne, aparecen los jardines de recreo…

Conocida imagen del Paseo de Recoletos de Madrid que ilustra perfectamente el uso de los espacios públicos como lugares de socialización y entretenimiento a finales del S. XIX y principios del XX.
(Foto: Hauser y Menet, entre 1906 – 1910; Memoria de Madrid)

Eran los jardines de recreo espacios polivalentes de ocio, principalmente dirigidos a las clases acomodadas, si bien hubo algunos otros más populares. Se ubicaban en espacios abiertos a las afueras de las ciudades, generalmente en zonas verdes o en terrenos proyectados para los nuevos ensanches, por lo que muchos de ellos tuvieron un carácter provisional. Concebidos para el verano y parte de primavera-otoño, disponían de amplios jardines y zonas recreativas y de restauración; sus construcciones, generalmente desmontables por ese carácter de provisionalidad comentado, albergaban todos los espectáculos y atracciones al uso de la época (teatro, conciertos, circo, toros, baile, deportes, exhibiciones diversas –globos, monstruos, fieras…-, montaña rusa, etc.).

Se pusieron muy de moda a partir de la segunda mitad del S. XIX y se extendieron prácticamente por todas las grandes ciudades, en muchas de ellas con la denominación de Campos Elíseos (en la mitología griega, lugar delicioso donde se suponía que iban las almas de los que hubieran merecido este premio). Los primeros Campos Elíseos de los que hemos hallado noticia se levantaron en Barcelona en 1853; los hubo también en Bilbao, Cádiz, Gijón, Zaragoza… Por su parte, Madrid tuvo sus Campos Elíseos entre 1864 y 1881 cerca del Retiro (entre las calles Alcalá, Castelló y Velázquez); y, posteriormente, unos Nuevos Campos Elíseos en el entorno de la Fuente del Berro entre 1900 y 1902.

La Dehesa de la Villa, lugar de expansión para el pueblo madrileño.
No es de extrañar que se planteara la construcción de unos terceros Campos Elíseos en la Dehesa de la Villa, habida cuenta de la popularidad que la Dehesa había adquirido como zona de esparcimiento desde comienzos del S. XX. Recordemos que en febrero de 1901 el Estado había cedido la Dehesa al Ayuntamiento para destinarla a usos benéficos y sociales; además de construir el Asilo de La Paloma y las Escuelas Bosque, se abrió la Dehesa para uso y disfrute de todos los madrileños, convirtiéndose enseguida en uno de los espacios de expansión preferidos, especialmente entre las clases menos acomodadas, y lugar de celebraciones populares (fiesta del árbol, banquetes de promiscuación, fiestas obreras del Primero de mayo...).

Varias son las razones que explican la popularidad entre las clases más humildes de la Dehesa de la Villa frente a otros parques madrileños, como El Retiro o el Parque del Oeste: la céntrica ubicación de estos otros parques; la prohibición en ellos de dejar entrar solos a los niños, que favorecía a las clases altas cuyos niños accedían acompañados por una legión de nurses y niñeras; la estrecha vigilancia a que estaban sometidos (se expulsaba a los niños mal vestidos o que andaban solos); un horario estricto de apertura, incompatible con las jornadas obreras; el diseño de los parques urbanos, impecables desde el punto de vista estético, pero impracticables para las actividades de esparcimiento más populares (jugar, tumbarse en el césped, correr, saltar, merendar, etc.)... poderosas razones todas ellas que justifican la preferencia de las clases populares por la Dehesa de la Villa y otras zonas verdes aledañas (La Moncloa, los Viveros de la Villa, el pinar de Puerta de Hierro...).

Curiosa imagen de un domingo en la Dehesa de la Villa: “después de la merienda, un poquito de gallina ciega”.
(Foto: Cervera; Estampa, 1929; Hemeroteca BNE)

Nada mejor que las palabras de Pedro de Répide, cronista oficial de la Villa de Madrid, para resumir “lo que para la salud y la expansión del pueblo de Madrid significa la Dehesa de la Villa. El aire y el sol que allí se encuentran los domingos millares de personas les sirve para sostenerse durante el resto de la semana en el estrecho ambiente de las viviendas del interior de la capital, y de oficinas y talleres. Sanatorio para los dolientes, lugar de reposo para los fatigados, paraje amable a los melancólicos y a los enamorados, campo de esparcimiento a los sanos y alegres, que hallan en los pinares un aliento vivificador”.

Los Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa.

Localizamos en la Biblioteca Histórica de Madrid (Depósito Colecciones Especiales) la Memoria del proyecto elaborada por la Sociedad, de donde se han sacado los textos entrecomillados que siguen a continuación. A petición nuestra, la Memoria ha sido digitalizada y puede consultarse en Memoria de Madrid.

En 1924 se crea en Madrid la Sociedad Anónima Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa, con el objeto de construir un “Parque de recreos dentro del alcance de todas las fortunas” en terrenos de la Huerta del Concejal, en las proximidades de la Dehesa.

La Sociedad estaba dirigida por el Marqués de Astorga (Presidente) y Federico García-Patón (Vicepresidente), e integrada por Agustín Gallego, Niceto García y García, Cecilio Isasi, Félix Martínez Verdet, Jesús Martínez Bernaldo de Quirós, Alejandro Mendoza, Miguel Almoneda y Federico Villar Guerra (Vocales). Se constituyó con un capital social de un millón de pesetas, dividido en 2.000 acciones de 500 pesetas, que pretendían fueran suscritas por los propietarios, comerciantes, industriales y vecinos de Cuatro Caminos, Bellas Vistas, Dehesa de la Villa, Peña Grande, Fuencarral… motivándoles con que “dejando aparte el remunerador interés que ha de producirles el capital que suscriban deben considerar las ventajas inmensas y enormes beneficios que reportan siempre estos negocios de atracción de grandes masas de público”.

Veían la oportunidad de negocio en el hecho de que Madrid, por aquel entonces “una capital de más de un millón de almas […] no cuenta en sus alrededores, como otras grandes poblaciones extranjeras, con un gran Parque de recreos […] dotado de toda clase de diversiones instaladas en lugares y edificios adecuados a su objeto dentro de cada época del año; parque donde los miles y miles de personas que buscan esparcimiento para el ánimo y oxígeno para los pulmones encuentren, en los días festivos, en las tardes de primavera y otoño y en las calurosas noches de verano, lugar espacioso y alegre donde realizar tan natural deseo.

Ubicación: la Huerta del Concejal.
Se escogió la Dehesa de la Villa porque “a sus condiciones de salubridad e higiene une las de la belleza del paisaje […] rodeado de frondosos pinares, orientado con grandiosas vistas a la Sierra del Guadarrama”. Otro factor determinante para la elección del entorno de la Dehesa era su “fácil y económico acceso desde el centro de la urbe […] unido a la Glorieta de Cuatro Caminos (estación terminal del Metro) por las amplias y bien urbanizadas calles de Bravo Murillo y Francos Rodríguez, en una extensión de dos kilómetros y medio que recorren los tranvías en siete minutos, y cruzado por las carreteras de El Pardo y Peña Grande”.

En concreto, pretendían ubicarlo en la denominada Huerta del Concejal, “una hermosa finca situada en la antigua Carretera de Peña Grande (hoy Avenida de Alfonso XIII), a 200 metros de los Asilos de La Paloma, colindante con los pinares y con agua abundante por estar cruzada por el canalillo”.

Ubicación de los Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa.
(Plano: autor ilegible, 1924; Memoria de Madrid)

La Huerta del Concejal era una extensa finca en las inmediaciones de la Dehesa, poblada de “árboles frutales y de sombra, de toda clase de rosales y otra gran variedad de flores”. De entre las numerosas huertas que poblaban la zona, era una de las más importantes; no en vano dio nombre a una de las paradas del tranvía a Peña Grande, cuya historia puede consultarse en Historias Matritenses (Tranvía de La Paloma (I), Tranvía de La Paloma (II) y Tranvía de La Paloma (III)).

Localización de los Campos Elíseos y la Huerta del Concejal.
Para poder comparar, se ha tenido que rotar el plano de la memoria a orientación norte (izquierda); se ha recortado la silueta del original y se ha realizado una transposición a escala sobre una vista aérea actual (plano de la derecha), donde se ha sombreado en azul la ubicación: lindaba al este con las actuales Avenida de Trajano (denominada en la Memoria Avda. de Alfonso XIII, nombre que mantuvo hasta 1941), la calle Isla de Oza, (el original camino o carretera a Peña Grande) y la calle Antonio Machado; al oeste, lindaba con la actual calle Isla Alegranza y el canalillo; al norte, se extendería más allá de Isla de Oza, ocupando parte de la actual manzana entre las calles de Federico Carlos Sainz de Robles y Antonio Machado; al sur, limitaría con la calle Nueva Caledonia.
(Montaje de elaboración propia sobre Ortofotomapa Total Comunidad 2011; Planea CAM)

Instalaciones.
Se pretendía dotar al complejo de ocio de las siguientes instalaciones (las letras indican su ubicación en el mapa original):

A) Campo de fútbol: proyectado en una superficie de 106 m de longitud por 74 m de ancho, capaz de albergar hasta 20.000 espectadores en localidades numeradas.

(Dibujo: autor ilegible, 1924; Memoria de Madrid)

B) Plaza de toros: sobre una superficie de 30 m de diámetro de redondel, por 70 m de diámetro exterior, tendría capacidad para 10.000 espectadores en localidades numeradas. Al igual que el campo de fútbol, dispondría de iluminación artificial para festivales nocturnos ya que, además de albergar novilladas “con afamados novilleros y buenas ganaderías” serviría también como recinto para bailes, cine, conciertos, fuegos artificiales, romerías, lucha grecorromana, boxeo…

(Dibujo: autor ilegible, 1924; Memoria de Madrid)

C) Piscina de natación: de 66 m de longitud por 20 m de anchura, con pabellón y departamentos para duchas y baños calientes.

D) Restaurante: el proyecto incluía también un original restaurante, con capacidad para 800 comensales, en forma de vapor trasatlántico fondeado en el centro de un estanque de 3.000 m3 de agua. Además de las comidas, se darían también en él fiestas amenizadas por las orquestas de moda en la época.

(Dibujo: autor ilegible, 1924; Memoria de Madrid)

E) Pistas de tenis: contaría asimismo con diversos y espaciosos campos de tenis, con un original kiosco para cervecería y chocolatería.

F) Vaquería: el complejo proyectaba también “una artística vaquería con establos montados con arreglo a los más modernos adelantos de salubridad e higiene”.

Por último, se construiría un templete para banda de música, un frontón de pelota y un “corro de bolos al estilo montañés”.

Planificación.
El propósito era abrir el parque, el bar-restaurante y la vaquería de inmediato, aprovechando provisionalmente edificios existentes en la Huerta del Concejal.

Para el resto de las instalaciones, se proyectaba comenzar las obras en enero de 1924, planificándose la inauguración escalonada de las instalaciones a medida que se fueran terminando: el campo de fútbol, en abril de ese mismo año; el barco-restaurante, en junio; y la plaza de toros, para la temporada de otoño.

Resultado.
Que sepamos, el proyecto no prosperó. No sabemos si por problemas con las licencias, falta de acuerdo con la propiedad de la Huerta del Concejal o porque no se cubrió la suscripción de acciones de la Sociedad.

Sin embargo, una noticia de prensa de febrero de ese mismo año de 1924 curiosamente hace referencia a los Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa. Al detallar el recorrido del Campeonato Nacional de ‘Cross-country’ de ese año, que transcurría por terrenos de la Dehesa y aledaños (Metropolitano, Cantarranas, Moncloa, Puerta de Hierro…), se menciona la piscina y casas de los Campos Elíseos.

Fuera de ésta, no hemos hallado ninguna otra referencia a los Campos Elíseos. Es posible que, tal como estaba previsto inicialmente, se iniciara alguna actividad en los edificios existentes en la Huerta del Concejal y se hiciera algún tipo de promoción del parque de recreo, de ahí que apareciera mencionado en el recorrido del cross apenas un mes después de publicada la Memoria. En cualquier caso, una revisión detallada de las vistas aéreas de los ortofotomapas de épocas posteriores no permite vislumbrar la existencia del complejo de ocio tal como fue proyectado.

Pozo hallado en un solar próximo al canalillo, en terrenos que fueron de la Huerta del Concejal. Aunque no lo hemos podido confirmar, bien pudo haber pertenecido en su día a la Huerta del Concejal.
(Foto: A. Morato, 2012)

Tampoco queda en el recuerdo de los vecinos del lugar ningún rastro de los proyectados Campos Elíseos. Sí permanece en su memoria la Huerta del Concejal (también conocida por algunos como Huerta de la 'Conce', por una de las guardesas que tuvo); se mantuvo en funcionamiento hasta los años 60-70 del pasado siglo, despareciendo para dejar paso a viviendas, al paseo del canalillo, al parque y campos de deporte que actualmente existen sobre el túnel de Sinesio Delgado, entre Isla de Oza y Antonio Machado.

Resultaría en vano plantearse en esta ocasión, a diferencia de como hemos hecho con otros proyectos no realizados, si se habría salido ganando o perdiendo de haberse llevado a cabo los Campos Elíseos. No hay más que ver lo ocurrido con otros parques de recreo similares que hubo en Madrid y cómo el desarrollo urbano ha transformado toda la zona alrededor de la Dehesa de la Villa para intuir que, de ningún modo, los Campos Elíseos hubiesen llegado hasta nuestros días.

Arriba, dos imágenes de los terrenos de la Huerta del Concejal en pleno proceso de urbanización allá por la década de los 80. A la izquierda, vista hacia el norte: se puede apreciar la calle Antonio Machado, el final de la calle Aguilar de Campoo y, al fondo, el Barrio del Pilar. A la derecha, vista hacia el sur, hacia la Dehesa de la Villa: se pueden apreciar unas casas muy representativas que aún permanecen en las calles Islas Marianas, Aviador Franco e Isla Alegranza.
(Fotos: F. Álvarez, entre 1979 - 1989)
En el medio, más o menos esos mismos escenarios en la actualidad.
(Fotos: A. Morato, 2012)
Debajo, los terrenos de la Huerta del Concejal entre Isla de Oza, Federico Carlos Sainz de Robles y Antonio Machado en la actualidad. Entre los edificios aún se divisan las “grandiosas vistas a la Sierra de Guadarrama”, tal como indicaba la Memoria de los Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa en 1924.
(Foto: A. Morato, 2012)

Bibliografía:
- Amigos de la Dehesa (2010): Expediente sobre la revisión de la cesión de la Dehesa de la Villa o de Amaniel
- Ariza Muñoz, C. (1988): Jardines de recreo en Madrid: los llamados Campos Elíseos
- Ariza Muñoz, C. (2001): Jardines que la Comunidad de Madrid ha perdido
- Moral Ruiz, C. (2001): Ocio y esparcimiento en Madrid hacia 1900
- Pozo Andrés, M. M. (1993-1994): Utilización de parques y jardines como espacios educativos alternativos en Madrid (1900-1931)
- Rodríguez de la Croix, L. (1924): Campos Elíseos de la Dehesa de la Villa. Memoria
- Sánchez Menchero, M. (2009): Cinco cuadros al fresco. Los jardines de recreo en Madrid (1860-1890)
- Villacorta Baños, F. (2001): Madrid, 1900. Sociabilidad, ocio y relaciones sociales

Vaquería-Cafetería-Restaurant en la Curva de la Muerte: proyectos no realizados, 1918

9 de septiembre de 2011

Sobre un proyecto de 1918, no llevado a cabo, para la construcción en la Curva de la Muerte de una cafetería-restaurante con vaquería.

Continuando con la serie de artículos que iniciamos hace unos meses sobre proyectos no realizados en la Dehesa de la Villa, nos ocupamos hoy del que hubo allá por 1918 para la construcción en la Dehesa, más o menos en lo que hoy es el Mirador de la denominada Curva de la Muerte, de unos pabellones destinados a cafetería-restaurante y vaquería. El hecho de que parte de las instalaciones se destinase a este fin no es extraño, pues por aquella época en la Dehesa y alrededores existían numerosas vaquerías, establos y corrales.

Recorte de prensa de 1914 del diario La Correspondencia de España (Hemeroteca BNE). En el anuncio, La India (lechería, pastelería, chocolatería) promociona la calidad de la leche que utiliza en sus productos haciendo mención a sus establos en la Dehesa de la Villa.

El expediente, iniciado con fecha 27 de mayo de 1918 a instancia de D. Abilio Martínez, se conserva en el Archivo de Villa. Resumimos a continuación parte del proyecto; los párrafos entrecomillados son citas literales del texto.

Emplazamiento.
En una lengua de terreno perteneciente a la Dehesa de la Villa, a continuación del Asilo de la Paloma, entre la carretera que va a la Puerta de Hierro y el Camino de Peña Grande y cuya situación se indica en el plano topográfico que se acompaña, se trata de emplazar una construcción de planta baja y Principal con servicio se sótanos, destinada a la instalación de un “Restaurant” con venta de refrescos, licores, etc. y establo para la expedición de leche pura de vaca, con el fin de que el numeroso público que pasea por aquella hermosa parte de la población encuentre condiciones de comodidad y recreo”.

Plano que acompaña al expediente con el “emplazamiento del terreno que se intenta ocupar y situación en él de las construcciones que se proyectan elevar.”
(Archivo de Villa, 1918)

Así pues, el proyecto constaba de dos edificios separados:

Edificio Principal.
Destinado a restaurante, estaba compuesto por dos salones y un hall central en la planta baja. En los sótanos se pretendía instalar los servicios de cocina, retretes, almacenes, etc. Adicionalmente, se proyectaba una planta principal compuesta por un torreón-mirador y dos terrazas.

Vaquería.
El segundo edificio se proyectaba como un pabellón de una sola planta baja en el que iría el establo, con capacidad para cuatro vacas y sus correspondientes pesebreras de cemento. De acuerdo a las ordenanzas municipales de la época, se pensaba revestir de azulejo blanco hasta dos metros de altura (se proyectaban cuatro metros de altura interior) e instalar “los obligados ventiladores”. Además, se proyectaba en él una enfermería, almacén para piensos y grano y cuarto para el guarda.

Calidades.
Por estar la construcción que se proyecta destinada a emplazarse en pleno campo, con abundante arbolado y sin que exista construcción alguna a bastante distancia, ha obligado a dar a la construcción de que se trata, carácter rústico, acusando los entramados al exterior y empleando también la madera para barandillas de escalinata, de galería y coronación de fachadas”.

Menciona el expediente a continuación los materiales que se preveía emplear, entre ellos, fábrica de ladrillo, cimentación de hormigón, maderas para los pisos, etc. que no detallamos por su alto grado de tecnicismo.

Las fachadas serán de ladrillo al descubierto y la carpintería que se acusa en el pabellón principal como igualmente toda la madera que se acuse en el exterior irá pintada al óleo”.

En la instalación de la red de desagües de estos dos pabellones, se observará todo lo dispuesto acerca del particular; se colocarán retretes inodoros con aparato para descargas de agua los cuales por medio de las debidas bajadas de hierro descargarán en una atarjea de fábrica de ladrillo revestida de cemento y la cual por medio de pendientes, descargarán en un pozo sistema Mouras” (aclararemos para nuestros lectores que no es ni más ni menos que una fosa séptica, que recibía ese nombre por haber sido inventada por el ingeniero Jean-Baptiste Mouras).

Plano de la fachada sur del Edificio Principal donde puede apreciarse los sótanos, planta baja y principal, con las dos terrazas y el torreón-mirador.
(Archivo de Villa, 1918)

Explotación.
Se solicitaba la explotación del restaurante por un plazo de 20 años, a contar desde el día de apertura al público, y sujeto al pago del canon correspondiente. Al cabo de dicho periodo, la propiedad del inmueble e instalaciones fijas pasaría al Ayuntamiento de Madrid, quedando las mesas, sillas, alumbrado y todo el menaje y enseres necesarios para la explotación en propiedad del arrendatario.

El solicitante se comprometía a correr con los gastos de construcción y escrituración del contrato, a no ocupar más espacio que el representado en el proyecto y a “dar servicio esmerado, tanto a la carta como en cubiertos, a los precios corrientes en establecimientos de esta clase bien acreditados”; se reservaba, por otro lado, el derecho a abrir todos los días del año.

Autoría.
Firmaba el proyecto el arquitecto Luciano Delage y Villegas, de quien todavía se conservan en Madrid varios edificios, entre ellos el Teatro Infanta Isabel, en la c/ Barquillo, y al que también se atribuyen algunos edificios de viviendas en la c/ Larra. Mucho más cerca de la Dehesa, podemos encontrar otro ejemplo de su arquitectura en el edificio de viviendas para Gregorio Rubio, c/ Berruguete, nº 5.

Resolución.
El 10 de junio, apenas un par de semanas después de presentado el proyecto, el expediente pasa a informe del Arquitecto de Propiedades de la Villa, D. Luis Bellido, quien con fecha 13 de junio dictaminó “que sin entrar en otras consideraciones de orden técnico y legal que aconsejarían rechazar lo solicitado por el proponente, la forma en que la Dehesa de la Villa fue cedida por el Estado al Excmo. Ayuntamiento, impide a éste, bajo pena de anulación de la concesión, destinarla a otros fines que los señalados en la misma; por lo cual entiendo que en modo alguno debe accederse a lo solicitado”.

Recordemos que la Dehesa había sido cedida en usufructo por el Estado al Ayuntamiento de Madrid en 1901, a raíz de un plan estatal que preveía la cesión de terrenos públicos a municipios y diputaciones de toda España con la condición de destinarlos a fines de orden benéfico y social. Así, en la Dehesa se habían levantado el Asilo de la Paloma (1910) y las Escuelas Bosque (1918). El rechazo del proyecto estaba, por tanto, motivado por la posibilidad de que el estado retirase la concesión de la Dehesa por destinar parte de los terrenos a equipamientos privados. Lo que era más que probable pues, de hecho, un par de años más tarde, en 1920, el Estado inició un expediente de revisión de la cesión de la Dehesa para retirar el usufructo del Ayuntamiento basándose en que no se había informado de la construcción de las Escuelas Bosque y en que dichas escuelas no desempeñaban el fin de asistencia social.

Amparándose en el informe del arquitecto D. Luis Bellido, se procedió a denegar la solicitud con fecha 15 de junio y unos días más tarde, 27 de junio, compareció en el Ayuntamiento el solicitante, D. Abilio Martínez, manifestando quedar conforme con la resolución.

Corta vida, pues, la de este proyecto, resuelto con inusual rapidez en comparación con lo que se demoran algunos trámites en nuestros días. Que cada uno juzgue, según su criterio, si la Dehesa habría salido ganando o perdiendo de haberse construido este edificio para restaurante-cafetería-vaquería.


Este artículo ha sido seleccionado para su publicación en el número 8 de la revista digital La Gatera de la Villa.

Proyectos no realizados: fuentes de Pedro de Ribera

8 de marzo de 2011

Sobre un boceto, atribuido a Pedro de Ribera, para el proyecto de dos fuentes en el Manzanares, entre el Puente de Segovia y la Dehesa de la Villa, hacia 1716.

A lo largo de su historia, la Dehesa de la Villa ha sufrido numerosas transformaciones: distintos tipos de uso, desde el ganadero hasta el militar, detentaciones, cesiones de terrenos, edificaciones más o menos legales, etc. En nuestro propósito de divulgar la historia y curiosidades de la Dehesa, hemos venido publicando diferentes artículos al respecto, hablando sobre edificios históricos, hechos acontecidos en la Dehesa…

Pero han sido también numerosos los proyectos que en diferentes épocas trataron de aprovechar los terrenos de la Dehesa para usos de lo más variopinto (carreteras, manicomio, viviendas, casa de la moneda, etc.) y que no llegaron a fraguarse.

Es nuestra intención ahora rescatar del olvido esos proyectos que un día hubo para la Dehesa de la Villa y que, afortunadamente en la mayoría de los casos, nunca llegaron a realizarse. Aunque también es cierto que en el camino quedaron algunos proyectos que hubieran enriquecido la huella histórica en la Dehesa.

Tal es el caso del proyecto objeto de nuestro artículo de hoy. ¿Nos imaginamos lo que hubiera ganado la Dehesa si se hubieran instalado en ella unas fuentes de Pedro de Ribera?

Pedro de Ribera (1683–1742) es uno de los arquitectos más representativos y prolíficos del barroco en Madrid (ermita de Nuestra Señora del Puerto, Puente de Toledo, Cuartel Conde Duque, el Hospicio, la fuente de La Fama, etc.), aunque también realizó obras fuera de nuestra ciudad (Portada principal de la fachada sur del Monasterio de Uclés, planos de la torre de la Catedral Nueva de Salamanca, intervención en la catedral de Cádiz, etc.). No nos extenderemos en su biografía ni en su obra pues hay muchísimas otras fuentes más especializadas en ello.

Buceando por los archivos de la Biblioteca Nacional, nos topamos con el boceto del diseño de dos fuentes; el dibujo había sido catalogado, con el título de "Fuente decorativa", entre los dibujos anónimos españoles del S. XVIII por Angel Barcia (sacerdote, jefe de la Sección de Bellas Artes de la Biblioteca Nacional hasta 1911 y creador, en 1906, del Catálogo de la colección de dibujos originales de la Biblioteca Nacional).

Sin embargo, Matilde Verdú, experta en Pedro de Ribera y autora de varias publicaciones sobre sus obras, atribuye el dibujo a la autoría de Ribera y sostiene que pudo realizarlos, hacia 1716, para las "fuentes del paseo Nuevo a orillas del río Manzanares, entre el Puente de Segovia y la Dehesa de la Villa" (Verdú, M. (1991); “La ermita madrileña de la Virgen del Puerto, una brillante aportación del arquitecto Pedro de Ribera).

Para cualquier conocedor de la actual ribera del Manzanares, le chocará la referencia a la Dehesa, sabedor de que no llega hasta el río, sino que limita con la Ciudad Universitaria y el Club Puerta de Hierro. Pero no olvidemos que, como decíamos al repasar la historia de la Dehesa de la Villa, dichos terrenos hasta llegar al Manzanares estaban dentro de los límites de la primitiva Dehesa, e incluso en algunos lugares, más o menos a la altura de Puerta de Hierro, llegaba allende el río hasta la tapia de la Casa de Campo, como se desprende del plano de Tomás Cuéllar de 1769. No fue hasta, primero, a finales del S. XVIII, con la segregación de los terrenos del actual Club Puerta de Hierro para formar el Cordón de El Pardo, y posteriormente, a principios del XIX con la “venta” a Carlos IV de los terrenos con que redondeó el Real Sitio de La Florida, entre ellos los que hoy ocupa la Ciudad Universitaria, cuando la Dehesa dejó de asomarse al Manzanares.

Pero vayamos ya a ver cómo eran las fuentes.

(Dibujo: atribuido a Pedro de Ribera, hacia 1716; Biblioteca Nacional)

La fuente de la izquierda, de diseño menos complicado, consta de un pilón alargado que alterna formas cóncavas y convexas y un pilar central de dos tazas con formas vegetales y un único surtidor. Según Verdú, esta fuente presentaría grandes semejanzas con una de las tres fuentes que figuran dentro del proyecto de alcantarillado de José Alonso de Arce para el Paseo Nuevo y con la fuente que aparece en el tapiz de José del Castillo, “Paseo de la Fuente de las Damas”.

La de la derecha presenta un diseño más barroco y ornamental, más propio, quizá, para una zona ajardinada. Se compone de un pilón rectangular curvado en el centro de cada lado, al que vierten las aguas de varios surtidores instalados en el cuerpo central, de mayor volumen que en el diseño anterior, y que simula una gruta con jambas y arco almohadillado. Rematado por una cartela en cuyo interior se puede apreciar otra taza, el conjunto está adornado por figuras geométricas y unas siluetas femeninas acabadas en voluta.

En palabras de Matilde Verdú, cuando atribuye los diseños a Ribera, “la mano del artista se adivina en su trazo ágil y entrecortado, en la sutil vivacidad de sus contornos, en su fluidez de líneas contracurvadas, e su combinación de rectas y curvas, en los bruscos ensanches y estrechamientos de sus siluetas, en su aspecto ingrávido, en el rayado vertical a pluma incorporado en uno de los pilones, en el ingenuo pajarillo dibujado entre los dos, añadiendo una nueva nota de espontaneidad” (Verdú, M. (1991); op. cit.).

Muy iluso hay que ser para pensar que estas fuentes podrían haber sido ubicadas en la Dehesa; mejor dicho, en terrenos que históricamente fueron de la Dehesa. Lo más probable es que hubieran terminado siendo colocadas en el primer tramo del paseo Nuevo, que es para lo que parece que fueron concebidas; es decir, entre las tierras de la Tela (actual parque de Atenas) y el arranque del antiguo camino de El Pardo (actual Paseo de la Florida). Pero siempre cabe soñar con lo que pudo haber sido...