Blog de la Asociación Cultural Amigos de la Dehesa de la Villa
Obra registrada - Licencia de uso


Mostrando entradas con la etiqueta Investigación fotográfica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Investigación fotográfica. Mostrar todas las entradas

El extraño suceso de la mujer muerta en la casa misteriosa de Peña Grande

3 de septiembre de 2012

Sobre el caso de una mujer, fallecida en “la casa del misterio” de Peña Grande en 1935, que parecía seguir con vida dos días después de su muerte... y localización de la misteriosa casa.

En anteriores ocasiones hemos mostrado en este blog nuestra afición a rastrear e investigar fotografías antiguas, tratando de averiguar dónde fueron tomadas y comparar cómo han cambiado esos escenarios en la actualidad. En esta ocasión, la investigación comenzó a raíz de la aparición en el foro Urbanity de unas fotos que llevaban por título Hotel de Peña Grande en Fuencarral. Para quien no lo conozca, diremos que Urbanity es un foro con multitud de hilos abiertos sobre temas varios de Madrid y otras ciudades; en uno de ellos, De Madrid al cielo: Álbum de fotos históricas, se recogen infinidad de imágenes de Madrid imprescindibles para cualquier amante de las fotografías antiguas.

Fotografías de Urbanity que dieron origen a nuestra investigación.
(Fotos: Videa, 1935; publicadas por Juanjo en Urbanity – De Madrid al cielo...)

Con estos pocos datos de Urbanity (“Hotel de Peña Grande en Fuencarral. Foto: Videa”), iniciamos nuestra investigación por las hemerotecas.

Página de Crónica con las fotos
aparecidas en Urbanity.

No tardamos mucho en encontrar que las fotos habían aparecido en un reportaje gráfico publicado en el semanario Crónica (24-11-1935) sobre el caso de una extraña muerte acontecida en un “hotel” de Peña Grande, en aquel entonces una barriada perteneciente al término municipal de Fuencarral. El caso llamó inmediatamente nuestra atención y no paramos hasta averiguar dónde se ubicaba dicho hotel.

A estas alturas del relato, seguramente la mayoría de los lectores estén deseando saber ya qué es lo que ocurrió. No demoraremos, pues, la narración de lo que allí aconteció y dejaremos para el final del artículo el detalle de la investigación realizada para localizar el sitio exacto donde se ubicaba la casa.

El suceso.
El jueves 14 de noviembre de 1935 fallecía en una casa de Peña Grande, Fuencarral, Amparo Bravo Blanco, de cuarenta y siete años de edad, víctima al parecer de una angina de pecho. La mujer, viuda y originaria de Cantabria, había entrado a trabajar como criada en la casa sólo un día antes.

Como suele ser habitual en estos casos, el juez dictaminó la necesidad de practicar la autopsia, para lo que ordenó el traslado del cadáver al depósito judicial del cementerio de Fuencarral.

Hasta aquí, nada fuera de lo corriente. Pero ocurrió que cuando los doctores Reinoso y Cortés iban a practicar la autopsia, a pesar de haber transcurrido ya más de veinticuatro horas desde que se creyó muerta a la mujer, el cuerpo no presentaba los síntomas característicos del fallecimiento, constatándose, por el contrario, algunos signos de vida: la cara, sin demacración, mueca ni expresión cadavérica (facies hipocrática) mostraba color sonrosado y expresión de serenidad, casi se diría que sonreía; los ojos, abiertos, sin el aspecto vidrioso típico en los cadáveres, especialmente el izquierdo, que presentaba un brillo completamente normal; las pupilas, sometidas a manipulaciones mecánicas y químicas, no mostraban ninguna alteración; las extremidades inferiores estaban frías, pero en la parte superior la piel conservaba cierta temperatura a pesar del frío reinante en la estancia; la frente, mejillas, cuello, región precordial, abdomen y extremidades superiores tenían una temperatura normal; aunque las piernas estaban rígidas, los brazos y articulaciones de los dedos podían doblarse sin esfuerzo, sin el menor indicio de rigor mortis... Por todo ello, en vista de que el cuerpo no presentaba los síntomas que de acuerdo a la medicina forense permitían certificar la defunción y proceder a la autopsia y posterior inhumación, los doctores decidieron suspender la diligencia que se les había encomendado.

Sorprende que se publicaran este tipo de imágenes de la fallecida en la prensa.
Arriba, a su llegada al depósito. Enteramente, parece como si sonriera.
(Foto: Videa; Crónica, 1935; Hemeroteca BNE)
Debajo, el doctor Reinoso muestra el funcionamiento de las articulaciones sin la menor rigidez.
(Foto: Cortés; Mundo Gráfico, 1935; Hemeroteca BNE)

El misterio.
La noticia apareció en la mayoría de los diarios de la época. Espoleado por el sensacionalismo de algunos periodistas, comenzó a propagarse el rumor de que la muerta estaba viva y comenzaron a hacerse hueco toda suerte de hipótesis y cábalas sobre lo acontecido.

Por el cementerio desfilaron multitudes de curiosos, algunos de los cuales llegaron a afirmar que vieron cómo el cadáver movía brazos y piernas. Familiares allegados de la víctima declararon que años antes había sufrido un ataque similar a consecuencia del cual estuvo varias horas sin dar señales de vida, lo que dio pie a conjeturar sobre una posible catalepsia. Otros relacionaron los antecedentes con fechas, números y circunstancias de mal agüero, como que la finada había comenzado a trabajar un día 13 en que el cielo estaba plomizo y reinaba un fuerte viento... hubo incluso quien afirmaba que la muerta había resucitado.

Expectación de la prensa y curiosos en el depósito del cementerio de Fuencarral.
(Foto: Cortés; Mundo Gráfico, 1935; Hemeroteca BNE)

Fin del caso, la leyenda continúa.
El sábado 16 comienzan a disiparse las dudas. A pesar de haber transcurrido más de cuarenta y ocho horas desde la supuesta defunción, aún no son patentes todos los signos de defunción. Los ojos comienzan a vidriarse, habían aparecido algunas manchas violáceas y desaparecido toda temperatura del cuerpo, pero el color de la piel seguía siendo normal y no había signos de rigidez. Los médicos se muestran sorprendidos, pero no dudan de la muerte. De hecho, el doctor Reinoso manifestó que nunca dudó de ello y su primera impresión es que la mujer había fallecido, pero ante la falta de signos de muerte, era su deber asegurarse y esperar.

El domingo 17 por la mañana se llevó a cabo la autopsia, que certificó la defunción a consecuencia de graves lesiones valvulares. Esa misma mañana se procedió al entierro del cadáver en el cementerio de Fuencarral.

En definitiva, muerte natural por un ataque de asistolia. Parece ser que no es extraño en este tipo de muertes que ciertos fenómenos cadavéricos evolucionen más lentamente. Los médicos no dejaron de constatar, no obstante, lo extraordinario del suceso, con casi setenta y dos horas transcurridas y tan escasas señales de descomposición cadavérica. De hecho, el caso fue recogido en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina (1948 - Tomo LXV - Cuaderno 2).

Momento del entierro.
(Foto: Videa; Crónica, 1935; Hemeroteca BNE)

Muerta y enterrada la mujer, la imaginación popular se resistía a dar por concluido el suceso y creó su propio folletín. Contribuyó a exacerbar la imaginación popular el hecho de que la familia para la que había entrado a trabajar la fallecida apenas un día antes eran conocidos espiritistas y que algunos vecinos atribuían a la casa un halo de cierto misterio. Todo ello dio pábulo a rumores, según alguno de los cuales la mujer había sido víctima de algún tipo de acto esotérico, en el transcurso del cual cayó en estado de hipnosis (de ahí la ausencia de evidencia cadavérica durante dos días) y de ese primer sueño a la muerte.

Nada más lejos de la realidad. Ya hemos comentado anteriormente las causas naturales del fallecimiento. Nos ocuparemos a continuación de la casa.

La casa del misterio.
La casa donde ocurrió el suceso pertenecía a la familia Passapera, cuyos miembros eran, como decíamos, declarados espiritistas; lo que bastó para crear sobre la familia una leyenda de vida aislada y misteriosa en su casa de Peña Grande: casa apartada y retirada, de extrañas formas arquitectónicas y apariencia sombría, en cuyo interior se hallaban escritos unos versos satánicos. De ahí que, entre algunos de los vecinos de la barriada, la vivienda fuera conocida como “la casa del misterio”.

Ya la prensa de la época trató de disipar tal misterio. La familia Passapera era bastante conocida y respetada en Madrid por su negocio de confecciones y su apellido era de los más sonados en el mundo industrial.

El negocio de alta costura y confección de la familia Passapera fue muy duradero y bastante conocido en Madrid; no en vano, se anunciaba con frecuencia en la prensa. A la izquierda, arriba, el primer anuncio que hemos encontrado, de 1925; el de debajo es de 1928. El anuncio del centro apreció junto a un reportaje de moda, en 1929. El de la derecha, arriba, se publicó en un diario de provincias, en 1936; el del centro, es de 1952 y el de debajo, el último que hemos encontrado, de 1968.

Los propios miembros de la familia concedieron entrevistas en las que públicamente reconocían su afición espiritista, sin darle mayor importancia y sin entender que sus creencias, tan respetables como cualquier otra, se hubieran visto involucradas en el asunto. Se avinieron, además, a mostrar y dejar fotografiar su casa para enseñar a todos lo infundando de los rumores.

Arriba, el comedor de la casa cuyas paredes estaban adornadas, en trazos góticos sobre azulejos, con los versos que dieron lugar a toda clase de cábalas. Debajo, la cocina donde falleció la mujer.
(Fotos: Cortés; Mundo Gráfico, 1935; Hemeroteca BNE)

La soledad y el aislamiento que se atribuían a la casa no eran tales. Se encontraba bien visible, en un montículo a escasos cincuenta metros del tranvía. Sus extrañas formas obedecían a que fue edificada por su anterior propietario que fue quien la había construido con sus propios medios y con algunos materiales de desecho allá por los años 20 del pasado siglo. De ahí su estilo ecléctico y apariencia pintoresca pero esbelta, con arcos, capiteles y cúpulas de estilo árabe. No era en absoluto sombría y misteriosa; al contrario, era un conjunto alegre y claro desde el que había excelentes vistas a la sierra. Y los satánicos versos no eran tales, sino unos escritos por Alfredo Nistal, político socialista y masón, al parecer amigo del anterior propietario (curiosamente, hubo en Peña Grande, años después, un bar Nistal, en la c/ Joaquín Lorenzo; desconocemos si guardaba alguna relación con el Nistal anteriormente citado). El contenido, nada esotérico, era un simple homenaje a la casa construida por su amigo (La edificaste como una Alhambra, -entre la higuera y entre la vid [...]), como demuestran los siguientes versos que recogió la prensa:

Con las herrumbres, con los espinos,
con los hallazgos que hace el azar,
las viejas cosas de obscuros sinos,
y con las piedras de los caminos,
y los yesones del clavijar
has amasado tu excelso alcázar
con las herrumbres, con los espinos,
con los hallazgos que hace el azar.
Le has amasado –pan de ternura-
(pan de ternura: pan de dolor)
de tu reposo, de tu sudor,
de tu demencia, de tu cordura,
la vida ha sido la levadura.
con la constancia del soñador
le has amasado – pan de ternura-
(pan de ternura: pan de dolor).

Como suele ocurrir con rumores infundados y sensacionalismos, el paso del tiempo y la aparición de nuevos bulos fueron sumiendo nuestro caso en el olvido. El desarrollo urbanístico y la piqueta hicieron el resto, borrando todo vestigio de la finca. Y hoy, en Peña Grande, como veremos a continuación, no queda nada que recuerde lo sucedido aquel mes de noviembre de 1935.

La localización de la casa.
No ha sido fácil dar con el lugar donde se levantaba la casa de la familia Passapera. En los artículos de prensa de la época no aparecía ningún dato de localización (dirección, etc.); tan solo se mencionaba que la finca se encontraba en un montículo al lado de la vía del tranvía. Quien conozca Peña Grande y el trazado del antiguo tranvía convendrá enseguida que con estos datos no basta, pues la antigua vía del tranvía deja a su derecha una ladera a lo largo de todo su recorrido por la actual c/ de Joaquín Lorenzo. La inspección in situ, recorriendo las calles de Peña Grande y preguntando a algún antiguo vecino, también resultó infructuosa: no había ningún rastro de la misteriosa casa. Por último, la búsqueda de una relación entre la familia propietaria y Peña Grande tampoco daba resultado: los artículos sobre el caso hablaban erróneamente de la familia Pasapera, cuando en realidad resultó ser Passapera.

Tras mucho releer, hallamos por fin el dato que nos guió. En uno de los reportajes de prensa sobre el suceso, se mencionaba que uno de los miembros de la familia había dirigido el Centro Espiritualista Español y, por suerte, dimos con un artículo de 1931 sobre dicho centro en el que, ahora sí, aparecía el nombre correcto: José Passapera Fuertes.

Con estos datos, a continuación encontramos la esquela de José Passapera, que no publicamos para no resultar irrespetuosos. Allí se mencionaba que falleció en 1968 en su finca “La Esperanza” de Peña Grande. Afortunadamente, en nuestros archivos teníamos copia de algunos números de la antigua revista editada por la Asociación de Fomento de Peña Grande (entre 1928 y 1951). En uno de ellos, de 1950, topamos con el siguiente anuncio:


La casa no dejaba lugar a dudas y por fin aparecía una dirección: Ramón y Cajal, 5. Según el callejero municipal, esta calle pasó a denominarse Islas Nicobar en 1953 y desapareció en 1991, con la reparcelación iniciada a finales de los 80 para la apertura de la continuación de la Avenida de la Ilustración a su paso por Peña Grande. Pero allí estaba otra vez la revista de Asociación de Fomento, con un plano parcelario de 1930, para sacarnos del atolladero.


Trasladarlo al plano actual resultó sencillo, como puede apreciarse en las vistas aéreas que mostramos a continuación. La parcela, que limitaba al noroeste con el arroyo de La Veguilla, lo hace actualmente con la c/ Ramón Castroviejo y la continuación de la M-30 / Avda. de la Ilustración. Y al este, que limitaba con Ramón y Cajal (o Islas Nicobar), al desaparecer la calle lindaría ahora con otros edificios de viviendas con entrada por la c/ Isla Malaíta. Donde estuvo la Granja La Esperanza se encuentra hoy día un edificio nuevo de viviendas y la piscina de otro, ajenos a todo el revuelo que un día se armó a su alrededor.

(Planos: Ortofotomapa Comunidad 1975 y Ortofotomapa Comunidad 2011; Planea CM)

Vista desde la esquina de Isla Malaíta con Joaquín Lorenzo, donde puede apreciarse la pendiente del montículo donde estuvo la Granja La Esperanza.
(Foto: A. Morato, 2012)

Guerra Civil: el Batallón de Acero en la Dehesa de la Villa

8 de febrero de 2012

Escenas de la Guerra Civil: el Batallón de Acero del 5º Regimiento de Milicias Populares desfilando por la calle Francos Rodríguez y la Dehesa de la Villa.

La Dehesa de la Villa tuvo un papel relevante como escenario de la Guerra Civil: su posición elevada sobre los cercanos frentes de la Ciudad Universitaria y de la Carretera de La Coruña, hizo de ella un punto estratégico en la línea defensiva de Madrid; las numerosas checas y locales de comités diversos existentes en sus alrededores la utilizaron como lugar preferente para “paseos”; su proximidad al colegio de los Salesianos de Estrecho, sede del cuartel general del Quinto Regimiento, la convirtió en lugar de instrucción y maniobras…

Ya hemos mencionado en este blog los restos que de aquella época perduran (fortines, trincheras, cuevas de armas…); también se ha comentado de pasada los bombardeos de que fueron objeto el actual IES Virgen de la Paloma y el Grupo Escolar Francisco Giner y cómo el desarrollo de la contienda afectó a ambos centros; incluso hemos visto cómo recientemente se encontraba un trozo de metralla en el tronco de un pino talado. Es nuestro propósito ir, poco a poco, desgranando los diferentes episodios de la Guerra Civil en la Dehesa de la Villa, tal como hacemos hoy con en este artículo sobre el Batallón de Acero.

Banderín de la 2ª Compañía de Acero, en el patio de los Salesianos de Estrecho, sede del cuartel general del 5º Regimiento.
(Foto: Almazán; Estampa, 1936; Hemeroteca BNE)

No es nuestra intención realizar un pormenorizado estudio del Quinto Regimiento ni de sus Compañías de Acero. Existen para ello otras fuentes más especializadas, muchas de ellas fácilmente accesibles por Internet (publicaciones, foros, blogs…). Permítasenos, no obstante, una síntesis para situar las fotografías del desfile en el contexto en el que fueron tomadas.

El 5º Regimiento de Milicias Populares.
Se constituyó en los primeros días la Guerra Civil. Según el diario Milicia Popular, que se editaba en el propio Quinto Regimiento, comenzó a organizarse el mismo día de la toma del Cuartel de la Montaña. Una de las varias letras atribuidas a su himno sitúa su fundación el mismo 18 de julio (“El dieciocho de julio / en el patio de un convento / el partido comunista / fundó el Quinto Regimiento…” -como hemos mencionado más arriba, el mencionado convento es el de los Salesianos de Estrecho, donde se estableció la Comandancia-). Otras fuentes lo sitúan el 19 de julio y citan una reunión presidida por los comandantes Carlos, Castro, Barbado y Heredia, y algunos miembros del Partido Comunista, como Dolores Ibárruri (Pasionaria), José Díaz y Francisco Antón.

El 5º Regimiento no fue sólo un cuerpo militar de voluntarios. En palabras de Vittorio Vidali (alias Carlos Contreras, Comandante Carlos), Comisario Político y uno de sus organizadores: “Instrucción militar, escuela de guerra; intendencia, administración, sanidad, talleres de reparaciones, transportes; fábricas de bombas y municiones; escuelas de enfermeras, asilos para los niños de los combatientes; organización de guerrilleros y artilleros; trabajos de enlace con las autoridades, con los partidos, con las organizaciones; periódicos murales, diarios, semanarios y muchas otras publicaciones; fiestas, conciertos; relaciones con toda España y con los otros países del mundo; ayudas concretas a otros batallones y regimientos, organización de cuarteles; propaganda entre las filas enemigas, en todos los frentes y en todas las retaguardias; puertas abiertas y hospitalidad a poetas, escritores, periodistas, pintores, escultores, a delegaciones y a voluntarios extranjeros: todo esto fue el 5º Regimiento”.

Taller de zapatería del Regimiento.
(Foto: autor desconocido; Milicia Popular, 1936; Biblioteca Virtual Prensa Histórica)

Su vida como cuerpo independiente fue corta, apenas seis meses. En enero de 1937 se disuelve integrándose en el Ejército Popular. Para entonces, algunas fuentes estiman que contaba con alrededor de 139.000 hombres (70.000 milicianos según las propias estadísticas del Regimiento), repartidos y encuadrados en los frentes de Madrid, Extremadura, Andalucía y Aragón.

A la izquierda, cartel de alistamiento (Aníbal Tejada, 1936).
A la derecha, cartel explicativo de la incorporación del 5º Regimiento al Ejército Popular (Garay, 1937).
(Centro Documental de la Memoria Histórica)

Las Compañías y el Batallón de Acero del 5º Regimiento.
Las compañías de Acero fueron las primeras unidades organizadas por el 5º Regimiento. La idea de su creación partió de Enrique Castro, comandante general del Regimiento en aquellos primeros días. A la llamada de reclutamiento acudieron miles de voluntarios. Se seleccionaron trescientas personas (incluyendo varias milicianas) en función de su aptitud física, manejo del fusil, la ametralladora y bombas de mano. La mayoría de ellos eran jóvenes de entre veinticinco y treinta años. Tras una semana de entrenamiento y disciplina ya estaban listos para partir a luchar al frente.

Arriba, los comandantes Castro y Barbado posan en el patio de los Salesianos de Estrecho (obsérvese el soportal al fondo, que continúa tal cual en la actualidad). Debajo, sus correspondientes caricaturas publicadas en el diario del 5º Regimiento.
(Foto: Almazán; Estampa, 1936; Hemeroteca BNE)
(Dibujos: autor desconocido; Milicia Popular, 1936; Biblioteca Virtual Prensa Histórica)

Nada mejor para describir el propósito de estas unidades que recurrir al diario del 5º Regimiento. Allí se dice que son “compañías de choque. Su acción es casi siempre ofensiva, de ataque. Su capacidad de movilización debe ser siempre desarrollada al más alto grado. Los elementos que la componen deben conocer no sólo el manejo del fusil, sino también de la granada, de la dinamita, del machete y tener algunos conocimientos de la ametralladora. La lucha cuerpo a cuerpo, la penetración en el campo enemigo para realizar acciones especiales, la guerrilla, son métodos de lucha normales de esta compañía. Es una unidad en sí misma. Tiene sus secciones de ametralladoras y de fusiles-ametralladoras, su ambulancia, su sección de enlace, etc.”. Además, contaba con otra sección de bombas de mano, escuadra de gastadores y banda de tambores y cornetas.


A la izquierda, letra del himno de las Compañías de Acero tal como se publicó en Milicia Popular, el diario del 5º Regimiento.
Sobre estas líneas, versión cantada del himno con una letra algo diferente. (Vídeo: Superantolin; Youtube)






















Ante el éxito que tuvo la primera compañía de Acero, inmediatamente comenzaron a organizarse las siguientes. No resulta fácil identificar cuántas Compañías de Acero llegaron a formarse dentro del 5º Regimiento. Unas fuentes hablan de ocho, algunas de once y otras llegan a mencionar hasta doce Compañías distintas. Adicionalmente se formó un Batallón de Acero con restos escogidos de compañías que se fusionaban con otras fuerzas, en concreto, con la Segunda y Quinta Compañías de Acero, a las que posteriormente se unirían la Octava y la Duodécima. Las Compañías de Acero se distinguieron en los combates de la sierra de Guadarrama, Cercedilla, Peguerinos, Somosierra, Toledo, Talavera, Carabanchel, San Mamés y Navarredonda; por su parte, el Batallón de Acero, en los de Peguerinos, Guadarrama, Boadilla del Monte y Usera.

Miliciana del Batallón Acero haciendo instrucción en el patio del Cuartel de la c/ Francos Rodríguez.
(Foto: Almazán; Estampa, 1936; Hemeroteca BNE)

En cualquier caso, no tuvieron mucha continuidad como unidades independientes. A partir de agosto del 36 la Comandancia del 5º Regimiento decide cerrar las inscripciones para las Compañías de Acero, formar con ellas una selección de elementos del frente e integrarlos en unidades mayores (batallones o brigadas). Por su parte, el Batallón de Acero comienza por entonces a organizarse como Brigada de la Victoria, al mando de los comandantes del 5º Regimiento. Aún así, algunas compañías de Acero permanecerían autónomas algún tiempo más; incluso, de las que se integraron en unidades mayores es fácil encontrar referencias específicas a ellas en sus intervenciones en batallas posteriores.

Añadiremos que entre los reclutados por las Compañías de Acero se encontraban numerosos alumnos de La Paloma. Uno de ellos, Domingo Malagón, artista y significado activista del Partido Comunista en la clandestinidad de la posguerra, así lo indica en varios de sus testimonios: “En La Paloma ya habíamos decidido por nuestra cuenta incorporarnos al 5º Regimiento en el que se estaban formando las Compañías de acero. Todas las mañanas nos juntábamos un grupo de voluntarios para hacer instrucción. […] Un día de septiembre entramos en formación en el 5º regimiento uniformados con los monos azules de los talleres de La Paloma. […] Avanzando Francos Rodríguez adelante, la gente aplaudía a nuestro paso. ¡Son los chicos de La Paloma! Causó asombro la aparición de aquella cuadrilla de mocosos. Alguno no tenía más de 15 años, pero todos querían aparentar de 17 para arriba, que era la edad mínima exigida para ser admitido. El patio de los Salesianos hervía de actividad: gente haciendo instrucción, voluntarios preparando su inminente salida, nervios, voces que se amontonaban unas sobre otras y nosotros allí en medio, con las mantas enrolladas al estilo miliciano. Al poco tiempo se nos adjudicó el mando. […] Constituiríamos la 8ª Compañía de Acero. En poco tiempo, las circunstancias mandaban, nuestro grupo estuvo en disposición de acudir al frente”.

El desfile del Batallón de Acero por la Dehesa de la Villa.
Los “Aceros”, como popularmente se les conocía, gozaban de gran popularidad y se exhibían frecuentemente en desfiles por las inmediaciones del cuartel y por las calles de Madrid, sobre todo antes de marchar para el frente o a su regreso.

Caricatura de un “Acero”. La propaganda los describía como “el embrión de disciplina y unidad moral que debe hacer del nuevo ejército un ejército popular, moderno y disciplinado. La flor de los héroes, disciplinados y heroicos, brillantes de entusiasmo y de ardor combativo. Rostros fuertes, actitudes enérgicas, la mirada perdida en la lejanía refleja la firme voluntad: vencer o morir”.
(Dibujo: autor desconocido; Milicia Popular, 1936; Biblioteca Virtual Prensa Histórica)

En el Archivo Rojo encontramos, fotografiado por Albero y Segovia, un reportaje gráfico sobre uno de estos desfiles. A través de las imágenes, hemos podido reconstruir parte de su recorrido, desde el cuartel en los Salesianos de Estrecho hasta la misma Dehesa de la Villa. Investigando un poco más, encontramos una de esas fotos de Albero y Segovia publicada en un artículo de ABC (30-julio-1936), lo que nos permite situar la fecha exacta del desfile, el 29 de julio, y cuyo relato reproducimos a continuación como complemento de las imágenes.

El desfile fue una prueba más, una de las innumerables pruebas del entusiasmo del pueblo de Madrid […]. Aceras cubiertas de público ganado por la emoción, balcones rebosantes de mujeres que prodigan sus aplausos a los bravos defensores de la Libertad; vivas a los valientes y a la España republicana. Forman la brigada de Acero unos 400 hombres, al frente de los cuales marchan ocho o diez muchachas sobre las que cayó una verdadera lluvia de requiebros, galas del ingenio de Madrid. Tanto los bravos milicianos como las muchachas visten el mono azul, portan el correaje completo con las correspondientes cartucheras, llevan pendiente del cinto el machete y van armados con fusiles. Al frente de los bravos milicianos marcha una escuadra de gastadores, a la que seguía una banda de música que hacía estallar en aplausos a la muchedumbre que presenciaba el desfile. La brigada desfiló primero por varias calles de Madrid, pasó por el Palacio Nacional y, en correcta formación hizo su entrada en la Puerta del Sol poco después de las ocho de la noche. El entusiasmo del público en aquel momento es indescriptible. A los milicianos se agregó el numeroso público y, entre vivas y aclamaciones entraron en la calle de Alcalá que recorrieron hasta el ministerio de la Guerra donde entró un grupo de oficiales. Poco después salieron los oficiales acompañados por el ministro de la Guerra que revistó las fuerzas y felicitó a los jefes por la perfecta organización y disciplina. De nuevo se puso en marcha la brigada para recorrer diversas calles hasta llegar a su alojamiento, sito en la calle Francos Rodríguez, donde está instalada la Comandancia del Quinto Regimiento de las Milicias Populares”.

1. El patio del Cuartel en los Salesianos de Estrecho.

El Batallón de Acero a su salida del Cuartel de los Cuatro Caminos”.
(Foto: Albero y Segovia, 1936; Archivo Rojo)

El patio de los Salesianos de Estrecho está muy cambiado en la actualidad y no hemos podido reconocer los edificios que aparecen al fondo. Pero como lugar de instrucción del 5º Regimiento, fue fotografiado en numerosas ocasiones durante los primeros meses de la Guerra Civil. Como muestra, las dos fotografías siguientes, tomadas prácticamente desde el mismo sitio y con el mismo ángulo.

(Foto: autor desconocido; Milicia Popular, 1936; Biblioteca Virtual Prensa Histórica)

(Fotograma del documental Paracuellos en la Memoria, TVE)

2. Estrecho - Francos Rodríguez.

Batallón de Acero: Desfile”.
(Foto: Albero y Segovia, 1936; Archivo Rojo)

La fotografía está tomada delante de una de las actuales puertas de acceso, la que está situada entre las de entrada a la iglesia y al colegio. A la izquierda, puede verse uno de los ábsides laterales de la iglesia S. Francisco de Sales. En la siguiente imagen, el mismo escenario en la actualidad: la tapia y la entrada están cambiadas pero el ábside no deja lugar a dudas.

(Foto: A. Morato, 2012)

3. Francos Rodríguez - Villaamil.

Batallón de Acero: Desfile”.
(Foto: Albero y Segovia, 1936; Archivo Rojo)

Calle Francos Rodríguez, mirando hacia Lope de Haro, más o menos a la altura de los números 25, acera impares, y 44, acera pares. Al lado del tranvía, se ve un arco, el bajo del número 42; en la actualidad es un bar restaurante y antiguamente fue una vaquería. Continuando por esa acera, está la esquina con Villaamil, actualmente ocupada por el bar La Pampa. En la esquina de enfrente, detrás del tranvía, está la entrada a Lope de Haro, antiguamente Covadonga; el edificio alto que se ve, hoy derruido, estuvo ocupado por la cafetería Los Andes hasta sus últimos días. Como curiosidad, véase la siguiente fotografía: mismo escenario, un poco más cerca de la esquina con Villaamil y Lope de Haro; por no faltar, no falta ni el tranvía.

Un tranvía de la CMU con destino Dehesa de la Villa en Francos Rodríguez esquina a Villaamil”.
(Foto: autor y fecha no especificado; colección Manuel Cayola; Historias Matritenses)

Y, a continuación, el mismo sitio en la actualidad.

(Foto: A. Morato, 2012)

4. La Dehesa de la Villa.

El Batallón de Acero haciendo ejercicios en la Dehesa de la Villa”.
(Foto: Albero y Segovia, 1936; Archivo Rojo)

En este caso, el título de la foto no deja lugar a dudas. Se trata de la Curva del Peralte, la anterior a la Curva de la Muerte, según se sube por la antigua carretera de la Dehesa dirección La Paloma. A continuación, una foto actual tomada prácticamente desde el mismo sitio.

(Foto: A. Morato, 2012)

5. ¿La Dehesa de la Villa?
De estas dos últimas fotografías que incluimos a continuación, no podemos tener la certeza de que se trata de la Dehesa, al carecer de elementos de identificación. A pesar de ello, el hecho de que pertenecen a la misma serie que las anteriores, además del paisaje, nos permite aventurar que, casi con toda seguridad, están tomadas también en la Dehesa. Agradeceremos, por parte de nuestros lectores, cualquier comentario que ayude a confirmar o refutar nuestra hipótesis.

Corneta del Batallón de Acero”.
(Foto: Albero y Segovia, 1936; Archivo Rojo)
Pasionaria revistando las tropas del Batallón Acero”.
(Foto: Albero y Segovia, 1936; Archivo Rojo)

Nota: agradecemos a Ricardo Márquez y el equipo de Historias Matritenses el permiso para publicar la foto del tranvía de la CMU en Francos Rodríguez.

Bibliografía:
- Asenjo, M. y Ramos, V. (2008): Malagón: autobiografía de un falsificador
- Machado, A. (1938): El Quinto Regimiento del 19 de julio
- Milicia Popular – Diario del 5º Regimiento de Milicias Populares (julio 1936 – enero 1937)
- Montoliú, P. (1999): Madrid en la Guerra Civil: los protagonistas (Volumen II)
- Pérez, Carlos A. (1996): El Quinto Regimiento de Milicias Populares
- S.B.H.A.C (Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores): El 5º Regimiento de Milicias Populares - Introducción; El 5º Regimiento de Milicias Populares - Unidades

La transformación parcial de la Dehesa de la Villa en parque urbano, 1969 – 1974

30 de junio de 2011

Sobre las primeras grandes obras de ajardinamiento de la Dehesa de la Villa y otras actuaciones realizadas entre 1969 y 1974.

Unas fotografías sin fecha ni localización cedidas por Isabel González, responsable de la Unidad de Parques Históricos y Especial Protección del Ayto. de Madrid, (entidad gestora de la Dehesa), suscitaron nuestra curiosidad: tras estudiarlas e investigar en hemerotecas y archivos, llegamos a la conclusión de que se trataba de imágenes de las obras de transformación de la Dehesa realizadas a finales de los años 60 y principios de los 70, en las que se llevaron a cabo diferentes trabajos de remodelación y ajardinamiento (escaleras, muretes de contención, zonas de césped, conducciones de agua, paseos, barandillas...).

El tema nos pareció de interés para este blog pues si bien la Dehesa de la Villa ha sufrido con posterioridad numerosos proyectos y obras de urbanización y ajardinamiento, esas primeras actuaciones convirtieron la Dehesa en el paraje mixto que es hoy en día, con zonas de parque y zonas de bosque, configurando, en gran medida, el aspecto que actualmente presenta.

Imagen de la Dehesa recién terminadas las obras donde pueden observarse los muretes, las escaleras, las barandillas de madera y las zonas de césped
(Foto: autor no especificado, Villa de Madrid, 1970; Memoria de Madrid)

Propósito y justificación del proyecto.
Según consta en el expediente de las obras consultado en el Archivo de Villa, la Dehesa, que acababa de ser acotada por el Ayto. de Madrid en enero de 1968 (con los mojones de granito que actualmente pueden contemplarse en diferentes lugares de la propia Dehesa y las colonias de la Policía y Valdezarza), presentaba grandes deficiencias y carencias: taludes de pendientes pronunciadas que implicaban gran riesgo de erosión y peligro para los visitantes; numerosas zonas despobladas, repletas de cárcavas y agujeros; ausencia de instalaciones y mobiliario para el esparcimiento de los vecinos, etc.

Imagen de la carretera de la Dehesa de la Villa antes de las obras. A la izquierda puede apreciarse uno de los taludes a que hacíamos referencia.
(Foto: S. Yubero, 1954; Archivo Regional CAM)

Se justificaba así la necesidad de un “adecentamiento y embellecimiento de este Parque, que es uno de los más extensos y frecuentados por el vecindario de Madrid”. El proyecto, a cargo de la Dirección de Parques y Jardines, contemplaba diferentes actuaciones de mejora: suavización, ajardinamiento y protección de los taludes con barandillas; instalación de riego para atender las zonas verdes; colocación de “fuentes de beber ya que no existe más que una”; creación de paseos y escaleras que faciliten al público el desplazamiento por el parque; establecimiento de miradores “para que el público pueda contemplar las deliciosas vistas que desde allí se divisan”; instalación de juegos infantiles y zonas deportivas en las explanadas; dotación de mobiliario (mesas-banco, bancos, papeleras)... todo ello con el propósito, al mismo tiempo, de “conservar íntegramente el aspecto rústico forestal del Parque”.

La financiación de las obras se realizó con cargo a los fondos de la Junta Administradora del Recargo de la Décima para la prevención del paro obrero, a los que se destinaba el 10% de la contribución rústica como medida para la lucha contra el paro. Durante los años 60, a pesar del “desarrollismo” el desempleo se había duplicado y era frecuente que se realizaran obras públicas con cargo a estos fondos para tratar de paliarlo. De ahí que en el expediente de obras de la Dehesa, junto con la firma de Arias Navarro, alcalde de Madrid por aquel entonces, se diga que debe “certificarse que el 50% [del presupuesto], como mínimo, se destina a mano de obra”.

El proyecto se dividió en varias fases. Las dos primeras, las más importantes, tuvieron lugar entre 1969 y 1970, extendiéndose posteriormente hasta 1974 con otras dos fases y actuaciones menores.

Vistas aéreas comparativas de la Dehesa a mediados de los años 60 y en 2010. En azul, el perímetro aproximado de la zona de actuación de la Fase I; en amarillo, el de la Fase II.
(Mosaico ortofotomapas 1961-67 y Ortofotomapa Madrid capital 2010; Planea CAM)

I Fase.
La primera fase de las obras, con un presupuesto de 1,2 millones de pesetas, comenzó en julio de 1969. La actuación tenía un carácter forestal y se centró en la zona que bordea la antigua carretera entre Francos Rodríguez y Puerta de Hierro (en aquel entonces, carretera M-600). Dicha zona se encontraba muy erosionada, con taludes de gran pendiente y cárcavas profundas. La vegetación, escasa, estaba formada predominantemente por matorrales y malas hierbas.

Se suavizaron las pendientes de los taludes, para lo cual hubo que remover más de 40.000 m3 de tierra. Asimismo, se construyeron muros de contención, con adoquín de cara vista pulimentada y rematados con piedras calizas para no alterar el aspecto rústico de la zona. Al cambiar las pendientes de los taludes, algunos árboles resultaron afectados, quedando sus raíces expuestas al aire. Para protegerlos, se construyeron pequeños muros, iguales a los anteriores, que además de proteger las raíces servían para contener las tierras.

Para fijar las tierras, se plantaron arbustos ornamentales y se sembraron de césped todos los taludes; en total, unos 9.500 m2.

En la zona de la Curva de la Muerte, se crearon rocallas con plantas vivaces, arbustos y distintas variedades de coníferas bajas, para darle colorido.

Fotografía de las obras en la zona de la Curva de la Muerte, donde pueden observarse los muros de contención de taludes y los muretes de protección de los árboles. Nótese igualmente el camino ancho de arena que asciende por la ladera. Como puede comprobarse en el plano aéreo de 1961-67, corresponde a la prolongación de Francos Rodríguez que, por aquella época, cruzaba por mitad de la Dehesa.
(Foto: autor desconocido, entre 1969-70; cedida por I. González)

En la parte alta de los taludes se adecuó el paseo a lo largo de los 750 m colindantes con la carretera, y se instalaron talanqueras rústicas de madera como protección. El paseo se culminó con el mirador que actualmente todos conocemos.

Imagen de uno de los quioscos que había alrededor del nuevo paseo paralelo a la antigua carretera. Al fondo, a la izquierda, pueden apreciarse las barandillas de madera.
(Foto: autor desconocido, entre 1969-70; cedida por I. González)

Adicionalmente, se crearon otros paseos, en los que se procuró no recargar demasiado la jardinería y respetar el carácter forestal de la Dehesa. Los trabajos se completaron con una red de riego (1.400 m de tuberías y 57 bocas de riego), y la instalación de 100 mesas-bancos, 200 bancos de medio tronco además de otro mobiliario urbano (papeleras, fuentes, juegos infantiles, etc.).

Fotografía de uno de los nuevos paseos realizados en la Fase I, donde puede apreciarse la coexistencia de zonas ajardinadas con zonas forestales y las nuevas barandillas de madera instaladas. Resulta curioso igualmente el cartel de prohibición de paso de caballos: ¿tantos pasarían que hubo que prohibirlo?
(Foto: R.M. González Martínez, 1971; Archivo fotográfico CAM)

II Fase.
La segunda fase de actuación, con un presupuesto de 2,6 millones de pesetas, se desarrolló en la parte posterior de La Paloma y la Colonia de la Policía, lindando con las actuales calles Alcalde Martín de Alzaga y Antonio Machado. Como curiosidad, diremos que, por aquel entonces, Martín de Alzaga hacía sólo unos meses que se denominaba así y era todavía más conocida por su antiguo nombre de Camino del Quemadero; por su parte, Antonio Machado no existía como tal calle, sino como el trazado de la línea de tranvías y Camino a Peña Grande.

En esta zona, el terreno era diferente al de la Fase I, pues se encontraba completamente desprovisto de arbolado. No obstante, al igual que en la zona anterior, abundaban los taludes pronunciados y enormes socavones, en este caso llenos de escombros, seguramente provenientes de la construcción de las colonias de la Policía y Valdezarza que había comenzado unos años antes.

Como ya ocurrió en la zona forestal, los trabajos requirieron grandes movimientos de tierras para suavizar los taludes y en las zonas despobladas se hizo una plantación de alrededor de 5.000 árboles.

En general, se transformó toda la zona en un gran parque público: se crearon rodales con plantas de monte olorosas (tomillo, lavándulas, jaras, romero, etc.) y diversas especies de vivaces, se crearon paseos con macizos de césped en los que se insertaron manchas de flor; se construyeron escaleras rústicas y muros de contención, etc.

Imagen de las obras de la Fase II recién terminadas, donde pueden apreciarse los paseos reformados, los árboles recién plantados y una de las papeleras instaladas. La esquina del edificio que aparece en primer término, a la derecha, corresponde a la torre, hoy enfoscada de blanco, que hace esquina con la calle Artajona. La vía asfaltada entre la torre y el camino de arena es la calle Martín de Alzaga.
(Foto: autor desconocido, entre 1969-70; cedida por I. González)

Al mismo tiempo, se trató de mantener algo del carácter forestal del conjunto de la Dehesa, para lo que se plantaron grandes pinos y árboles de sombra (arces, plátanos, olmos, chopos, arizónicas...).

Otra imagen de las obras, en estado menos avanzado, correspondiente a la zona más forestal de la Fase II (parte trasera de La Paloma y la colonia de la Policía).
(Foto: autor desconocido, entre 1969-70; cedida por I. González)

Al igual que en la zona de la Fase I, se instaló riego (más de 1.600 m de tuberías y 59 bocas de riego) y mobiliario urbano (bancos rústicos, bancos-mesas, papeleras, juegos infantiles...).

Parque infantil instalado en la planicie entre Antonio Machado y la tapia de La Paloma, que puede intuirse a la izquierda de la imagen. Los aparatos, de hierro, no cumplirían ninguna de las normativas de seguridad para parques infantiles vigentes hoy en día, pero seguro que muchos de nuestros lectores recordarán haber jugado en ellos...
(Foto: R.M. González Martínez, 1971; Archivo fotográfico CAM)

En total, entre las dos zonas se instalaron 12 fuentes y 139 aparatos de juegos infantiles. Asimismo, se niveló un campo de fútbol existente (creemos que el actual campo de S. Federico) que fue cercado por una barandilla metálica.

Diversas imágenes que nos muestran todos los cambios introducidos en la Dehesa recién terminadas las obras.
Arriba: a la izquierda, el paseo paralelo a la antigua carretera, en el que puede verse uno de los nuevos bancos, las barandillas de madera y una fuente. A la derecha, el mirador sobre la Curva de la Muerte, con las barandillas y bancos.
Debajo: izquierda, otro de los aparatos de juegos infantiles. En el centro, panorámica de la esquina de las calles Alcalde Martín de Alzaga y Antonio Machado; las escaleras son las mismas que existen actualmente enfrente de la calle Artajona. A la derecha, una mujer haciendo punto en una de las nuevas mesas-banco y, delante, una de las papeleras.
(Fotos: S. Yubero, 1970; Archivo Regional CAM)

Actuaciones posteriores.
Aunque concluidas unos meses antes, las obras de estas dos primeras fases se inauguraron oficialmente el 18 julio de 1970 (nótese la coincidencia con la festividad del Alzamiento Nacional). Con posterioridad, se desarrollarían las fases tercera y cuarta (entre 1971 y 1974, con un presupuesto de casi 4 millones de pesetas cada una) y la instalación de alumbrado en las zonas ajardinadas (1974, con presupuesto de 1,3 millones de pesetas).

También como parte del proceso de remodelación, el Ayuntamiento dictó una orden en 1972 para que los merenderos fueran remozados, quizá porque su imagen no encajaba con el nuevo look de la Dehesa. Su aspecto cambió enormemente, pasando a ser de madera y con un aire más moderno.

A la izquierda, imagen de uno de los merenderos típicos que había instalados en la Dehesa antes de la remodelación. (Foto: autor desconocido, entre 1969-71; cedida por I. González)
A la derecha, aspecto de uno de los nuevos quioscos conforme a la nueva normativa. (Foto: Luis Ramírez, 1972; ABC)

Para concluir, insertamos una fotografía de la misma serie de las obras que no hemos sido capaces de ubicar. Agradeceremos a nuestros lectores cualquier pista que nos proporcionen sobre el lugar de la Dehesa en el que pudo haber sido tomada.

(Foto: autor desconocido, entre 1969-70; cedida por I. González)

¿Tienes fotografías antiguas de la Dehesa y sus alrededores?
Si tienes alguna fotografía antigua de la Dehesa o alrededores y quieres que la publiquemos, o si desconoces dónde está tomada y quieres que te ayudemos a situarla, envíanos un mensaje a través de nuestro formulario de contacto.

Bibliografía:
- Nachón, M. L. (1970): Transformación de la Dehesa de la Villa

Fotografías antiguas: ovejas en la Quinta de los Pinos, 1958 (Cont.) – José Luis Berzal

28 de abril de 2011

Más fotografías antiguas de José Luis Berzal, realizadas en1958 en los alrededores de la Quinta de los Pinos, en terrenos que fueron de la histórica Dehesa de Amaniel.

Una de las mayores satisfacciones de publicar en este blog es recibir los comentarios de agradecimiento de los lectores porque alguno de los artículos les ha traído buenos recuerdos de otras épocas, les ha resultado útil, ha despertado su curiosidad por algún motivo, o simplemente para reconocer el esfuerzo realizado. Pero la satisfacción es, si cabe, mayor cuando alguien contacta con nosotros ya sea para colaborar en forma de artículos, para transmitirnos recuerdos y testimonios, para cedernos fotografías o documentos antiguos... que es lo que nos ha sucedido recientemente.

José Luis Berzal posa delante de uno de sus
retratos, "El pastor de Alcobendas", de 1975.
(Foto: Madrid, Villa y Corte)
En octubre de 2010 publicábamos el artículo Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958, en el que a partir de dos fotografías encontradas en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid hacíamos un estudio pormenorizado para localizar el sitio exacto donde fueron tomadas, que resultó ser en las inmediaciones de la Quinta de los Pinos, en terrenos que fueron de la histórica Dehesa de Amaniel.

Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, tras ver sus fotos publicadas en nuestro blog, el autor, José Luis Berzal, contactó con Adolfo Ferrero, vicepresidente de la Asociación, para además de hacerse socio de los Amigos de la Dehesa, ofrecernos más imágenes de su colección. Para nuestra sorpresa, resultó que José Luis es todo un artista de la fotografía que a lo largo de más de 50 años ha ido recogiendo con su cámara la vida diaria de muchos lugares de Madrid, incluso los más recónditos, especialmente de la barriada de Tetuán, donde nació, y de la Dehesa de la Villa y sus alrededores.

Quedamos enormemente agradecidos a José Luis por las imágenes que nos ha cedido y que iremos publicando en nuestro blog en próximas entregas.

¿Quién es José Luis Berzal?
José Luis Berzal nace en Madrid un 18 de septiembre de 1930 en la calle Beire 18, en plena barriada de Tetuán (Cuatro Caminos / Bellas Vistas). Inició su vida laboral como aprendiz en un taller de ebanistería y, tras un año y medio, deja las maderas para entrar a trabajar como botones en el entonces Banco Hispanoamericano. Durante 47 años desarrolló allí su labor como bancario, teniendo conciencia muy clara de que era la manera de obtener unos ingresos que le proporcionasen una vida familiar sin sobresaltos y poder así dedicarse y llegar a ser lo que en realidad es, un artista.

A lo largo de su vida, ha realizado numerosos estudios artísticos: Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Madrid; Escuela Nacional de Artes Gráficas; Real Sociedad Fotográfica de Madrid; Escuela Técnica de Alta Fotografía (ETAF); estudios de pintura con los maestros Pedro Marcos Bustamante, Eduardo Peña y Ángel Aragonés, etc.

Su obra fotográfica ha sido objeto de varias exposiciones, tanto colectivas (Ayuntamientos de Cerceda, El Boalo, Mataelpino; Asociación de Amigos del Arte y de la Historia; Archivo Fotográfico de la CAM en el Canal de Isabel II: "Madrileños, un álbum colectivo", para el que donó más de 100 fotografías; etc.) como individuales (“Imágenes para el recuerdo”, Centro Cultural Eduardo Úrculo; “Imágenes para el recuerdo: El retrato”, Academia Artium; “Simetrías”, Academia Artium; Concejalía de Tetuán: Día del Niño; Estudio Peña; Real Automóvil Club; etc.). Pero también ha acudido a otras exposiciones con dibujos basados en temas fotográficos, o con dibujos en tinta china basados también en composiciones fotográficas.

Carteles anunciadores de las últimas exposiciones de José Luis Berzal, realizadas en septiembre 2010 y febrero 2011.

Ha participado en numerosos concursos, salones, certámenes de fotografía, tanto nacionales como internacionales, obteniendo diversos primeros premios, premios de honor, medallas de oro, etc.

Nada resume mejor la calidad de su obra que las palabras con las que el profesor de literatura Juan Antonio Cansinos introducía la exposición “Imágenes para el recuerdo”, que José Luis Berzal celebró en el Centro Cultural Eduardo Úrculo en 2010: “Me viene a la memoria una frase de Miguel Hernández: ‘Se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía’. Hay que ser un gran poeta para definir el paso del tiempo de esta manera. Berzal expresa lo mismo no con versos sino con imágenes fotográficas, incluso con retratos. Porque para él una lágrima y una fotografía son los más puros sentimientos que pueden emanar del corazón humano”.

Y ya sin más dilación, iniciamos la publicación de las fotos de José Luis Berzal. En la entrega de hoy completaremos la colección que sobre las ovejas en los alrededores de la Quinta de los Pinos iniciamos en octubre del año pasado.

Ovejas en los alrededores de la Quinta de los Pinos, cerca de la Dehesa de la Villa, 1958.
Las fotos que se incluyen a continuación se reproducen con la autorización por parte del autor a la Asociación Cultural Amigos de la Dehesa la Villa; cualquier uso posterior por terceros deberá ser aprobado expresamente por el autor.

Original de una de las fotos que publicábamos en el artículo Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958 y que dio pie a que José Luis Berzal contactara con nosotros. Como ya indicábamos allí, la foto se tomó en la por entonces denominada Vega o Valle de Amaniel, en las estribaciones de la Quinta de los Pinos, hoy en día inicio del Paseo de Juan XXIII junto a la Avda. Pablo Iglesias.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

La Vega de Amaniel que comentábamos en la foto anterior, ascendiendo por la ladera derecha hacia la Quinta de los Pinos, por donde hoy está la Jefatura Superior de Policía.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Escenario similar al de la anterior foto, pero tomada desde abajo, desde la Vega de Amaniel.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Foto tomada en lo que hoy es la Avda. Doctor Federico Rubio y Galí, antes del cruce con el Camino de las Moreras; las tapias que se pueden apreciar al fondo serían los terrenos del actual Hotel R.M. Don Quijote.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Original de la segunda de las fotos publicadas en el artículo Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958. Tal como allí se explicaba, el escenario es el final de la Vega o Valle de Amaniel, en la ladera de la Quinta de los Pinos que está orientada hacia la Ciudad Universitaria. El edificio que se ve al fondo sería La Almudena, antiguo Colegio de Huérfanos de Médicos, hoy Facultad de Educación de la UCM. La foto estaría tomada a la altura de la Calle Rector Royo Villanova, más o menos en lo que hoy en día es el Colegio Mayor Mendel.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Otra instantánea del escenario anterior.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Una tercera toma del mismo escenario, con el pastor sentado al fondo.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)


Y, para terminar, una auténtica joya, unas ovejas en la Dehesa de la Villa, a la altura del Cerro de los Locos. Obsérvese lo despoblado del cerro y, a la derecha, uno de los capirotes del viaje de agua de Amaniel o de Palacio.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Finalizamos aquí esta primera entrega de fotografías de José Luis Berzal. Más adelante iremos publicando más imágenes de su fondo fotográfico que, esperemos, harán las delicias de todos los aficionados a las fotografías antiguas.

Nota: en la web Madrid, Villa y Corte puede encontrarse un pequeño reportaje sobre José Luis Berzal junto con algunas de sus fotografías de otros lugares y retratos.