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La Gota de Leche en la Dehesa de la Villa

10 de mayo de 2012

Sobre la institución benéfica La Gota de Leche y los establos que tuvo en la Dehesa de la Villa a principios del s. XX.

En su libro “Callejero de Judas”, Fernando Royuela traza un callejero real-imaginario de Madrid por el que deambulan personajes variopintos. Calle del Gorriñón, Plaza de Placenteros, Ronda de Carteleras, Portillo del Mejillón... nombres inverosímiles hasta un total de treinta y tres calles que nunca existieron. De cada una de ellas se cuenta un suceso, mezcla de historia real y leyenda improbable, que componen, a modo de “bestiario”, una peculiar recreación de un Madrid del pasado. Sobre una de ellas, “La Cuesta de la Puesta”, nos dice: “Por entre los descampados de la Dehesa de la Villa, ahora florecidos de chiringuitos en los que en las noches de los sábados pintan copas los horteras, y los domingos reverencian sus padres las tarteras olorosas de tortilla y pimiento verde frito, culebrea la Cuesta de la Puesta su recorrido destartalado de socavones hasta alcanzar la calle de Francos Rodríguez casi a la altura del Instituto Politécnico La Paloma, donde en tiempos estuviera erigido el Eremitorio Puerperal en el que las madres primerizas de la burguesía aventajada tenían por costumbre presentar a los recién nacidos a la imagen de la Virgen de la Buena Leche. [...] En el Eremitorio, una capilla prerrománica custodiada por un puñado de matronas más cenobitas que eremitas, se procedía al rito de la primera puesta [...]. Era costumbre que fuera una de las amas del Eremitorio quien satisficiera también por vez primera el apetito de los recién nacidos y derramaban sobre las bocas de los niños, nevándolos de leche para calmarles el llanto eterno del hambre”.

Imágenes ilustrativas de cómo debe pesarse y bañarse al niño, de la “Cartilla de consejos para las madres”, del Dr. Carazo, de quien hablaremos más adelante.
(Foto: autor no especificado; Nuevo Mundo, 1911; Hemeroteca BNE)

Que sepamos, en la Dehesa de la Villa no hubo nunca una Cuesta de la Puesta, un eremitorio puerperal ni una capilla prerrománica... Pero, como decíamos, el libro mezcla lugares, sucesos y leyendas más o menos reales con otros imaginados, así que nos pusimos a investigar y hete aquí por dónde encontramos que en la Dehesa de la Villa hubo unos establos de la institución de Beneficencia La Gota de Leche. Desconocemos si el autor sabía de su existencia y le sirvió de inspiración para el capítulo, pero a nosotros nos ha valido para encontrar un hito más en la historia de la Dehesa de la Villa.

Caridad, Beneficencia y Estado Social.
Para poder entender lo que fueron las instituciones benéficas de Gota de Leche, conviene repasar primero la evolución del sistema asistencial español.

Hasta las primeras décadas del S. XIX, la asistencia a los desfavorecidos se basaba en los principios religiosos de caridad y las acciones, mayormente de socorro y escasa prevención, estaban dirigidas por la Iglesia, aunque participaban también ciudadanos acaudalados, casi siempre a título personal.

Con la Revolución Liberal durante la regencia de María Cristina y el posterior reinado de Isabel II, comienza la transición hacia un modelo benéfico-asistencial, basado en un ideario más de tipo humanista y en el que el protagonismo de la acción pasa de la Iglesia a organismos públicos y privados. Se crea la Dirección General de Beneficencia y Sanidad (1847) y comienza a establecerse un marco legislativo al respecto, culminado en la Ley General de Beneficencia de 1849. La Beneficencia se articula en tres niveles: estatal, para necesidades permanentes o de especial atención (incurables, ancianos, dementes...); provincial, para menesterosos incapacitados para trabajar (enfermos comunes, huérfanos, etc.); y municipal, para la asistencia más urgente (accidentes, paritorios, atención médica y domiciliaria, etc.). Pero no toda la Beneficencia era pública: la falta de recursos de Diputaciones y Ayuntamientos, donde debía recaer el mayor peso de la actividad benéfica, obligó a que el Estado tuviera que favorecer a la Beneficencia privada para que supliera sus carencias.

Reconocimiento médico, pesaje y medición del perímetro torácico y craneal de los niños en la consulta de Gota de Leche de la Institución Municipal de de Puericultura, por aquel entonces ya en el Campillo del Mundo Nuevo.
(Foto: Zapata; Estampa, 1928; Hemeroteca BNE)

Al igual que en el modelo asistencial caritativo, subyacía en la Beneficencia la noción de “deber moral” de la sociedad hacia los pobres. No es hasta el siglo XX que puede hablarse del nacimiento de un Estado Social, en el que se reconoce el derecho de los ciudadanos a la asistencia y la obligación del Estado a intervenir de forma sistemática, dictar políticas y regular actuaciones de prevención, socorro y bienestar de los ciudadanos. Los primeros pasos en este intervencionismo del Estado se dan en los albores del siglo, con la creación del Instituto de Reformas Sociales (1903), el Instituto Nacional de Previsión (1908), el Ministerio de Trabajo (1920), las primeras leyes de acción social (regulación del trabajo de mujeres y niños, Ley de Accidentes, de Protección a la Infancia, del descanso dominical...) y el inicio de los seguros sociales, pero aún tenía mucho que andar el siglo hasta llegar al sistema asistencial que hoy conocemos.

La Beneficencia en el Madrid de finales del s. XIX y principios del XX.
Hacia 1850, Madrid contaba con una población algo superior a 200.000 habitantes, hacinados en el pequeño espacio delimitado por la cerca de Felipe IV y en condiciones deplorables de salubridad e higiene. Durante la segunda mitad del siglo XIX se duplicó ampliamente la población, llegando a los casi 540.000 habitantes en 1900, lo que obligó a desarrollar planes de crecimiento urbanístico, tales como el ensanche. Aunque poco a poco se iba “oxigenando” algo el interior de la ciudad con los nuevos barrios, el hacinamiento y la insalubridad continuaron, especialmente en los llamados extrarradios donde la mayor parte de la población recién llegada y las clases humildes se habían venido concentrando en poblados muchas veces improvisados y carentes de las condiciones básicas sanitarias.

Este crecimiento demográfico afectó muy negativamente a la situación socioeconómica. Al ser la ciudad incapaz de absorber tal cantidad de mano de obra y carecer el Estado de un sistema de previsión social, creció exponencialmente la cantidad de personas en situación de penuria y pobreza que necesitaban ayuda de la Beneficencia. Especialmente grave era la situación de la infancia; las condiciones higiénicas y sanitarias en que vivían los niños eran realmente penosas y aumentaron significativamente la orfandad, el abandono y la mortalidad infantil (según algunos estudios, a finales del siglo XIX uno de cada cinco nacidos en España no llegaba al primer año de vida y casi dos de cada cinco no cumplían los cinco años).

Casa de patio o vecindad en la desaparecida c/ Caprara, barrio de Guzmán el Bueno; imagen ilustrativa de las condiciones en que vivían los niños madrileños a principios del s. XX.
(Foto: Páez, 1914; Memoria de Madrid)

Para paliar esta situación, por su condición de gran ciudad, capital provincial y capital del Estado, en Madrid se concentraban gran cantidad de los organismos gestores de los tres niveles asistenciales anteriormente citados (estatal, provincial y municipal), además de numerosos establecimientos benéficos privados, con los que tratar de hacer frente a las necesidades de los pobres en numerosos ámbitos (servicio hospitalario y domiciliario a enfermos, vacunaciones, acogida de niños huérfanos, perdidos o abandonados, normas elementales de salud e higiene...).

Es en este contexto en el que aparecen las Gotas de Leche, entidades tanto privadas como públicas creadas con el objetivo de combatir la desnutrición y la excesiva mortalidad que asolaba a la población infantil.

Cajas porta-biberones para su transporte a las Sucursales de Gota de Leche del Instituto Municipal de Puericultura de Madrid.
(Foto: autor no especificado, 1926. Memoria de Madrid)

Los Consultorios de Niños de Pecho y las Gotas de Leche.
La mayoría de fuentes consultadas sitúan el origen de estos centros en Francia a finales del siglo XIX. El primero de ellos lo crea en 1892 el Dr. Budin, catedrático de Medicina de Paris, como “Consultorio de Niños de Pecho” en su clínica del Hospital de la Caridad. A él acudían semanalmente las madres que dieron a luz en la clínica para que se examinase y pesase a los niños y, a las que no tenían suficiente cantidad de leche y carecían de recursos, se les proporcionaba gratuitamente la cantidad correspondiente a la ración diaria del niño. Adicionalmente, se asesoraba a las madres sobre el cuidado de los bebés.

Unos años más tarde, en 1894, el Dr. Dufour establece otro consultorio en el puerto de Fécamp (Alta Normandía) al que denomina “Gota de Leche”, la primera vez que se empleó esta terminología. En él recibe a las madres que no pueden criar y, además de consejos, les facilita por un módico precio la cantidad de leche que necesitan para la alimentación de sus hijos.

Paralelamente, el Dr. Variot, médico del Hôpital des Enfants Malades de París, había establecido en el Dispensario de Belleville otro consultorio similar al del Dr. Budin pero, a diferencia de éste, donde sólo se atendía a madres que habían dado a luz en la clínica, en el de Belleville se atendía a cuantas madres se presentaban y se empleaba, en su mayoría, lactancia artificial.

Imágenes del Dispensario de Belleville. A la izquierda, pesando los niños y anotando el resultado. A la derecha, entrega gratuita de ración diaria de leche.
(Cuadros de J. Geoffroy reproducidos en la Ilustración Española y Americana, 1903; Hemeroteca BNE)

Algunas otras fuentes, sin embargo, señalan el primer precedente en Barcelona, donde el Dr. Francisco Vidal Solares había fundado en 1890 un Consultorio de Enfermedades de los Niños, donde dispensaba de forma gratuita leche esterilizada y harina, y verduras y pan a los menores de 13 años. Con el tiempo, daría lugar a la Gota de Leche del Hospital de Niños Pobres, donde se recogía leche de donantes para repartirla entre los más necesitados.

Así pues, en su origen, los Consultorios de Niños de Pecho y las Gotas de Leche diferían en su funcionamiento. Los Consultorios se dirigían principalmente a los niños allí nacidos, empleaban mayoritariamente lactancia materna y distribuían la leche diariamente en biberones esterilizados en el propio centro. Por su parte, las Gotas de Leche tenían un mayor componente benéfico, atendiendo tanto a niños enfermos como a sanos necesitados, utilizaban en su mayor parte lactancia artificial, y distribuían la leche en botellas de medio o de un litro que luego administraba la madre. Coincidían ambas instituciones en la importancia de la consulta junto con la distribución; es decir, en no realizar sólo reparto de leche, sino en asesorar también a las madres en la mejor manera de criar a los hijos. La distinción, no obstante, entre Consultorios y Gotas de Leche fue diluyéndose con el paso del tiempo y es frecuente encontrar menciones a Consultorios que incorporaban unidades de Gota de Leche e incluso centros con una única denominación genérica que incluía tanto Consultorio como Gota de Leche.

Imagen de la sede de la antigua Gota de Leche de Sevilla, actualmente Fundación Gota de Leche, en la c/ Manuel Rojas Marcos. En el letrero de azulejos aún puede leerse “Consultorio de Niños de Pecho Gota de Leche”.
(Foto: Google Maps, 2008)

En cualquier caso, el éxito en la reducción de la mortalidad infantil hizo que se extendieran rápidamente. Sólo en Francia, en apenas diez años tras la fundación del primer centro ya había más de 25 en París y más de 60 en el resto de provincias. De Francia saltaron a Bélgica, Inglaterra, Suecia, Italia, Suiza, Holanda, etc., llegando incluso a América (Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile, Montreal...), Asia y África.

Por lo que respecta a España, ya hemos hablado del precedente en Barcelona del Dr. Vidal. Posteriormente, se abrirían las Gotas de Leche de San Sebastián (1903), Bilbao (1904), Mahón, Málaga y Sevilla (1906), Valladolid (1911), Córdoba y Granada (1916), Salamanca (1919), Ciudad Real (1921), Huelva (1922)...

En Madrid, la primera Gota de Leche la creó en 1904 el Dr. Rafael Ulecia y Cardona, con el apoyo económico de los marqueses de Casa-Torre y la protección de la Reina María Cristina de Habsburgo. Se instaló en la por entonces calle Ancha de San Bernardo, esquina con San Hermenegildo, trasladándose posteriormente a la calle de la Espada.

A la izquierda, el Dr. Rafael Ulecia y Cardona. A la derecha, el Primer Consultorio de Niños de Pecho y Gota de Leche, en su antigua ubicación en la c/ San Bernardo.
(Fotos: autor desconocido; El Álbum Iberoamericano, 1904; Hemeroteca BNE)

Junto a la del Dr. Ulecia, coexistieron en Madrid otros Consultorios y Gotas de Leche. Así, el Ayuntamiento venía proporcionando desde 1893 una Consulta de Niños en la Casa de Socorro del distrito de Palacio, de carácter público y gratuito para menores de quince años. Allí, el Dr. Dionisio Gómez Herrero crea un servicio de esterilización de leche y empieza a repartir biberones entre los más necesitados en diciembre de 1907, dando el primer paso para la implantación de la Institución Municipal Consulta de Niños y Gota de Leche. En 1913 la Consulta de Niños se transformaría en la Institución Municipal de Puericultura y se establecerían las bases de la sección de Gota de Leche. Contaban con un Dispensario central, ubicado inicialmente en la Casa Central del distrito de Palacio (c/ Duque de Osuna) y que más tarde se trasladaría a la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo. A él se irían sumando nuevos Consultorios sucursales en los diferentes distritos: Hospital, (c/ Amparo), en 1914; Chamberí (c/ Juan de Austria) y Congreso (c/ Antonio Acuña), en 1915; La Latina (c/ Bailén), en 1920; Universidad (c/ Bravo Murillo) en 1922; sucursal de Palacio (Puente de Segovia), en 1925.

Sucursal de Gota de Leche de la Institución Municipal de de Puericultura del distrito de Universidad en Bravo Murillo 122; inaugurada en mayo de 1922.
(Foto: autor no especificado, 1926. Memoria de Madrid)

Hemos mencionado estas dos iniciativas de Gota de Leche en Madrid por ser las más importantes, pero hubo muchas otras, tanto públicas (por ejemplo, la Gota de Leche de la Inclusa, dependiente de la Beneficencia Provincial, en el Colegio de La Paz – Asilo San José, en la c/ Embajadores) como privadas (como por ejemplo, el Consultorio Higiene del Niño Gota de Leche en la c/Barquillo, dirigido por el Dr. Carlos Carazo, de quien hablaremos más adelante; o, sin ir más lejos, la Gota de Leche que la Congregación de los Caballeros del Pilar estableció en el por entonces llamado Tetuán de las Victorias, en la c/ Ntra. Sra. del Pilar, hoy Azucenas).

El funcionamiento de los centros Gota de Leche.
Ya se indicó anteriormente que el propósito no era sólo la distribución de leche, sino que, por lo general, en todos los centros se prestaban servicios de consulta para menores de dos años y Escuela de Maternología. Adicionalmente, algunos de ellos proporcionaban también consulta general de medicina y cirugía para menores de quince años.

El servicio de Gota de Leche se proporcionaba a niños sometidos al régimen de lactancia mixta, por insuficiencia de la madre, o de lactancia artificial con biberones. Diariamente se suministraba a las madres las raciones apropiadas para cada niño (leche esterilizada, leche maternizada, sueros lácteos, harinas, etc.). Por su parte, las madres debían llevar semanalmente los niños a consulta, para el seguimiento médico. Además, se proporcionaba asesoramiento sobre higiene infantil y el cuidado de los bebés, aspecto éste en el que se hacía especial incidencia; en algunos casos, se establecían incluso premios para las madres que mejor cumplían con el cuidado de los niños; también amonestaciones y hasta suspensión de la entrega de biberones a las madres que no seguían los consejos médicos.

Copia de uno de los impresos que se entregaban a las madres en la Gota de Leche de la Institución Municipal de Puericultura dentro de su programa de educación materna. Una de las objeciones que se le hacían a las Gotas de Leche era que fomentaban la lactancia artificial. Como vemos, nada más lejos de la realidad, se insistía en que la lactancia artificial sólo debía considerarse como último recurso.
(Memoria de Madrid, 1926)

El Consultorio o Gota de Leche “tipo” consistía en una sala de espera, cuarto de reconocimiento médico, sala de consulta y sala de entrega de biberones. La mayoría contaba con su propia infraestructura para el descremado, esterilización, homogenizado y almacenaje de la leche, y para el lavado y llenado de biberones. Algunas contaban incluso con maquinaria especializada para “maternizar” la leche de vaca (se añadían sustancias como agua, lactosa o sal y se centrifugaba para asemejar la proporción de grasas a la leche materna). Las más grandes disponían de su propia red de transporte para la distribución a las sucursales y solían tener establos propios, lo que les permitía garantizar la calidad y el suministro de leche para lactancia artificial; aunque también era común contar con otras vaquerías privadas como proveedores, para quienes, por cierto, ser suministrador de una Gota de Leche era un buen argumento de venta de cara al público.

Imágenes del procesado y distribución de la leche en el Instituto Municipal de Puericultura y Gota de Leche. Arriba, a la izquierda, máquina esterilizadora; debajo, homegeneizadora. A la derecha, arriba, lavadora automática de biberones; en el medio, máquina llenadora; y debajo, camión para el transporte de biberones a las sucursales.
(Fotos: autor no especificado, 1926. Memoria de Madrid)

Algunas estadísticas.
No resulta fácil cuantificar en qué medida estas instituciones contribuyeron a la reducción de la mortalidad infantil durante el siglo XX. A la falta de estadísticas que cubran tan amplio periodo de tiempo se une la imposibilidad de aislar la contribución de los centros de Gota de Leche de otros factores (avances médicos, condiciones higiénicas, etc.). Permítasenos, no obstante, dar unas cifras para hacerse una idea.

Respecto a la mortalidad infantil, estudios fiables mencionan que, de cada 100 muertes de niños menores de un año que se producían a principios del siglo XX en Madrid, a finales de siglo se evitaban nada menos que 88. Así, mientras que en 1900 la tasa de mortalidad infantil se situaba cerca del 20%, en 1930 se había reducido al 9,6%; en 1950, al 5,4%; y en 1970 al 1,8%, siguiendo una tendencia de disminución a lo largo del siglo sólo interrumpida por algunas crisis puntuales (la gripe de 1918, la Guerra Civil...).

Aunque imposible de determinar cuánto de este descenso es achacable a la actividad de los centros de Gota de Leche, como muestra de la importancia de su labor diremos, por ejemplo, que la Gota de Leche del Dr. Ulecia atendió a más de 600.000 niños en sus primeros 50 años de vida. Por su parte, la Gota de Leche municipal, atendió un promedio de 12.300 niños/año entre 1908 y 1913, y de 26.172 niños/año a partir de 1914, año en que comenzaron a establecerse las sucursales.

La Gota de Leche en la Dehesa de la Villa.
Ya se ha comentado más arriba que algunas entidades de Gota de Leche disponían de sus propios establos. Tal era el caso de la Institución Municipal de Puericultura y Gota de Leche, que tuvo unos en plena Dehesa de la Villa, junto al entonces Asilo de La Paloma.

Recordemos que la Dehesa había sido cedida en 1901 por el Estado al Ayuntamiento de Madrid para que la destinase a usos benéficos y sociales y que, con tal fin, se había levantado el Asilo de La Paloma en 1910. No es de extrañar, pues, que el Ayuntamiento decidiera también utilizar parte de los terrenos para la Gota de Leche.

Así, encontramos que en la sesión del 22 de enero de 1915, el concejal Blanco Parrondo propuso la creación de una vaquería modelo que diera servicio tanto al Asilo de La Paloma como a la Gota de Leche.

Desconocemos cuándo se llevó a cabo efectivamente el establo, pero sí sabemos que posteriormente, en 1922, la vaquería tuvo sus días de fama por efectuarse allí unos experimentos con la vacuna antialfa que el Dr. Ferrán acababa de desarrollar para la lucha contra la tuberculosis. Junto con el Dr. Carazo, que había dirigido el Consultorio y Gota de Leche de la c/ Barquillo y que en 1912 había pasado al Laboratorio Municipal de Madrid, el Dr. Ferrán inoculó su vacuna en unas terneras a fin de demostrar su inmunización contra la tuberculosis. El acto fue público, asistieron numerosos profesionales y curiosos y el experimento fue ampliamente recogido por la prensa de la época.

Gracias a ello, disponemos del siguiente testimonio gráfico, la única fotografía que hemos sido capaces de localizar y apenas la única referencia a la vaquería y establos de la Gota de Leche en la Dehesa de la Villa.

El Dr. Carazo, aplicando la vacuna antialfa del Dr. Ferrán a una ternera de los establos que La Gota de Leche tiene en la Dehesa de la Villa.
(Foto: Alfonso; El Sol, 1922; Hemeroteca BNE)

Bibliografía:
- Ayuntamiento de Madrid: Informe sobre la Ciudad Año 1929: Beneficencia y Previsión
- Carballo Barral, B. (2006): La Beneficencia Municipal de Madrid en el cambio de siglo: el funcionamiento de las Casas de Socorro (1896-1915)
- Coll y Bofill, J. (1916): Algunos comentarios acerca de diversas manipulaciones a que son sometidas las leches más empleadas en la lactancia artificial de los niños
- Gómez Herrero, D. (1926): Historia, organización y modo de funcionar de la Institución Municipal de Puericultura
- Gómez Redondo, R. (1985): El descenso de la mortalidad infantil en Madrid, 1900-1970
- Rodríguez Pérez, J. F. (2009): La protección a la infancia en España. Ayer y hoy

Vaquería-Cafetería-Restaurant en la Curva de la Muerte: proyectos no realizados, 1918

9 de septiembre de 2011

Sobre un proyecto de 1918, no llevado a cabo, para la construcción en la Curva de la Muerte de una cafetería-restaurante con vaquería.

Continuando con la serie de artículos que iniciamos hace unos meses sobre proyectos no realizados en la Dehesa de la Villa, nos ocupamos hoy del que hubo allá por 1918 para la construcción en la Dehesa, más o menos en lo que hoy es el Mirador de la denominada Curva de la Muerte, de unos pabellones destinados a cafetería-restaurante y vaquería. El hecho de que parte de las instalaciones se destinase a este fin no es extraño, pues por aquella época en la Dehesa y alrededores existían numerosas vaquerías, establos y corrales.

Recorte de prensa de 1914 del diario La Correspondencia de España (Hemeroteca BNE). En el anuncio, La India (lechería, pastelería, chocolatería) promociona la calidad de la leche que utiliza en sus productos haciendo mención a sus establos en la Dehesa de la Villa.

El expediente, iniciado con fecha 27 de mayo de 1918 a instancia de D. Abilio Martínez, se conserva en el Archivo de Villa. Resumimos a continuación parte del proyecto; los párrafos entrecomillados son citas literales del texto.

Emplazamiento.
En una lengua de terreno perteneciente a la Dehesa de la Villa, a continuación del Asilo de la Paloma, entre la carretera que va a la Puerta de Hierro y el Camino de Peña Grande y cuya situación se indica en el plano topográfico que se acompaña, se trata de emplazar una construcción de planta baja y Principal con servicio se sótanos, destinada a la instalación de un “Restaurant” con venta de refrescos, licores, etc. y establo para la expedición de leche pura de vaca, con el fin de que el numeroso público que pasea por aquella hermosa parte de la población encuentre condiciones de comodidad y recreo”.

Plano que acompaña al expediente con el “emplazamiento del terreno que se intenta ocupar y situación en él de las construcciones que se proyectan elevar.”
(Archivo de Villa, 1918)

Así pues, el proyecto constaba de dos edificios separados:

Edificio Principal.
Destinado a restaurante, estaba compuesto por dos salones y un hall central en la planta baja. En los sótanos se pretendía instalar los servicios de cocina, retretes, almacenes, etc. Adicionalmente, se proyectaba una planta principal compuesta por un torreón-mirador y dos terrazas.

Vaquería.
El segundo edificio se proyectaba como un pabellón de una sola planta baja en el que iría el establo, con capacidad para cuatro vacas y sus correspondientes pesebreras de cemento. De acuerdo a las ordenanzas municipales de la época, se pensaba revestir de azulejo blanco hasta dos metros de altura (se proyectaban cuatro metros de altura interior) e instalar “los obligados ventiladores”. Además, se proyectaba en él una enfermería, almacén para piensos y grano y cuarto para el guarda.

Calidades.
Por estar la construcción que se proyecta destinada a emplazarse en pleno campo, con abundante arbolado y sin que exista construcción alguna a bastante distancia, ha obligado a dar a la construcción de que se trata, carácter rústico, acusando los entramados al exterior y empleando también la madera para barandillas de escalinata, de galería y coronación de fachadas”.

Menciona el expediente a continuación los materiales que se preveía emplear, entre ellos, fábrica de ladrillo, cimentación de hormigón, maderas para los pisos, etc. que no detallamos por su alto grado de tecnicismo.

Las fachadas serán de ladrillo al descubierto y la carpintería que se acusa en el pabellón principal como igualmente toda la madera que se acuse en el exterior irá pintada al óleo”.

En la instalación de la red de desagües de estos dos pabellones, se observará todo lo dispuesto acerca del particular; se colocarán retretes inodoros con aparato para descargas de agua los cuales por medio de las debidas bajadas de hierro descargarán en una atarjea de fábrica de ladrillo revestida de cemento y la cual por medio de pendientes, descargarán en un pozo sistema Mouras” (aclararemos para nuestros lectores que no es ni más ni menos que una fosa séptica, que recibía ese nombre por haber sido inventada por el ingeniero Jean-Baptiste Mouras).

Plano de la fachada sur del Edificio Principal donde puede apreciarse los sótanos, planta baja y principal, con las dos terrazas y el torreón-mirador.
(Archivo de Villa, 1918)

Explotación.
Se solicitaba la explotación del restaurante por un plazo de 20 años, a contar desde el día de apertura al público, y sujeto al pago del canon correspondiente. Al cabo de dicho periodo, la propiedad del inmueble e instalaciones fijas pasaría al Ayuntamiento de Madrid, quedando las mesas, sillas, alumbrado y todo el menaje y enseres necesarios para la explotación en propiedad del arrendatario.

El solicitante se comprometía a correr con los gastos de construcción y escrituración del contrato, a no ocupar más espacio que el representado en el proyecto y a “dar servicio esmerado, tanto a la carta como en cubiertos, a los precios corrientes en establecimientos de esta clase bien acreditados”; se reservaba, por otro lado, el derecho a abrir todos los días del año.

Autoría.
Firmaba el proyecto el arquitecto Luciano Delage y Villegas, de quien todavía se conservan en Madrid varios edificios, entre ellos el Teatro Infanta Isabel, en la c/ Barquillo, y al que también se atribuyen algunos edificios de viviendas en la c/ Larra. Mucho más cerca de la Dehesa, podemos encontrar otro ejemplo de su arquitectura en el edificio de viviendas para Gregorio Rubio, c/ Berruguete, nº 5.

Resolución.
El 10 de junio, apenas un par de semanas después de presentado el proyecto, el expediente pasa a informe del Arquitecto de Propiedades de la Villa, D. Luis Bellido, quien con fecha 13 de junio dictaminó “que sin entrar en otras consideraciones de orden técnico y legal que aconsejarían rechazar lo solicitado por el proponente, la forma en que la Dehesa de la Villa fue cedida por el Estado al Excmo. Ayuntamiento, impide a éste, bajo pena de anulación de la concesión, destinarla a otros fines que los señalados en la misma; por lo cual entiendo que en modo alguno debe accederse a lo solicitado”.

Recordemos que la Dehesa había sido cedida en usufructo por el Estado al Ayuntamiento de Madrid en 1901, a raíz de un plan estatal que preveía la cesión de terrenos públicos a municipios y diputaciones de toda España con la condición de destinarlos a fines de orden benéfico y social. Así, en la Dehesa se habían levantado el Asilo de la Paloma (1910) y las Escuelas Bosque (1918). El rechazo del proyecto estaba, por tanto, motivado por la posibilidad de que el estado retirase la concesión de la Dehesa por destinar parte de los terrenos a equipamientos privados. Lo que era más que probable pues, de hecho, un par de años más tarde, en 1920, el Estado inició un expediente de revisión de la cesión de la Dehesa para retirar el usufructo del Ayuntamiento basándose en que no se había informado de la construcción de las Escuelas Bosque y en que dichas escuelas no desempeñaban el fin de asistencia social.

Amparándose en el informe del arquitecto D. Luis Bellido, se procedió a denegar la solicitud con fecha 15 de junio y unos días más tarde, 27 de junio, compareció en el Ayuntamiento el solicitante, D. Abilio Martínez, manifestando quedar conforme con la resolución.

Corta vida, pues, la de este proyecto, resuelto con inusual rapidez en comparación con lo que se demoran algunos trámites en nuestros días. Que cada uno juzgue, según su criterio, si la Dehesa habría salido ganando o perdiendo de haberse construido este edificio para restaurante-cafetería-vaquería.


Este artículo ha sido seleccionado para su publicación en el número 8 de la revista digital La Gatera de la Villa.

Fotografías antiguas: ovejas en la Quinta de los Pinos, 1958 (Cont.) – José Luis Berzal

28 de abril de 2011

Más fotografías antiguas de José Luis Berzal, realizadas en1958 en los alrededores de la Quinta de los Pinos, en terrenos que fueron de la histórica Dehesa de Amaniel.

Una de las mayores satisfacciones de publicar en este blog es recibir los comentarios de agradecimiento de los lectores porque alguno de los artículos les ha traído buenos recuerdos de otras épocas, les ha resultado útil, ha despertado su curiosidad por algún motivo, o simplemente para reconocer el esfuerzo realizado. Pero la satisfacción es, si cabe, mayor cuando alguien contacta con nosotros ya sea para colaborar en forma de artículos, para transmitirnos recuerdos y testimonios, para cedernos fotografías o documentos antiguos... que es lo que nos ha sucedido recientemente.

José Luis Berzal posa delante de uno de sus
retratos, "El pastor de Alcobendas", de 1975.
(Foto: Madrid, Villa y Corte)
En octubre de 2010 publicábamos el artículo Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958, en el que a partir de dos fotografías encontradas en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid hacíamos un estudio pormenorizado para localizar el sitio exacto donde fueron tomadas, que resultó ser en las inmediaciones de la Quinta de los Pinos, en terrenos que fueron de la histórica Dehesa de Amaniel.

Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, tras ver sus fotos publicadas en nuestro blog, el autor, José Luis Berzal, contactó con Adolfo Ferrero, vicepresidente de la Asociación, para además de hacerse socio de los Amigos de la Dehesa, ofrecernos más imágenes de su colección. Para nuestra sorpresa, resultó que José Luis es todo un artista de la fotografía que a lo largo de más de 50 años ha ido recogiendo con su cámara la vida diaria de muchos lugares de Madrid, incluso los más recónditos, especialmente de la barriada de Tetuán, donde nació, y de la Dehesa de la Villa y sus alrededores.

Quedamos enormemente agradecidos a José Luis por las imágenes que nos ha cedido y que iremos publicando en nuestro blog en próximas entregas.

¿Quién es José Luis Berzal?
José Luis Berzal nace en Madrid un 18 de septiembre de 1930 en la calle Beire 18, en plena barriada de Tetuán (Cuatro Caminos / Bellas Vistas). Inició su vida laboral como aprendiz en un taller de ebanistería y, tras un año y medio, deja las maderas para entrar a trabajar como botones en el entonces Banco Hispanoamericano. Durante 47 años desarrolló allí su labor como bancario, teniendo conciencia muy clara de que era la manera de obtener unos ingresos que le proporcionasen una vida familiar sin sobresaltos y poder así dedicarse y llegar a ser lo que en realidad es, un artista.

A lo largo de su vida, ha realizado numerosos estudios artísticos: Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Madrid; Escuela Nacional de Artes Gráficas; Real Sociedad Fotográfica de Madrid; Escuela Técnica de Alta Fotografía (ETAF); estudios de pintura con los maestros Pedro Marcos Bustamante, Eduardo Peña y Ángel Aragonés, etc.

Su obra fotográfica ha sido objeto de varias exposiciones, tanto colectivas (Ayuntamientos de Cerceda, El Boalo, Mataelpino; Asociación de Amigos del Arte y de la Historia; Archivo Fotográfico de la CAM en el Canal de Isabel II: "Madrileños, un álbum colectivo", para el que donó más de 100 fotografías; etc.) como individuales (“Imágenes para el recuerdo”, Centro Cultural Eduardo Úrculo; “Imágenes para el recuerdo: El retrato”, Academia Artium; “Simetrías”, Academia Artium; Concejalía de Tetuán: Día del Niño; Estudio Peña; Real Automóvil Club; etc.). Pero también ha acudido a otras exposiciones con dibujos basados en temas fotográficos, o con dibujos en tinta china basados también en composiciones fotográficas.

Carteles anunciadores de las últimas exposiciones de José Luis Berzal, realizadas en septiembre 2010 y febrero 2011.

Ha participado en numerosos concursos, salones, certámenes de fotografía, tanto nacionales como internacionales, obteniendo diversos primeros premios, premios de honor, medallas de oro, etc.

Nada resume mejor la calidad de su obra que las palabras con las que el profesor de literatura Juan Antonio Cansinos introducía la exposición “Imágenes para el recuerdo”, que José Luis Berzal celebró en el Centro Cultural Eduardo Úrculo en 2010: “Me viene a la memoria una frase de Miguel Hernández: ‘Se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía’. Hay que ser un gran poeta para definir el paso del tiempo de esta manera. Berzal expresa lo mismo no con versos sino con imágenes fotográficas, incluso con retratos. Porque para él una lágrima y una fotografía son los más puros sentimientos que pueden emanar del corazón humano”.

Y ya sin más dilación, iniciamos la publicación de las fotos de José Luis Berzal. En la entrega de hoy completaremos la colección que sobre las ovejas en los alrededores de la Quinta de los Pinos iniciamos en octubre del año pasado.

Ovejas en los alrededores de la Quinta de los Pinos, cerca de la Dehesa de la Villa, 1958.
Las fotos que se incluyen a continuación se reproducen con la autorización por parte del autor a la Asociación Cultural Amigos de la Dehesa la Villa; cualquier uso posterior por terceros deberá ser aprobado expresamente por el autor.

Original de una de las fotos que publicábamos en el artículo Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958 y que dio pie a que José Luis Berzal contactara con nosotros. Como ya indicábamos allí, la foto se tomó en la por entonces denominada Vega o Valle de Amaniel, en las estribaciones de la Quinta de los Pinos, hoy en día inicio del Paseo de Juan XXIII junto a la Avda. Pablo Iglesias.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

La Vega de Amaniel que comentábamos en la foto anterior, ascendiendo por la ladera derecha hacia la Quinta de los Pinos, por donde hoy está la Jefatura Superior de Policía.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Escenario similar al de la anterior foto, pero tomada desde abajo, desde la Vega de Amaniel.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Foto tomada en lo que hoy es la Avda. Doctor Federico Rubio y Galí, antes del cruce con el Camino de las Moreras; las tapias que se pueden apreciar al fondo serían los terrenos del actual Hotel R.M. Don Quijote.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Original de la segunda de las fotos publicadas en el artículo Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958. Tal como allí se explicaba, el escenario es el final de la Vega o Valle de Amaniel, en la ladera de la Quinta de los Pinos que está orientada hacia la Ciudad Universitaria. El edificio que se ve al fondo sería La Almudena, antiguo Colegio de Huérfanos de Médicos, hoy Facultad de Educación de la UCM. La foto estaría tomada a la altura de la Calle Rector Royo Villanova, más o menos en lo que hoy en día es el Colegio Mayor Mendel.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Otra instantánea del escenario anterior.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Una tercera toma del mismo escenario, con el pastor sentado al fondo.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)


Y, para terminar, una auténtica joya, unas ovejas en la Dehesa de la Villa, a la altura del Cerro de los Locos. Obsérvese lo despoblado del cerro y, a la derecha, uno de los capirotes del viaje de agua de Amaniel o de Palacio.
(Foto: J.L. Berzal, 1958)

Finalizamos aquí esta primera entrega de fotografías de José Luis Berzal. Más adelante iremos publicando más imágenes de su fondo fotográfico que, esperemos, harán las delicias de todos los aficionados a las fotografías antiguas.

Nota: en la web Madrid, Villa y Corte puede encontrarse un pequeño reportaje sobre José Luis Berzal junto con algunas de sus fotografías de otros lugares y retratos.

Investigación de fotografías antiguas: la Quinta de los Pinos, 1958

23 de octubre de 2010

Sobre las fotografías antiguas y el proceso de identificación de dos fotografías de 1958 tomadas en los alrededores de la Dehesa de la Villa, en la llamada Quinta de los Pinos.

Las fotografías antiguas esconden en su interior un magnetismo secreto que puede hechizar al que las contempla, atrayendo su atención y fijando su mirada. Es cierto que este mecanismo no funciona con todas las fotografías ni con todas las personas. Depende en gran medida del ojo que las ve, de la actitud del que las mira. En ocasiones, ojeamos una colección de fotografías antiguas y simplemente vamos pasando por ellas sin que ocurra nada más. Pero, de pronto, una de ellas pone en funcionamiento ese magnetismo y nos atrapa; despierta nuestras emociones, bien porque en ella reconocemos personas o lugares que despiertan nuestra nostalgia, bien porque destapa nuestra curiosidad por ver cómo eran antiguamente las gentes o los sitios que nos rodean… y entonces podemos quedar atrapados en ella durante horas. Los que carecen de esta sensibilidad no lo comprenderán jamás, pero los que compartís esta afición sabréis perfectamente de qué os hablamos.

En los últimos años han proliferado en Internet multitud de páginas, foros, blogs… donde deleitarse con fotografías antiguas. La mayoría de ellas están perfectamente identificadas, especialmente las que retratan escenarios y episodios del Madrid histórico. Mucho más difícil resulta hallar fotografías de los antiguamente llamados suburbios o extrarradios y, cuando se encuentran, muchas de ellas no contienen referencias al sitio donde se tomaron, con lo que resulta complejo ubicarlas: la periferia ha cambiado tanto que apenas quedan vestigios que permitan situar la fotografía antigua en el lugar en el que fue exactamente tomada.

Revisando hace tiempo la página Madrileños, Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid, encontramos un par de fotos. Si bien la única referencia que aparecía era que pertenecían al distrito de Moncloa, un presentimiento nos decía que esas fotografías estaban tomadas cerca de la Dehesa de la Villa. Desistimos al no poder ubicarlas, pero ese magnetismo del que hablábamos ya nos había atrapado. Volvimos sobre ellas con más tiempo y, ahora sí, creemos haberlas situado. Traemos aquí las fotos por tratarse de las proximidades de la Quinta de los Pinos, en terrenos de lo que históricamente fue la Dehesa de Amaniel y un lugar muy vinculado a la Dehesa de la Villa sobre el que en próximas entregas nos ocuparemos en un artículo más detallado.

Fotografía 1: Rebaño de ovejas Moncloa-Aravaca.
(Foto: José Luis Berzal Pérez, 1958; Archivo Fotográfico CAM)

Fotografía 2. Rebaño de ovejas Moncloa-Aravaca.
(Foto: José Luis Berzal Pérez, 1958; Archivo Fotográfico CAM)

La primera pista para ubicar las fotografías la dieron las casitas que, en la fotografía 1, aparecen al fondo a la derecha. Después de comparar con varias fotografías de la zona del antiguo estadio Metropolitano, el estilo de las construcciones parecía ser el mismo. Desafortunadamente, casi todas las casas de lo que fue el Parque Urbanizado Metropolitano en ese tramo han desaparecido y en las vistas actuales no aparecía ninguna. Entonces la pista definitiva la dieron los edificios más altos de la zona izquierda, los que a continuación aparecen sombreados en gris en la fotografía original.

Fotografía 1: sombreados los edificios que permitieron la localización.
 
Comparando con vistas actuales, se puede ver que son los mismos edificios que ocupan la manzana entre las calles Reina Victoria, Beatriz de Bobadilla, Juan Montalvo y Estudiantes, justo enfrente del colegio del Buen Consejo.
 
Vista aérea actual de Bing Maps con el detalle de la manzana que aparece sombreada en la fotografía anterior.
 
Comparando con una vista ampliada de la zona actual, se deduce que la fotografía debe estar tomada desde las estribaciones de la Quinta de los Pinos. El barranco que se aprecia en la fotografía original justo detrás de las ovejas no puede ser sino el actual Paseo de Juan XXIII, por donde antiguamente discurría el arroyo de Amaniel, antes de juntarse con el arroyo Cantarranas. Se puede apreciar, asimismo, el patio del colegio Buen Consejo y delante, los terrenos que quedaban de la histórica Quinta de Buenos Aires, de la que también nos ocuparemos en futuros artículos, hoy ocupados por un parque y edificios entre las calles Justo Dorado, Almansa y Juan XXIII.
 
Vista aérea actual de Bing Maps ampliada a la zona que aparece en la fotografía 1. En el recuadro rojo, la manzana anteriormente detallada; sombreada en azul, la zona desde donde probablemente se tomó la fotografía. Justo debajo, a la izquierda, una referencia a la Quinta de los Pinos.
 
Para completar la identificación, hablamos con un antiguo vecino de la zona, quien nos confirmó la existencia de dos tenadas, majadas o corrales contiguos en los alrededores de la Quinta de los Pinos, más o menos por donde hoy en día están los colegios mayores del Paseo Juan XXIII.
 
Así pues, una vez ubicada la fotografía 1, la fotografía 2, que era prácticamente ilocalizable resulto más sencilla. En este caso, la pista la da el edificio del fondo.
 
Fotografía 2: sombreado el edificio que permitió la localización.
 
Estaba claro que esta fotografía pertenecía a la misma serie que la 1. Así que hubo que revisar detenidamente las construcciones de la zona, y encontramos que coincide con la torre del edificio La Almudena, antiguo Colegio de Huérfanos de Médicos, hoy Facultad de Educación de la UCM.
 
Vista aérea actual de Google Street View con el detalle del edificio sombreado en la fotografía anterior.
 
La fotografía original estaría tomada, por tanto, desde la calle Rector Royo Villanova, más o menos en lo que hoy en día es el Colegio Mayor Mendel. El edificio que se ve detrás de las ovejas sería, pues, la torre izquierda de la Facultad de Educación vista desde ese punto.
 
Vista aérea actual de Bing Maps ampliada a la zona que aparece en la fotografía 2. En el recuadro rojo, el edificio anteriormente detallado; sombreada en azul, la zona desde donde probablemente se tomó la fotografía. Se ha ampliado la vista para ver, en el margen inferior, la referencia a la Quinta de los Pinos.
 
Sorprende ver lo muchísimo que ha cambiado la zona. Sorprendente, asimismo, fue ver que el topónimo Quinta de los Pinos, que creíamos prácticamente olvidado excepto en la memoria de los más antiguos, sigue apareciendo en los mapas actuales de Bing Maps.

Este artículo continúa en Fotografías antiguas: ovejas en la Quinta de los Pinos, 1958 (Cont.) – José Luis Berzal, donde contamos cómo, a raíz de este primer artículo, José Luis Berzal contactó con nosotros para ofrecernos más fotografías de su colección y donde se publican el resto de imágenes de su serie sobre las ovejas en la Quinta de los Pinos.

Nota a los lectores: esperamos que hayáis disfrutado con la lectura de este artículo tanto como nosotros durante la investigación. Desde estas páginas animamos a todos aquellos que tengan fotografías antiguas de la Dehesa y sus alrededores a que nos las remitan para su estudio y, si así lo desean, su posterior divulgación.
 
Si tienes alguna fotografía antigua de la Dehesa o alrededores y quieres que la publiquemos o si desconoces dónde está tomada y quieres que te ayudemos a situarla, envíanos un mensaje a través de nuestro formulario de contacto.

08-09-2011 - Actualización.
Editamos el artículo para incluir un análisis de algunos otros edificios de la zona que complementan y completan la identificación de la fotografía original. La comparativa nos ha sido enviado por Ángel Trujillo, experto conocedor del antiguo Stadium Metropolitano, al que agradecemos la aportación que nos ha realizado.

Estudio comparativo con la identificación de algunos de los otros edificios que aparecen en la fotografía de J.L. Berzal.
(Cedido por Ángel Trujillo)