Blog de la Asociación Cultural Amigos de la Dehesa de la Villa
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Guía micológica de la Dehesa de la Villa: Fichas 26, 27 y 28

22 de septiembre de 2012

Ficha 26 (Clavulina rugosa), Ficha 27 (Agaricus bernardii) y Ficha 28 (Gymnopilus spectabilis) de la Guía Micológica de la Dehesa de la Villa, de José Castillo Pollán, Josetas.

El comienzo del otoño suele ser una buena época para encontrar setas, sobre todo si el tiempo acompaña con abundantes lluvias. Aquí traemos las fichas de tres nuevas setas, dos de ellas muy raras que, con un poco de suerte, quizá puedan encontrarse próximamente en la Dehesa de la Villa.

Recordamos a todos los lectores el riesgo de consumir las setas de la Dehesa, incluso aquellas identificadas como comestibles, tal como explicamos en la presentación de la Guía micológica.

Ficha 26: Clavulina rugosa

(Foto: J. Castillo; tomada en la Dehesa de la Villa, 08-10-2009)

Clavulina: del latín clava, mazo, palo grueso, por su forma de pequeña porra.
Rugosa: del latín ruga, arruga, por su superficie rugosa.

Carpoforo: entre 3-7 cm, de forma espatulada y ramificado en varias ramas de formas tortuosas, de color blanco sucio.

Himenio: recubre toda la parte externa del carpoforo.

Esporada: de color blanco.

Toxicidad: sin interés culinario.

Notas: especie muy rara, en la Dehesa de la Villa sólo ha sido vista en la fecha indicada en la fotografía.

Ficha 27: Agaricus bernardii

(Foto: J. Castillo; tomada en la Dehesa de la Villa, 10-10-2010)

Agaricus: del griego agarikón, campestre, por su hábitat natural en prados y pastos.
Bernardii: nombre latinizado en honor de G. Bernard, de origen francés.

Sombrero: de 5 a 15 cm de diámetro, globoso o hemisférico. De carne muy compacta, resquebrajándose con la edad y con el centro hundido en la vejez. De color blanquecino con escamas de color pardo, más o menos oscuras, se tiñe de rosa rojizo al ser manipulado

Pie: de 5-10 x 2-4 cm, corto y robusto. De color blanquecino y manchado de color pardo, tiene un anillo ínfero de color blanco.

Láminas: de color rosa a gris oscuro con arista blanquecina.

Esporada: de color pardo purpúrea.

Toxicidad: está considerada comestible, pero no es muy apreciada debido a su mala calidad. Desprende un olor como de pescado, que no la hace apetecible

Notas: es una especie rara y a proteger; en la Dehesa de la Villa sólo ha sido encontrada en un setal en la fecha indicada en la fotografía.

Ficha 28: Gymnopilus spectabilis

(Foto: J. Castillo; tomada en la Dehesa de la Villa, 17-10-2009)

Gymnopilus: del griego gymnòs, desnudo, y pileos, gorro, por su cabeza sin revestimiento.
Spectabilis: del latín spectabilis, notable, distinguido, por alcanzar en ocasiones dimensiones excepcionales.

Sombrero: hemisférico al principio, después se torna en convexo, con el margen involuto. De color amarillo o amarillo anaranjado y cubierto con fibrillas. Puede alcanzar los 5-18 cm de diámetro.

Pie: de tamaño 15 x 3 cm, fusiforme y radicante, de forma robusta. Decolorado, con fibrillas radiales y un anillo apical alto.

Láminas: primero son de color amarillo y después amarillo anaranjado. De formas espaciadas y ventrudas, un poco decurrentes.

Esporada: de color amarilla anaranjada.

Toxicidad: es sospechosa de toxicidad y prácticamente incomestible por el sabor amargo de su carne y su consistencia casi fibrosa. Se le atribuyen efectos alucinógenos.

Notas: muy común en tocones de pinos cortados, a los que nacen unidos por los pies. En la Dehesa de la Villa corre riesgo de desaparecer si se siguen retirando los tocones de los árboles talados.

Conoce las aves de la Dehesa de la Villa: 1- Papamoscas cerrojillo

12 de septiembre de 2012

Comienzo de una nueva serie de artículos monográficos sobre las aves de la Dehesa de la Villa. El papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).

De la mano de Pepe Monedero, de quien ya hemos publicado la serie Fauna en la Dehesa de la Villa: Diarios de campo, iniciamos ahora una nueva serie monográfica sobre las aves. Mes a mes iremos publicando artículos breves acerca de las aves que en esa época del año pueden avistarse en la Dehesa de la Villa. Además de una fotografía, contendrán la información básica y algunas curiosidades sobre la especie, con un propósito eminentemente práctico y la intención de animar a nuestros lectores a observarlas en su medio natural.

Acompaña a Pepe en este proyecto su hijo Gonzalo Monedero Montes. Estudiante de Grado en Biología en la UCM, Gonzalo es socio de SEO y ha participado como voluntario en numerosos anillamientos. Ha heredado de su padre la pasión por la naturaleza y, como buen vecino de la Dehesa de la Villa que es desde niño, la conoce a la perfección. Damos la bienvenida a Gonzalo al blog y agradecemos a ambos, Pepe y Gonzalo Monedero, esta colaboración que a buen seguro hará las delicias de los amantes de las aves.

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).

(Foto: J. Monedero; fotografiado en la Dehesa de la Villa, 19-08-2012)

El papamoscas cerrojillo es un paseriforme que está presente en la Dehesa principalmente en la migración otoñal, y es fácil de observar desde finales de Agosto a mediados de Septiembre, fechas en las que pasan por el centro de la Península Ibérica en gran número con dirección al oeste de Africa, donde permanecerán durante el invierno.

Es un ave de pequeño tamaño que se caracteriza por estar moviéndose continuamente con frecuentes sacudidas de las alas en las que tiene unas llamativas manchas blancas, y agitando la cola de arriba abajo con bastante frecuencia. Es un hábil cazador de insectos, siendo habitual la utilización de un posadero en una rama de un árbol o arbusto, desde donde se lanza en vuelo para cazarlos.

Tiene un marcado dimorfismo sexual en primavera durante el periodo nupcial cuando cría, donde se distinguen muy bien los machos de la hembras, después de criar y haber realizado la muda en el verano para iniciar la migración otoñal a los cuarteles de invierno, es difícil diferenciar los sexos pues el plumaje es muy similar en machos y hembras.

Cría en huecos de árboles en bosques frondosos caducifolios y de coníferas, además de parques donde existan árboles maduros, llegando hasta zonas remotas de la taiga. En la Dehesa de la Villa no cría, y como se ha comentado anteriormente, se le puede observar en paso durante unas fechas concretas. En la Comunidad de Madrid cría generalmente en la sierra por encima de los 1.000 metros, donde utiliza frecuentemente cajas nido.


Serie Conoce las aves de la Dehesa de la Villa:
1 - Papamoscas cerrojillo
2 - Curruca capirotada
3 - Petirrojo europeo
4 - Lavandera blanca
5 - Mosquitero común
6 - Reyezuelo listado
7 - Golondrina común
8 - Vencejo común
9 - Pito Real
10 - Mochuelo europeo
11 - Cotorra argentina
12 - Mito
13 - Colirrojo tizón
14 - Verdecillo
15 - Mirlo común
16 - Carbonero garrapinos
17 - Herrerillo capuchino
18 - Paloma torcaz
19 - Gorrión común

El extraño suceso de la mujer muerta en la casa misteriosa de Peña Grande

3 de septiembre de 2012

Sobre el caso de una mujer, fallecida en “la casa del misterio” de Peña Grande en 1935, que parecía seguir con vida dos días después de su muerte... y localización de la misteriosa casa.

En anteriores ocasiones hemos mostrado en este blog nuestra afición a rastrear e investigar fotografías antiguas, tratando de averiguar dónde fueron tomadas y comparar cómo han cambiado esos escenarios en la actualidad. En esta ocasión, la investigación comenzó a raíz de la aparición en el foro Urbanity de unas fotos que llevaban por título Hotel de Peña Grande en Fuencarral. Para quien no lo conozca, diremos que Urbanity es un foro con multitud de hilos abiertos sobre temas varios de Madrid y otras ciudades; en uno de ellos, De Madrid al cielo: Álbum de fotos históricas, se recogen infinidad de imágenes de Madrid imprescindibles para cualquier amante de las fotografías antiguas.

Fotografías de Urbanity que dieron origen a nuestra investigación.
(Fotos: Videa, 1935; publicadas por Juanjo en Urbanity – De Madrid al cielo...)

Con estos pocos datos de Urbanity (“Hotel de Peña Grande en Fuencarral. Foto: Videa”), iniciamos nuestra investigación por las hemerotecas.

Página de Crónica con las fotos
aparecidas en Urbanity.

No tardamos mucho en encontrar que las fotos habían aparecido en un reportaje gráfico publicado en el semanario Crónica (24-11-1935) sobre el caso de una extraña muerte acontecida en un “hotel” de Peña Grande, en aquel entonces una barriada perteneciente al término municipal de Fuencarral. El caso llamó inmediatamente nuestra atención y no paramos hasta averiguar dónde se ubicaba dicho hotel.

A estas alturas del relato, seguramente la mayoría de los lectores estén deseando saber ya qué es lo que ocurrió. No demoraremos, pues, la narración de lo que allí aconteció y dejaremos para el final del artículo el detalle de la investigación realizada para localizar el sitio exacto donde se ubicaba la casa.

El suceso.
El jueves 14 de noviembre de 1935 fallecía en una casa de Peña Grande, Fuencarral, Amparo Bravo Blanco, de cuarenta y siete años de edad, víctima al parecer de una angina de pecho. La mujer, viuda y originaria de Cantabria, había entrado a trabajar como criada en la casa sólo un día antes.

Como suele ser habitual en estos casos, el juez dictaminó la necesidad de practicar la autopsia, para lo que ordenó el traslado del cadáver al depósito judicial del cementerio de Fuencarral.

Hasta aquí, nada fuera de lo corriente. Pero ocurrió que cuando los doctores Reinoso y Cortés iban a practicar la autopsia, a pesar de haber transcurrido ya más de veinticuatro horas desde que se creyó muerta a la mujer, el cuerpo no presentaba los síntomas característicos del fallecimiento, constatándose, por el contrario, algunos signos de vida: la cara, sin demacración, mueca ni expresión cadavérica (facies hipocrática) mostraba color sonrosado y expresión de serenidad, casi se diría que sonreía; los ojos, abiertos, sin el aspecto vidrioso típico en los cadáveres, especialmente el izquierdo, que presentaba un brillo completamente normal; las pupilas, sometidas a manipulaciones mecánicas y químicas, no mostraban ninguna alteración; las extremidades inferiores estaban frías, pero en la parte superior la piel conservaba cierta temperatura a pesar del frío reinante en la estancia; la frente, mejillas, cuello, región precordial, abdomen y extremidades superiores tenían una temperatura normal; aunque las piernas estaban rígidas, los brazos y articulaciones de los dedos podían doblarse sin esfuerzo, sin el menor indicio de rigor mortis... Por todo ello, en vista de que el cuerpo no presentaba los síntomas que de acuerdo a la medicina forense permitían certificar la defunción y proceder a la autopsia y posterior inhumación, los doctores decidieron suspender la diligencia que se les había encomendado.

Sorprende que se publicaran este tipo de imágenes de la fallecida en la prensa.
Arriba, a su llegada al depósito. Enteramente, parece como si sonriera.
(Foto: Videa; Crónica, 1935; Hemeroteca BNE)
Debajo, el doctor Reinoso muestra el funcionamiento de las articulaciones sin la menor rigidez.
(Foto: Cortés; Mundo Gráfico, 1935; Hemeroteca BNE)

El misterio.
La noticia apareció en la mayoría de los diarios de la época. Espoleado por el sensacionalismo de algunos periodistas, comenzó a propagarse el rumor de que la muerta estaba viva y comenzaron a hacerse hueco toda suerte de hipótesis y cábalas sobre lo acontecido.

Por el cementerio desfilaron multitudes de curiosos, algunos de los cuales llegaron a afirmar que vieron cómo el cadáver movía brazos y piernas. Familiares allegados de la víctima declararon que años antes había sufrido un ataque similar a consecuencia del cual estuvo varias horas sin dar señales de vida, lo que dio pie a conjeturar sobre una posible catalepsia. Otros relacionaron los antecedentes con fechas, números y circunstancias de mal agüero, como que la finada había comenzado a trabajar un día 13 en que el cielo estaba plomizo y reinaba un fuerte viento... hubo incluso quien afirmaba que la muerta había resucitado.

Expectación de la prensa y curiosos en el depósito del cementerio de Fuencarral.
(Foto: Cortés; Mundo Gráfico, 1935; Hemeroteca BNE)

Fin del caso, la leyenda continúa.
El sábado 16 comienzan a disiparse las dudas. A pesar de haber transcurrido más de cuarenta y ocho horas desde la supuesta defunción, aún no son patentes todos los signos de defunción. Los ojos comienzan a vidriarse, habían aparecido algunas manchas violáceas y desaparecido toda temperatura del cuerpo, pero el color de la piel seguía siendo normal y no había signos de rigidez. Los médicos se muestran sorprendidos, pero no dudan de la muerte. De hecho, el doctor Reinoso manifestó que nunca dudó de ello y su primera impresión es que la mujer había fallecido, pero ante la falta de signos de muerte, era su deber asegurarse y esperar.

El domingo 17 por la mañana se llevó a cabo la autopsia, que certificó la defunción a consecuencia de graves lesiones valvulares. Esa misma mañana se procedió al entierro del cadáver en el cementerio de Fuencarral.

En definitiva, muerte natural por un ataque de asistolia. Parece ser que no es extraño en este tipo de muertes que ciertos fenómenos cadavéricos evolucionen más lentamente. Los médicos no dejaron de constatar, no obstante, lo extraordinario del suceso, con casi setenta y dos horas transcurridas y tan escasas señales de descomposición cadavérica. De hecho, el caso fue recogido en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina (1948 - Tomo LXV - Cuaderno 2).

Momento del entierro.
(Foto: Videa; Crónica, 1935; Hemeroteca BNE)

Muerta y enterrada la mujer, la imaginación popular se resistía a dar por concluido el suceso y creó su propio folletín. Contribuyó a exacerbar la imaginación popular el hecho de que la familia para la que había entrado a trabajar la fallecida apenas un día antes eran conocidos espiritistas y que algunos vecinos atribuían a la casa un halo de cierto misterio. Todo ello dio pábulo a rumores, según alguno de los cuales la mujer había sido víctima de algún tipo de acto esotérico, en el transcurso del cual cayó en estado de hipnosis (de ahí la ausencia de evidencia cadavérica durante dos días) y de ese primer sueño a la muerte.

Nada más lejos de la realidad. Ya hemos comentado anteriormente las causas naturales del fallecimiento. Nos ocuparemos a continuación de la casa.

La casa del misterio.
La casa donde ocurrió el suceso pertenecía a la familia Passapera, cuyos miembros eran, como decíamos, declarados espiritistas; lo que bastó para crear sobre la familia una leyenda de vida aislada y misteriosa en su casa de Peña Grande: casa apartada y retirada, de extrañas formas arquitectónicas y apariencia sombría, en cuyo interior se hallaban escritos unos versos satánicos. De ahí que, entre algunos de los vecinos de la barriada, la vivienda fuera conocida como “la casa del misterio”.

Ya la prensa de la época trató de disipar tal misterio. La familia Passapera era bastante conocida y respetada en Madrid por su negocio de confecciones y su apellido era de los más sonados en el mundo industrial.

El negocio de alta costura y confección de la familia Passapera fue muy duradero y bastante conocido en Madrid; no en vano, se anunciaba con frecuencia en la prensa. A la izquierda, arriba, el primer anuncio que hemos encontrado, de 1925; el de debajo es de 1928. El anuncio del centro apreció junto a un reportaje de moda, en 1929. El de la derecha, arriba, se publicó en un diario de provincias, en 1936; el del centro, es de 1952 y el de debajo, el último que hemos encontrado, de 1968.

Los propios miembros de la familia concedieron entrevistas en las que públicamente reconocían su afición espiritista, sin darle mayor importancia y sin entender que sus creencias, tan respetables como cualquier otra, se hubieran visto involucradas en el asunto. Se avinieron, además, a mostrar y dejar fotografiar su casa para enseñar a todos lo infundando de los rumores.

Arriba, el comedor de la casa cuyas paredes estaban adornadas, en trazos góticos sobre azulejos, con los versos que dieron lugar a toda clase de cábalas. Debajo, la cocina donde falleció la mujer.
(Fotos: Cortés; Mundo Gráfico, 1935; Hemeroteca BNE)

La soledad y el aislamiento que se atribuían a la casa no eran tales. Se encontraba bien visible, en un montículo a escasos cincuenta metros del tranvía. Sus extrañas formas obedecían a que fue edificada por su anterior propietario que fue quien la había construido con sus propios medios y con algunos materiales de desecho allá por los años 20 del pasado siglo. De ahí su estilo ecléctico y apariencia pintoresca pero esbelta, con arcos, capiteles y cúpulas de estilo árabe. No era en absoluto sombría y misteriosa; al contrario, era un conjunto alegre y claro desde el que había excelentes vistas a la sierra. Y los satánicos versos no eran tales, sino unos escritos por Alfredo Nistal, político socialista y masón, al parecer amigo del anterior propietario (curiosamente, hubo en Peña Grande, años después, un bar Nistal, en la c/ Joaquín Lorenzo; desconocemos si guardaba alguna relación con el Nistal anteriormente citado). El contenido, nada esotérico, era un simple homenaje a la casa construida por su amigo (La edificaste como una Alhambra, -entre la higuera y entre la vid [...]), como demuestran los siguientes versos que recogió la prensa:

Con las herrumbres, con los espinos,
con los hallazgos que hace el azar,
las viejas cosas de obscuros sinos,
y con las piedras de los caminos,
y los yesones del clavijar
has amasado tu excelso alcázar
con las herrumbres, con los espinos,
con los hallazgos que hace el azar.
Le has amasado –pan de ternura-
(pan de ternura: pan de dolor)
de tu reposo, de tu sudor,
de tu demencia, de tu cordura,
la vida ha sido la levadura.
con la constancia del soñador
le has amasado – pan de ternura-
(pan de ternura: pan de dolor).

Como suele ocurrir con rumores infundados y sensacionalismos, el paso del tiempo y la aparición de nuevos bulos fueron sumiendo nuestro caso en el olvido. El desarrollo urbanístico y la piqueta hicieron el resto, borrando todo vestigio de la finca. Y hoy, en Peña Grande, como veremos a continuación, no queda nada que recuerde lo sucedido aquel mes de noviembre de 1935.

La localización de la casa.
No ha sido fácil dar con el lugar donde se levantaba la casa de la familia Passapera. En los artículos de prensa de la época no aparecía ningún dato de localización (dirección, etc.); tan solo se mencionaba que la finca se encontraba en un montículo al lado de la vía del tranvía. Quien conozca Peña Grande y el trazado del antiguo tranvía convendrá enseguida que con estos datos no basta, pues la antigua vía del tranvía deja a su derecha una ladera a lo largo de todo su recorrido por la actual c/ de Joaquín Lorenzo. La inspección in situ, recorriendo las calles de Peña Grande y preguntando a algún antiguo vecino, también resultó infructuosa: no había ningún rastro de la misteriosa casa. Por último, la búsqueda de una relación entre la familia propietaria y Peña Grande tampoco daba resultado: los artículos sobre el caso hablaban erróneamente de la familia Pasapera, cuando en realidad resultó ser Passapera.

Tras mucho releer, hallamos por fin el dato que nos guió. En uno de los reportajes de prensa sobre el suceso, se mencionaba que uno de los miembros de la familia había dirigido el Centro Espiritualista Español y, por suerte, dimos con un artículo de 1931 sobre dicho centro en el que, ahora sí, aparecía el nombre correcto: José Passapera Fuertes.

Con estos datos, a continuación encontramos la esquela de José Passapera, que no publicamos para no resultar irrespetuosos. Allí se mencionaba que falleció en 1968 en su finca “La Esperanza” de Peña Grande. Afortunadamente, en nuestros archivos teníamos copia de algunos números de la antigua revista editada por la Asociación de Fomento de Peña Grande (entre 1928 y 1951). En uno de ellos, de 1950, topamos con el siguiente anuncio:


La casa no dejaba lugar a dudas y por fin aparecía una dirección: Ramón y Cajal, 5. Según el callejero municipal, esta calle pasó a denominarse Islas Nicobar en 1953 y desapareció en 1991, con la reparcelación iniciada a finales de los 80 para la apertura de la continuación de la Avenida de la Ilustración a su paso por Peña Grande. Pero allí estaba otra vez la revista de Asociación de Fomento, con un plano parcelario de 1930, para sacarnos del atolladero.


Trasladarlo al plano actual resultó sencillo, como puede apreciarse en las vistas aéreas que mostramos a continuación. La parcela, que limitaba al noroeste con el arroyo de La Veguilla, lo hace actualmente con la c/ Ramón Castroviejo y la continuación de la M-30 / Avda. de la Ilustración. Y al este, que limitaba con Ramón y Cajal (o Islas Nicobar), al desaparecer la calle lindaría ahora con otros edificios de viviendas con entrada por la c/ Isla Malaíta. Donde estuvo la Granja La Esperanza se encuentra hoy día un edificio nuevo de viviendas y la piscina de otro, ajenos a todo el revuelo que un día se armó a su alrededor.

(Planos: Ortofotomapa Comunidad 1975 y Ortofotomapa Comunidad 2011; Planea CM)

Vista desde la esquina de Isla Malaíta con Joaquín Lorenzo, donde puede apreciarse la pendiente del montículo donde estuvo la Granja La Esperanza.
(Foto: A. Morato, 2012)

II Aniversario del blog

29 de julio de 2012

Sobre el segundo año de vida del blog de los Amigos de la Dehesa de la Villa.

Otro año ha pasado y aquí estamos de nuevo, tal como hicimos el anterior, para echar la vista atrás y ver qué ha dado de sí.

En general, nos sentimos satisfechos de la labor realizada. Los comentarios que nos envían nuestros lectores nos siguen dando ánimo para continuar y las estadísticas, aunque no son más que fríos números, corroboran que vamos por la buena dirección. A lo largo de este segundo año, hemos superado las dos mil visitas al mes, lo que no está nada mal para un blog que no es generalista sino circunscrito a un espacio concreto de Madrid. Esta mayor visibilidad que el blog le proporciona a la Asociación ha redundado en un incremento del número de asociados y un mayor alcance de nuestra labor divulgativa.

Nos enorgullece también comprobar que el número de colaboraciones ha ido creciendo y, avalados por la línea de rigor y calidad que pretendemos seguir en nuestras publicaciones, nos ha sido más sencillo conseguir permiso para reproducir textos e imágenes así como recabar la colaboración de auténticos expertos en las diferentes materias que tratamos.

Sirva, pues, este artículo como guía resumen de lo publicado durante el año:
- Naturaleza: gracias a la colaboración de Andrés Revilla, hemos continuado con nuestra serie Botánica para todos: lecciones detalladas y amenas sobre la vegetación de la Dehesa. Seguimos también editando la Guía micológica, de José Castillo, Josetas, con nuevas fichas de setas y ya van 25. También nos hemos ocupado de la fauna, completando la serie de Diarios de campo, de Pepe Monedero, publicando el inventario de las aves anilladas durante 2011 y haciendo también un hueco a esos animales más pequeños de los que solemos olvidarnos cuando hablamos de fauna, los insectos. Por último, cabe mencionar también un par de artículos en los que hemos entrelazado historia y naturaleza, como los de la encina de la antigua Universidad Central y su relación con la primitiva Dehesa de Amaniel, o los de los moluscos citados en el Manzanares y arroyo del CIEMAT, en terrenos que fueron de la Dehesa de la Villa.

- Actualidad: hemos continuado informando de lo que acontece en el día a día de la Dehesa a través de artículos específicos con las noticias más relevantes así como de las acciones realizadas a través de la Mesa de participación ciudadana.

- Actividades: el blog nos ha servido también para comunicar las principales actividades en la agenda cultural y de ocio relacionada con la Dehesa y para dejar constancia de algunas de las que la Asociación ha organizado o colaborado en ellas (plantación vecinal, visitas guiadas, II Testing Fotográfico, álbum colectivo...).

- Historia: y, como no podía ser menos, también nos hemos ocupado de hechos y episodios históricos acontecidos en la Dehesa y sus alrededores, y se han rescatado espacios y lugares del olvido. Así, hemos recuperado algunos proyectos que hubo para la Dehesa de la Villa (Vaquería en la Curva de la Muerte, complejo de ocio Campos Elíseos). Nos hemos hecho eco de efemérides y episodios históricos, algunos de ellos curiosos, como los 50 años de AEMET prediciendo el tiempo desde la Dehesa de la Villa, otros alegres, como el gordo de la lotería del niño que cayó en Bellas Vistas, y otros no tanto, como los relacionados con la Guerra Civil: el desfile del Batallón de Acero por Francos Rodríguez y la Dehesa y el hallazgo de un obús sin explotar en la calle Adrián Andrés. Hemos añadido a nuestra galería de personajes ilustres los perfiles de Antonio Escobar Burgos y de las hermanas Ofelia Nieto y Ángeles Ottein, y hemos profundizado un poco más en el del naturalista Antonio de Zulueta. Hemos descubierto que la beneficencia tuvo unos establos de Gota de Leche al lado de la Paloma, nos hemos dado un baño en la piscina Tritón, una de las históricas de la Dehesa, y tomado un refrigerio retrospectivo en los merenderos y quioscos históricos de la Dehesa y alrededores. Y, por fin, hemos comenzado a saldar la deuda que teníamos con uno de los elementos más emblemáticos de la Dehesa, los capirotes, con un extracto del vídeo que se proyecta en el Museo de los Caños del Peral y un primer artículo, a modo de introducción sobre el Viaje de agua de Amaniel al que, de la mano de Pedro Martínez Santos, iremos dando continuidad.

Toda una suerte de temas, como puede verse, para despertar la curiosidad de nuestros lectores con el propósito de que cada uno haya podido encontrar al menos algo de su interés. Esperamos haberlo conseguido y poder seguir unos cuantos años más investigando y divulgando acerca de nuestra querida Dehesa de la Villa, que es la de todos.

Ahora, permítasenos tomar un periodo de asueto estival. Prometemos volver en septiembre.

AEMET: 50 años prediciendo el tiempo desde la Dehesa de la Villa

11 de julio de 2012

Sobre la sede central de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), inaugurada hace 50 años en la Ciudad Universitaria, en terrenos que fueron de la Dehesa de Amaniel o de la Villa.

En nuestro propósito de investigar y divulgar la historia de la Dehesa de la Villa, nos fijamos hoy en el edificio de la sede central de AEMET, sita en C/ Leonardo Prieto Castro, 8, en terrenos que actualmente pertenecen a la Ciudad Universitaria y en su día formaron parte de la Dehesa de Amaniel o de la Villa.

Traemos para ello un artículo de Manuel Palomares, Jefe del Servicio de Relaciones Internacionales de AEMET, publicado por la Revista del Aficionado a la Meteorología (RAM). Les quedamos muy agradecidos por autorizarnos a reproducir su artículo en nuestro blog.

50 años de la sede central de AEMET
Manual Palomares
Publicado en Revista del Aficionado a la Meteorología, 3-febrero-2012.
Seguir en Twitter @RAM_meteo y en facebook RAMmeteorologia.

El próximo 125º aniversario de la creación del Servicio Meteorológico español, actualmente la “Agencia Estatal de Meteorología”, puede eclipsar un poco otra efeméride del año 2012: los 50 años desde la inauguración del edificio de su sede central en la Ciudad Universitaria de Madrid. En el ya veterano edificio han pasado largos años de trabajo varias generaciones del personal de la Agencia, en el caso de los allí destinados, y al menos el período del curso de formación y otras visitas cortas, quienes marcharon a otras dependencias de la Agencia por toda la geografía española. Un cálculo muy aproximado arroja una cifra de más de 3.000 miembros antiguos y actuales de la Agencia que han cruzado sus puertas, sin contar una multitud de visitantes por causas de todo tipo. Merece la pena ofrecer unas pocas semblanzas de los antecedentes y la historia del edificio en estos 50 años.

Las sedes anteriores
En realidad antes de emplazarse en la Ciudad Universitaria, la sede central solo estuvo en el Parque del Retiro de Madrid, en edificios que siguen perteneciendo a la Agencia. El primero de ellos fue “El Castillo”, donde se instaló el primer director del recién fundado Instituto Central Meteorológico en 1888, junto con un ayudante. Llamado así por sus torres almenadas, “el castillo” se construyó en la década de 1840, cuando se desarrollaron en España líneas de telégrafo óptico. Está situado en la parte más alta del Parque del Retiro, en contacto visual con la siguiente estación de la línea que comunicaba con el sur de España, en el Cerro de los Ángeles. El desarrollo del telégrafo eléctrico, que fue por otra parte lo que permitió la operación de los primeros servicios meteorológicos, acabó con cualquier interés por el telégrafo óptico y el edificio fue cedido por el Ayuntamiento al Instituto Central sin mayor inconveniente. Una reforma poco respetuosa en los años 1940 destruyó las almenas y las ventanas ojivales, que parece que se recuperarán cuando se realice la largo tiempo prometida rehabilitación del edificio, actualmente en ruinas.

Figura 1. “El Castillo” en una imagen de principio del siglo XX. Puede verse la torre metálica para medición de viento y una de las garitas de observación en primer plano (se distingue otra en una de las torres).

En 1911 se inició una época de rápido desarrollo para el Servicio, que había pasado a llamarse Observatorio Central Meteorológico. Bajo el impulso del segundo director, José Galbis, se obtuvo del gobierno un importante aumento de los recursos disponibles y del personal. La única dependencia propia era entonces la del Retiro ya que los observatorios de provincias estaban instalados en universidades, institutos y otras instituciones, y “El Castillo” se quedó pequeño para acoger el aumento de personal y actividades. En poco tiempo se construyó un edificio bastante más grande, unos 50 metros al norte del Castillo, que estuvo terminado en 1913. Tenía dos plantas, que años más tarde se aumentaron con una tercera, y ofrecía espacio de sobra para las nuevas instalaciones, aunque parte del edificio se dedicó a viviendas para personal, según una costumbre habitual en aquella época en los locales de muchos organismos técnicos. Hubo que esperar hasta cerca del final del siglo XX para aprovechar también ese espacio que durante más de 80 años fue usado como vivienda familiar del Jefe de la Oficina Central y de otros directivos. También había una vivienda para el conserje principal.

Figura 2. El edificio de 1913 poco después de su construcción, con una enorme estructura metálica para la instalación de anemómetros y el lanzamiento y seguimiento de globos con teodolito.

Después de la guerra se construyó un nuevo edificio de dos plantas entre los dos anteriores, donde se instalaron la biblioteca y otras secciones y que el personal conocía festivamente como “Pasapoga”, aludiendo a una sala de fiestas de moda en el Madrid de la posguerra. Un almacén y otras instalaciones reducidas completaban el pequeño complejo del Parque del Retiro donde, hasta los años sesenta del pasado siglo estuvo la sede del Servicio, la “Oficina Central” como se denominó oficialmente hasta 1978, siguiendo la nomenclatura recomendada por la Organización Meteorológica Internacional. Tras el traslado a la Ciudad Universitaria siguieron allí algunas secciones y el centro regional (primero “Centro del Tajo”, luego “Centro Meteorológico de Madrid y Castilla – La Mancha” y actualmente “Delegación en Madrid”).

La gestación del nuevo edificio
Durante la posguerra se produjo el aumento de personal más importante en toda la historia de la Agencia. La ley de 13 de julio de 1950 elevó la plantilla a 100 meteorólogos, 170 ayudantes y 104 Administrativos-calculadores. El Servicio Meteorológico Nacional, como se denominó desde 1932 hasta 1978, disponía ya de numerosas dependencias propias en todo el territorio y otras en instalaciones del Ejercito del Aire, del que pasó a depender en 1940. El director del Servicio tenía su despacho en el Ministerio, y en El Retiro estaban el Jefe de la Oficina Central, que ejercía de director técnico, y las principales secciones generales, lo que pronto produjo graves problemas de espacio. En 1951 los servicios centrales de análisis y predicción se trasladaron al aeropuerto de Barajas y algunas dependencias administrativas se alojaron durante años en unos locales de la calle Orfila, en el centro de Madrid.

Para solucionar ese estado de cosas surgió la idea de construir el nuevo edificio de la Ciudad Universitaria. La idea se apoyaba en varios pilares a fin de “matar varios pájaros de un tiro”. A la necesidad de espacio se unía la intención de seguir los nuevos rumbos que marcaba la meteorología operativa: En todos los países desarrollados se tendía a crear grandes centros de análisis y predicción del tiempo, en lugar de tener múltiples unidades distribuidas. En los años cincuenta se había implantado ya el uso del facsímil, que permitía transmitir mapas y gráficos con gran facilidad por línea o por radio, y se intuía el desarrollo futuro de la predicción del tiempo mediante los modelos numéricos y los ordenadores (Jules Charney y el “grupo de Princeton” habían realizado en Estados Unidos la primera predicción numérica con éxito en 1950).

El tercer pilar era la excelente relación que el Servicio Meteorológico Nacional mantenía entonces con la Universidad, debida en buena parte a la generosa política de compatibilidades, que permitía a numerosos funcionarios compartir su trabajo en el Servicio con labores docentes en facultades y escuelas técnicas. El caso más representativo era el del Profesor D. Francisco Morán Samaniego, jefe de la Sección de Investigación del SMN y catedrático de Física del Aire de la Universidad Central de Madrid (aún no se llamaba “Complutense”). Morán tenía ideas muy claras sobre la colaboración entre el Servicio Meteorológico y la universidad y propuso instalar un centro que combinara las labores técnicas y operativas con la investigación y la formación de nuevos profesionales, en colaboración con la universidad, ofreciendo facilitar la enseñanza práctica de los estudiantes en materias meteorológicas. Como expondría el coronel Azcárraga en su discurso durante la inauguración de la nueva sede “querríamos también formar personal facultativo y técnico, aunque no vaya a encuadrarse forzosamente en el escalafón del Estado”. También era clara la intención de colaborar en investigación: “Queremos dar mayor capacidad de trabajo a los investigadores, no sólo dotándoles de medios más adecuados, sino también poniéndoles en contacto con el propio ambiente universitario donde pueden encontrar adecuadas colaboraciones”

Instalación y construcción
En 1959 el Ministerio del Aire alcanzó un acuerdo con el Ministerio de Educación y la Universidad, que cedió unos terrenos a escasa distancia de la Facultad de Ciencias. Se trataba de la ladera sur del llamado “Cerro de los Locos”, una denominación informal que aludía a los entusiastas del deporte al aire libre que, escasos de ropa, frecuentaban el cerro desde principios del siglo XX, cuando esas actividades no tenían el arraigo social que disfrutarían más tarde. Durante el asedio de Madrid en la guerra civil el cerro estuvo siempre en la zona republicana inmediata al frente y era una posición estratégica, por lo que fue intensamente bombardeada por la artillería y la aviación rebeldes. Aún hoy en día pueden contemplarse los agujeros de los obuses y seguirse las marcas de las trincheras que ahora se aprovechan para circuitos de “trekking” ciclista. Esa zona alta de la ciudad universitaria siguió sin edificarse durante bastante tiempo. Existía un camino llamado “de las Moreras” que unía la zona de las facultades con los barrios del noroeste. A final de los años 50 se asfaltó y en 1959 se construyó el edificio más próximo a la sede de la Agencia, el Colegio Mayor Santo Tomas de Aquino, que recibió el Premio Nacional de Arquitectura por su novedoso diseño.

Los trabajos de construcción comenzaron en 1960 por los servicios técnicos del Ministerio del Aire, en colaboración con los de la universidad (por desgracia no nos ha sido posible identificar al arquitecto o arquitectos que diseñaron y dirigieron el proyecto). La obra se realizó con las técnicas de aquellos años, que se basaban en la abundante disponibilidad de mano de obra asequible, antes que el uso de grúas. Se han recuperado varias fotografías tomadas durante la construcción que se publican, posiblemente por primera vez, con estas líneas.

Figura 3. Construcción del edificio de la Ciudad Universitaria, zona sur de la fachada, hacia 1961.

Figura 4. Esta composición de fotografías muestra las obras de construcción del edificio en su zona trasera donde ahora están los barracones para los cursos de formación.

Figura 5. Foto aérea del edificio poco después de su construcción, con el Camino de las Moreras a la derecha y la senda de acceso peatonal a la universidad, conocida por el personal como “la adiabática” por su penosa pendiente.

Figura 6. Cuerpo delantero del edificio poco después de inaugurarse.

Inauguración e historia posterior
El 23 de marzo de 1962, día meteorológico mundial, el edificio abrió sus puertas para una “pre-inauguración”, con invitación a todo el personal del Servicio, y el tradicional vino español que casi siempre se ha ofrecido en ese día desde entonces, pero la inauguración oficial tuvo lugar el día 30 de abril por el Ministro del Aire, con asistencia del Presidente de la Organización Meteorológica Mundial, y director del Servicio Meteorológico francés, Mr. André Viaut. Se celebró en el flamante salón de actos del nuevo edificio, con vidrieras decoradas con motivos aeronáuticos y meteorológicos, tal como se conservan hoy en día.

Hubo varios discursos, el primero de ellos del Director del Servicio desde 1940, el coronel Luis Azcárraga, quien había tenido una intervención fundamental en conseguir que el proyecto se hiciera realidad. El edificio que se inauguraba acogía, como ya se ha dicho, solamente una parte del Servicio Meteorológico Nacional. En las propias palabras de Azcárraga aquel día: “A dar satisfacción a esta necesidad de nuevos desarrollos del Servicio, viene, pues, este Centro de Análisis e Instituto Nacional de Meteorología. No es éste un sustituto de las modestas instalaciones que el Servicio tiene en el Retiro, es un complemento de ellas. Las del Retiro no solo deben continuar por tradición, sino porque aquí – en este nuevo edificio – no se ha proyectado trasladar más que una parte de los elementos del Servicio, aquellos que ya no era posible mantener en la vieja casa solariega”.

Las unidades que se trasladaban, aparte del Centro de Análisis y Predicción, eran la ya antigua Sección de Investigación, la Biblioteca y la Escuela de Meteorología, que se agrupaban bajo el nombre de Instituto Nacional de Meteorología y bajo la dirección de Francisco Morán. El Instituto se estructuraba mediante una Secretaria General y dos departamentos, uno de Investigación y Enseñanza y otro de Documentación y Difusión.

Figura 7. Acto de inauguración del edificio de la Ciudad Universitaria, el 30 de abril de 1962. De izquierda a derecha: el vicerrector y catedrático de la Universidad Lora Tamayo (poco después sería nombrado ministro de Educación), el Jefe del Estado Mayor del Aire, Tte. General Palacios, el obispo de Madrid-Alcalá doctor Eijo-Garay, el Ministro del Aire, Tte. General Rodríguez y Díaz de Lecea, el Presidente de la OMM, A Viaut y el Capitán de Navío Lostau, escuchando el discurso del coronel Azcárraga, director del Servicio. (Foto publicada en la: Revista de Aeronáutica y Astronáutica, Ministerio del Aire).

Para realzar el acontecimiento se organizó, en esa primavera de 1962, un ciclo de conferencias a cargo de prestigiosos meteorólogos nacionales y extranjeros. Merece la pena citar la lista de los conferenciantes y las conferencias, que se conservan en una publicación del SMN (ver bibliografía), y son documentos muy interesantes para comprender el estado del arte en la meteorología operativa de hace 50 años. La primera conferencia se impartió el propio día de la inauguración por el Presidente de la OMM, André Viaut, sobre “La meteorología y algunas de sus aplicaciones a la Aeronáutica”. Las demás, en fechas sucesivas, correspondieron a los siguientes conferenciantes y temas:
- Sir Graham Sutton (director de la Meteorological Office del Reino Unido): La organización para investigación científica del servicio Meteorológico del Reino Unido.
- José María Jansá Guardiola: Los diagramas mixtos en meteorología.
- Rafael Cubero Robles: Métodos de análisis y predicción aeronáutica para la zona próxima a la tropopausa.
- Lorenzo García de Pedraza: Meteorología Aeronáutica del Valle del Ebro.
- José María Mantero: Meteoropatología.
- Miguel Azpiroz Yoldi (meteorólogo y catedrático de Física del aire en la universidad de Barcelona, tristemente malogrado poco tiempo después): Los métodos de diferencias finitas y su aplicación en meteorología.
- Norman L. Peterson (uno de los más brillante meteorólogos de Estados Unidos): El papel del Air Weather Service en las investigaciones especiales.
Y cerrando el ciclo de conferencias el día 27 de junio, el Secretario General de la OMM, D.A. Davies disertó sobre La participación de la Organización Meteorológica Mundial en los programas de asistencia técnica de las Naciones Unidas.

Como es obvio, por el mismo título de este artículo, el propósito de que el nuevo edificio solo alojara el centro de análisis y las unidades de enseñanza, documentación e investigación, acabó incumpliéndose, y poco tiempo después de la inauguración fueron alojadas también allí las secciones de climatología, meteorología marítima y aerología y después otras más, existentes o de nueva creación, relacionadas o no con el propósito que se había declarado para uso del edificio. Al cabo de pocos años en El Retiro sólo quedaron el Centro Regional y las secciones de instrumentos y laboratorio. En los años 70 se trasladó también la jefatura del Servicio y con ello el edificio de la Ciudad Universitaria adquirió del todo el carácter de nueva sede u Oficina Central.

En 1978, con el paso del Servicio Meteorológico Nacional al Ministerio de Transportes, que acabó con la dependencia militar que tuvo durante cuarenta años, se le cambió también el nombre que pasó a ser el de Instituto Nacional de Meteorología. La denominación de una parte del Servicio Meteorológico dio repentinamente nombre a todo el Servicio, aunque para reducir la confusión, dejo de tener efecto la agrupación de unidades que constituía el anterior Instituto. La reestructuración también incluyó la supresión del cargo de “Jefe de la Oficina Central”, que existía desde los años veinte y se había encomendado casi siempre al miembro más antiguo del Cuerpo de Meteorólogos.

La transformación progresiva del edificio de la Ciudad Universitaria en la nueva Sede respondió indudablemente a necesidades prácticas, aunque difuminaba el propósito de colaboración continua y estrecha con la universidad. Por otra parte se reprodujeron pronto los problemas de espacio que tuvo en su día la sede del Retiro. Ya en 1974 se realizó la primera ampliación, prolongando el cuerpo de la fachada hacia el sur y construyendo una torre en esa esquina. En 1982 se llevó a cabo una ampliación aún más importante, con la construcción de la nueva ala sur, la torre que la remata y el aparcamiento subterráneo.

Con las dos ampliaciones se ganó bastante espacio, pero el Servicio siguió creciendo e incorporando nuevas infraestructuras como los modernos sistemas de computación. Como es lógico, además de las dos ampliaciones citadas, en el interior del edificio se han ido realizando muchas otras reformas para adaptar el espacio disponible a su utilización y a otras necesidades Se ha oído con frecuencia que por su encuadre en la Ciudad Universitaria no se autorizarían nuevas ampliaciones, lo que ha obligado entre otras medidas a emplazar barracones provisionales para los cursos de formación, pero lo cierto es que podría haberse propuesto una nueva ampliación en el último plan de edificabilidad de la zona, que se aprobó a final de la década de los ochenta; la propuesta no se presentó, posiblemente por negligencia. A principios de los años noventa llegó a estar muy avanzada la idea de trasladar la sede a Paracuellos del Jarama, en base a una oferta de la Dirección General de Aviación Civil, pero finalmente no fructificó.

Esta es, a muy grandes rasgos, la historia del edificio donde se alojan actualmente los servicios centrales y dirección de la Agencia Estatal de Meteorología y donde trabajan unos 400 miembros de su personal. En 2012 cumple 50 años de su inauguración y es previsible que la sede de la meteorología oficial en España continúe allí unos cuantos años más.

Figura 8. Vista aérea actual del edificio de la Ciudad Universitaria. El ala con las dos torres corresponde a las dos ampliaciones posteriores a la construcción. Además se retiró parte del tejado de pizarra en el ala norte para disponer de otra terraza para instrumentación. La gran antena exterior data de los años ochenta.

Agradecimientos:
A mis compañeros Juan Sánchez Jiménez, José María Romero Moya, Juan Pérez Pedrero y Francisco Espejo Gil, por la información y sugerencias recibidas.

Bibliografía básica:
- Anónimo, “El Instituto Nacional de Meteorología y el Centro de Análisis y Predicción”, Revista Las Ciencias, Año XXXII, núm. 2, 1967.
- García de Pedraza, L. y Jiménez de la Cuadra, M.: “Notas para la Historia de la Meteorología en España”, SMN 1985
- Organización Meteorológica Mundial: Boletín de la OMM, Ginebra, varios números, 1962 y 1963.
- Servicio Meteorológico Nacional: “Primer ciclo de conferencias desarrollado en el Instituto Nacional de Meteorología durante el año 1962”, SMN, Serie A núm. 41, 1966.
- Varios autores, “El Instituto Nacional de Meteorología, un reto tecnológico”, INM, 2003
- ABC, Hemeroteca en Internet.