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Pablo Guerrero: cantautor y poeta

12 de julio de 2014

Hablamos con Pablo Guerrero, vecino de la Ciudad de los Poetas / Saconia, uno de los barrios de la Dehesa de la Villa.

En nuestra serie sobre personas ilustres relacionadas con la Dehesa de la Villa, nos ocupamos de personajes célebres, históricos o de actualidad, que vivieron, o viven, en los alrededores de la Dehesa o cuya actividad profesional se relaciona con la Dehesa.

Hace algunos meses, rescatamos una entrevista que la AVV Poetas Dehesa de la Villa realizó, y publicó en su boletín "La Voz del Barrio", en mayo de 2012 a nuestro vecino Pablo Guerrero Cabanillas. Nuestro propósito inicial era trasladar la entrevista tal cual y nos pusimos en contacto con Pablo para que nos autorizara a publicarla y para hacerle algunas fotos con las que acompañar el artículo. Este contacto inicial se tornó en un par de cálidas y acogedoras tardes a finales de mayo y principios de junio en las que pudimos charlar con Pablo y recorrer con él el barrio y la Dehesa.

Traemos hoy a estas páginas parte de aquella entrevista de la AVV Poetas Dehesa de la Villa y el resumen de nuestras dos tardes con Pablo.

Agradecemos a Clara López, de la AVV Poetas Dehesa de la Villa, el habernos facilitado el contacto con Pablo Guerrero; y al propio Pablo y a su mujer, Charo, su predisposición y amabilidad para colaborar con nosotros.

Hablemos con... Pablo Guerrero y Charo
Extracto de la entrevista publicada por la AVV en "La Voz del Barrio". Publicado con autorización de los autores.

(Foto: Clara López, 2012)
- (Pregunta) ¿Por qué elegisteis el barrio de Ciudad de los Poetas para vivir?
- (Respuesta) Un amigo nuestro vivía aquí. Nos encantó el sitio. Cuando vinimos era un poco difícil porque el barrio terminaba en A. Machado. Todo esto eran edificios sin terminar y estábamos rodeados de huertas y viveros.

- (P) ¿En que año vinisteis?
- (R) Pablo - Nos casamos en el 1976 y nos dieron el piso un día antes de la boda. Tenemos una anécdota muy divertida. Cuando vinimos no habían dado aún luz a los pisos. Un día oímos que en el piso de arriba sonaba un tocadiscos y subimos a ver por qué y nos dijeron que les habían dado luz de obra. En seguida nos pusimos a pedirla y nos la dieron. Aun así, estuvimos casi una semana alumbrándonos con velas. Tampoco había teléfono. Entonces no  existían los móviles y era muy necesario comunicarnos por mi trabajo.
Charo - Ah, no sólo nos vinimos al barrio por nuestros amigos, sino que el precio era muy económico. Estuvimos mirando muchos y este era uno de los más baratos
Pablo - Sí, no llegó al millón de pesetas –6.000 euros-. El problema ahora de los jóvenes es el precio de la vivienda. Es un auténtico robo. Es hipotecar la libertad de la gente y el miedo a perder un trabajo para no perder la vivienda. Antes nos hipotecábamos diez, como mucho quince años. Ahora es verdaderamente angustioso

- (P) ¿Cómo llevabas ser famoso en el barrio cuando llegaste aquí? ¿Te molestaba la gente?
- (R) Pablo - No, no. La gente del barrio estaba acostumbrada a convivir con personajes conocidos. Aquí han vivido y viven aún poetas, cineastas, músicos... Sí, la gente nos ve como un ciudadano más.

- (P) ¿Os acordáis de "El Pilón"?
- (R) Pablo - Hacían actividades culturales, conferencias, charlas… Yo recuerdo haber ido a cantar alguna vez. Se celebraban las nocheviejas,  Navidad … era una época en que la vida del barrio era más viva, más activa.
Charo - Claro, los que lo llevaban eran amigos nuestros. Estaba El Pilón, El Chiripa y El Rincón del Alquimista.

- (P) Al barrio lo llamaban Rojonia, ¿no es verdad?
- (R) Pablo - Sí, recuerdo las fiestas del barrio. Venían Meneses, Víctor Manuel y Ana Belén, Nuestro Pequeño Mundo, Sergio y Estíbaliz, Luis Pastor... era a finales de los setenta, principios de los ochenta.

- (P) ¿Y qué creéis que le pasó al barrio?
- (R) Pablo - Bueno, yo creo que influyeron dos cosas: por una parte, que el movimiento ciudadano perdió mucha fuerza y, por otra, mucha gente de aquí se fue por el boom del adosado; vino ya otro tipo de gente, quizás menos interesada en participar en las actividades del barrio, aunque es verdad que es una corriente general, no solo en nuestro barrio.
Charo - Pues creo que a partir de los años 90 hubo un cambio social que vi afectaba al barrio negativamente, igual que lo percibí en la enseñanza.

- (P) ¿Qué os parece el nombre de Saonica en vez de la Ciudad de los Poetas?
- (R) Pablo - Sí, yo creo que se ha impuesto. Hay mucha gente que no conoce el nombre del barrio original.

- (P) ¿Habría que recordárselo?
- (R) Pablo - No sé si tiene mucho sentido si se impone una forma de denominarlo. Mira los cantautores. Se llamaba canción protesta, denuncia, comprometida, de autor y al final se quedo cantautor. ¿Que no es la mas bonita?, pues a lo mejor; pero es la que ha prevalecido.

- (P) ¿Recordáis algún momento emotivo del barrio?
- (R) Pablo - Yo recuerdo haber cantado en la calle con un megáfono. Fue para mi muy bonito porque, de repente, apareció gente en las ventanas. Me emocionó mucho. Eso fue a finales de los 70.
Charo - Quizá los momentos reivindicativos. Acordaros del eje Sinesio Delgado. Si no nos lanzamos a la calle, ahora mismo este barrio estaría partido por dos. Y cuando quisieron hacer el asfaltado de los caminos de la Dehesa. Si ahora ocurriera otra cosa, no sé si seriamos igual de reivindicativos, pero desde luego hemos tenido dos o tres actuaciones en el barrio estupendas.

- (P) Tu canción "A cántaros" sigue estando vigente.
- (R) Pablo - Es curioso que haya canciones que las mimas y das muchas vueltas a la hora de componerlas y sin embargo se quedan ancladas en un tiempo. Sin embargo, hay otras que no sé por qué razón, casi mágicamente, están fuera del tiempo y las aceptan varias generaciones. Esta es una de ellas:

Tú y yo muchacha estamos hechos de nubes
Pero ¿quién nos ata?
Dame la mano y vamos a sentarnos bajo cualquier estatua,
que es tiempo de vivir y de soñar y de creer
que tiene que llover a cántaros.
 
Estamos amasados con libertad, muchacha
Pero ¿quién nos ata?
Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio, preparada tu marcha.
Hay que doler de la vida hasta creer
que tiene que llover a cántaros.
 
Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad.
Planearán vender la vida y la muerte y la paz,
¿”Le pongo diez metros en cómodos plazos, de felicidad”?
 
Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian
que la siesta se acaba
y que una lluvia fuerte, sin bio-enzimas, claro, limpiará nuestra casa.
Hay que doler de la vida hasta creer
que tiene que llover a cántaros.

Paseando con Pablo.
Conversaciones entre Adolfo Ferrero, vicepresidente de la Asociación de Amigos de la Dehesa de la Villa, y Pablo Guerrero, paseando por el barrio y la Dehesa (30-mayo y 10-junio, 2014).

(Foto: F. Lorca, 2014)

"Es un privilegio para los que vivimos en esta zona contar con la Dehesa."

- (Adolfo Ferrero) ¿Qué recuerdos te despierta la Dehesa de la Villa?
- (Pablo Guerrero) Lo que más recuerdo de la Dehesa de la Villa es ir a jugar con mi hijo y sus amigos. Siempre procuré que mi hijo tuviera buena relación con el agua porque yo creo que gran parte somos agua y tener una buena relación con el agua me parece importante para el desarrollo de la persona y la de un niño.

Pablo Guerrero en uno de los quioscos
actuales de la Dehesa.
(Foto: A. Ferrero, 2014)
Le gustaba, le dejaba meterse en los charcos y había una fuente donde jugábamos a hacer pantanos. Hacíamos un pequeña presa de barro y luego les hacía mucha emoción cuando la rompían y una gran cantidad de agua iba por el arroyo abajo. Estaba esta fuente cerca de un quiosco que me gustaba mucho porque la gente iba a hacer sus celebraciones. Celebraban despedidas de soltero, primeras comuniones, reuniones simplemente familiares. Se llevaban las tortillas. Dejaban que se llevara comida. Únicamente había que comprar la bebida.

Recuerdo, también, ir a volar cometas a la Dehesa de la Villa. En la parte de lo que ahora se llama Cerro de los Locos, o Cerro de las Balas, jugábamos con cometas y con bumerán. Tengo grandes recuerdos de la Dehesa. Casi todos los días íbamos por allí a jugar.

- (AF) ¿Sobre qué años era cuando ibas allí a jugar con tu hijo y sus amigos?
- (PG) Déjame calcular: mi hijo tiene ahora 36 años y por aquel entonces tendría 6 o 7. Sería a partir de 1984. También íbamos mucho a celebrar, a hacer comidas, lo que ahora se llamaría hacer picnic. Llevábamos nuestras tortillas, los típicos filetes empanados.

Y estábamos hasta muy tarde. Entonces mirábamos el cielo y observábamos las estrellas. También nos gustaba mucho seguir la ruta de los pájaros, que iban de árbol en árbol y nos entreteníamos mucho oyéndolos cantar.

- (AF) ¿Recuerdas por dónde estaba ese quiosco más o menos?, ¿podía ser Recio o El Tobogán?
- (PG) No recuerdo bien. Estaba en un valle, en un pequeño valle. Había un quiosco en un alto (AF - sí, el quiosco El Mirador) que lo llevaban gente de etnia gitana. Y el que yo digo estaba a la izquierda de este según se baja.

- (AF) Entonces creo que era el quiosco llamado Recio, más tarde El Tobogán, que estaba camino de la Fuente de la Tomasa y era el inicio del arroyo de la Puerta Verde.
- (PG) Yo creo que es un privilegio para los que vivimos en esta zona contar con la Dehesa. Es un lugar muy especial para jugar, para que los niños tomen contacto con la naturaleza. Yo creo que deberíamos recuperar el agua, recuperar la fuente, recuperar los arroyitos que había en la Dehesa.

Pablo Guerrero en la Fuente de la Tomasa
(Foto: A. Ferrero, 2014)

- (AF) En la Fuente de la Tomasa hay tres charcas de aguas como bebederos para las aves y se está pendiente de la autorización para utilizar un pozo existente en la Dehesa para ampliar la capacidad de las charcas. Estamos tratando también de que, una vez ampliadas las charcas, haya ranas en ellas.
- (PG) Sería maravilloso que hubiera ranas Yo creo que Madrid cegó el agua de sus fuentes y fue un error monumental. En otras ciudades, por ejemplo Roma, hay plazas con maravillosas fuentes donde la gente se sienta, donde lee, donde se lava las manos, donde descansa

- (AF) Hablábamos de lo que viviste hace años en la Dehesa pero, ¿cómo la ves ahora?
- (PG) Hubo una época que la gente dejó de ir a la Dehesa porque estaba muy degradada, porque no podía esparcirse a gusto, celebrar sus cosas... Otro error es que hayan quedado solamente dos quioscos, muy apartados, muy al margen. Ahora creo que vosotros estáis haciendo un trabajo muy importante para recuperar y mantener la Dehesa.

- (AF) ¿Actualmente seguís yendo por la Dehesa?
- (PG) Claro, claro. Seguimos yendo a pasear por el paseo del canalillo y me gusta mucho perderme y salirme del recorrido habitual. Es como estar en un bosque en la ciudad.

- (AF) ¿Sabías que también cerca de la Dehesa vive José Manuel Caballero Bonald? Tenemos publicada una entrevista con él. Dedicó una poesía a la Dehesa de la Villa.
- (PG) Ah! Maravilloso poeta... No conozco esa poesía. No sabía que vivía ahí Caballero Bonald. Bueno, aquí vivió también Blas de Otero. Lo conocí a través de unos amigos comunes (Norberto y Celia), me lo presentaron y tomábamos cañas y jugábamos a regalarnos palabras. Le gustaba mucho que le dijera palabras de mi pueblo, palabras extremeñas.

- (AF) Sí, Blas de Otero vivió en la C/ Valderromán; iba mucho a la Asociación de Vecinos. Bueno, a ti te conocí también en la Asociación. Venías por allí a cantar, hablamos de finales de los años 70 y principios de los 80, cuando la sede estaba en la Pérgola.
- (PG) Yo recuerdo haber cantado en la Pérgola con un megáfono “ A cántaros”. El recuerdo fue muy emocionante porque empezó a asomarse la gente a los balcones y cantar con nosotros la canción.

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Y así, entre reflexiones y recuerdos transcurrieron estas dos placenteras tardes. Por cierto, Pablo nos comentó que su libro de poesías "Los cielos tan solos" se incluía una poesía dedicada a las ardillas de la Dehesa. La reproducimos a continuación con la debida autorización del autor.


ARDILLA EN LA DEHESA

Tan ágil, me recuerda a tu mano
al huir de la mía en el primer domingo.
Tan porfiada, trepa por el tronco del árbol
como los jóvenes de las fiestas del fuego.

No se cansan sus ojos
de contemplar la sombra,
oficio de poetas que sufren por la arena
que cubre el sentimiento, el oro en las vocales.

Desconfía del humano, de sus educados dientes.
Los suyos ha de temerlos el fruto endurecido.

Alcanzan lo que huye, se ocultan en la tela,
en la amistad de la noche más próxima.

Completan la alegría
de quien rompe la cáscara, la máscara escondida.

Tal vez de quien perdona el ruido en su conciencia
respirando, sin más, el azul de la tarde.


Serie Personajes célebres en la Dehesa de la Villa:
- Ramón y Cajal y su cigarral de Amaniel
- Antonio de Zulueta un pionero de la genética en la Dehesa de la Villa / La Dehesa, la retama, el escarabajo y el cromosoma
- Ofelia Nieto y Ángeles Ottein, dos sopranos en la Dehesa de la Villa
- Antonio Escobar Burgos, vecino y Amigo de la Dehesa de la Villa
- J. M. Caballero Bonald: un poeta premio Cervantes en la Dehesa de la Villa
- Pablo Guerrero: cantautor y poeta

José Manuel Caballero Bonald: un poeta premio Cervantes en la Dehesa de la Villa

29 de noviembre de 2012

Entrevista con el poeta J.M. Caballero Bonald, vecino de la Dehesa de la Villa y, desde hoy mismo, premio Cervantes.

Continuando con nuestra serie sobre personas ilustres relacionadas con la Dehesa de la Villa, tenemos el privilegio de poder traer hoy a estas páginas la entrevista que recientemente nos ha concedido José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926), vecino de la Dehesa de la Villa desde hace casi 50 años, al que le ha sido concedido hoy mismo el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, el más prestigioso de cuantos se conceden "en reconocimiento a la labor creadora de escritores cuya obra ha contribuido a enriquecer de forma notable el patrimonio literario en lengua española".

La entrevista, que realizamos hace apenas unos días, estaba programada para ser publicada en nuestro blog dentro de un par de semanas. Pero el fallo del Cervantes nos ha hecho considerar la oportunidad de publicarla hoy mismo para hacerla coincidir con tan insigne reconocimiento.

Encuadrado dentro de la denominada Generación de los 50, de la enorme dimensión de la figura literaria de Caballero Bonald dan fe los cientos de reseñas bibliográficas, tanto de su obra en prosa como de su obra poética, incluyendo tesis, ensayos, libros, artículos..., las más de 400 entrevistas que ha concedido a diferentes medios de comunicación, así como los numerosos premios, además del Cervantes, que le han sido concedidos a lo largo de su trayectoria literaria.

No nos ocuparemos aquí, no obstante, de su obra ni biografía: sitios hay más especializados para ello. Quien lo desee podrá encontrar toda la información al respecto en la página de su Fundación, incluyendo una breve guía didáctica con una selección de textos para el estudio de su trayectoria y trabajo literario.

Es más nuestro interés acercarnos a su dimensión humana y a la relación que durante casi 50 años mantiene con la Dehesa de la Villa. Aunque con algunas intermitencias, Caballero Bonald lleva residiendo en la c/ María Auxiliadora desde principios de los años 60 y ha sido testigo de primera mano de los cambios que la Dehesa y sus alrededores han experimentado en este periodo. Agradecemos a J.M. Caballero Bonald su predisposición y la rapidez en atendernos a pesar de sus numerosos compromisos, así como la gentileza y amabilidad del trato que nos ha dispensado. Queremos agradecer igualmente a Javier del Monte, arquitecto y convecino de la c/ María Auxiliadora, quien nos ha facilitado el acceso a Caballero Bonald para la realización de esta entrevista.

"La Dehesa sigue siendo un espacio natural extraordinario... Hay que luchar porque nadie vulnere esa propiedad del pueblo"

- (Pregunta) En su libro de memorias “La costumbre de vivir” relata que, a su vuelta de Colombia en 1963, se trasladó a vivir a la Dehesa de la Villa “a una zona urbana muy de mi gusto”. ¿Conocía de antes la Dehesa de la Villa? ¿Qué era lo que más le atraía de la zona y lo que le hizo decidirse por la que actualmente sigue siendo su casa?
- (Respuesta) Yo conocí la Dehesa a poco de llegar a Madrid, a mediados de los 50. Me agradaba mucho pasear por ese enorme pinar entonces medio olvidado, un auténtico bosque en estado natural, con sus secretos y sus recuerdos de la guerra civil todavía muy vivos. Luego, al cabo de los años, a mi regreso de Colombia, en 1963, estuve en casa de Fernando Quiñones, que vivía justo al lado de la Dehesa, en un edificio de nueva planta. Nos gustó tanto a mi mujer y a mí la situación y el carácter de ese piso que enseguida adquirimos el último que quedaba sin vender en esa casa. Cada vez estoy más satisfecho de esa elección.

(P) -Menciona igualmente en el libro que en su edificio “residían, o no tardarían mucho en hacerlo”, Francisco Brines, Fernando Quiñones, José Ramón Ripoll, Arcadio Blasco y su esposa Carmen Perujo. Casualidad, recomendaciones entre amigos, gusto común por la Dehesa de la Villa..., ¿a qué se debió tal concentración de personalidades en un mismo edificio?
(R) -No sé, supongo que fueron recomendándose esos pisos entre ellos. Creo que Paco Brines y yo fuimos los últimos. También vivía aquí al lado, en la esquina de Federico Rubio, Fernando Delgado, el novelista y locutor, que fue en tiempo director de Radio Nacional.

(P) -También en “La costumbre de vivir” habla sobre la lucha antifranquista y que se celebraban algunas reuniones en su casa. ¿Cómo eran aquellas reuniones? Por otro lado, ¿celebrarlas en su domicilio no suponía un riesgo añadido habida cuenta de la cercanía del cuartel de la Policía?, ¿tuvieron algún problema por ello?
(R) -No, nunca tuve problemas a raíz de esas reuniones clandestinas. Los asistentes se cuidaban mucho de sortear los riesgos de ser descubiertos y tenían muy bien estudiado el itinerario para llegar hasta mi casa dando rodeos, cada uno por su cuenta. El hecho de que el cuartel de la Policía estuviera justo enfrente podía ser incluso favorable. ¿Quién se iba a atrever a reunirse para conspirar en la boca del lobo?

(P) -A propósito de lucha antifranquista, en una conversación con Santiago Carrillo nos comentó que, cuando el episodio de la famosa peluca en diciembre de 1976, un poeta andaluz le había dejado las llaves de su casa. Y en algunos sitios se lee que fue su casa donde se “escondió”. ¿Es cierto, se alojó en su casa Santiago Carrillo?, ¿cómo vivieron esos días?
(R) -No, no exactamente. Lo cierto es que yo no asistí nunca a esas reuniones del comité central del PC en mi casa, sobre todo porque yo la había cedido con esos fines como una prueba de solidaridad, pero nada más. Yo trabajaba entonces en la lucha antifranquista junto al PC, pero nunca me afilié ni al PC ni a ningún otro partido. Una tarde, sin que tuviésemos ningún aviso previo, apareció por aquí Carrillo, a quien mi mujer y yo reconocimos a pesar de la peluca. Eso fue todo.

(P) -Al hilo de lo anterior, por su casa seguramente habrán desfilado multitud de personas, intelectuales, escritores, artistas, etc. ¿Alguno de ellos mostró especial predilección por la Dehesa de la Villa?
(R) -Era bastante frecuente ese interés por la Dehesa. Los amigos, los escritores y periodistas que me han visitado solían hablar de la proximidad de la Dehesa como de un auténtico aliciente urbano. Tener al lado ese parque tan hermoso suponía efectivamente un privilegio. Muchas entrevistas me las han hecho paseando por allí o sentado en algún banco y en la última que apareció en El País me hicieron unas fotos excelentes entre los pinos.

J.M. Caballero Bonald paseando entre los pinos de la Dehesa de la Villa. 
Fotografía publicada en la entrevista a El País, 07-01-2012 / Gorka Lejarcegi

J.M. Caballero Bonald en la Dehesa de la Villa.
Fotografía publicada en la entrevista a El Correo, 25-02-2012 / José Luis Nocito

(P) -Cuando Ud. vino a vivir a María Auxiliadora, el aspecto de la Dehesa era muy diferente del actual. Aún era un espacio completamente forestal, antes de las reformas que a finales de los años 60 y principios de los 70 la transformaron parcialmente en parque urbano con zonas de césped, miradores, columpios, fuentes, bancos, etc. A lo largo de estos años, ¿en qué cree que ha mejorado la Dehesa y en qué otros aspectos ha empeorado?
(R) -Es posible que haya mejorado en tanto que lugar de recreo, pero ha perdido inevitablemente su carácter de naturaleza en estado puro. Comprendo que ahora presta un servicio muy eficiente a quienes frecuentan la Dehesa, pero aquellos paseos entre las colinas, los desniveles, las excursiones dominicales, los rincones boscosos, ya tienen otro carácter. En todo caso, la amplitud de la Dehesa ofrece muchas oportunidades: también ahora puede uno perderse por alguna zona solitaria. Hay zonas en que lo más frecuente es caminar un buen rato sin cruzarse con nadie.

(P) -Igualmente, desde 1963 a la actualidad los alrededores de la Dehesa han cambiado sustancialmente. Desde la zona de Bellas Vistas y Francos Rodríguez a los nuevos barrios que surgieron a mediados de los 60 y principios de los 70 (Valdezarza, Saconia/Ciudad de los Poetas...), pasando por otros barrios que han sufrido grandes remodelaciones (Valdeconejos, Belmonte/Quemadero, etc.). ¿Frecuentaba Ud. alguna de estas zonas? ¿Qué recuerdos tiene de estas zonas limítrofes y qué le parece el cambio que han vivido estos barrios?
(R) -En ese aspecto urbanístico sí que ha cambiado esta zona de Madrid. Cuando yo me vine a vivir en 1963 al piso donde todavía vivo buena parte del año, a un paso de la Dehesa de la Villa, el barrio era muy distinto. Yo solía decir que vivía en la última casa, a mano izquierda, saliendo de Madrid para La Coruña. Y fíjese en que se han convertido todos estos contornos. Recuerdo haber viajado varias veces en un tranvía que iba de Quevedo a Peñagrande, pasando por Francos Rodríguez, y el paisaje que atravesaba a partir de la Dehesa era de huertas y desmontes. Andando el tiempo, frecuenté mucho el barrio de Saconia/Ciudad de los Poetas. Allí vivieron dos escritores amigos: Blas de Otero y Fanny Rubio y en ese Instituto estudió alguno de mis hijos.

(P) -También este periodo ha sido testigo del cambio sufrido por algunos de los edificios históricos de los alrededores de la Dehesa. Por ejemplo, las Escuelas Bosque, que estuvieron en pie hasta los años 70 y de las que hoy sólo queda uno de los antiguos pabellones; o el Grupo Escolar Francisco Giner (hasta hace poco Andrés Manjón), que perdió la piscina y sufrió una ampliación a mediados de los 70; la piscina Tritón, que desapareció en los años 70; o algunas de las casas de la c/ Pirineos, como la Quinta El Mirador, de la que hoy sólo queda la valla... ¿Echa de menos alguna edificación de las que había cuando vino a vivir a la Dehesa?, ¿cuál de los edificios históricos que actualmente perviven en los alrededores de la Dehesa es su preferido?
(R) -Quizá el de las antiguas escuelas Bosque, o lo que queda de esas edificaciones. Me agrada la entrada por Francos Rodríguez, amplia y sombreada. Los chalés de la calle Pirineos, antes de que derribaran los más significativos, formaban desde luego un conjunto urbanístico especialmente atractivo. A veces, también me perdía por lo que se llamaba la Huerta del Obispo, hoy convertida en un parque algo frío y poco frecuentado.

(P) -En todos estos años también ha cambiado la relación que los vecinos mantienen con la Dehesa. ¿Cómo percibe Ud. este cambio en las relaciones entre vecinos y en el uso que hacen de la Dehesa de la Villa?
(R) -Creo que se han modificado bastante las relaciones de los nuevos vecinos con la Dehesa. Yo creo que antes, cuando la Dehesa estaba mucho más aislada de lo que ahora está, la Dehesa era un desahogo, un lugar extraordinario para el esparcimiento, una posibilidad de evasión en tiempos sombríos. Se iba allí a pasar el día, a comer en familia por algún paraje. Todo tenía un encanto provinciano humilde y acogedor. Hoy casi se ha convertido en un albergue de jubilados que juegan a la petanca. Pero sigue siendo un espacio natural extraordinario, incluso a veces, con buen tiempo, se ven más niños que antes. Hay que luchar porque nadie vulnere esa propiedad del pueblo.

(P) -La Dehesa de la Villa ha sido objeto de numerosas reivindicaciones vecinales para su conservación y mejora (cierre al tráfico de la antigua carretera, protestas por urbanización y ajardinamiento, CIEMAT, etc.). ¿Participó Ud. de alguno de estos movimientos vecinales y actos de protesta?
(R) -Firmé al menos algún manifiesto.

(P) -Los quioscos, merenderos, ventas... de la Dehesa y sus alrededores fueron lugar de encuentro y diversión de numerosos intelectuales, artistas y otras personalidades del mundo del espectáculo. Miguel Gila, Camilo José Cela, Paco Rabal, Lola Flores y otros muchos han mencionado en alguna ocasión la Venta de la Peque (posteriormente denominada de la Villa), la Venta El Pinar (luego Toki-Eder), los merenderos de Valdeconejos, etc. ¿Frecuentaba Ud. alguno de ellos o recuerda alguno en especial?
(R) -No, apenas frecuenté esos enclaves más bien nocturnos. Recuerdo sobre todo la que se llamó en tiempos la Venta de la Peque, a la que fui un par de veces, una de ellas precisamente con Paco Rabal y otros amigos. También recuerdo un bar muy característico, yendo hacia Peñagrande, el Ricote, y un merendero que había al final de la que era la carretera de la Dehesa.

(P) -En la actualidad, y después de tantos años viviendo en la zona, ¿qué es lo que le sigue gustando de la Dehesa y sus alrededores?, ¿cuáles son sus lugares predilectos de la Dehesa y cómo los usa (para pasear, meditar, observar...)?
(R)-Ya no paseo tanto como antes por la Dehesa. La edad me impide a veces caminar como querría. Durante años iba mucho por el llamado Cerro de los Locos y alrededores. También me perdía por los declives de pinares que hay por detrás de esa Institución hospitalaria de Fabiola de Mora… Ahora soy más sedentario, me siento de vez en cuando con mi mujer, con algún amigo, en uno de los merenderos modernos frente a La Paloma. Pero el paisaje urbano ya no es el mismo, claro. Tampoco yo soy el mismo.

(P) -¿Recuerda Ud. alguna anécdota o hecho curioso que le haya acontecido en la Dehesa de la Villa?
(R) -Bueno, por el Cerro de los Locos siempre podían ocurrir episodios de interés. Allí se reunía y creo que se sigue reuniendo un censo de personajes de lo más curioso. Forman como una comunidad aparte, con sus reglamentos privados y todo. Hacen una vida de auténticos amantes del aire libre, cuidan de las zonas ajardinadas que ellos mismos han creado, toman el sol, juegan al frontón, defienden su entorno…

(P) -Ud. tiene un poema titulado “Dehesa de la Villa” ("Pliegos de cordel", 1963). ¿Le ha servido la Dehesa de inspiración en algún momento de su trayectoria literaria o para alguna otra de sus obras?
(R) -Ese poema tiene un carácter social, lo escribí a poco de venirme a vivir a mi piso de María Auxiliadora. Sí, supongo que mientras iba paseando por la Dehesa, debí experimentar algún incentivo literario.

DEHESA DE LA VILLA
J.M. Caballero Bonald (en Pliegos de cordel, 1963).
Reproducido con permiso del autor.

Domingo en derredor, redondo
día cárdeno
con cara de moneda, rueda
de abrigo semanal apretujando
al lunes contra el sol
de la barranca, sexualmente sórdido
como la colcha de un prostíbulo.

Cobarde día en calma encaramado
a las tapias del mes, dichoso
mientras finge
su avara libertad bajo los pinos
y hay un hombre,
una mujer, un niño, un pueblo junto,
que arriman de precario su alegría
a tu mantel de tedio y a tu sábana
de bulliciosa privación.

Todo el peso del día es una losa
y sobre ella tienden
la insurrección de la comida,
los bordes de botella del jornal,
el sobrante del sueño, muchas
horas de azar recién gastado.

Y el domingo restaura por detrás
del polvo un triste traje azul, cortado
a plazos como un bosque, limpio
como la podredumbre de la cal,
y va y le suelta el pelo
a las muchachas, le hace guiños
al turno del destajo, le recose
el forro al desamor.

                              Descanso
eventual, sombra en acoso,
la vida pasa, irrumpe
sin el lastre del tiempo en la dehesa
de la villa, va soltándole hilo
a la cometa. Sólo
se quedan los que nunca vuelven.

Serie Personajes célebres en la Dehesa de la Villa:
- Ramón y Cajal y su cigarral de Amaniel
- Antonio de Zulueta un pionero de la genética en la Dehesa de la Villa / La Dehesa, la retama, el escarabajo y el cromosoma
- Ofelia Nieto y Ángeles Ottein, dos sopranos en la Dehesa de la Villa
- Antonio Escobar Burgos, vecino y Amigo de la Dehesa de la Villa
- J. M. Caballero Bonald: un poeta premio Cervantes en la Dehesa de la Villa
- Pablo Guerrero: cantautor y poeta

Antonio Escobar Burgos, vecino y Amigo de la Dehesa de la Villa

23 de abril de 2012

En recuerdo de nuestro amigo y socio Antonio, que nos dejó el pasado mes de febrero.

El pasado 18 de febrero fallecía, a los 89 años de edad, Antonio Escobar Burgos. Con él perdemos a uno de nuestros primeros socios y más entusiastas seguidores. Admirador y halagador de la actividad que realizamos en defensa de la Dehesa de la Villa, estaba siempre dispuesto a contribuir apoyando a la Asociación a través de las publicaciones que vamos editando.

Empresario de éxito, doctor en Derecho y profesor de Derechos Humanos en Alcalá de Henares, mecenas y amigo de artistas, no nos extendernos en su biografía. EL PAÍS, periódico al que estaba vinculado como uno de los primeros accionistas de PRISA, ha publicado dos necrológicas: Antonio Escobar, un espíritu libre (Álvaro Martínez-Novillo, 24-febrero-2012) y Antonio Escobar Burgos, abogado y empresario (Diego Hidalgo, 8-marzo-2012). Asimismo, su hijo Pablo está realizando un blog sobre la figura de Antonio Escobar. Quien lo desee, encontrará allí más datos sobre su vida y podrá acercarse a la enorme dimensión humana de Antonio.

Antonio Escobar al lado del busto de Antonio Machado, del que tenía una copia en el jardín de su casa.
(Foto: autor desconocido, años 70-80; cedida por Antonio Escobar)

Nosotros le recordaremos en su casa “El Torreón” de la calle Pirineos, tan ligada a la Dehesa de la Villa y sobre la que algún día tendremos que escribir un artículo monográfico. Siempre nos abría las puertas para recibir a las personas venidas de otras partes de Madrid cuando hacíamos las rutas guiadas por la Dehesa.

Antonio Escobar, gorra de plato negra y gabardina beige, muestra su casa durante la vista guiada que Adolfo Ferrero realizó para el CC Clara del Rey.
(Foto cedida por el CC Clara del Rey, enero 2011)

Allí, en “El Torreón”, o “El Castillo”, como también se conoce a la casa, nos contaba recuerdos de la Dehesa y nos recitaba poesías de Antonio Machado, por el que sentía especial admiración y cuyo busto presidía el jardín de su casa. Era una delicia escucharle.

El busto de Machado en el jardín. De él decía Antonio Escobar: “Nuestro íntimo amigo y gran escultor Pedro Barral, hermano de Emiliano, esculpió para nosotros con piedra rosa de Sepúlveda la copia de este busto que preside el rincón más bello nuestro jardín. Y cada mañana cuando abro la puerta de la casa, desde el descansillo de la escalera que a él conduce, mi primer saludo es para Don Antonio. Le deseo los “Buenos días” y repito siempre el estremecedor mensaje de “esperanza-desesperanzada” que transmiten estos tres versos: ‘Confiemos / en que no será verdad / nada de lo que sabemos’”

También queremos recordar a Antonio a través de las felicitaciones de Navidad, Pascueros, como él los denominaba, que puntualmente nos enviaba todos los años. Eran sus Pascueros entrañables tarjetas en cuya elaboración participaba toda la familia. A través de ellos, Antonio, además de felicitarnos las Pascuas y el año entrante nos daba noticias de hijos, nietos y bisnietos, desgranaba sentimientos y nos transmitía su especial visión del mundo. Como ejemplo, sirva este poema que nos envió en las Navidades de 1982, en recuerdo y homenaje a uno de sus compañeros durante la Guerra Civil.


No podemos terminar sin mencionar a su esposa, Julia Moreno Hilera (1919 – 2006), nacida en el entonces Tetuán de las Victorias y amante también de nuestra Dehesa de la Villa, a la que dedicó un capítulo de su libro de memorias infantiles y de juventud “Historias de la abueluchi”: “En mi colegio teníamos el privilegio de que un día hacíamos una excursión a la Dehesa de la Villa [...]. ¡Era nuestro vergel! Como quedaba cerca, íbamos andando. De dos en dos, y con nuestro uniforme blanco y un gran lazo en el pelo, la gente nos miraba pasar como a un grupo de palomitas disciplinadas. Llevábamos nuestra comida –tortilla, chuletas, pimientos fritos y fruta-. Por la tarde, cuando nos recogían nuestras familias en el colegio, alborotadas y con los lazos torcidos, ya no éramos ese ejército de palomitas, sino un montón de niñas cansadas pero felices”.

Es para nosotros un honor haber conocido y admirado a Antonio Escobar. Decía Diego Hidalgo en su necrológica, “con él va muriendo una generación que ha sido fundamental en la historia de España y con la que estamos en deuda”. Para saldar la nuestra, permítasenos incluirle como uno más dentro de nuestra serie
Personas ilustres en la Dehesa de la Villa:
- Ramón y Cajal y su cigarral de Amaniel
- Antonio de Zulueta un pionero de la genética en la Dehesa de la Villa / La Dehesa, la retama, el escarabajo y el cromosoma
- Ofelia Nieto y Ángeles Ottein, dos sopranos en la Dehesa de la Villa
- Antonio Escobar Burgos, vecino y Amigo de la Dehesa de la Villa
- J. M. Caballero Bonald: un poeta premio Cervantes en la Dehesa de la Villa
- Pablo Guerrero: cantautor y poeta

Ofelia Nieto y Ángeles Ottein: dos sopranos en la Dehesa de la Villa

7 de diciembre de 2011

Continuamos la serie acerca de personas ilustres relacionadas con la Dehesa de la Villa con las sopranos Ofelia Nieto y su hermana Ángeles Ottein, cantantes de ópera muy célebres en su época y que vivieron en los alrededores de la Dehesa de la Villa a principios del S.XX, en la calle que actualmente lleva el nombre de la primera de ellas.

Pocos serán los vecinos de la Dehesa que no conozcan la calle Ofelia Nieto. A pesar de no ser muy extensa, apenas llega a los 600 m, es bastante conocida incluso en otras zonas de Madrid, pues antiguamente, como calle o paseo del Canal de Isabel II, era una de las vías de acceso a la parte baja de Tetuán y camino de salida hacia el término de Fuencarral; ya en la actualidad, y hasta no hace mucho, ha sido la principal vía de entrada al Barrio del Pilar y otros barrios del Noroeste.

Lo que ya no tantos sabrán, excepto los más melómanos, es quién fue Ofelia Nieto. Y lo que probablemente casi nadie sepa, aparte de los más viejos del lugar, es que al igual que su hermana Ángeles, Ofelia Nieto tuvo casa muy cerca de la Dehesa de la Villa, en la calle que hoy lleva su nombre.

Izquierda: Ofelia Nieto retratada para el estreno de la ópera “La Llama”, en la que intervenía como primera soprano.
(Foto: Cámara; Mundo Gráfico, 1918; Hemeroteca BNE)
Derecha: Ángeles Ottein, soprano ligera, durante su gira valenciana.
(Foto: Cámara; Mundo Gráfico, 1916; Hemeroteca BNE)

Explicaremos primero cómo averiguamos que las dos hermanas vivieron cerca de la Dehesa, haremos después un recorrido biográfico sobre ellas y, por último, podremos escuchar grabaciones de algunas interpretaciones suyas.

Localización de las casas que Ofelia Nieto y Ángeles Ottein tuvieron en la Dehesa de la Villa.
Curioseando por los archivos de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, topamos con un artículo de 1925 en el que, con motivo de haberle sido concedida a Ofelia Nieto la Cruz de Alfonso XII, se le hacía una entrevista en su “hotelito en la Dehesa de la Villa [...]: paisaje entre urbano y campestre. A un lado, casas de arrabal, caminos llenos de baches, humos de fábricas. Al fondo, la mole inmensa de Madrid, recortando entre la bruma distante los ángulos de sus edificios como colmenas... Al frente, la esmeralda eterna de los pinares de la Dehesa de la Villa, brillante por el rocío como esos fondos esmaltados de las tablas de los pintores primitivos, y más lejos aún las jibas (sic) monstruosas de la Sierra llena de nieve...”.

Ofelia Nieto sentada al piano en el salón de su casa de la Dehesa de la Villa.
(Foto: Díaz; Nuevo Mundo, 1925; Hemeroteca BNE)

Investigando un poco más, encontramos que Ángeles Ottein, hermana de Ofelia Nieto y cantante de ópera como ella, también tuvo “chalet [...] en la Dehesa de la Villa, enfrentado hacia la Sierra [...]. El paisaje se extiende difuminándose en lo inalcanzable al detalle visual. Las planicies castellanas se suavizan en verdeantes sonrisas, con las que se tamizan para la ofrenda cortesana formando el ambiente de este espíritu madrileño que es caricia del alma española...

Inmediatamente, nos pusimos a indagar dónde pudieron haber estado ubicadas las casas de las dos hermanas. La pista nos la dieron Antonio Martín Albornos (ver nota 6-11-12) y Carmen Fernández López (ver nota 19-12-12) , a los que agradecemos enormemente la colaboración que nos han prestado y las fotos que nos han cedido.

Arriba, Antonio (de rayas, sentado
en la primera fila) con su familia en
los pinares de la Dehesa, en 1919.
Debajo, los padres de Carmen en
la calle Ofelia Nieto, en 1949; detrás
de ellos, el Canal y las alambradas
que por entonces lo protegían y las
casitas, de carácter rústico, que
poblaban la zona.
(Fotos cedidas por
Antonio Martín Albornos
y Carmen Fernández López)
Vecinos de la Dehesa de los de toda la vida, Carmen se trasladó a vivir a la misma calle Ofelia Nieto al finalizar la Guerra Civil, cuando apenas contaba con 14 años de edad. Por su parte, Antonio nació hace más de 80 años en Chamberí, en la calle Vargas, y ya desde pequeño frecuentaba la Dehesa. Tras casarse, se mudaron al barrio de Valdeconejos, donde viven desde hace casi 60 años. 
Antonio y Carmen conservan intactos en el recuerdo infinidad de anécdotas, historias, lugares, etc. de la Dehesa y sus alrededores. Ambos conocieron la calle Ofelia Nieto cuando no era sino un camino de servicio por el que, protegido por una alambrada, transcurría el Canal Bajo de Isabel II, o de Lozoya, flanqueado por algunas casitas bajas de carácter rústico, solares, corrales, huertas, alfares... un aspecto, en suma, muy similar al que se describía anteriormente en 1925.

Si bien Ofelia Nieto había muerto ya, su casa aún estaba en pie y seguía conociéndose como Villa Nieto. Así la recordaban Antonio y Carmen, que también conocieron la casa de su hermana Ángeles (Villa Ottein) y nos señalaron el sitio aproximado donde se levantaban los “hoteles”, en la primera manzana entre los actuales números 2 y 12 de la calle Ofelia Nieto.

Además, Antonio recordaba que un tal Vidal, hermano de su padrino, los compró o alquiló posteriormente e instaló una fábrica de chocolate. Una noticia de prensa de 1969 en la que se imponía una sanción “a don Juan Vidal Hernández, con domicilio en calle Ofelia Nieto, número 8, de Madrid, por adulteración de chocolates” nos situaba definitivamente el lugar donde se ubicaban.

Los recuerdos de Antonio y Carmen quedaron definitivamente corroborados cuando encontramos en un plano de 1929 las referencias a Villa Nieto y Villa Ottein.

Arriba, plano de 1929 donde puede leerse claramente Villa Nieto y Villa Ottein (Oficina Municipal de Información sobre la Ciudad del Ayto. de Madrid; Biblioteca Digital CAM).
Debajo (Ortofotomapa Madrid Capital 2010; Planea CAM), una vista aérea comparativa de la zona: glorieta Rocío Dúrcal, en la confluencia de Francos Rodríguez, Sánchez Preciado, Pablo Iglesias, Paseo de la Dirección y el arranque de la calle Ofelia Nieto.

Una vez localizado el sitio exacto donde estuvieron sus casas, pasemos a conocer un poco más acerca de estas dos hermanas y cantantes de ópera que un día vivieron al lado de la Dehesa de la Villa. Nos extenderemos más en Ofelia Nieto que en Ángeles Ottein, habida cuenta de que para el propósito de este blog resulta más relevante su personaje por llevar una calle de la Dehesa su nombre.

Ofelia Nieto (¿1898/1900? – 1931). 
Ofelia Nieto, en 1917, recién
contratada para actuar en Montecarlo.
(Foto: Calvache; El Día, 1917;
Hemeroteca BNE)
Existe disparidad de opiniones a la hora de fijar la fecha y el lugar de su nacimiento.

Algunas fuentes lo sitúan en Galicia, en Santiago de Compostela, en 1900, mientras que otras hablan de Algete, en 1898 (18-marzo), haciendo referencia para ello a su acta de nacimiento e inscripción de bautismo.

Para terminar de complicar más la cuestión, la propia Ofelia Nieto afirmaba en una entrevista que había debutado a la edad de 14 años (“A los catorce años canté Maruxa, del maestro Vives en el Teatro de la Zarzuela...al año siguiente ya fui al Real...”). Teniendo en cuenta que dicho estreno tuvo lugar en 1914, la fecha de su nacimiento debiera ser, pues, 1900... Curioso embrollo cuya resolución excede a nuestro propósito de recoger la relación que la soprano tuvo con la Dehesa de la Villa.

En lo que sí coinciden la mayoría de las fuentes es en que su padre, José Nieto, notario y, este sí, originario de Santiago de Compostela, y su madre, Erundina Iglesias, natural de Santander, tenían gran afición por la música y pronto la enviaron a estudiar canto junto con su hermana Ángeles al Conservatorio y a la academia de Lorenzo Simonetti en la calle del Pez.

Su debut oficial se produjo un 28 de mayo de 1914 en el Teatro de la Zarzuela, en el papel principal de la ópera Maruxa, con música de Amadeo Vives y libreto de Luis Pascual Frutos.

Imágenes de Ofelia Nieto el día del estreno de Maruxa en el Teatro de la Zarzuela. A la izquierda, con los autores y el elenco principal de la obra. A la derecha, la “señorita Ofelia Nieto, notable tiple de ópera, que debutará esta noche interpretando la parte protagonista de la ópera Maruxa”.
(Fotos: Vandel; El País, 1914; Hemeroteca BNE)

Un año después, en 1915, se presentaba en el Teatro Real, en el que volvería a actuar prácticamente todas las temporadas. De ella dijo la crítica: “Ofelia Nieto es la Maruxa ideal, la mejor Maruxa que hemos oído; y el público del Real, exigente por el precio que paga las localidades, por el ambiente de aquel teatro, donde se han escuchado tantas eminencias, la ovacionó con entusiasmo y la aplaudió con insistencia”.

A partir de aquí, su carrera fue vertiginosa y los grandes teatros de España y del mundo supieron de sus triunfos: el Liceo, de Barcelona; el S. Fernando, de Sevilla; el San Carlos, de Nápoles; el Real, de Roma; la Scala, de Milán; el Metropolitan, de Nueva York; el Colón, de Buenos Aires...

Su repertorio incluyó las más famosas óperas y zarzuelas (Aída, El Avapiés, La Boheme, La Llama, Madame Butterfly, Otello, Amaya, La Dolores, Gigantes y Cabezudos, Los de Aragón, etc.) y cantó junto con los más renombrados cantantes de ópera de su tiempo.

Ofelia Nieto, cantando ante la Peña palomera del Sanatorio de Ntra. Sra. de Jaraba, Zaragoza, donde pasó las vacaciones ese año para descansar y verse libre de todas las exigencias sociales y preocupaciones de sus tareas artísticas
Foto: autor desconocido; Nuevo Mundo, 1924; Hemeroteca BNE)

En el cénit de su carrera, en 1927 anuncia su boda con Felipe Cubas, decano del Colegio de Procuradores de Sevilla, y su retirada de la escena. Junto con la pianista Julia Parodi, realiza una gira de conciertos de despedida por España (por cierto, el de Madrid tuvo lugar el 6 de enero de 1928 en el salón de fiestas del Lyceum club Femenino de Madrid, antiguo Consejo del Banco de Castilla de la calle Infantas –casa de las Siete Chimeneas-). Todos los medios se hacen eco de su adiós y lamentan que una de las más grandes divas se retire tan joven, “cuando mayor es su fama y más espléndida su voz [...] pues España se priva de una de las mejores cantantes que han desfilado por el antiguo Teatro Real”.

Programa de mano del concierto de despedida celebrado en 1927 en La Coruña.
(Foto: Sociedad Filarmónica de La Coruña, 1927; Biblioteca de Galicia)

La boda tiene lugar un domingo 18 de marzo de 1928, por la tarde, en la capilla del Santo Cristo de la catedral de Burgos, ciudad donde por aquel entonces residía el padre de Ofelia Nieto. El evento fue recogido por toda la prensa de la época. Para los aficionados a las “crónicas rosas” diremos aquí que “la novia vestía un sencillo traje de calle, de crespón negro adornado con azahar, y abrigo de piel, y se tocaba con sombrero fieltro negro. El novio vestía de chaquét (sic)”; apadrinaron la boda el padre de la novia, D. José Nieto y, como ya ocurrió con su nacimiento, hay también diferentes versiones de quién fue la madrina (unos dicen que la madre del novio, Doña Ana Albernis; otros que Ramona Nieto, hermana de Ofelia, en representación de la madre; y otros, que la hermana del novio, también en representación de la madre). Entre los numerosos invitados no faltaron algunas personalidades, incluyendo un ex-ministro, un director de periódico, un secretario del ayuntamiento de Sevilla, un ex-gobernador de Valladolid... “El templo estaba lleno de distinguida concurrencia”. “Una multitud rodeó a los contrayentes y los acompañó hasta el hotel donde se celebraba el lunch. Ofelia Nieto se vio obligada a salir a un balcón del hotel para saludar a la muchedumbre que no cesaba de vitorear y aplaudir”.

A la izquierda, Ofelia Nieto y Felipe Cubas, después de contraer matrimonio. A la derecha, el enorme gentío que acudió a presenciar la boda espera la salida de los novios de la catedral.
(Fotos: Espiga; Mundo Gráfico, 1928; Hemeroteca BNE)

Tras la boda, se instalan en Sevilla. Aunque retirada de los escenarios, Ofelia Nieto sigue interviniendo en algunos conciertos benéficos tal como había venido haciendo mientras estaba en activo, hecho que le había proporcionado gran popularidad y le había granjeado las simpatías del gran público.

El 7 de noviembre 1930 la pareja tuvo una hija, noticia que fue publicada en algunos diarios de la época: “La famosa diva Ofelia Nieto de Cubas ha dado a luz con toda felicidad en Sevilla [...] una robusta niña. La recién nacida llevará el nombre de Ofelia, como la autora de sus días”. Desconocemos qué ocurrió con ella, en las biografías consultadas ni siquiera se menciona el alumbramiento, pero todo parece indicar que la criatura debió fallecer al poco de nacer.

Ofelia Nieto, en una de las últimas
fotografías que le fueron tomadas
antes de la convalecencia y que
acompañaba la noticia de su
fallecimiento.
(Foto: autor desconocido;
El Imparcial, 1931;
Hemeroteca BNE)
Poco tiempo después, Ofelia Nieto cae enferma. Padecía un trastorno en la vesícula biliar que le hacía mostrarse inapetente y la llevó a un estado de extrema debilidad.

Su salud se fue agravando paulatinamente. En marzo de 1931, la familia determinó trasladarla a Madrid (¿a su casa de la Dehesa?) para un mejor tratamiento, pero su estado continuó complicándose. El domingo 17 de mayo de 1931 ingresó en el Sanatorio de Ntra. Sra. del Rosario, en la calle Príncipe de Vergara, para someterse a una intervención quirúrgica que finalmente se llevó a cabo el miércoles 20 de mayo. La vesícula estaba extraordinariamente inflamada, se encontraron también daños en el apéndice y la operación se complicó; se pasaban los efectos de la anestesia y hubo que administrarle una fuerte dosis de éter que le provocó una intoxicación en la sangre.

Se intentó realizarle una transfusión pero hubo que desistir al tener la paciente la sangre coagulada; le sobrevino entonces un colapso del que a duras penas consiguieron reanimarla. Su estado fue empeorando durante la tarde del jueves 21 y a las 3:30 de la madrugada del viernes 22 de mayo falleció, rodeada de sus familiares.

La noticia de su muerte, ampliamente difundida por la prensa de la época, cogió por sorpresa a los círculos teatrales y al gran público, desconocedores de la extrema gravedad de la cantante. Todos lamentaron la pérdida de Ofelia Nieto, quien moría “en plena juventud y cuando sus innumerables cualidades de diva estaban en pleno apogeo”.

De la notoriedad que llegó a alcanzar Ofelia Nieto puede darnos una idea el hecho de que una búsqueda de su nombre en la hemeroteca de la BNE arroja más de 1.500 registros en artículos de prensa, sólo hasta 1936.

Respecto a su casa en la Dehesa de la Villa, desconocemos la fecha exacta en que se construyó. Sabemos que ya en 1925 Ofelia Nieto residía allí, por la entrevista comentada al principio, donde se nos describe la casa como “un hotelito, una torre, pequeña y bonita como el estuche de una joya; y en el porche de la casa, con el suelo de azulejos y un Cristo en locetas (sic), una enredadera y un jardín minúsculo como un patio andaluz”.

Ofelia Nieto junto con el poeta y amigo Antonio Casero en el porche de la casa que la cantante tenía en la Dehesa de la Villa.
(Foto: Díaz; Nuevo Mundo, 1925; Hemeroteca BNE)

Sabemos también que tras su matrimonio, en 1928, se trasladó a Sevilla. Pero mantuvo la casa de la Dehesa. De hecho, había sido reformada unos meses antes de la boda, suponemos que para adaptarla a las nuevas necesidades de la futura pareja. Así se deduce de la licencia de reforma y ampliación solicitada en el Ayuntamiento de Madrid en febrero de 1928. Por cierto, el arquitecto a cargo de la reforma fue Fernando de Escondrillas, muy conocido en la época por haber realizado numerosos edificios de viviendas y haber estado a cargo de varias de las colonias que proliferaron en Madrid a raíz de la ley de Casas Baratas, entre otras, la Colonia Primo de Rivera, en Chamartín, y la Colonia del Pico del Pañuelo, en Arganzuela.

Como ya hemos mencionado, la casa continuaba en pie más de una década después de la muerte de Ofelia Nieto. Antonio y Carmen nos comentaron que la mantenía la hermana, Ángeles, que vivía todavía en el hotel vecino, hasta su venta en los años 50. Posteriormente, las casas debieron derribarse en la década de los 70, si nos atenemos a la fecha de construcción que figura en el catastro de los edificios que hoy se levantan en el solar que ambos “hoteles” ocuparon en la calle que fue Paseo del Canal de Isabel II y hoy lleva el nombre de Ofelia Nieto.

La calle de Ofelia Nieto.
El cambio de nombre de la calle se produjo casi inmediatamente tras la muerte de la cantante. Así consta en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid (22-09-1931), donde la Comisión Gestora de la Diputación se da por enterada en su sesión de 23 de julio de 1931 de los acuerdos tomados por el Ayuntamiento de Madrid en sus sesiones de 29 de mayo, 5, 12 y 26 de junio de 1931 para, entre otros cambios de nombres de calles, sustituir el del Paseo del Canal de Isabel II por el de Ofelia Nieto. El cambio debió deshacerse en algún momento posteriormente, pues encontramos una nota de la sesión de la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Madrid del 30 de enero de 1942 en la que, a propuesta de la Comisión de Cultura e Información, se aprueba “que el paseo del Canal de Isabel II se vuelva a denominar paseo de Ofelia Nieto”.

Este topónimo en el callejero es el único vestigio que de tan insigne vecina queda actualmente en la Dehesa de la Villa.

Últimos restos de edificios en la c/ Ofelia Nieto de la época en que ella vivió allí:
Arriba, a la izquierda, edificio de 1920 en el número 4, justo al lado de donde estuvieron los hoteles de Ángeles Ottein y Ofelia Nieto y que aparece referenciado en el plano de 1929 como Hotel. A la derecha, edificio que hace los números 3-5 de la calle y que también aparece en el plano de 1929.
Debajo, a la izquierda, casa de 1904 al final de la calle; a la derecha, restos de un conjunto de casas de 1920 – 1925 a la altura del número 29, que fueron derribadas para abrir una nueva vía de unión entre Ofelia Nieto y Sánchez Preciado, cruzando la calle José Romero.
(Fotos: A. Morato, 2011)

Ángeles Ottein (1895 – 1981).
Bautizada como María de los Ángeles Nieto, sustituyó el apellido paterno por el artístico de Ottein para dejárselo enteramente a su hermana Ofelia –nótese que Ottein es el anagrama de Nieto, al que añadió una t para hacerlo más italianizante-.

Las fuentes consultadas coinciden en la fecha de nacimiento, 24 de junio de 1895. Pero, tal como ocurrió con su hermana, encontramos disparidad de opiniones respecto al lugar de origen: Santiago, Madrid, Algete... siendo esta última localidad la opción más fiable, si nos atenemos a la fuente en la que también aparece el el acta de su nacimiento.

Estudió solfeo y piano desde muy joven. Su debut oficial se produjo unos meses más tarde que el de Ofelia, en septiembre de 1914, en el Teatro de la Zarzuela con Marina. Al igual que su hermana, alcanzó gran popularidad y fama y realizó numerosas giras por España y alrededor del mundo (Nueva York, Roma, Nápoles, La Habana, etc.), actuando junto con las figuras más famosas de la época.

Ángeles Ottein con el tenor Schipa durante una gira por Sudamérica.
(Foto: P. Bazán y otro; Caras y Caretas, 1919; Hemeroteca BNE)

A principios de los años 40 cambió los escenarios por las aulas. El Conservatorio Pau Casals de Puerto Rico y el Real Conservatorio de Madrid fueron testigos de su habilidad docente, que forjó figuras de renombre tales como Pilar Lorengar, Inés Rivadeneira, María Luisa Nache, Consuelo Rubio o su propia sobrina Marimí del Pozo, hija de Ramona, la otra hermana de Ofelia y Ángeles, y continuadora de la saga de los Nieto.

Ángeles Ottein falleció en Madrid el 13 de marzo de 1981; la noticia de su muerte apareció en los principales diarios nacionales, lo que da idea de la relevancia y vigencia de su figura incluso varias décadas después de su retirada de la escena.

Sobre la casa de Ángeles Ottein en la Dehesa, ya hemos dejado constancia de su devenir en el apartado anterior sobre la casa de Ofelia Nieto. Añadiremos simplemente la descripción que se hacía en un reportaje de la época para hacernos una pequeña idea de cómo pudo ser: “un reducido jardín adentra con aromas de flores en el chalet de entonada sencillez que se dice ‘Villa Ottein’ [...]. Cuando traspaso el precioso vestíbulo, adornado con magnífico bargueño de fabricación española y bellamente decorado me acoge con singular gentileza [...]”.

Algunos vecinos de la Dehesa como Rafa, de ochenta y dos años, todavía la recuerdan allá por los años cuarenta: “Accedía con el coche de caballos por una entrada que tenía por la calle Francos Rodríguez, por donde entonces circulaban los tranvías. Salía con su coche de caballos por las mañanas y regresaba por las tardes. Allí hacía su vida y apenas se dejaba ver porque el palacete tenía una valla ajardinada y era muy discreto”.

Para concluir este artículo, incluimos a continuación una serie de grabaciones de época con interpretaciones de Ofelia Nieto y Ángeles Ottein. Esperamos que resulten de interés no sólo para los amantes de la música sino para todos los lectores a los que hayamos conseguido despertar la curiosidad por saber cómo sonaban sus voces.

Audiciones de Ofelia Nieto.
De ella dijo la crítica: poseedora de grandes cualidades dramáticas, Ofelia Nieto estaba dotada por la naturaleza de unas facultades privilegiadas. Soprano de voz fácil, transparente y, no obstante, llena de emoción, poseía todos los registros y llegaba desde unos graves de contralto hasta la fina agilidad de una tiple ligera. La voz de Ofelia es una de las más hermosas que se han oído: pura, llena, extensa, igual en todos los registros, de timbre aterciopelado y acariciante; mas a esto hay que unir la depurada escuela de canto, el arte del matiz, la inflexión, la manera natural y sin esfuerzo al emitir, y el calor que da vida y alienta en la obra cuando es interpretada de manera tan magistral y perfecta. Era la María Callas de aquel tiempo, en Europa y América. Queda en la historia como una de las más excepcionales sopranos dramáticas que han cautivado a los más diversos públicos del mundo.

Para escuchar las grabaciones hacer click sobre el dibujo de la clave de sol y se abrirá el reproductor de audio en una ventana aparte

Maruxa:
Preludio y escena
(1931, Hemeroteca BNE)
Maruxa:
Mírate en el espejo
(1931, Hemeroteca BNE)










Los de Aragón:
Palomica aragonesa
(1931, Hemeroteca BNE)
Gigantes y cabezudos:
La carta
(1931, Hemeroteca BNE)
Sadko:
Canción India
(ListenGo)

Audiciones de Ángeles Ottein.
De ella dijo la crítica: Ángeles Ottein se distinguió por la pureza de su voz de soprano ligera. Una técnica sólida le permitió desplegar sus cualidades en un amplio y extenso paisaje que abarcaba la ópera, el concierto, el recital. Su fraseo era perfecto y su talento interpretativo notable. Configuraba unas interpretaciones muy completas gracias a su natural dominio del gesto y del movimiento escénico. Destaca la belleza de su timbre, la controladísima y perlada “mezza voce”, integrada en una expresividad natural, exenta de afectación. Su voz es cálida, vehemente, purísima de timbre, con unos graves hermosos, un registro medio nobilísimo y unos agudos deslumbrantes. En su garganta viven las notas sorprendentes, las notas ágiles que suenan a trinos de ruiseñor, a repiqueteos de cristal, las notas que vuelan altísimas sin romperse. A muchas generaciones les dirá poco el nombre de Ángeles Ottein pero en la historia de la lírica española supo ganar un puesto que ni la muerte misma le puede arrebatar.

Para escuchar las grabaciones hacer click sobre el dibujo de la clave de sol y se abrirá el reproductor de audio en una ventana aparte

Ave Verum -
Mozart
(1933, Hemeroteca BNE)
Maestro Campanone:
Al fin soy tuya
(1932, Hemeroteca BNE)
Ave María -
Bach / Gounod
(1933, Hemeroteca BNE)

La canción del olvido:
Marianela
(1941, Hemeroteca BNE)
La canción del olvido:
Serenata
(1941, Hemeroteca BNE)









Katiuska:
Romanza - Acto I
(1933, Hemeroteca BNE)
Katiuska:
Romanza - Acto II
(1933, Hemeroteca BNE)









Luisa Fernanda:
Caballero de
alto plumero
(1941, Hemeroteca BNE)
Luisa Fernanda:
Para comprar
a un hombre
(1941, Hemeroteca BNE)
Luisa Fernanda:
Mazurca de
las sombrillas
(1941, Hemeroteca BNE)

Bibliografía:
- Bertoméu Fernández, J.A. (2009): Ofelia Nieto, soprano (1898-1931)
- De Santiago, A. (1994): Ofelia Nieto: una gallega en el Olimpo del Bel Canto
- Hernández-Girbal, F. (1994): Cien cantantes españoles de ópera y zarzuela
- Hernández-Girbal, F. (1997): Otros cien cantantes españoles de ópera y zarzuela


Serie Personajes célebres en la Dehesa de la Villa:
- Ramón y Cajal y su cigarral de Amaniel
- Antonio de Zulueta un pionero de la genética en la Dehesa de la Villa / La Dehesa, la retama, el escarabajo y el cromosoma
- Ofelia Nieto y Ángeles Ottein, dos sopranos en la Dehesa de la Villa
- Antonio Escobar Burgos, vecino y Amigo de la Dehesa de la Villa
- J. M. Caballero Bonald: un poeta premio Cervantes en la Dehesa de la Villa
- Pablo Guerrero: cantautor y poeta

Actualizaciones.

06-11-2012 – Fallecimiento de Antonio Martín Albornos.
El pasado jueves 1 de noviembre, día de Todos los Santos, fallecía en su domicilio de la Dehesa de la Villa Antonio Martín Albornos, a consecuencia de un accidente doméstico.
Los que tuvimos la suerte de conocerle le recordaremos por su carácter afable, siempre dispuesto a relatarnos cosas sobre el pasado de la Dehesa y alrededores. Con 87 años de edad, muchos de ellos vividos en el barrio de Valdeconejos, en las inmediaciones de la Dehesa, su prodigiosa memoria y su animada conversación nos retrotraían a tiempos pasados, cuando Valdeconejos no era sino un barrio del pueblo de Fuencarral y la Dehesa un “campo” silvestre. Gracias a él, y a su mujer Carmen, averiguamos dónde estaban las casas de Ofelia Nieto y Ángeles Ottein y nos contaron cómo era el barrio antes de su completa transformación. También nos habló de la Huerta del Concejal y de las otras muchas huertas que poblaban los alrededores de la Dehesa, de los merenderos y ventas (“chuletines” les llamaba) de Valdeconejos y la Dehesa, del Canalillo...
¡De cuántas otras cosas nos hubiera gustado poder seguir charlando! Con él perdemos uno de nuestros “cronistas” y, sobre todo, un buen Amigo. Vayan desde aquí nuestras más sinceras condolencias para su viuda Carmen, sus hijas y allegados.


19-12-2012 – Fallecimiento de Carmen Fernández López.
En la vida muchas veces las desgracias no vienen solas. Si hace un mes lamentábamos la pérdida de Antonio Martín Albornos, sentimos hoy la pérdida de Carmen Fernández López. Delicada de salud desde hacía algunos meses, Carmen falleció la noche del pasado día 18 de diciembre.
Por ella supimos de lugares perdidos en los alrededores de la Dehesa (merenderos, fuentes, calles, huertas, casas, etc.) que aparecen de vez en cuando en algún mapa o artículo de hemeroteca y que ella nos ayudó a localizar. Con alegría y pasión nos relataba sus recuerdos de Tetuán, de la Dehesa y de Valdeconejos y con socarrenoría no exenta de candor nos hablaba de las más célebres ventas de la Dehesa, de los famosos que los frecuentaban, de los saraos que allí se organizaban y que, como vecina que era de una de ellas, tuvo que soportar más de una vez. Y a duras penas conteniendo las lágrimas nos habló también de guerras, de tiempos difíciles de juventud en el barrio de Tetuán.
Algún día, nos decía, tendría que animarse a poner por escrito todos esos recuerdos, pero no se veía con fuerzas para hacerlo. Parte de ellos, al menos, ya están por aquí: en ésta entrada sobre Ofelia Nieto que no hubiera sido posible sin sus testimonios, y diseminados por otros de los artículos de nuestro blog. Y aquí quedan juntos para el recuerdo de Antonio y Carmen.
Aunque difícilmente pueda encontrarse consuelo en las palabras, desde aquí queremos agradecer a su familia y allegados el habernos facilitado contactar con ellos, transmitirles nuestro más sentido pésame y brindarles apoyo ante los difíciles días que tendrán que afrontar.