Blog de la Asociación Cultural Amigos de la Dehesa de la Villa
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Guía micológica de la Dehesa de la Villa: Fichas 32, 33 y 34

27 de octubre de 2013

Ficha 32 (Macrolepiota venenata), Ficha 33 (Inocybe roseipes) y Ficha 34 (Clitocybe phaeophthalma) de la Guía Micológica de la Dehesa de la Villa, de José Castillo Pollán, Josetas.

En plena temporada micológica, qué mejor momento que este para retomar la serie con tres nuevas fichas de setas encontradas en la Dehesa de la Villa en años anteriores por estas fechas y que, aunque son especies raras, con un poco de suerte quizá puedan volver a encontrarse nuevamente este año.

Recordamos a todos los lectores el riesgo de consumir las setas de la Dehesa, incluso aquellas identificadas como comestibles, tal como explicamos en la presentación de la Guía micológica.

Ficha 32: Macrolepiota venenata

(Foto: J. Castillo; tomada en la Dehesa de la Villa, 09-11-2009)

Macrolepiota: del término griego makro, grande, y del género Lepiota, (del griego lepis, escama) por ser una lepiota de gran tamaño.
Venenata: del latín venenatus, envenenado, por su toxicidad.

Sombrero: primero de forma ovoide, luego convexa y después plana con el borde con restos del velo general. El revestimiento es de color marrón rompiéndose en escamas con forma de estrella viéndose el color blanquecino. De tamaño entre 10 - 16 cm de diámetro.

Pie: de 10 a 16 cm de alto x 2 a 3 cm de grosor; cilíndrico, grueso y liso, sin escamas; de color blanquecino a marrón muy claro, se mancha de color rojo al ser raspado con la uña. Presenta un anillo simple y membranoso el cual nos ayudaría a distinguirla de Macrolepiota rhacodes.

Láminas: libres, delgadas y apretadas; de color blanco cremosas que se manchan de rosa.

Esporada: de color blanca.

Toxicidad: es una seta considerada toxica o indigesta; se puede confundir muy fácilmente con Macrolepiota rhacodes y sus variedades.

Notas: es una seta muy rara; en la Dehesa de la Villa la encontramos muy localizada en un único setal en el que posteriormente la hemos encontrado en numerosas ocasiones incluso en pleno verano.
El autor agradece a Borja Rodríguez de Franco la ayuda para la identificación de la especie.

Ficha 33: Inocybe roseipes

(Foto: J. Castillo; tomada en la Dehesa de la Villa, 15-11-2009)

Inocybe: de los términos griego inos, fibra y cybe, cabeza, por su sombrero fibroso.
Roseipes: del latín, roseus, rosa, y pes, pie, por el color rosa difuminado del pie.

Sombrero: primero cónico y más tarde plano; con un pequeño mamelón y borde radiado de color gamuza grisáceo. Tamaño de hasta 4 cm de diametro.

Pie: de 6 x 5 cm, con esfumaciones de color rosáceas sobre todo en la parte superior del pie.

Láminas: de color amarillas pálidas al principio, después de color ferruginoso; de forma libre y escotada.

Esporada: de color pardo tabaco.

Toxicidad: sospechosa de toxicidad, como toda la de su especie.

Notas: Especie poco conocida, no suele ser muy abundante en la Dehesa de la Villa.

Ficha 34: Clitocybe phaeophthalma

(Foto: J. Castillo; tomada en la Dehesa de la Villa, 02-11-2008)

Clitocybe: del griego klitos, inclinado, y cybe, cabeza, por la inclinación del sombrero.
Phaeophthalma: del griego phaeo, oscuro, y ophthalmus, ojo, por su color oscuro o gris pardo.

Sombrero: de hasta 6 cm de diámetro, deprimido en el centro y de color beige ocráceo con el margen estriado.

Pie: de 5 x 0’7 cm; blanquecino.

Láminas: decurrentes, blanquecinas .

Esporada: de color blanca.

Toxicidad: no comestible, es una especie bastante toxica por su alto contenido en muscarina.

Notas: como la mayoría del género clitocybe, es una de las pocas especies de pequeño tamaño fácil de determinar por su forma esbelta y olordesagradable, descrito en algunos sitios como "olor a gallinero". Es una seta rara en la Dehesa de la Villa; desde que se fotografió, y a pesar de haberla buscado durante años, no se ha vuelto a encontrar hasta la fecha.

11 - Cotorra argentina - Conoce las aves de la Dehesa de la Villa

13 de octubre de 2013

Nueva entrega de la serie Conoce las aves de la Dehesa de la Villa.

Cotorra argentina (Myiopsitta monachus).
Pepe y Gonzalo Monedero

La cotorra argentina es una especie de ave exótica introducida por la acción del hombre en la Península ibérica, donde sus poblaciones se han incrementado exponencialmente en las últimas décadas, y que se puede observar fácilmente en la Dehesa de la Villa a lo largo del año, existiendo poblaciones estables de esta especie.

Perteneciente a la familia de los loros, es la única de esta especie que construye el nido con palos entrelazados. Presenta un alto potencial colonizador y, por constituir una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, ha sido incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por Real Decreto 1628/2011, de 14 de noviembre, estando prohibida en España su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio. Además, en relación a este Real Decreto se permite la captura y muerte de cualquier ejemplar de esta especie durante cualquier actividad cinegética autorizada.

Atendiendo a su aspecto morfológico, presenta un plumaje con tonos amarillos y sobre todo verdosos, a excepción de los extremos de las alas, que presentan tonalidades azules (muy visibles durante el vuelo). La garganta, el pecho y la frente son de color grisáceos y, presentan un pico fuerte, corto y ganchudo de color ocre claro. La cola es larga aunque de menor longitud que en la cotorra de Kramer (Psittacula krameri), otro tipo de cotorra que puede ser observada en menor medida en la Dehesa.

(Foto: J. Monedero, 2008)

Es un ave muy gregaria y con gran capacidad de adaptación a cualquier medio. Suelen volar en ruidosos bandos, a gran velocidad y aleteando constantemente, emitiendo una amplia gama de sonidos estridentes. Debido a su carácter agresivo y ausencia de sus principales depredadores, ha desplazado a una gran variedad de especies autóctonas como el mirlo (Turdus merula) o la urraca (Pica pica), entre otros.

Su alimentación se basa fundamentalmente en una dieta frugívora y granívora. También se alimenta de forrajes, brotes, hierba, insectos, carroña, y si la ocasión se presenta, pueden alimentarse de la nidada de otras aves de menor tamaño. También se ha podido observar que se alimentan de las semillas de los cipreses (Cupressus sp.) abriendo sus gálbulos y devoran el fruto apestoso de la melia (Melia sp.).

Su periodo reproductivo abarca desde agosto hasta noviembre, siendo fiel a las fechas en que se reproduce en su lugar de origen en el hemisferio austral, pues cuando en España acaba el verano y empieza el otoño, en el hemisferio austral empieza la primavera. Forman parejas monógamas, es decir, forman parejas de por vida. Debido a su carácter gregario, pueden llegar a instalarse varias parejas muy próximas unas a otras en grandes estructuras, con forma esférica, elaboradas a base de palos y ramas, que son el resultado de la unión de varios nidos. El nido lo ubican en árboles o en estructuras artificiales, como torres de radiocomunicación o tendidos eléctricos. La puesta consta de cuatro a ocho huevos y, éstos, se adaptan a cualquier tipo de climas templados o tropicales debido a la acción térmica que proporcionan las cámaras de los nidos coloniales.

Una pareja de cotorras en la Dehesa de la Villa
(Foto: J. Monedero, 2011)

En cuanto a su hábitat, es una especia bastante generalista y en España, se instala en parques y jardines de núcleos urbanos, diferenciándose solamente el arbolado que utilizan para establecer sus nidos. Concretamente en la Comunidad de Madrid, donde se encuentra el núcleo de mayor entidad de esta especie, sienten preferencia por especies de árboles de tipo caducifolio y, en menor medida, coníferas. En la Dehesa de la Villa y alrededores, han elegido para nidificar grandes cedros (Cedrus sp.) donde existen varios nidos coloniales en de gran tamaño.

Recordando los datos en Madrid sobre esta especie, decir que fue citada por primera vez en 1985 (Pascual y Aparicio 1990), y en 1993 (Barrio y de Juana 1993) se observa un grupo reproductor importante en la Casa Campo. Actualmente está instalada en muchas otras zonas y parques de Madrid. La teoría que puede explicar la expansión de esta especie, se basa en que en los años 80 del pasado siglo, fue una especie que se vendía en abundancia como mascota familiar y por su asequible precio. Por su impacto sonoro debido a sus estridentes reclamos y voces, debieron ser soltadas en parques y zonas de Madrid en gran cantidad. Esto unido a ser una especie generalista, de gran adaptación y en un clima no desfavorable, es lo que ha favorecido el éxito de su expansión actual.


Serie Conoce las aves de la Dehesa de la Villa:
1 - Papamoscas cerrojillo
2 - Curruca capirotada
3 - Petirrojo europeo
4 - Lavandera blanca
5 - Mosquitero común
6 - Reyezuelo listado
7 - Golondrina común
8 - Vencejo común
9 - Pito Real
10 - Mochuelo europeo
11 - Cotorra argentina
12 - Mito
13 - Colirrojo tizón
14 - Verdecillo
15 - Mirlo común
16 - Carbonero garrapinos
17 - Herrerillo capuchino
18 - Paloma torcaz
19 - Gorrión común

Botánica para todos en la Dehesa de la Villa (XIII)

26 de agosto de 2013

Nueva entrega de la serie Botánica para todos... en la que Andrés Revilla nos explica el problema que aqueja a los pinos en las praderas de la Dehesa de la Villa.

"Pinos caídos en la Dehesa de la Villa: un problema creciente.
Periódicamente presenciamos la caída de un majestuoso pino en las praderas que se mantienen artificialmente en nuestra Dehesa de Amaniel: uno enorme cayó entre los merenderos de Francos Rodríguez, otro de 150 años nos mostraba en su interior restos de metralla. Uno enorme y bastante inclinado ha caído recientemente en la mediana de Antonio Machado. Días después el viento dañaba las ramas de los que este primero protegía. En esta semana otro más junto a la fuente de la prolongación de la avenida de Trajano. Uno viejo y alto cerca del pino real.

Imagen de los bomberos retirando el pino caído en la mediana de Antonio Machado.
(Foto: A. Revilla; 2013)

Son demasiados en poco tiempo y atestiguan un problema latente en el subsuelo: las raíces de los pinos piñoneros no se desarrollan bien en praderas regadas artificialmente. No es solo un problema derivado de la presencia de hongos xilófagos que las pueden destruir. Es también un problema de mal desarrollo radicular. La presencia continuada de agua en superficie, la que se dedica al riego de la propia pradera, provoca el crecimiento de raíces cortas y superficiales. Incapaces por si mismas de sostener al árbol.

Las raíces de los pinos se desarrollan continuamente. No pensemos que esa raíz que vemos en superficie en las zonas erosionadas se formó cuando brotaba el piñón. El movimiento de la savia construye paredes nuevas en el tronco del árbol y sus ramas todos los años. Estos mismos vasos forman raíces nuevas todos los años. Muchas mueren de forma natural. Otras engrosan y fortalecen llegando a ser dominantes. En la base de los pinos debilitados no se aprecian raíces nuevas. A veces se puede ver incluso como el cuello del árbol, la zona que separa tronco y raíz, está angostada. Presenta menos calibre que el propio tronco.

La caída de estos árboles es un problema de seguridad sin duda para los usuarios de la Dehesa. Es también una pérdida de masa forestal y de vida asociada a los árboles viejos. Sin duda muchos de ellos pertenecen a los plantados en las repoblaciones de Isabel II y patrocinados por la prensa de la época. Son pues una pérdida cultural también.

Sería fantástico identificar todos los árboles con problemas mecánicos de sostén y empezar a tratarlos con técnicas de arboricultura para evitar su pérdida. Estimularles para formar nuevas raíces y evitar los ataques de hongos. Se puede empezar eliminando poco a poco el riego de las praderas donde viven para que se vayan adaptando a la nueva situación hídrica. Hacerlo de golpe puede provocar su muerte por sequía.

También se puede dejar en su sitio alguno de los pinos caídos y dar la oportunidad a cientos de especies que viven de la madera muerta para desarrollarse. Pienso en hongos, insectos, aves insectívoros, etc. Muchos de los insectos que aparecen en inventarios de la Dehesa o que han sido recopilados allí ya no se han vuelto a encontrar. La presencia de madera muerta sin duda les puede ayudar a reconquistar nuestro bosque urbano.

Hasta la próxima cita.


Serie Botánica para todos en la Dehesa de la Villa:
- I - Flores y semillas de olmos y fresnos
- II - Forsitia o campanilla china
- III - Floración de los cipreses
- IV - Floración de los almendros y los ciruelos rojos
- V - Floración de las praderas
- VI - Los pinos de la Dehesa
- VII - Veronica chamaepithyoides: planta desaparecida
- VIII - Cedros
- IX - Encinas
- X - Madroños
- XI - Retamas
- XII - Acacias
- XIII - Pinos caídos en la Dehesa de la Villa
- XIV - Álamos

10 - Mochuelo europeo - Conoce las aves de la Dehesa de la Villa

7 de agosto de 2013

Nueva entrega de la serie Conoce las aves de la Dehesa de la Villa.

Mochuelo europeo (Athene noctua).
Pepe y Gonzalo Monedero

El Mochuelo europeo o común es una pequeña rapaz nocturna que puede ser observada durante todo el año en la Dehesa de la Villa, siendo más fácil su avistamiento y/o escucha en los meses correspondientes a su periodo reproductivo, al que más tarde haremos referencia. En el territorio nacional, el mochuelo es un ave sedentaria y encontramos dos subespecies: la subespecie vidalii, cría en la Península Ibérica y Baleares, y la subespecie glaux, presente en Ceuta y Melilla.

(Foto: J. Monedero, 2012)

Sí que podemos afirmar con seguridad que, al menos, una pareja nidifica de forma continuada todos los años en la Dehesa de la villa. También, en una de las regulares podas que se llevan a cabo en la Dehesa de la villa, se descubrió un Mochuelo adulto descansado en las ramas de un Pino piñonero (Pinus pinea).

(Foto: Carlos Sacristán, podador de la Dehesa, 2011)

En cuanto a sus características, es un ave de aspecto rechoncho con una cabeza voluminosa y muy redondeada que carece de penachos. Presenta un plumaje con predominio de tonos marrones y grisáceos, con motas blancas intercaladas. Generalmente la parte ventral suele ser más clara que la dorsal. En su redondeada cabeza, presenta delgadas manchas blancas y unas cejas blancas muy vistosas que enmarcan unos grandes y llamativos ojos amarillos. Las alas y su cola son cortas y redondeadas y ambas presentan abundantes franjas parduzcas. Su vuelo es rápido y ondulado. No presenta dimorfismo sexual.

El mochuelo, como todas las rapaces nocturnas, presenta excelentes adaptaciones morfológicas que le permiten ser un eficiente cazador nocturno. Algunas de estas adaptaciones son:
-Oídos internos asimétricos: la disposición del oído interno, unos más alto que el otro, les permite obtener una perfecta localización del origen del cualquier sonido.
-Oído externo: es muy amplio y está protegido por un disco de plumas.
-Ojos: son cien veces más sensibles a la luz que los del ser humano y les permiten ver perfectamente en la oscuridad. Están protegidos por una membrana denominada nictitante, que cumple la misión de un tercer párpado vertical además de limpiar y lubricar los ojos.
- Campo visual: presentan un campo visual de 160º, de los cuales, 60º son de visión estereoscópica como la del ser humano.
-Cabeza: de gran movilidad, puede girar ¾ en círculo. De esta forma, vigilan su espalda si tener que cambiar de posición.
-Vuelo insonoro: el borde externo de las plumas de las alas aparece desflecado para dejar pasar el aire sin provocar el más mínimo sonido. De esta forma, consiguen un vuelo insonoro que les permite acercarse a sus presas sin que estas se percaten de su llegada.
-Garras: son las armas de caza de todas las rapaces nocturnas. Presentan unas largas, finas y agudas uñas, que perforan con gran facilidad el cuerpo de sus presas.

Tiene hábitos crepusculares por lo que es fácilmente observable durante el día sobre postes de la luz, tocones, vallas, tejados… Caza desde posaderos, aunque algunas veces prospecta el suelo en busca de insectos y lombrices y, es la más terrestre de las rapaces nocturnas. Realiza una gran variedad de cantos, tanto de día como de noche, que recuerdan al maullido de un gato. Otra costumbre que destaca en el mochuelo, y demás rapaces nocturnas, es la regurgitación de bolas de tono oscuro y tamaño variable formadas por restos indigeribles –pelos, huesos, piel, etc.- de sus presas. Dichas bolas se forman en el estomago, se expulsan por la boca y se conocen con el nombre de egagrópilas. Las egagrópilas podemos encontrarlas fácilmente cerca de los posaderos de las rapaces nocturnas y son un elemento muy importante para conocer la alimentación que siguen o la dimensión del territorio que utilizan para dar caza a sus presas.

(Foto: Brinzal)

Su dieta es muy variada, la cual abarca desde pequeños invertebrados como grillos, saltamontes, escarabajos, polillas, lombrices…hasta vertebrados, especialmente roedores. La ingesta de unas presas u otras dependerá de la disponibilidad local de estas mismas y, de la época del año, siendo el consumo más abundante de invertebrados en verano y de vertebrados en invierno.

Su periodo reproductivo, anunciado por una gran actividad sonora, comienza generalmente a finales de marzo, principios de abril. El nido, si aporte alguno de material, se instala en oquedades relativamente amplias como troncos huecos, madrigueras de conejo, palomares, casas abandonadas…etc. Los pollos suelen nacer a lo largo del mes de mayo y son alimentados por ambos progenitores, aunque  principalmente el macho es el que se encarga de la captura de presas mientras que la hembra se las ofrece a la prole.

Al ser un ave poco exigente, el mochuelo ocupa una gran variedad de hábitats: desde sotos ribereños a parques urbanos, así como dehesas y bosquetes. Sin embargo, tiene preferencia por zonas abiertas, despejadas, sobre todo paisajes agrícolas en los que se alternen distintos tipos de cultivos como de secano, olivares, eriales…con sotos y arbolado disperso.

Como a todos los búhos, siempre se le ha relacionado con la sabiduría y se le suele ver representado junto a la diosa Atenea, quien da nombre a su género (Athene). Además, el nombre de mochuelo es el diminutivo de mocho, es decir, sin orejas.

Por último, mencionar algún dicho que hace referencia a esta pequeña rapaz nocturna:
-“Está más atento que un mochuelo”: sus grandes ojos le proporcionan un aire de ave curiosa y atenta.
-“Cargar con el mochuelo”: se refiere a cargar con la culpa de algo o una obligación nada deseada.


Serie Conoce las aves de la Dehesa de la Villa:
1 - Papamoscas cerrojillo
2 - Curruca capirotada
3 - Petirrojo europeo
4 - Lavandera blanca
5 - Mosquitero común
6 - Reyezuelo listado
7 - Golondrina común
8 - Vencejo común
9 - Pito Real
10 - Mochuelo europeo
11 - Cotorra argentina
12 - Mito
13 - Colirrojo tizón
14 - Verdecillo
15 - Mirlo común
16 - Carbonero garrapinos
17 - Herrerillo capuchino
18 - Paloma torcaz
19 - Gorrión común

El Viaje de Aguas de Amaniel - Síntesis histórica

17 de junio de 2013

Cronología básica del Viaje de Aguas de Amaniel, con motivo de la presentación de una nueva publicación de la Asociación sobre esta infraestructura histórica de la Dehesa de la Villa.

La Asociación de Amigos de la Dehesa de la Villa se complace en presentar una nueva publicación con la que contribuir a divulgar una página más de la historia de la Dehesa y, de paso, rellenar un hueco en la bibliografía sobre Madrid y sus viajes de agua. La publicación se presentará el próximo viernes 21 de junio, con motivo de las Fiestas de la Dehesa de la Villa 2013. El autor es Pedro Martínez Santos, de quien ya hemos publicado aquí un primer artículo sobre El Viaje de Aguas de Amaniel y de quien nos sentimos orgullosos de contar con su colaboración.

Portada de la publicación El Viaje de Aguas de Amaniel
(Diseño del autor: Pedro Martínez Santos)

Aprovechamos para recordar a nuestros lectores que las publicaciones de los Amigos de la Dehesa carecen por completo de ánimo de lucro. Su precio es un donativo para cubrir el coste de edición así como del resto de actividades gratuitas que organizamos.

Y, para festejar la nueva publicación, nada más oportuno que una breve cronología sobre el Viaje que esperamos poder ir completando próximamente con artículos monográficos.

1603. El Secretario de la Junta de Obras y Bosques, Tomás de Angulo, afora y nivela los manantiales en las tierras de Amaniel (hoy Dehesa de la Villa). A los pocos meses es autorizado por el Duque de Lerma a comprarlas por cuenta de la Real Hacienda.


Extracto del vídeo explicativo que se exhibe en el Museo de los Caños del Peral donde se resume la historia del acueducto y del viaje de aguas de Amaniel y su relación con la Dehesa de la Villa. El vídeo nos fue cedido por Metro de Madrid para el artículo que publicamos en octubre 2011

1611. Primeras obras documentadas del viaje.

1613. El viaje ya está en servicio, aunque continúan las obras. El caudal asciende a ocho reales fontaneros en verano de ese año.

1614. Fecha de finalización de las obras originales.

1617. Fecha de finalización de las primeras ampliaciones.

1620. La Real Hacienda otorga carta de pago por las tierras de Amaniel. Los terrenos pasan a ser propiedad de la Corona.

1631. Las mercedes de agua otorgadas por el rey exceden el caudal del viaje.

1639. La fuente del Cura, en la calle de San Bernardo, comienza a recibir caudales de Amaniel. Su dotación se deriva de una permuta realizada por el Conde de Salazar a cambio de aguas del viaje de aguas municipal de la Castellana.

1640. Primera noticia del método de aforo de caudales. Consiste en un dibujo a escala real de un orificio de cuatro dedos de diámetro. Durante los veinte años posteriores abundan los expedientes de obras de reparación.

1656. En el plano de Madrid de Pedro de Teixeira aparece representada una de las arcas de agua del viaje de Amaniel: la que se situaba cerca de la Puerta de Fuencarral.

(Plano: P. Texeira, 1656; Biblioteca Digital CM)
 
1683. Problemas de suministro en Palacio debido a “la gran seca del tiempo”. Se realizan reformas menores en el viaje.

1694. Reconocimiento de la traza del maestro Juan de Pineda. Por desgracia, su descripción detallada –si es que alguna vez quedó reflejada en papel– no ha llegado hasta nuestros días.

1725. Primera representación gráfica del viaje de aguas de Amaniel, contenida en el plano de los viajes de agua de Madrid de Pedro de Ribera. La traza aparece apenas visible. Sólo abarca el tramo de aproximación al Real Alcázar.

1727. Publicadas las anotaciones de Juan Claudio Aznar de Polanco sobre la calidad de las aguas de diversos viajes de agua de Madrid, entre ellos el de Amaniel.

1734. Incendio en el Real Alcázar. La reconstrucción del mismo lleva consigo importantes reformas en el viaje de aguas de Amaniel, que se realizan en el curso de las décadas posteriores.

1746. Descripción de la traza realizada por Saqueti en conjunción con Domingo García, Juan Ruiz de Medrano y Benito Pardo. El estado del viaje en la práctica totalidad de su zona de cabecera era lamentable.

1750. Juan Bautista Saqueti lleva a cabo importantes modificaciones en los tramos de cabecera y aproximación a la Villa, estableciendo un trazado más rectilíneo que el original. Este itinerario es el representado en la práctica totalidad de los mapas del Archivo General de Palacio. Descripción de la traza Domingo García.

1752. Relación de las mercedes de agua elaborada por la Secretaria de la Junta de Obras y Bosques para los años 1749, 1750, 1751, 1752. Sólo menciona dos fuentes públicas: la del Cura y la de Matalobos.

1769. El plano de Madrid de Espinosa de los Monteros refleja la localización de las citadas fuentes.

(Plano: A. Espinosa de los Monteros, 1769; Biblioteca Virtual del
Patrimonio Bibliográfico)
 
1780. Relación de las obras a realizar en el viaje y descripción de la traza firmada por Francisco de Sabatini.

1793. Fuerte sequía. Por orden de Sabatini se realiza un inventario de mercedes y caudales a cargo de Severo Andrés García.

1795. Reformas a cargo de Francisco de Sabatini.

1816. Nueva relación de mercedes y caudales a cargo de Severo Andrés García.

1821. El cirujano Manuel Hurtado de Mendoza publica su metodología para el análisis de aguas, ilustrándola con los resultados obtenidos a partir de las aguas de la fuente de Matalobos, del viaje de Amaniel.

1825. Fecha aproximada de comienzo de la construcción del segundo ramal de cabecera, destinado a captar las aguas del entorno del Cerro de los Pinos.

1827. Nueva relación de mercedes y caudales a cargo de Ysidro Velázquez.

1828. Fuerte sequía. Por motivos relacionados con una presunta sisa de aguas por parte del personal de cocinas de Palacio, se encarga al arquitecto Tiburcio Pérez un nuevo reconocimiento del estado del viaje.

1839. Obras de reforma en el ramal del Cerro de los Pinos.

1843. Obras del nuevo ramal de Cantarranas, en la Ciudad Universitaria.

1847. Según el diccionario de Pascual Madoz (1847), el viaje de Amaniel consta de tres fuentes públicas: fuente de Matalobos, fuente del Cura y fuente de la Plazuela de la Armería. Este autor dice además que la fuente del Cura fue sustituida por el caño de vecindad de la Cruz Verde y la fuente de aguadores de Mostenses (presumiblemente, este hecho guardaba relación con los frecuentes incidentes entre vecinos y aguadores, de los que hay noticias en el Archivo General de Palacio desde
1797). Existe aparente contradicción con un documento palaciego firmado por Juan de Villaronte dos años después, en el que indica que dicha fuente mantenía entonces una asignación de cuatro reales fontaneros.

1848. Narciso Pascual y Colomer, arquitecto de Palacio, unifica el método de aforo de caudales para las distintas arcas del viaje, definiendo la carga, diámetro y caudal correspondiente a cada orificio de los marcos de medida. Indica además que es muy conveniente que se realicen medidas periódicas.

1850. Alrededor de esta fecha se elabora el primer y único plano completo de la traza del viaje que se conserva en el Archivo de Palacio. Se trata de un boceto cuya superposición al viario actual parece contener algunos ligeros problemas de orientación en la representación de los ramales de cabecera. Por lo demás, es de factura bastante exacta y se corresponde con los vestigios materiales del viaje.

1858. Llegada a Madrid de los caudales del río Lozoya a través del Canal de Isabel II: principio del fin de los viajes de agua.

Aunque esta imagen del Acueducto de Amaniel seguramente es conocida por casi todos, quizá algunos no habrán reparado en el objeto que indica la flecha (añadido nuestro).
(Foto: C. Clifford, 1856; Biblioteca Digital Hispánica)

Ampliación del objeto indicado por la flecha en la fotografía anterior. Muy cerca del camino, lo que sería hoy en día la C/ Dr. Federico Rubio, podemos divisar uno de los capirotes del viaje de agua de Amaniel.
En la fotografía de Clifford, se juntan pues dos de los elementos más emblemáticos del abastecimiento de agua en Madrid: un capirote de los viajes de agua y uno de los acueductos de la primera traída de aguas del Canal de Isabel II. Por fortuna, aún podemos seguir viéndolos en la Dehesa y sus inmediaciones.
 
1867. Informe de Félix María Gómez sobre la calidad de las aguas de diversos viajes de agua de Madrid, entre ellos el de Amaniel. La calidad de las aguas se expresa en términos de su dureza y de su graduación hidrotimétrica. Los datos son publicados en la revista Ciudad Lineal en 1911.

1869. Tras la revolución de 1868, la Corona pierde parte de su patrimonio. Se le reconoce el derecho a conservar sus viajes de agua, incluido el de Amaniel.

1880. La expansión de Madrid por el norte ha llegado a las tierras de Chamartín y Fuencarral. Durante los siguientes cuarenta años se registrarán numerosas peticiones de particulares para la apertura de pozos de aguas claras (agua potable) en las inmediaciones del viaje. Abundan los expedientes de retirada o rebajamiento de capirotes, puesto que estos estorban el paso de personas y carruajes en las nuevas calles de la zona. También existen algunos expedientes de este tipo en el distrito de Chamberí.

1885. El Ayuntamiento solicita a Palacio que aumente en un caño la dotación del Caño de Vecindad de la Cruz Verde, debido a la enorme afluencia de vecinos. La petición es denegada por el escaso caudal que en ese momento lleva el viaje. Se sugiere al Ayuntamiento que trate de obtener en su lugar caudales del acueducto del Lozoya.

1902. El plano de Enrique Repullés, representa los tramos del viaje que aún están en funcionamiento. El autor trabaja sobre una copia del plano de mediados del siglo XIX.

1903. Documento firmado por el intendente José Güemes en el que sólo cita el Caño de la Cruz Verde como fuente pública asociada al viaje. Las del Cura, Matalobos y la Armería, por tanto, debieron desaparecer en la segunda mitad del siglo XIX.

1905. Primeras menciones a la fuente del Caño Gordo de Moncloa. De acuerdo con los legajos, estaba situada en un parque de la calle Joaquín María López y ocasionalmente recibía caudales sobrantes del viaje.

(Foto: Hauser y Menet, 1930; Memoria de Madrid)
 
1906. Demolición de tres capirotes por la construcción del Asilo de la Paloma, en las inmediaciones de la Dehesa de la Villa.

La construcción del Asilo de La Paloma no acabó con todos los capirotes que había en el solar. Como podemos apreciar en esta imagen, unos niños juegan en el patio justo delante de uno de ellos. Son los hijos del Capitán Sánchez, famoso por un triste crimen, que fueron recogidos en el Asilo; pero esa será otra historia.
(Foto: Vilaseca; Mundo Gráfico, 1913; Hemeroteca BNE)

1910. Profundas reformas de la traza a cargo del ingeniero Andrés Ripollés, abarcando todo el tramo del viaje que va desde Palacio hasta la fuente del Caño Gordo de la Dehesa de la Villa. Durante las mismas se eliminaron múltiples focos de contaminación.

1911. El plano de Andrés Ripollés, calco del de Repullés, muestra los tramos del viaje que aún están en funcionamiento.

1923. Croquis del arca de Amaniel de Juan de Moya. Aparentemente, su elaboración está relacionada con la contaminación de las aguas de la misma.

1929. Una de las dos fuentes del viaje que responden a la denominación de Caño Gordo –la de la calle Joaquín María López– da lugar a fiebres tifoideas. Aparentemente, estas guardan relación con filtraciones de edificios adyacentes y no con la calidad de las aguas que lleva la galería principal.

1935. Últimas referencias manuscritas indicando que el viaje permanecía activo. Hacen referencia a la construcción de la actual Gran Vía, para la que se solicitó derruir parte del viaje de Amaniel. La petición fue denegada en base a la necesidad de preservar el viaje para el suministro de agua a Palacio.

1954. Se termina el plano de José Bernardo Granda, última representación original del itinerario del viaje. Forma parte de los trabajos relacionados con la cesión de sus galerías a la red municipal.

1992. Comienzan las campañas arqueológicas en la Plaza de Oriente, encontrándose durante las mismas algunos restos relacionados con el viaje de Amaniel.

2005. Se encuentran vestigios del arca de Amaniel durante las excavaciones de la calle Juan XXIII. Estos quedan integrados en un pequeño parque urbano.

Imagen de una de las galerías del Arca de Amaniel en el mismo momento de quedar al descubierto por una de las máquinas que trabajaban en el Paseo de Juan XXIII. Afortunadamente, se consiguió detener la excavación y evitar su destrozo.
(Foto: A. Ferrero, 2005)

2011. Inaugurado el Museo de los Caños del Peral, donde se exhibe un sector de acueducto que pudo pertenecer al viaje de aguas de Amaniel.

2013. Se publica el primer estudio monográfico de la historia sobre el viaje de aguas de Amaniel.